miércoles, 24 de noviembre de 2010

Asia Bibi liberada

La agencia internacional Zenit informó que Asia Bibi, la cristiana paquistaní condenada a muerte por blasfemia, fue liberada de la cárcel tras haber sido indultada por el presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari.


Bibi, de 37 años, estuvo encerrada en la cárcel durante muchos meses sin haber sido procesada y hoy (lunes 22 de noviembre) fue declarada "inocente" por el ministro de las Minorías de Pakistán, Shahbaz Bhatti, que también es cristiano.


Bhatti había pedido al presidente Zardari que la mujer, madre de cuatro hijos, fuera liberada por "no haber cometido actos blasfemos".


El sábado, Bibi había firmado un pedido de gracia al presidente, que fue entregado a Zardari por el gobernador del Punjab, Salman Taseer.


Para salvar a la mujer se movilizó el papa Benedicto XVI y buena parte de la comunidad internacional.


Bibi había sido condenada a muerte por un juez del distrito paquistaní de Nankana, en la provincia central de Punjab. La condena fue dictada por hechos que se remontan a junio de 2009, cuando la mujer había sido acusada de haber ofendido al profeta Mahoma durante una discusión con unas musulmanas.


Asia Bibi, según fuentes locales, fue llevada a una localidad no revelada por su seguridad, pues en en otras ocasiones, personas declaradas inocentes de acusaciones de blasfemia fueron asesinadas por la población.


La mujer vivía con su esposo, Ashiq Masih, con sus tres hijas y un niño, en el barrio "Chak 3" del pueblo de Ittanwali, no muy lejos de la ciudad de Nankhana Sahib, al este de Lahore, provincia de Punjab. En el asentamiento Chak 3 sólo viven tres familias cristianas, en medio de una población musulmana.

EL SANTO ROSARIO, PRENDA DILECTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA



La meditación de los principales misterios de la vida de Jesús y de María constituye como el alma del Rosario, así como el rezo vocal de los Padrenuestros y Avemarías constituye como su cuerpo material. Ambas cosas son absolutamente necesarias para que exista el Rosario. Quien se limitare a rezar los Padrenuestros y Avemarías, pero sin meditar en los misterios, haría, sin duda, una excelente oración, pero no rezaría el Rosario. Y el que meditara atentamente los misterios, pero sin rezar los Padrenuestros y Avemarías, haría una excelente meditación, pero es claro que tampoco habría rezado el Rosario. Para que exista el Rosarios es preciso, imprescindiblemente, juntar las dos cosas: rezo de las oraciones y meditación de los misterios.


¿De qué modo se puede rezar eficazmente el Rosario? Para obtener del santo Rosario toda su eficacia impetratoria y santificadora, es evidente que no basta rezarlo de una manera mecánica y distraída, como podría hacerlo una cinta magnetofónica. Es preciso rezarlo digna, atenta y devotamente, como cualquier otra oración vocal.
En teoría hay que reconocer que es difícil rezar bien el Rosario, precisamente porque hay que juntar la oración vocal con la mental, so pena de invalidarlo en cuanto Rosario. Pero en la práctica es fácil encontrar algunos procedimientos que ayudan eficazmente al rezo correcto y piadoso de la gran devoción mariana.


El Rosario debe rezarse dignamente. Esta primera condición exige, como programa mínimo, que el rezo del Rosario se haga de una manera decorosa, como corresponde a la majestad de Dios, a quien principalmente dirigimos nuestra oración.
El mejor procedimiento es rezarlo de rodillas ante el Sagrario o ante una devota imagen de María, pero en general puede rezarse en cualquier otra postura digna modestamente sentado, paseando por el campo, etc. Sería indecoroso rezarlo en la cama- salvo por razón de enfermedad, o interrumpiéndolo constantemente para contestar a preguntas ajenas al rezo, o en un lugar público y concurrido que hiciera poco menos que imposible la atención.


El Rosario debe rezarse atentamente. La atención es necesaria para evitar la irreverencia que supondría si fuera plenamente voluntaria. ¿Cómo queremos que Dios nos escuche, si empezamos por no escucharnos a nosotros mismos?
Sin embargo, no toda distracción es culpable. No tenemos el control despótico sobre nuestra imaginación, sino únicamente político, y no podemos evitar que se nos escape sin permiso, como un siervo desobediente e indómito, que tal es "la loca de la casa" (la imaginación). Las distracciones involuntarias no invalidan el efecto meritorio e impetratorio de la oración, con tal que se haga lo posible por contenerlas y evitarlas. Escuchemos a Santo Tomás explicando admirable-mente este punto interesantísimo al preguntarse "si la oración debe ser atenta": "Esta cuestión afecta principalmente a la oración vocal. Y para resolverla con acierto hay que distinguir, en primer lugar, lo que es mejor y lo que es absolutamente necesario. Es evidente que para obtener el fin de la oración es mejor que sea atenta. Sin embargo, si nos fijamos en lo que es absolutamente necesario, hay que distinguir en la oración un triple efecto: meritorio, impetratorio y cierto espiritual deleite que produce en el alma del que ora.”


"Para los efectos meritorio e impetratorio, no es necesario que la oración sea atenta de una manera constantemente actual (o sea, en todos y cada uno de los momentos) sino que basta y es suficiente la atención virtual, que es aquella que se puso al principio de la oración y perdura a todo lo largo de ella aunque se produzcan distracciones involuntarias.” Desde luego, si faltara la primera intención, la oración no sería meritoria ni impetratoria. En cambio, la atención actual es absolutamente necesaria para obtener aquel espiritual deleite que lleva consigo la oración fervorosa, que es incompatible con la distracción, aunque sea involuntaria.


"Téngase en cuenta, además, que en la oración vocal puede ponerse una triple atención. La primera y más imperfecta se refiere a la correcta pronunciación de las palabras de que consta. La segunda se fija en el sentido de esas palabras. La tercera, finalmente, pone todo su empeño en el fin de la oración, o sea, en Dios y en la cosa por la que se ora.”


Esta última es la más importante y necesaria y pueden tenerla incluso las personas de cortos alcances o que no entienden el sentido de las palabras que pronuncian (por ejemplo, por rezar en latín). Esta última atención puede ser tan intensa que arrebate la mente a Dios, hasta “el punto de hacernos perder de vista todas las demás cosas".


Teniendo en cuenta estos principios del Doctor Angélico y con el fin de facilitar la atención en el rezo del santo Rosario y extraer de él su máxima eficacia santificadora, puede seguirse el siguiente método, que ha sido ensayado con éxito por muchas personas que sufrían distracciones en el rezo del mismo:


1°. Durante el rezo del Padrenuestro, fijarse únicamente en el sentido maravilloso de cada una de las palabras, sin pensar para nada en el misterio correspondiente del Rosario, ya que es psicológicamente imposible atender eficazmente a dos cosas a la vez.
2°. Durante el rezo de las tres primeras Avemarías, fijarse exclusivamente en el sentido de esas Avemarías, saludando a la Virgen con ellas y sin tener para nada en cuenta el misterio a que pertenecen, por la razón ya indicada.
3°. Durante el rezo de las tres siguientes Avemarías, pensar solamente en el misterio correspondiente que se está rezando, sin pensar para nada en las Avemarías que se recitan.
4°. Durante las tres o cuatro Avemarías finales, pensar sólo en las consecuencias prácticas que se desprenden del misterio correspondiente (ej.: humildad de María, su amor a la cruz, etc.)
5°. Durante el Gloria, pensar únicamente en glorificar con él a la Santísima Trinidad.


