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sábado, 1 de diciembre de 2012

AL SERVICIO DEL REY DEL MUNDO


Después de dos guerras mundiales, el Concilio no podía dejar de hablar de la paz entre los pueblos. ¿Se ofrecerá el Papa, Vicario del Príncipe de la paz, como instrumento de Dios para establecer en el mundo la paz de Cristo? Es la función que cumplió el Romano Pontífice en la Cristiandad medieval, pero ahora se juzga eso imposible, porque el poder eclesiástico no debe obrar directamente en el orden mundano. Para explicar la relación entre ambas esferas se ha encontrado un nuevo concepto: el de «sacramento».

Las realidades espirituales deben obrar como causas ejemplares de las temporales, esto es, como signos eficaces.

La unidad y la paz de la esfera espiritual -entiéndase: la unidad de todas las religiones alcanzada por la pacificación del diálogo ecuménico, en lo que supuestamente consiste la paz de Cristo- debe ser un ejemplo que motive a las naciones a unirse entre ellas y alcanzar la paz en la esfera terrena: «La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo que procede de Dios Padre» (Gaudium et spes n. 78); «la Iglesia, en virtud de la misión que tiene de iluminar a todo el orbe con el mensaje evangélico y de reunir en un solo Espíritu a todos los hombres de cualquier nación, raza o cultura, se convierte en señal de la fraternidad que permite y consolida el diálogo sincero» (n. 92). Esta idea, desarrollada enLumen gentium¹, no es explicitada en Gaudium et spes, sino que está presente como telón de fondo; nunca tampoco se utiliza el término «sacramento», pero si está presente el concepto, como lo muestran los textos citados.

La más grave consecuencia de este error está en que, olvidando que la única autoridad capaz de promover eficazmente la paz internacional es el Papa, el concilio aboga por la constitución de una autoridad política mundial con poder sobre las naciones  como para impedir las guerras; éste es el principal reclamo de Gaudium et spes: «Mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos pacíficos de la diplomacia, no se podrá negar el derecho de legítima defensa a los gobiernos» (n. 79); «debemos procurar con todas nuestras fuerzas una época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad pública universal reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos» (n.82).

Ahora bien, por necesidad teológica, la única autoridad con poder eficaz para impedir las guerras que no sea el Vicario de Cristo, será la del Anticristo. Estimado lector, ¡no estamos haciendo apocalipsis-ficción! Si no es el Príncipe de la Paz quien establece el orden de la justicia entre los pueblos por medio de los poderes que le ha comunicado a su Vicario, será el Príncipe de las tinieblas quien lo haga por medio de los poderes que le alcance a su primogénito, el Anticristo. Son las fuerzas que hay en juego, y no es posible otra cosa.

¿La instauración de qué reino, entonces, tiende a preparar con todas sus fuerzas el Concilio Vaticano II?



Prometeo. La religión del hombre. P. Álvaro Calderón

¹Lumen gentium 9: 
"La congregación de todos los creyentes que miran a Jesucristo como autor de lasalvación, y principio de la unidad y de la paz, es la Iglesia convocada y constituida por Dios para que sea sacramento visible de esta unidad salutífera".

sábado, 24 de septiembre de 2011

EL ANTICRISTO Y EL OBSTÁCULO


EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD, EL OBSTÁCULO A LA APARICIÓN DEL ANTICRISTO

La preocupante situación del mundo actual, que avanza rápidamente hacia un gobierno mundial, que no tiene ninguna cuenta de Cristo y de su Redención, ni de su Ley, nos preocupa, nos hace pensar en el Anticristo anunciado. He aquí un importante y misterioso texto de San Pablo relativo al Anticristo, explicado por el sacerdote jesuita José M. Bover, en su famoso libro “La Teología de San Pablo” (BAC, 4ª ed., pp. 819-825).

I. UN TEXTO MISTERIOSO DE SAN PABLO

El Apóstol San Pablo, en su segunda Epístola a los tesalonicenses, hablando del segundo advenimiento de Cristo al final de los siglos, escribe:
“Nadie os engañe en manera alguna; porque si primero no viniere la apostasía y se manifestare el hombre del pecado , el hijo de la perdición, el que se rebelará y alzará contra todo lo que se llama Dios y contra todo objeto de culto religioso, hasta el punto de sentarse en el santuario de Dios y presentarse a sí mismo cual si fuera Dios…¿No recordáis que, mientras estaba  Yo con vosotros, os decía esto? Y ahora qué cosa impida el que se manifieste a su tiempo, ya lo sabéis. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción: sólo falta que desaparezca de enmedio el que lo impide. Y entonces se manifestará el impío, el cual el Señor Jesús matará con el aliento de su boca y con la epifanía de su advenimiento”. (2 Tes. 2: 3-8)
Al ensayar la interpretación de este texto no vamos a perdernos en cálculos fantásticos sobre la mayor o menor proximidad del fin del mundo; cálculos mil veces combinados y mil veces desmentidos por la cruda realidad de los hechos. Otra enseñanza más seria y más vital, que no por ser implícita es menos clara, está contenida en la palabra del gran Apóstol. Más antes, para sacar esta enseñanza, es menester precisar y deslindar el pensamiento de San Pablo: lo que dice y lo que calla.
Lo que dice es claro y diáfano. Según él existen en el mundo moral dos fuerzas o tendencias antagónicas. Por una parte actúa la fuerza del mal, la que él llama el misterio de la iniquidad, cuyo resultado o remate será la apostasía más o menos universal. Una vez que ésta llegue, preparará el terreno a la aparición del Anticristo. Por otra parte, existe algo o alguien que impide y pone trabas o diques a esa fuerza del mal: obstáculo real a la vez y personal, cuya desaparición determinará el desbordamiento de la iniquidad, la apostasía general y la manifestación del Anticristo.
Lo que se calla el Apóstol, porque lo da por supuesto y conocido por los lectores de la carta, parece a primera vista un enigm: qué es, o quién es, ese misterioso obstáculo que entretanto cohíbe o reprime el desbordamiento de las fuerzas del mal. ¿Nos será posible adivinar el pensamiento del Apóstol y descubrir cuál es el obstáculo? Creemos que sí. Y vale la pena averiguarlo, pues en ese obstáculo está encerrada la gran enseñanza que nos dan las palabras de San Pablo. La interpretación de los Santos Padres y de los exégetas medievales, continuada y precisada por los intérpretes modernos, nos dará la clave del misterioso enigma.