En segundo término, el Rosario ha de rezarse devotamente. La devoción consiste en una prontitud del ánimo para las cosas tocantes al servicio de Dios. Es imposible que el alma no se sienta llena de devoción si reza tan perfectamente como le es posible el Rosario.
Una cosa importantísima hemos de advertir aquí. El fin principal de toda oración vocal o mental es unir el alma con Dios de la manera más íntima realizable. Todo lo demás, incluso la impetración de las gracias que pedimos, es secundario en relación a esta finalidad suprema. De donde hay que concluir que, si durante el rezo del Rosario o de cualquier otra oración vocal no obligatoria se sintiera el alma llena de un amor de Dios tan intenso que el rezo le resultara muy penoso o poco menos que imposible, habría que suspender inmediatamente el rezo sin escrúpulo alguno, para "dejarse abrasar en silencio" por aquella llama de amor viva "que sabe a vida eterna y paga toda deuda" como dice San Juan de la Cruz.


El rezo del Rosario en las condiciones que acabamos de indicar constituye una de las más grandes y claras señales de predestinación que podemos alcanzar en este mundo, al reunir la eficacia infalible de la oración impetratoria de la perseverancia final y la poderosísima intercesión de María como mediadora universal de todas las gracias.


Quiera Dios conceder a cada uno de los lectores el deseo ardiente de un gran devoto de la Virgen en su doble advocación del Carmen y del Rosario:


Cuando con blanco sudario
cubran los despojos míos,
¡Sálveme tu escapulario
y tengan mis dedos fríos
las cuentas de tu Rosario!




Antonio Royo Marín O.P.

Familia, Iglesia y Estado, amenazados en México

La carta pastoral “En ocasión del Bicentenario, del Centenario y de la situación actual” del cardenal, Juan Sandoval Iñiguez, presenta un estudio, desde su perspectiva, sobre las “amenazas” que enfrentan tres instituciones fundamentales para los mexicanos: la familia, la Iglesia y el Estado, las cuales se “ven combatidas con grave peligro de que su desmantelamiento deje al ser humano atomizado y desprotegido”.

La familia, (punto 17): recibe “constantes ataques tendientes a deteriorarla: amor libre, divorcio, antinatalismo, aborto y pretendidos matrimonios de personas del mismo sexo y el derecho de adopción”.

Enlista otros retos del país, como la corrupción, la violencia, el narcotráfico.

“Con relación a la inseguridad y violencia, se reconoce con tristeza que entre los involucrados en el crimen organizado hay mujeres y hombres bautizados, que con sus acciones contradicen su ser de cristianos y se alejan de Dios y de la Iglesia”. 

El país no puede entenderse sin considerar a la postmodernidad, la cual define como “la máscara de una desilusión”. El hombre postmoderno, sigue, “sin el apego a las instituciones y sin una visión del mundo que le dé sentido a su existencia y razón de vivir, queda atomizado, desligado del conjunto y del pasado y del futuro, y, en consecuencia, entregado al momento presente y al interés personal”. 

De la crisis que expone, no excluye a la Iglesia Católica, sobre la que apunta: “Se echa de menos una evangelización nueva en su ardor, métodos y expresiones, a veces se hace énfasis en el ritualismo sin el conveniente itinerario de formación en la fe. Personas y grupos de creyentes que se olvidan de la dimensión social de la fe, una espiritualidad individualista… que hace caso omiso de la moral cristiana en el actuar en medio de la sociedad”. 

martes, 23 de noviembre de 2010

EL DESTINO MANIFIESTO CAMBIÓ LA HISTORIA DE MÉXICO. HISTORIA-RELIGIÓN-MÉXICO



DESTINO MANIFIESTO ANGLOAMERICANO y su influencia destructiva en LA HISPANIDAD 

“Esa doctrina, supuesto regalo dado a los angloamericanos; para ser el nuevo pueblo “elegido” por Dios, y regenerar al mundo”
Que el Yahvé bíblico, decían ellos, había inspirado a sus líderes desde el siglo XVI, cuando el monarca inglés, de entonces, decidió portar sobre su cabeza la tiara de sumo pontífice adoptando el rimbombante título de “Intérprete de la verdad y canal de todas las gracias sobrenaturales” 

No cabe duda que“esas gracias sobrenaturales”; no venían del Espíritu Santo , sino del Príncipe de este Mundo quien en esa ocasión ofreció a Inglaterra, el Poder material del orbe, y ésta, lo aceptó gustosa.

Acción nunca vista dentro de la Cristiandad, escandalosa y herética a todas luces, y que evocaba el paganismo de los antiguos césares romanos. Máximo acto de orgullo y rebeldía contra el Creador cometido antes por Luzbel y por la primera pareja del Edén.

Con el título de “Destino Manifiesto” fue llamada, en el siglo XIX, la doctrina política y religiosa que a partir del siglo XVI se había ido formando bajo los reyes herejes de Inglaterra; fortaleciéndose en el XVII por los puritanos calvinistas de la primera república, bajo Oliverio Cromwell , y decantada al fin en las colonias angloamericanas, por las ideas de los filósofos John Locke David Hum, Adam Smith, y sobre todos, por Benjamín Franklin , quien era ardiente partidario del llamado “Destino imperial angloamericano" de acuerdo con la Gran Logia masónica de Inglaterra para destruir la Religión Católica y su espada el Imperio Español.

La Doctrina política del liberalismo y la doctrina religiosa del libre examen calvinista fueron el origen y resultado jurídico de la antigua rebelión protestante.

Del acta de Independencia de las Colonias inglesas en América, llamada:

"Declaración de independencia de los 13 Estados Unidos de América" en 1776, y la posterior acta llamada:


“Constitución de los Estados Unidos de América” en 1787. 

En aquel entonces, la soberbia humana hizo exclamar a un estadista y escritor inglés, un tal William E.Gladstone, lo siguiente: 

“The American constitution is the most wonderful work ever struck off at a given time by the brain and purpose of a man….” 

“La Constitución Americana es la obra más maravillosa, nunca antes salida del cerebro humano....” 

 La Nueva España del siglo XVIII 

Muchos años ante de que los colonos angloamericanos se rebelaran contra su rey; los habitantes de la Nueva España habían dado al mundo, un ejemplo de unidad sin precedentes dentro del gran Imperio Español: la gran potencia oceánica y adalid de la Verdadera Cristiandad, es decir: de la Católica. 
Los españoles, indios y castas se reconocieron como hijos de una misma Madre espiritual viendo en Nuestra Señora de Guadalupe 
del Tepeyac la siempre Virgen María Madre de Dios, como la patrona del Reino de la Nueva España y se declararon sus hijos sin distinción de clases sociales. 