II. INTERPRETACIÓN DE LOS SANTOS PADRES DE LA IGLESIA

Para los Santos Padres, ese obstáculo, real y personal al mismo tiempo, no es otro que el Imperio y el emperador romanos. Así lo sienten, entre los griegos, San Hipólito, San Cirilo de Jerusalén, San Juan Crisóstomo, y San Juan Damasceno. Entre los latinos, Tertuliano, San Jerónimo y el llamado Ambroosiastro. Adoptan la misma interpretación, entre los medievales, Ecumenio, Teofilacto, Eutemio Zigabeno, Primasio, Sedulio Escoto, Himón de Halberstadt, Rabano Mauro, Herveo, Pedro Lombardo, Santo Tomás y Nicolás de Lira. Entre los modernos no son y tan uniformes los pareceres. reconocen con Drach que la opinión tradicional es “la más antigua, la más extendida, la más autorizada”; más algunos no se deciden a aceptarla, por consideración de que hace ya muchos siglos que desapareció el Imperio romano y no ha aparecido el Anticristo. A este reparo no responderemos con Cornelio a Lapide, quien decía que el antiguo Imperio romano había sido sustituido o continuado por el imperio germánico, que se llamó “Sacro Imperio Romano”. Más fundada y acertada es la explicación de Bisping, según la cual el Apóstol habló del Imperio romano, no precisamente  en cuanto a su forma de gobierno determinada o particular, sino a que representaba y encarnaba por entonces el poder público, legítimo y universalmente reconocido, que con la sabiduría de sus leyes y con la potencia de sus legiones garantizaba y protegía el orden político y social, indicando con ello que no vendría el Anticristo mientras subsistiese, bajo la forma de cualquier gobierno justo y recto, el orden firme y regular de la sociedad, y que, en consecuencia, el socialismo y el comunismo empeñados en trastornar toda la sociedad, si alguna vez logran su predominio universal, pondrán en gravísimo peligro la existencia misma de las naciones y allanarán el camino para la suprema catástrofe (cf. J. A. Van Steenkiste, S. Pauli Epistolae, t. 2, pp. 275–276). La misma interpretación adoptan  los PP. Knabenbauer y Adrián Simón. A éste propósito nota Fillión que:
“Es cierto, para citar un caso particular, que la legislación romana , que ha venido a ser más o menos la mayor de los Estados cristianos, ha contribuido mucho al mantenimiento del orden moral de la sociedad. Si los emperadores paganos y otros están lejos de haber sido siempre perfectos, eran, con todo, por sus funciones mismas, los representantes de la autoridad, y los peores han obrado en este sentido con el mal”. (La Sainte Bible, t. 8, pp. 456-457).
Corrobora semejante interpretación, a nuestro juicio de un modo decisivo, lo que el mismo Apóstol enseña sobre el principio de autoridad. Escribe a los romanos, hombres que, según él, conocen lo que es la ley (Rom. 7:1). “Toda alma esté sometida a las autoridades superiores. Pues no hay autoridad que no venga de Dios; y las que existen, por Dios han sido establecidas. Así que el se insubordina contra la autoridad, se rebela contra el orden establecido por Dios, y los que se rebelan, recibirán su condenación. Porque los magistrados no inspiran temor a los que obran el bien, sino a los que obran el mal. ¿Quieres no tener miedo a la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella alabanza; porque ministro es de Dios para ti en orden al bien. Mas si obrares el mal, teme, que no en vano lleva la espada; porque de Dios es ministro, vengador justiciero para el que obra mal, sino también por la conciencia”. (Rom. 13:1-5). Esto escribía San Pablo a los cristianos romanos mientras imperaba en Roma Nerón, uno de los más abominables monstruos coronados que han manchado la historia. Pero Nerón, con todas sus crueldades, con todas sus locuras, con todos sus brutales desenfrenos, representaba para San Pablo el principio de la legítima autoridad; con lo que, de hecho, mantenía el orden jurídico y social, el cual es esencialmente incapaz de mantener el revolucionario o el comunista más honesto y moderado.
San Pablo miraba el principio de autoridad en el mismo Nerón, porque, habiendo emanado de Dios y estando establecido por Dios, tutelaba los fueros sagrados de la ley y del derecho y sancionaba sus infracciones con la pena. Este principio de autoridad, la ley armada con la espada, era también para el Apóstol el gran obstáculo que se oponía al desbordamiento del misterio de la iniquidad, con lo cual retrasaba la apostasía y el advenimiento del Anticristo. Este sencillo cotejo de textos de San Pablo, corroborado con la autoridad de interpretación de los Santos Padres de la Iglesia, nos descubre una gran verdad, una lección importantísima: el valor y la eficacia del principio de autoridad, de una autoridad justa y fuerte, para mantener incólume el orden jurídico y social, para oponer con una valla infranqueable a los progresos del mal. Pero esta lección, encerrada dentro del círculo estrecho de los textos y autoridades, resulta pálida y esquemática.
Para entrever todo su maravilloso alcance, hay que rebasar los angostos límites de la hermenéutica y salir al anchuroso campo de la historia. Una visión rápida de la historia humana, contemplada a la luz de las enseñanzas de San Pablo, será una luminosa confirmación de la gran lección que el Apóstol nos ha dado sobre el valor del principio de autoridad.