A la cabeza de las máximas autoridades del Reino: el virrey y el arzobispo de la capital; desde las principales familias de la aristocracia hasta los más humildes habitantes peregrinaron para darse cita en el Santuario. 

Este suceso extraordinario, aunque en cierto modo resultado de la maduración de la sociedad novohispana, aconteció felizmente el 12 de diciembre de 1747 a un poco más de dos siglos de las apariciones marianas del cerro del Tepeyac. Y a dos siglos exactos del fallecimiento del fundador de la nación: Hernán Cortés. 

En esa fecha se celebró la Jura Nacional del Patronato de la Virgen de Guadalupe. Es interesante recalcar que fue durante el siglo XVIII, ya madura la nación, cuando se celebraron varios homenajes públicos en honor de la Virgen de Guadalupe, como, la jura de 1737 declarándola Patrona de la ciudad de México, el nombramiento de Protectora de toda la América Septentrional en 1746, la jura de 1747 como patrona de la Nueva España y la confirmación de ese protectorado territorial por disposición del papa Benedicto XIV en 1756. 

Cuando él mismo acuñó la conocida frase del salmo 147, versículo 20 

Non fecit táliter omni nationi”, “No hizo nada igual con ninguna otra nación”

Frase que revistió un alto sentido político, distinguiendo al criollismo y conformando la identidad novohispana, elevando en igualdad a la Nueva con la Vieja España; al Virreinato con la Metrópoli.

El papa Benedicto XIV enfatizó que el catolicismo estaba destinado a asentarse en los territorios de la Nueva España, previniendo a la Iglesia, de las infiltraciones protestantes que ya empezaban a manifestarse en los territorios fronterizos del Virreinato. 

Refiriéndose a lo anterior, el padre jesuita Bernard Bergöend escribió en 1913 en la ciudad de México: 

“Con la Jura Nacional, se puede dar por terminada la serie de acontecimientos naturales, que como factores esenciales, habían ido formando durante más de dos siglos el alma nacional mexicana, y por lo tanto, debe mirarse el día 12 de diciembre de 1747, como la fecha memorable en que se consumó de derecho y para siempre la unidad nacional de Nueva España”. 

Sus habitantes, unidos ya con unas mismas leyes y sometidos a la misma autoridad, se habían reconocido como hermanos, con amor e intereses comunes, como miembros de una misma familia espiritual, esto es; pertenecientes a una misma nacionalidad, "a los pies de la Madre de Dios"

Sin embargo, nubes de tormenta oscurecían los cielos de este estupendo Imperio. En solamente veinte años más, se concretaría un hecho lamentable, que marcó el inicio de la demolición del Impero donde no se ponía el sol: 

Los ancestrales y eternos valores del ser verdadero cristiano que habían asumido Doña Isabel y Don Fernando, comprometiéndose ante el papado luego del Descubrimiento de América, ya no eran vigentes para la sociedad europea de la segunda mitad del siglo XVIII. Solamente la Compañía de Jesús continuaba con la santa labor de su fundador San Ignacio de Loyola dentro de la Cristiandad ya deslucida por el protestantismo. 

“El Descubrimiento de América había ocurrido en un momento de verdadera encrucijada histórica. La Conquista había comenzado al culminar el siglo XV y se había asentado durante el XVI, cuando en el resto de Europa la Edad Media ya no era más que un recuerdo del pasado, en medio de una terrible crisis, en camino de la desintegración progresiva"


“Las actividades humanas como el arte, la cultura, la economía y la política, que antes se desarrollaban en jerarquía y gozosa subordinación a la Teología, ahora buscaban “liberarse” de sus principios rectores. Sobre este edificio ya averiado, la Reforma protestante había caído como un rayo" 


Alfredo Sáenz. 

La expulsión de la Sociedad de Jesús

El 25 de junio de 1767, en la madrugada, se presentaron las fuerzas armadas del virrey Carlos Francisco, Marqués de Croix y del visitador don José de Gálvez para ejecutar las órdenes reales de expulsión. 
Los soldados de Cristo, sorprendidos sin ninguna advertencia, no opusieron resistencia. Fueron separados brutalmente de sus alumnos y familiares, amenazando a éstos con cárcel si trataban de avisar a los vecinos 
Esos eméritos maestros, luminarias del saber de entonces, fueron custodiados como criminales, sin tener en cuenta su categoría sacerdotal o religiosa, y custodiados a Veracruz para embarcarlos hacia algún territorio que los quisiera recibir. 

De todos los rumbos de Nueva España fueron concentrados en Veracruz 678 sacerdotes, hermanos y algunos estudiantes. Siendo las dos terceras partes de ellos criollos de diversas regiones americanas. Sus bienes personales les fueron confiscados. 

¿Cuáles eran las razones oficiales para aplicarles tanto rigor?, las razones oficiales podrían parecer graves, pero ninguna tenía fundamento.

He aquí las más conocidas: 

  • Inmenso poder y enriquecimiento por las Misiones, llamadas reducciones. 
  • Haber obstaculizado la política de Carlos III y haber intentado envenenarlo. 
  • Haber adquirido mucha influencia en la política europea. 
  • Haber intentado los asesinatos de los reyes José de Portugal y de Luis XV de Francia 

Pero, con investigar superficialmente, la actuación de la Masonería del siglo XVIII sabremos bien cuál era la verdadera razón del odio contra la Compañía de Jesús

A los ojos de los seguidores del Príncipe del Mundo, uno era su crimen:

Haberse opuesto tenazmente a la destrucción del Orbe Católico, a la destrucción de la Cristiandad.

Existen dos cartas de conocidos masones franceses que han reproducido casi todos los historiadores:

La una, de Jean le Rond D’Alemberta Chatolai:

“Para destruir a la Iglesia Católica, hay que comenzar por los jesuitas como los más valientes”.

La otra de François Marie Arouet, alias Voltaire a Claude Adrien Helvetius en 1761:

"Destruidos los jesuitas, venceremos a la infame". La infame, para él, era la Iglesia Católica.

Una grave consecuencia de la expulsión de los jesuitas de los territorios americanos del Imperio Español, fue la profunda aversión que sus habitantes sintieron por las disposiciones de la Corona. Por tanto, no hay que descartar en ese episodio, las semillas de la separación de España, así como la introducción de la literatura enciclopedista francesa en la educación de las clases altas, educación ayuna del fuerte sostén jesuítico.

Acto seguido, el Liberalismo se encargaría de preparar a la opinión pública ensanchando la brecha que se producía entre los españoles americanos y los peninsulares.

La España del siglo XVIII, ya no era la de los Reyes Católicos, ni la de Carlos V o la de Felipe II. Como bien lo dice don Ramiro de Maeztu en su obra En defensa de la Hispanidad:

“De las incertidumbres hispanoamericanas del siglo XIX tiene la culpa el escepticismo español del siglo XVIII....” 
La España de ese siglo conoció una etapa lamentable de ablandamiento, de una gran decadencia, sobre todo en la monarquía. La corrupción, que ya se notaba en las altas capas del clero y de la aristocracia, siguió de manera ascendente con la admiración de todo tipo de novedades que llegaban principalmente de Francia.