III. REALIZACIÓN HISTÓRICA

La autoridad de la humanidad es una serie no interrumpida de luchas: luchas de razas contra razas, de pueblos contra pueblos, de imperios contra imperios, de instituciones contra instituciones, de partidos contra partidos, de escuelas contra escuelas; luchas militares, luchas políticas, luchas económicas, luchas religiosas, luchas doctrinales, luchas literarias. Miradas en la sobrehaz, esas luchas son de hombres contra hombres. Más bajo esas apariencias humanas, los ojos de la fe descubren otra lucha, invisible a los ojos de la carne, lucha incomparablemente más trágica y grandiosa: la lucha de los espíritus, la lucha del mal contra el bien. Dos grandes huestes, encarnizadas, irreconciliables, luchan desde el origen de los tiempos y lucharán hasta el fin de los siglos. La hueste del mal está acaudillada por Lucifer; la hueste del bien está gobernada por Dios. Lucifer y Dios son los dos jefes de la gran batalla que se está librando en la historia humana. Dios, en su sabiduría y omnipotencia, hubiera podido suprimir la lucha, reduciendo a la impotencia a Lucifer. Mas no ha querido. Ha preferido conceder beligerancia a su adversario, para tener la gloria de verle ignominiosamente derrotado. La estrategia con que Dios dirige los lances y el desenvolvimiento de la lucha es su divina Providencia.
Prescindamos de las edades anteriores al cristianismo. Después de la venida de Jesucristo, la hueste de Dios es la Iglesia: ejército humanamente débil e inerme, cuya conservación, cuyos progresos, cuyas conquistas, son un perenne milagro de la Providencia divina. Pero entendámoslo bien. Esos milagros no son precisamente hechos palpables y fulgurantes, capaces de aterrar y paralizar al adversario; son algo secreto y delicado, que deja toda su libertad de acción a la hueste contraria. Las excepciones de ésta táctica divina  son muy contadas y no influyen decisivamente en el curso de la gran batalla.
Contra esta hueste de Dios, la Iglesia, la hueste de Lucifer dirige todos sus ataques, dirigida y azuzada constantemente por su invisible caudillo. El mundo con sus pompas, la carne con sus concupiscencias, la soberbia y el dinero, las perversas doctrinas y las costumbres depravadas, las herejía y los cismas, ofrecen al mal caudillo armas poderosísimas de ataque. Se alistan también de su bandera frecuentemente otros aliados, de suyo no malos, pero de enorme potencia seductora; las ciencias y las artes, el teatro y la novela, la prensa y la cinematografía, la radio (televisión e internet). Con esas armas y esos aliados, Lucifer pretende consolidar y extender su dominación en el mundo, el imperio del mal, el reino de las tinieblas, frente al reino de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo.
Pero Lucifer no puede intervenir directa y personalmente en la batalla del mal contra el bien. Está atado, desde que Jesucristo lo venció en la Cruz. Más no le faltan agentes, hombres de carne y hueso, que, inspirados de espíritu diabólico, hacen cumplidamente sus veces y llevan adelante sus planes. ¿Quiénes son los agentes de Lucifer? Todo el mundo señala con el dedo las logias masónicas y el comunismo soviético. tampoco es ningún secreto para nadie que por debajo de masones y comunistas anda la mano judía. Oímos hace algunos años a una persona inteligente, que conocía a fondo el estado actual del mundo, esta atinada reflexión: los planes comunistas, tan maravillosamente combinados y organizados, cuya eficacia ha sido tan enorme y universal, no son ni pueden ser rusos: el genio ruso no da para tanto; sólo en la astucia judaica hallan su cabal explicación. Otra reflexión: masones y comunistas son en su organización externa dos instituciones incompatibles y antitéticas, y, sin embargo, en su funesta actuación andan perfectamente de acuerdo. ¿Porqué? Por el elemento común de entreambos: el judaísmo, que en cada uno de ellos tiene influencia decisiva. A estas reflexiones hay que agregar otra: las primeras persecuciones de la Iglesia partieron del judaísmo, y, según opinión bastante generalizada, del seno del judaísmo ha de surgir el Anticristo.
Todas esas consideraciones nos muestran que el misterio de la iniquidad, que según San Pablo se está ya fraguando, no es otro que la acción oculta del judaísmo masónico y soviético, que gobierna y empuja todas las fuerzas del mal contra la Iglesia de Jesucristo. Con esa perversa acción prepara y promueve la perversión y apostasía universal, cuya realización dará la señal para la aparición del Anticristo.
Pero queda por estudiar un factor, el principal ahora desde nuestro punto de vista: el Estado civil. ¿Que papel representa el Estado en esta lucha de Lucifer contra Dios?
Nos enseña la historia que el poder civil unas veces se ha inclinado hacia el bando de Lucifer, otras hacia el bando de Dios. Esa posición ambigua o variable del poder civil no puede satisfacer plenamente a Lucifer: no ve, ni puede ver, en él un aliado incondicional. El Estado civil, como institución divina de derecho natural, fundada en la justicia, que lleva en sus manos la ley y la espada, garantía del orden, es un adversario nato de la hueste de Lucifer, cuya actuación empuja necesariamente al desorden y al crimen. y el desorden y el crimen, diametralmente opuestos a lo que hay de más esencial en el Estado, no pueden menos que provocar su reacción y sus sanciones. Cuando el Estado, sobre todo si se inspira en los principios cristianos, se pone de parte de la hueste de Dios, entonces la hueste de Lucifer halla en él un adversario formidable y un obstáculo infranqueable para su perversa actuación. Testigos (son) tantos Estados modernos, que, aun simpatizando con los comunistas, no pueden menos que ponerle innumerables trabas a su acción demoledora. De ahí la aversión del comunismo al Estado jurídicamente constituido. Este hecho capital merece más atenta consideración.