Siguiendo a Maeztu, transcribo otro párrafo de su obra: “
Defensa de la Hispanidad

“El hidalgo de los siglos XVI y XVII recibía una educación severa y disciplinada de modo que el pueblo asumía de buena gana su superioridad, pero cuando dicha educación se hizo notoriamente muelle, y al espíritu de servicio a la comunidad, sucedió el de privilegio, los caballeros se convirtieron en señores, primero, y en señoritos después, no es extraño que el pueblo les perdiera el respeto". 

En la segunda mitad del siglo XVIII gobernaron aristócratas masones, cuyo propósito último era dejar a España sin religión. 
Por supuesto que la impiedad no entró a España blandiendo ostensiblemente sus principios anticatólicos, sino que entró en secreto 

Durante muchas décadas los nobles siguieron rezando su rosario. Pero empezaron por envidiar el fasto y la pujanza de las naciones extranjeras, principalmente si eran protestantes, admiraron sin reservas, las flotas y el comercio de Holanda e Inglaterra, los lujos de la corte de Versalles, después se asomaron a los autores extranjeros, comenzando por Montesquieu, el más antihispanista de todos. Llegando hasta experimentar vergüenza por la gesta evangelizadora de los Reyes Católicos y de la Casa de Austria. 

Entre los valores de la Cristiandad que España había transmitido al continente americano estuvo la certeza inamovible de ser, ella misma, la espada de Dios sobre la tierra, preservando la fe del pueblo español y propagando en todas partes la verdadera Religión. 

Recordemos que la conquista de Granada acaeció precisamente en 1492, tras siete siglos de incesante lucha contra el infiel. En ese año se decretó la expulsión de los judíos no bautizados, por pretender ellos, ofrecer a los Reyes Católicos el dominio del mundo por medio de las finanzas. Ofrecimiento hecho a Inglaterra y aceptada por esta en 1532. El Cisma de la iglesia anglicana aconsejada por el canciller privado del Rey, el hereje Thomas Comwell en 1532, provocó la división entre los ingleses, pues mañosamente había propiciado el ingreso a la Cámara de los Comunes de una mayoría de burgueses anticlericales, quienes de acuerdo con 
las sociedades secretas pidieron la ruptura con Roma tomando como pretexto el deseo real de divorciarse de la Reina. 

Ante el peligro de contaminación de la religión, ya manifestado varias décadas antes por los falsos conversos, los Reyes Católicos habían pedido al Papa la instauración del Santo Oficio, 
el Tribunal de la Santa Inquisición. 

Con el Santo Oficio, España quedó exenta de la contaminación de la Cábala Gnóstica y posteriormente de la invasión herética protestante que había conmovido al resto de Europa. 

El Imperio, y con él, la Cristiandad pudo enfrentar los embates contra la religión por medio de la Compañía de Jesúsy su obra la Contrarreforma y el posterior Concilio de Trento.
En Lepanto, el Imperio Español lucho y triunfó en favor de los pueblos europeos en general, aunque ninguno de sus gobiernos se lo agradeció, resaltando entre todos la traición del rey Francisco I de Francia y de los Dogos venecianos. 

Los valores eternos de la Cristiandad, tan bien representados en la Edad Media y conservados por la España de los siglos XV, XVI y la mayor parte del XVII, se manifestaban en la sociedad organizada de cara a Dios, siguiendo todos, un mismo fin: 


La Iglesia y el Estado, la Universidad, las Leyes, las costumbres y la educación que se proporcionaba a los pueblos, los inducía a vivir para la mayor gloria de Dios 

Por el espíritu del Concilio de Trento, el Estado español realizó un renacimiento propio, de cuño español, cuya concreción arquitectónica se plasmó en el Monasterio del Escorial. 

Al tiempo que libraba a la jerarquía eclesiástica de la tentación mundana característica de la Sede papal y neutralizaba el influjo del humanismo laico de Erasmo de Rotterdamm.

Pero, esta Cristiandad, este Imperio medieval, apresado entre las garras del nominalismo filosófico, del voluntarismo teológico y del creciente naturalismo agonizó sin remedio a fines del siglo XVIII. 
La Nueva España del mar Océano que había sido fundada y evangelizada por esta Cristiandad y este Imperio medieval formidables, que había disfrutado desde su fundación cortesiana de innumerables privilegios de la Corona, y que administraba desde México, su hermosa y estupenda ciudad capital, inmensos y ricos territorios. Este verdadero Reino de Ultramar se encontraba inerme, sus habitantes confiados e inconcientes, sin pensar que vivían los últimos años de bonanza, orden y paz. 

Adormecidos como estaban, no podían imaginar que a la vuelta de unas cuantas décadas iban a sufrir las consecuencias de su descuido. 

¡Que diferencia! Entre los primeros monarcas de la Casa de Austria y los últimos de esta dinastía, así como los pertenecientes a la nueva, la borbónica, del siglo XVIII.

Un botón de muestra nos da ejemplo del interés que el Emperador don Carlos tenía por los nacientes reinos americanos. Ya en sus últimos años como gobernante decretó lo siguiente: 

"Para servir a Dios nuestro Señor y bien público de nuestros Reinos, conviene que nuestros vasallos súbditos naturales, tengan en ellos Universidades y estudios Generales donde sean instruidos y graduados en todas las ciencias y facultades, y por el mucho amor y voluntad que tenemos de honrar y favorecer a los de nuestras Indias, y desterrar de ellas las tinieblas de la ignorancia, criamos, fundamos y constituimos en la ciudad de Lima de los Reinos del Perú y en la ciudad de México de la Nueva España, Universidades, y estudios generales, y tenemos por bien y concedemos a todas las personas que en las dichas Universidades fueran graduadas, que gocen en nuestras Indias, Islas y Tierras Firmes del Océano, de las libertades y franquicias de que gozan en estos Reinos, los que se guardan en la Universidad y estudios de Salamanca..." 

España, desde el principio de la Conquista había sido por esencia fundadora, los conquistadores fueron fieles a este concepto y fundaron una nueva sociedad. España había fundado la polis grecorromana en un Nuevo Mundo, fundó en fusión con el mundo precolombino, mediante el mestizaje, la erección de ciudades, el establecimiento de la Iglesia Católica y las instituciones del gobierno civil, los cabildos. 

Es el nacimiento de una civilización nueva, distinta, original, enraizada en la tradición mediterránea greco-romana-ibérica y católica sobre lo indígena americano. España es en suma la madre histórica de América. 

España no vaciló en mezclar su sangre con la del nativo, dando origen al “hombre de la tierra” 

Refiriéndose al proceder de los seudo historiadores materialistas de todas las épocas, cuando quieren juzgar la actuación de España en el Nuevo Mundo. El historiador argentino don Alfredo Sáenz nos proporciona esta reflexión muy clara y apropiada para formar nuestro criterio histórico: 

“Si se quita la intención evangelizadora, la conquista de América aparece – y así se ha querido reiteradamente mostrar por la Leyenda Negra como el caso de un pueblo poderoso que se enfrentó con pueblos débiles, que los vence, los explota lo más posible, y de este modo acrecienta el patrimonio de la Corona y las posibilidades mercantilistas de la Metrópoli. En una concepción semejante, el aspecto religioso pasa a ser solamente anecdótico y también expresión del “atraso y oscurantismo”secular de España”. 