El comunismo es, como atinadamente se llama, una fuerza disolvente. Y lo que disuelve, descompone y atomiza es el Estado. En efecto, el Estado civil está trabado y como ligado por dos vínculos principales: el poder o autoridad y el derecho o la ley; los cuales, unidos a otros factores geográficos, etnológicos, históricos, lingüísticos, culturales, religiosos forman las diferentes nacionalidades. Desligar a la masa humana de estos vínculos es el blanco inmediato del comunismo. Para obtenerlo prepara las masas. De ello se encargan los demagogos. Para arrancar de la mentalidad popular toda idea de poder civil, los demagogos persuaden a las masas que no existe otro poder que el del puebloque el poder es consustancial al puebloque el poder es una prerrogativa inalienable e inabdicable del pueblo soberano. Podrá designar sus representantes, mandatarios o comisarios; pero no transferirles su propia soberanía. De ahí que todo comunista, acepte o no el nombre es realmente ácrata o anarquista. Para extirpar toda idea de derecho, los demagogos procuran persuadir a las masas de que no existen otros valores humanos fuera de los económicos o materiales. Los demás: religiosos, científicos, morales, históricos, no son sino ficciones detestables, que hay que desterrar a sangre y fuego. Y como las diferentes nacionalidades se basan en esos valores ficticios y son, además, un obstáculo para la realización de los planes comunistas, de ahí la supresión de las barreras nacionales, de ahí el absoluto internacionalismo. Cuando estos vínculos sociales del poder, del derecho y de la nacionalidad hayan sido borrados de la mentalidad popular, quedará consumada la apostasía universal y preparado el terreno para la aparición del Anticristo.
Esta crisis final ha tenido en el curso de la historia muchos ensayos, que la han preparado y en cierta manera presagiado. La más grave, sin duda, es el actual comunismo soviético, por su vastísima repercusión en todo el mundo, por su organización y propaganda científicamente metodizada, por la crueldad inaudita de sus procedimientos y, sobre todo, por la campaña de su sindiosismo militante y avasallador. Desde hace muchos años se cierne, como negro nubarrón, sobre todo el mundo el peligro del comunismo, que amenaza arrasar toda la civilización cristiana. La magnitud misma del peligro ha provocado una pujante reacción anticomunista, que ha entorpecido y retardado sus avances. Se ha verificado, una vez más, la ley general: que el desenvolvimiento histórico, tanto del bien como del mal, no es uniformemente progresivo: a cada avance suele seguir su respectivo retroceso; a cada crisis, su reacción.
No sería difícil señalar las causas que motivaron los retrocesos o entorpecimientos del avance comunista. Una de las principales, si no la principal de todas, por lo menos la que ahora más nos interese, fue que las masas no estaban aun suficientemente preparadas y maduras para abrazar el comunismo. Quedaban todavía suficientes elementos para la reacción; mas notemos para nuestro propósito, que semejante reacción prosperó, y, por así decir, cristalizó en los Estados llamados autoritarios. Es decir, el principio de autoridad, asociado al sentimiento nacionalista, despertado y como exacerbado al choque de la anarquía comunista internacional, fue el que opuso una barrera a la invasión del comunismo soviético. El instinto de conservación guió a estos Estados nacionalistas y autoritarios. Corroborando el principio de autoridad, apuntó contra lo que hay de más sustancial en el comunismo, asestó a su punto más vital. Y para proteger este mismo principio de autoridad contra los ataques del internacionalismo comunista, se avivó en tales Estados el sentimiento nacional. Y para oponerse el internacionalismo negativo, que suprime las naciones, esos Estados autoritarios contrapusieron otro internacionalismo positivo, que reconoce la diferencia y la independencia de cada nacionalidad. Ante el Komintern ruso surgió el Antikmintern ítalo-germano-japonés. Desgraciadamente, no todos estos Estados se inspiraron debidamente en los principios cristianos, ni contuvieron dentro de sus justos límites el sentimiento nacionalista. Más, si bien se mira, estas mismas deficiencias o exageraciones confirman la lección de San Pablo: que el principio de autoridad, aun no bien entendido y aplicado, es un dique insuperable para el desbordamiento del mal; tal vez por sí mismo para frenar la ofensiva más formidable de la hueste de Lucifer que registra la historia: la del comunismo ateo.
¿Se desplomaron esos Estados autoritarios, se hundieron los diques que contenían el desbordamiento comunista? ¿Seguirá ahora el desbordamiento y la inundación universal del comunismo soviético? Sería humanamente inevitable si Rusia hubiera sido la única o la principal fuerza que arrolló a los Estados autoritarios. Pero entre los mismos aliados de Rusia subsiste el principio de autoridad. Por otra parte, el choque de intereses encontrados permite conjeturar que estos aliados no están dispuestos a consentir desmedida o ilimitadamente el imperialismo soviético. Lo que realmente pasará, sólo Dios lo sabe. Y sabe también la fe cristiana que Dios no ha perdido el control de los acontecimientos humanos. De todos modos queda en pie la verdad enseñada por San Pablo: que el principio de autoridad, despojado de elementos nocivos e inspirado en el espíritu genuinamente cristiano, es el medio providencial que, dentro de los planes divinos, puede cohibir o retrasar la gran apostasía universal, anunciada por el Apóstol de las Gentes.

sábado, 17 de septiembre de 2011

NO DEBE HABER ACUERDO CON ROMA A PARTIR DEL VATICANO II


Benedicto XVI
Mons. Fellay

¡El ingreso de la Fraternidad San Pío X en comunión con Roma absolutamente no se puede prever en los criterios de la doctrina del Vaticano II!


Terminadas las reuniones de la Comisión mixta de estudio, compuesto por expertos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X y expertos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, reunidos en Roma en ocho ocasiones entre los meses de octubre de 2009 y abril de 2011, la Congregación ha declarado que “ la reconciliación plena con la Sede Apostólica tendrá como base fundamental la aceptación doctrinal del Preámbulo presentado durante la reunión del 14 de septiembre de 2011. ”¡Está claro¡”.


Pero, ¿cuál es este preámbulo entregado en el Vaticano al obispo Bernard Fellay y a sus dos ayudantes por el cardenal William Levada , prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 14 de septiembre de 2011? El preámbulo dice la Congregación para la Doctrina de la Fe “, ofrece algunos de los principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y al sentire cum Ecclesia. ”Perfecto. Sin embargo, surge inmediatamente una pregunta : ¿Qué quiere decir sentir con la Iglesia y fidelidad al Magisterio ante una institución corroída por el modernismo y por las ideas del Concilio Vaticano II?

I. No hay compromiso con el Vaticano

De hecho, las bases de un verdadero retorno a la comunión con Roma, simplemente no pueden ser consideradas por medio de las normas doctrinales del Concilio Vaticano II. ¿Por qué es imposible? Simplemente porque el Vaticano está infestado de tesis inaceptables.