Visión parcial y malévola de la Conquista, tan querida por los materialistas dialécticos de todos los tiempos, los protestantes angloamericanos y sus corifeos de todas las nacionalidades. 

He relatado brevemente los acontecimientos más destacados que sucedieron en la Nueva España durante el siglo XVIII en materia religiosa; ahora, también brevemente hablaré de su situación económica y moral: Para esto, voy a seguir la información que nos da don Pedro Sánchez Ruiz 
en su estupenda obra “Historia de la Nación Mejicana”, de su última edición de este año 2005, en dos tomos. 

“La ejemplar paz y armonía social, el desarrollo de las ciencias, las artes y las letras. El progreso económico de que disfrutó la Nueva España en los siglos XVI y XVII, y que se manifestó pujante en el siglo XVIII, no obstante las primarias y más urgentes necesidades de evangelización y civilización de los naturales. Se inicia la decadencia religiosa, política, cultural y económica de Méjico. Por su situación geográfica con respecto a la Metrópoli, por la extensión de su territorio, población y recursos de todas clases, por sus instituciones religiosas, políticas, sociales y culturales, el Reino de la Nueva España estaba predestinado a ser una nación independiente y soberana, y ya en ese siglo reunía todos los elementos necesarios para llegar a serlo. Era prácticamente la metrópoli de un mundo que se extendía desde Asia hasta la cuenca de mar Caribe, pasando por todos los territorios occidentales de Norte América. Y como consecuencia natural de los valores de todo orden acumulados en los dos siglos precedentes, la Nueva España llegó a su máximo esplendor”. 

En la página 173 del primer tomo de la obra citada anteriormente, don Pedro Sánchez Ruiz nos da esta información: 

“Según don Marcelino Menéndez y Pelayo, la Nueva España era toda una nación, la primera del continente, la más culta, y que mayores elementos tenía para engrandecerse, la parte predilecta y más cuidada del Imperio”. “Donde la cultura española había echado más hondas raíces”

El virrey Marqués de Cerralvo, escribía al rey don Felipe III a principios del siglo XVII: 
"La capital es la ciudad más culta y elegante del continente, pocas poblaciones tiene la Monarquía de Vuestra Majestad de más lustre que la de Méjico..." 

A principio del siglo XIX, el diario angloamericano Morning Post citó en su editorial del 15 de octubre de 1804: 

“Es Méjico la ciudad más rica y espléndida del mundo, el centro de todo lo que se transporta entre América y Europa, por una parte, y entre América y las Indias Orientales por la otra”. 

Don Lucas Alamán y Escalada en la página del Tomo I, cap. III de su “Historia de México”, escribe lo que se revela como una nostalgia del la Nueva España que le toco ver: 

“La abundancia y prosperidad que se disfrutaba, constituía un bienestar general que hoy se recuerda en toda la América, como en la antigua Italia el siglo de oro y el reinado de Saturno, más bien se mira como los tiempos fabulosos de nuestra historia, que como una cosa que en realidad hubo o que es posible que existiese”. 

La Nueva España tenía todo para ser de por sí, un Reino independiente pese a su poca población en relación con su enorme extensión territorial; más de tres veces toda la Europa occidental estaba muy organizada en todo, con riquezas y moneda propia. Con flota propia, renovada ya, después que los ingleses la destruyeran como venganza por haber apoyado a Felipe V, en vez de Carlos de Austria. 

También, don Lucas Alamán relata en el capítulo III del primer tomo de su obra un curioso proyecto que destaca la importancia de la Nueva España: 

A principios del siglo XVIII, durante la guerra de sucesión dinástica, la América toda se conservó adicta a la casa de Borbón, cuyo dominio tuvo tiempo de afirmarse antes de las hostilidades, Felipe V, ocupado Madrid en dos ocasiones por las tropas aliadas al archiduque don Carlos que sostenían los derechos de la Casa de Austria, creyendo no poder conservar su trono en España, pensó trasladarse a la Nueva España y hacer de su capital, Méjico, la capital de sus dominios ultramarinos" 

Esta idea del nuevo monarca Borbón estuvo a punto de realizarse, de haber sido así, estos territorios, con su riqueza hubieran dado nueva vida al vetusto Imperio de los Austria. 

Mas tarde, en 1783, apenas firmado el Tratado de París que reconocía la Independencia de los Estados Unidos por las potencias europeas, el conde de Aranda advertía a Carlos III 
de la peligrosidad de la nueva nación republicana a quien la Corona había ayudado a independizarse de Inglaterra. Y recomendaba colocar a sus tres infantes españoles en sendos Reinos de ultramar, tomando el monarca el título de Emperador. No se le escuchó entonces. 

En 1808, vendría otra oportunidad cuando Napoleón invadió a España. Unos meses antes, en marzo se previó la posibilidad de que el rey Carlos IV se refugiara en Nueva España, como lo había hecho el de Portugal en Brasil. 

Manuel Godoy, el primer ministro del Monarca ideó un bien estructurado plan con todas las posibilidades de realizarse. Ya estaba todo preparado para el viaje de la familia real, con la anuencia indirecta de Napoleón para tener el campo libre de la Corte, cuando en 18 de ese mes se produjo una rebelión de los empleados y servidores del palacio que iban a quedar sin empleo y más aún por venir la idea del odiado Godoy.

La rebelión contagió al pueblo de Aranjuez donde se hallaba la corte desencadenando toda una catástrofe para la Corona. Los cabecillas del motín querían la cabeza del favorito Manuel Godoy quien tuvo que huir para salvar su vida y al día siguiente, obligaron al rey a abdicar en favor de su hijo don Fernando. 

Don Lucas Alamán, refiriéndose a ese suceso comenta: 

“Proyecto ese que hubiera producido los mejores resultados y que un siglo antes concibió Felipe V". "La independencia de Méjico se hubiera hecho sin violencia y sin sacudimientos como sucedió con el Brasil.....” 

Es muy interesante repasar con cuidado los capítulos III y IV del primer tomo de esta Historia de Alamán, porque en ellos relata todos los intentos, pequeños y grandes de separar a Nueva España del Imperio por los propios gobernantes españoles. 

De su atenta lectura, se deduce entre líneas, las actuaciones de las Sociedades Secretas que maquinaron durante todo el siglo XVIII y principios del XIX, no nada más en Nueva España, sino en todo el Imperio; para desmembrarlo a favor de Francia, Inglaterra o los Estados Unidos. 

Orígenes del Destino Manifiesto de los angloamericanos 

La doctrina del Destino manifiesto angloamericano sigue viva, actuante y ofensiva; de manera más sutil en unos casos, de forma brutal en otros, pero mayormente, con vestido de caridad. 

Influyendo a los pueblos desprevenidos con su artificiosa propaganda. Y todo esto, en nombre de Dios, quien en Su misericordia "ha predestinado a un nuevo pueblo, los angloamericanos, -dicen ellos-, para regenerar la tierra y reconquistar el Paraíso perdido” 

Para comprender mejor este famoso Destino Manifiesto; es necesario remontarnos un poco a los fundamentos de la nación inglesa y de la comunidad judía asentada en las islas. 

En el año 597, fin del siglo VI después de Cristo, el papa san Gregorio Magno envió a un grupo de monjes a cuya cabeza iba Agustín, mas tarde consagrado primer arzobispo de Canterbury y canonizado santo, con la misión de reevangelizar a los bretones, quienes después de la sangrienta invasión de los bárbaros anglosajones, habían quedado sin sacerdotes y bajo la autoridad espiritual de sus jefes tribales y de sus consejeros judíos. 

Agustín y sus monjes cumplieron su cometido, pero la Inglaterra quedó bajo la protección y autoridad espiritual directa del Papa, lo que significó mayores impuestos además del diezmo correspondiente. Esto no gustó a los reyezuelos y con el tiempo, traerían de rebeliones contra la Santa Sede. 
Durante toda la Edad Media, la historia de Inglaterra está marcada por las luchas entre la Monarquía y la Iglesia. 

Ejemplos significativos de esta lucha son los martirios del arzobispo santo Thomas Becket por Enrique II en 1172 y del canciller santo Tomás Moro por Enrique VIII en 1535. Hemos de aclarar que el sacrificio de estos dos buenos hijos de la Iglesia no fueron causados tanto por la maldad o ira de esos reyes, sino por la debilidad del primer rey como por la impiedad del segundo rey, ambos acosados por consejeros nominalmente cristianos pero en realidad judíos. 

Sin embargo, la Iglesia tuvo que recurrir en Inglaterra varias veces al brazo armado de los reyes, cuando la nación entera estuvo gravemente amenazada por los prestamistas judíos. 

Tales fueron los casos de la pequeña expulsión ordenada en 1189 por Ricardo I, “Corazón de León” y la gran expulsión dictada en noviembre de 1290 por Eduardo I, Plantagenet contra los judíos que conspiraban contra la Monarquía en favor de Francia. Quedando en Inglaterra pocos cientos quienes aceptando el bautizo juraron aparente fidelidad a la Corona. 

Con la economía del Reino en sus manos, Eduardo I inició un brillante período de florecimiento interno, de equilibrado desenvolvimiento de la industria y de expansión hacia el exterior.

Pero como en la España del siglo XVI, sus enemigos intrigaron desde los países vecinos, principalmente desde Gales. A donde personalmente encabezó la invasión, y una vez ganada nombró a su hijo como primer príncipe de Gales.
Ricardo C. Albanés, “Los judíos a través de los siglos”, Edit. La Verdad, 1988, Lima-Perú. 


Un personaje clave en la confección del Destino Manifiesto 


John Wicleff nació en Yorkshire en 1330 de familia neoconversa estudió teología y fue ordenado sacerdote, a la edad de 40 años, era profesor en Oxford y en 1374 era párroco de Lutterworth donde comenzó a elaborar su doctrina de "La Predestinación" que le llevó a rechazar la enseñanza tradicional de la Iglesia y a confeccionar una especie de puritanismo casi 200 años antes que Juan Calvino.

Fundó una nueva Iglesia que se distinguiría por su santidad y pureza: “La Comunidad de los Santos elegidos y predestinados” donde no habría sacerdotes, porque afirmaba: 


“En la Gloria todos son sacerdotes consagrados por Dios, frente a los que no forman parte de la grey”
 A despecho de las autoridades eclesiásticas instauró en su parroquia un nuevo culto, según él, más puro y santo. 

Desechó el idioma latino de la Misa, celebrándola en la lengua vernácula, “para que todos los fieles la entendieran”, afirmaba que no existía la Transubstanciación de las especies y que la Eucaristía era una fiesta conmemorativa, un deleite espiritual donde solamente participaban los elegidos. Suprimió la confesión individual, la penitencia y las indulgencias, despojó su iglesia de las imágenes de los santos, y en sus prédicas proclamaba la desaparición del celibato y de toda referencia a la Santa Sede. 

La comunidad de los santos elegidos y predestinados” la formó con unos monjes pobres mendicantes que enviaba a los pueblos cantando salmos en inglés con la Biblia en mano y que los campesinos llamaron “loulards”. Estos simpáticos monjes fundaron círculos de lectura para leer la Biblia que interpretaban a su manera y enseñaban a los fieles, a ser constantes en el trabajo manual y olvidarse de las oraciones y meditaciones porque eran fuente de holgazanería. 

Su popularidad llegó a personas influyentes hasta alcanzar a la familia real, en la persona del Duque de Láncaster, John de Gaun, antepasado de doña Isabel la Católica. 
El Duque tomó bajo su protección a John Wicleff para evitar ser procesado por la jerarquía eclesiástica inglesa, y al principio simpatizó con la doctrina del Abad de Luterworth Wicleff, por su poderoso protector, pudo morir en su monasterio sin problemas con Roma. 

Cuando los lolardos se sintieron poderosos comenzaron por predicar la libertad y la justicia social contra los ricos propietarios y contra los bienes de la Iglesia. Instaron a repartir la riqueza entre todos los habitantes como lo habían hecho los primeros cristianos. Pero el movimiento desembocó en franca rebeldía y ataque contra los señores feudales y contra el mismo rey, provocando la primera revolución social de los campesinos. Entonces el duque de Láncaster tuvo que retirarles su protección y él mismo los combatió hasta vencerlos. Los círculos de lectura de Biblia continuaron en Inglaterra, pero esta vez, como Sociedad Secreta. 

John Wicleff puede considerarse, sin lugar a dudas, como el antecesor de los herejes reformistas del siglo XV, Juan Huss y Jerónimo de Praga, a través de ellos los herejes del siglo XVI: Lutero, Zwinglio y Calvino, tomaron sus doctrinas de la “Predestinación de los elegidos”

Años después de la muerte de Wicleff, cuando sus lolardos propagaban la Revolución en Hungría, la Iglesia mandó desenterrar sus huesos y quemarlos públicamente como hereje.
Porqué los judíos son los causantes de tantos males en la Cristiandad 

Camino abierto al Destino Manifiesto 

La doctrina predicada por los seguidores de John Wicleff “La Predestinación de los elegidos”, no era una idea nueva en la mente de los hombres, esta idea tiene su raíz en el convencimiento de los judíos de ser “El pueblo elegido de Dios para traer al Mesías”una elección que ningún otro pueblo se merecía. 
Los hijos de Abraham aceptaron esa elección divina como una bendición, pero también, la sufrieron como una carga insoportable. Los menos; una exigua minoría, aceptaron la elección con alegría, con resignación, con obediencia y sufrimiento, con la esperanza de ver un día 
al Ungido de Yahvé quien reinaría sobre todos los pueblos y por toda la tierra. Estos, continuaron las tradiciones de los Patriarcas y de los Profetas concentrándose en la llamada Casa de David. 
La mayoría, quienes sirvieron de “corteza al meollo”, se rebelaban, apostataban, se contaminaban, se corrompían y cometían los peores crímenes; de la misma forma que sus vecinos paganos.Constantemente reconvenidos por Yahvé a través de los Profetas, estos judíos infieles preferían eliminar a los enviados de Dios y martirizarlos.

San Pablo, en su carta a los romanos, capítulo XI, nos recuerda la queja que el profeta Elías dirige a Dios contra Israel: 

“¡Oh Señor!, a tus profetas los han muerto, demolieron tus altares, y he quedado yo solo y atentan a mi vida”. 

En esa misma carta paulina, en el capítulo IX, versículos 27 a 29, nos recuerda el reclamo del profeta Isaías. “Aún cuando el número de los hijos de Israel fuese como las arenas del mar, solo un residuo de ellos se salvará. Porque Dios en su justicia reducirá su pueblo a un corto número; el Señor hará una gran rebaja sobre la tierra”

Tanto el Antiguo Testamento como el Evangelio citan muchas veces esa elección divina a un corto número. Los verdaderos elegidos de Dios han sido los judíos que reconocieron al Mesías como hijo de Dios, quienes le siguieron durante su paso por la tierra y fueron la raíz de la Iglesia de Jesucristo.

Como todos sabemos, los que fueron iluminados por el Espíritu Santo en Pentecostés. Los demás, los que ignoraron, rechazaron y sacrificaron a N. S. Jesucristo; Dios les ha dado en castigo a su rebeldía, dice San Pablo “Un espíritu de estupidez y contumacia. Ojos para no ver y oídos para no oír”. Israel buscaba la justicia por medio de la Ley, mas no por la Fe, pero la han hallado aquellos que han sido escogidos por Dios, habiéndose cegado todos los demás... Los judíos poscristianos son los rechazados, se les ha quitado el Reino espiritual, (San Mateo: 8,11-13 y 21,38-46) a ellos no les ha quedado otro camino que seguir al mundo material; que rendir al Príncipe de este Mundo, por lo que en sus academias del destierro confeccionaron el Talmud como una interpretación materialista de la Sefer Thora o Pentateuco. Y en ese engendro del demonio que es el Talmud como regla de conducta para su pueblo en lo sucesivo, han asentado la destrucción del orden cristiano, de ahí han salido, por dos mil años, todas las herejías y los ataques que la Sinagoga ha impulsado y sigue impulsando contra todo lo que represente a Cristo y a Su Iglesia. Las pocas conversiones verdaderas han sido por gracia especial de Nuestro Señor Jesucristo.

A lo largo de los últimos dos mil años, los judíos han influido en el curso de la Historia como ningún otro pueblo. Se han valido de todos los medios, de todos los sistemas teológicos, filosóficos, económicos. De todos los individuos, religiones, gobiernos y naciones, aún de la propia jerarquía eclesiástica católica, en muchas ocasiones; para conseguir su fin último, es decir: El dominio material del Mundo.

La catástrofe que padeció la Cristiandad a principio del siglo XVI con la llamada Reforma protestante tuvo sus antecedentes, como hemos visto, en las herejías de John Wicleff, pero también en la contaminación cabalística de las escuelas de traductores de Toledo en el siglo XIII, y en el Humanismo del siglo XIV, aunque anteriormente había brotado parcialmente en la Francia del siglo VIII y en las Universidades del XIII. 

El Humanismo, como un movimiento espiritual revalorizador del hombre en sí mismo, basado en el conocimiento de los clásicos paganos; especialmente griegos, a través de los bizantinos ortodoxos. 

lunes, 22 de noviembre de 2010

Cristo Rey del Universo

Fiesta de Cristo Rey Es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, porque celebramos que Cristo es el Rey del universo. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz. La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.


Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatológico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.


En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.


Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo: «es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas»; «es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda»; «es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo»; «es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra».


La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.


Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.


Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla. Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota. El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.


Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida. A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas.


La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

LOS INICIOS DEL PROGRESISMO EN MÉXICO,SUS PRECURSORES Y LA DEFENSA DE LA RELIGIÓN. HISTORIA-RELIGIÓN-MÉXICO Segunda Parte

Marx y La Biblia

Se ha de insistir en que la etapa del "post-concilio", del "diálogo" y de la "primavera de la Iglesia" que arrancó a partir de la gestión de JUAN XXIII y su proceso de intenso desarrollo en la época de PAULO VI integran el ciclo histórico en que cobró vigencia aquello de que cuando el socialismo llegue al poder "se encontrará en el NUEVO TESTAMENTO abundantes pruebas de que la Iglesia ha sido siempre comunista".

Esas "pruebas" no se aportaron desde el campo seglar sino de los predios de la jerarquía eclesiástica infiltrada por el "progresismo político-religioso". Como se reitera, el fenómeno de la comunización del catolicismo estaba contemplado como un movimiento inducido de arriba hacia abajo, como corresponde a toda maniobra demoledora que tenga a su servicio a cómplices, traidores y comprometidos en los más altos puestos de mando.

Correspondía a la Arquidiócesis de México, en ese entonces a cargo de Su Eminencia Reverendísima, monseñor Miguel Darío Cardenal Miranda y Gómez, desempeñar el más infame de los papeles en el proceso "pastoral" para inducir al ciudadano creyente a comulgar con las ruedas de molino acerca de que el marxismo-leninismo y el mensaje contenido en la Biblia, eran, en escencia lo mismo.

Su Eminencia Reverendísima, sabedor de que en la "etapa del diálogo" posconciliar, sólo asciendían los mejores puestos jerárquicos y recibían honores y prebendas quienes colaboraban con el "progresismo político-religioso" y por tanto, con la expansión del "catolicomunismo", no escatimaron su aportación, sobre todo, porque a la edad límite de los 75 años, la baja , el cese o la remoción podía producirse en cualquier momento.

De la Parra
Es con tales características de la jerarquía, encabezada por monseñor Miranda y Gómez, que en el mes de septiembre de 1970 salió a la venta "Marx y la Biblia", el libro del jesuita JOSE PORFIRIO MIRANDA Y DE LA PARRA, donde se pretendía demostrar que el Magisterio de la Iglesia Católica basado en el Evangelio y el marxismo-leninismo, encierran la misma escencia sociopolítica.

Vio la luz pública el libro "Marx y la Biblia"  con el aval de la COMPAÑÍA DE JESÚS -parte de la compañía que estaba entregada a la difusión del "comunismo-católico"-, y las bendiciones, los parabienes y la aclaración en el sentido de que "en nada se opone al dogma", de su Eminencia Reverendísma monseñor Miranda.

La difusión de este libro fue viento en popa mientras el sacerdote DON JOAQUÍN SAÉNZ ARRIAGA permaneció en Roma, donde estuvo con más de 5,000 católicos de todo el mundo, en el intento de entrevistarse con PAULO VI y exponer sus puntos de vista sobre el "NOVUS ORDO MISSAE" creado por un clérigo promarxista y varios ministros protestantes.

A su regreso del viejo continente, el padre Sáenz Arriaga publicó el libro "¡Apóstata!", en donde hace un análisis de "Marx y la Biblia" , y con argumentos sólidos señala los graves errores doctrinarios tanto de la obra, como de la autorización eclesiástica que le otorgó Su Eminencia para introducirlo a las filas Católicas.

En "¡Apóstata!" el padre Saénz Arriaga expresa:


"A pesar de tantos y tan preclaros garantizadores, me atrevo a decir -¡pecador de mí!- ya desde el principio, que los censores o no leyeron el libro, o no saben teología, o traicionaron, comprometidos, su conciencia. Y me atrevo a decir que el R. P. Enrique Gutiérrez Martín del Campo, S. J., prepósito provincial de la Provincia Jesuítica de México, es grandemente responsable de haber autorizado, con su suprema autoridad, la publicación de todos estos enormes errores del mentado aborto de ese inquieto y alocado súbdito: errores que, con razón, tienen azorados a todos los católicos que no están adormecidos o no han perdido su fe.


"Y finalmente, y con la reverencia que se debe a la sagrada púrpura del Señor Cardenal Arzobispo Primado de la Arquidiócesis de México, afirmo que el libro cuya publicación él ordenó con su IMPRIMATUR, sí está, abierta,descarada y perversamente contra el DOGMA CATÓLICO, contra la religión que fundó Cristo y contra toda religión; que esa que él llama "sana libertad de expresión" es sencillamente la difusión diabólica y nociva de errores gravísimos, ya repetidamente condenados por los Papas y Concilios; y que, haciendo o no haciendo suyas las tesis de José Porfirio Miranda y de la Parra, él, Su Eminencia, es el principal responsable de el daño que ese libro infame produzca.


"Mi primera acusación es pues -lo digo sin temor y con plena conciencia de mis actos- contra los que, con su firma, avalan el libelo, desorientan a los crédulos católicos, y facilitan así la sibversión religiosa, social, y política de los pueblos que en frase de un conocido y extraordinario escritor es "CAOS EN LA IGLESIA Y TRAICIÓN AL ESTADO" .

Del autor de Marx y la Biblia, el Padre Saénz hace este formidable juicio:


"El despampanante jesuita, para curarse en salud, para ganarse la simpatía y el apoyo incondicional de los cándidos lectores, empieza por apoyar sus tesis y su subversión de manera taimada, en la discutible y discutida encíclica del actual Pontífice, la "POPULORUM PROGRESSIO"


y añade:

"A muchos críticos -europeos y norteamericanos -la POPULORUM PROGRESSIO les pareció ser "el resumen completo de los lugares comunes, marxistas y filomarxistas" o, como diría otro crítico, "un marxismo recalentado". Miranda y de la Parra no se indigna por estos comentarios contra el documento papal y los acepta, más bien, los reconoce, porque quiere hacer a Paulo VI defensor y abanderado de sus mismas ideas. Como si José Porfirio quisiera decirnos: Paulo VI piensa como pienso yo; dice lo que yo digo, estamos en las mismas trincheras"
(O. P. páginas 12, 13 y 14).

En su refutación a Marx y la Biblia, el padre Don Joaquín Saénz y Arriaga, aclara que la Iglesia nunca aceptó el capitalismo liberal o el liberalismo económico, egoísta, despiadado, explotador; pero tampoco acepta, ni puede aceptar la conculcación brutal de la justicia conmutativa, con el pretexto fascinante de la justicia social.

A juici del padre Saénz Arriaga, el error intolerable de Miranda y de la Parra y sus camaradas de "progresismo" está en confundir el capitalismo y el imperialismo,con el legítimo derechode propiedad; el abuso con el legítimo derecho. Al defender el derecho de propiedad no es la injusticia la que eregimos en "universal inocuo, en quasi natura", en derecho inherente de la naturaleza humana,como dice José Porfirio; es el legítimo derecho que tiene el hombre, todo hombre, para adquirir por los debidos caminos la propiedad privada, para poder proveer a sus necesidades presentes y futuras, personales y familiares.

Aclara el padre Saénz  que:

"Habla el jesuita de la "opresión capitalista"; pero no dice nada de la opresión del comunismo, que lleva consigo todo el odio, la maldad y toda la soberbia satánica, no de milenios de injusticia y de empedernimiento, sino de la irreformable perversión de los mismos demonios. Si para Marx la prehistoria ha terminado, para nosotros han empezado los tiempos apocalípticos, con la apostasía general en la que, por desgracia para ti y con dolor sincero para mí, te veo José Porfirio, no sólo comprometido, engañado, sino convertido en un activista, en un caudillo de la subversión infernal, por más que tu libro lleve todos los "IMPRIME POST" y todos los "IMPRIMATUR" de los pastores, que traicionaron a la Iglesia y a la Doctrina recibida de Dios". (O.P., páginas 43 y 44.)

domingo, 21 de noviembre de 2010

Stromae, zombis y blasfemia

Stromae es el nombre artístico de esta nueva estrella de la música orígenes Belgo-Ruandés.
El enorme éxito de este joven artista recientemente es difícil de explicar sólo por su música, sino que corresponde a un perfil de hoy en unión con la globalización: mestizos occidentalizados, sin duda un ateo, de todos modos desarraigada, con un estilo musical "electro -house ", sin instrumentos musicales que corresponde a la nada y la cabeza vacía. En resumen, la receta perfecta para alimentar a las masas zombi!
Todo lo que faltaba en esta profanación y una blasfemia contra la Santa Religión Católica para satisfacer el nihilismo quienes le rodean ...
El clip en relación con el tema "house'llelujah". ¡Tiene lugar en una iglesia convertida en una discoteca!
Se ve una gran cantidad de "zombis" poseídos por la música y letra de Stromae quien lleva una sotana.
Música secular mezclada con el suelo sagrado entre multirracial, literalmente, y después en un trance.
En medio de esta, el clip se entremezcla con imágenes impactantes de nuestro Señor Jesucristo y su madre venerada quien lleva un equipo de música.  Hacen de este clip de una oda a Satanás.


Letra de la canción:
"En nombre de ritmo y canción,
Lloro House'llelujah, House'llelujah!
Bendita sea la música y House'llelujah, House'llelujah!
House'llelujah (x4)
Recé a Dios por una hora
Me dijeron que era demasiado viejo para todas nuestras lágrimas,
Es demasiado rico para escuchar a nuestros pobres corazones,
Él está muy ocupado, que ella es una mujer, él es un hombre,
Él es recto, es gay,
Él es un cantante, que es DJ,
Él murió y es feo 
Es incluso un musulmán o Judio,
Él es un budista y un ateo.
En nombre del ritmo y la gente
Lloro House'llelujah, House'llelujah!
Bendita sea la música y House'llelujah, House'llelujah!
[Estribillo]
House'llelujah ...
Eso es lo que rezo por la noche
House'llelujah ...
Cuando levanto mis manos al cielo,
House'llelujah ...
Cuando salto y grito,
House'llelujah ...
Es la eterna me lo dice!
House'llelujah (x8)
Oigo voces,
Las voces de la gente que no ve,
Si también los perciben,
Se que tu habías perdido la fe!
Eso es lo que rezo por la noche
Cuando levanto mis manos al cielo,
Cuando salto y grito,
Es la eterna que me lo dice!
[Estribillo]
House'llelujah ...
Eso es lo que rezo por la noche
House'llelujah ...
Cuando levanto mis manos al cielo,
House'llelujah ...
Cuando salto y grito,
House'llelujah ...
Es la eterna que me lo dice!
House'llelujah (x4) "


Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, sálvanos del fuego del infierno y guía todas las almas al cielo, especialmente aquellos que más necesitan tu misericordia. Amén.