El Vaticano II representa la desorientación total de la Iglesia


El Concilio encarna a la desorientación de la Iglesia, porque ni un obispo entre cien, ni un un sacerdote entre mil, ni un católico entre diez mil imaginaron que después de la muerte de Pío XII , iba a consumarse diez años más tarde la mayor revolución religiosa en la historia de la Iglesia, a la que seguiría la transmisión al mundo del mayor colapso en la historia de la humanidad. Sólo muy pocos espíritus conocían que la secta secreta de los modernistas esperaba la relajación de la autoridad papal para quitarse la careta y alzarse triunfante con el apoyo del Partido Progresista, a su vez apoyado por la masonería y el comunismo.
La Iglesia está formada por hombres que viven en este mundo y sufren la tentación de compartir las ideas y costumbres de la época. La Iglesia, erigida frente al mundo moderno, es decir, frente al anti-humanismo cristiano de la masonería y su sistema de dominación, el régimen democrático, ha visto cómo sus intelectuales y dignatarios, y, finalmente, las masas de fieles, han sido atrapados y llevados por la corriente. Ignorando la condena solemne e infalible del Syllabus de Pío IX, las serias advertencias de San Pío X y Pío XII, un partido crecientemente poderoso y organizado partidario de la apertura al mundo quería el acuerdo con todas las religiones, la libertad de creencias y de moral, el cambio permanente. En resumen: la reforma de la Iglesia y la revolución social.
 Bajo el pontificado de Juan XXIII, la Iglesia se convirtió en una revolución donde los modernistas tomaron todas las posiciones de liderazgo en Roma
Las reivindicaciones formuladas por minorías activas fueron apoyadas desde el exterior por las potencias anglosajonas y soviéticas victoriosas en la 2ª guerra mundial, en los días de la “ Liberación ” ; lo cual les permitió imponerse por la fuerza terrorista, incluso en la Iglesia, primero sobre los obispos y superiores de órdenes religiosas, y después sobre el Papa. O más bien, a través de la elección de los papas. Durante el pontificado de Juan XXIII se hizo una revolución por la que el partido de la reforma logró copar los puestos directivos. Se le hizo firmar encíclicas, una de ellas anti-colonialista, la Mater et Magistra , la otra revolucionaria, Pacem in Terris , sin ni siquiera haberlas leído. Pronunció en la apertura del Concilio Vaticano II … un discurso subversivo escrito por otro!
  Este enorme Concilio de 2400 Obispos, sin precedente por el número de padres y expertos, y por el número de los temas cuestionados, sin precedente por la longitud de los debates, por el laborioso proceso, por el el número de votos y por los trucos de las comisiones, duró cuatro años. Las Actas promulgadas, largas,escurridizas y equívocas giran en torno a algunas consignas revolucionarias, y contaron finalmente con la satisfacción y entusiasmo de la jerarquía de la Iglesia romana!

Significó la apertura al mundo. Prodigiosa mutación , que terminó el 7 y 8 de diciembre de 1965 con la proclamación por boca del Papa Pablo VI, del “ culto del hombre ”.

II. Vaticano II: El triunfo de la perversión

San Pío X lo había visto con claridad: el hombre iba a sustituír a Dios. El santo Papa no se había atrevido a manifestar lo que tal vez sabía por inspiración profética, un nuevo dios iba a ser entronizado en San Pedro, donde reposan los cuerpos de tantos papas, e incluso el suyo propio. ¿Cuáles fueron los frutos de esta reforma, con las que se anunció un “ nuevo Pentecostés ”? Fueron frutos podridos, los frutos de la muerte.

San Pío X, la esencia del hombre moderno es sustituida por Dios.


Todas las estadísticas son coherentes con el sentimiento popular, y van encontra del optimismo oficial y de la abrumadora propaganda: “ Hemos cambiado la religión ”la Iglesia se está muriendo. El Papa Pablo VI habló del « humo de Satanás ”y la” auto-destrucción de la Iglesia ”, sin embargo trató de detener la ruina con el fuego.
¿Cuáles fueron las novedades? Una liturgia fea, aburridos catecismos, con frecuencia poco piadosos y difusos, muchas herejías e inmoralidades. Un clero, con frailes y monjas que, de repente, como en la Alemania de Lutero, sólo sueñan en el matrimonio y la vida de sociedad. Víctores en los viajes papales. Encíclicas, que tienen un efecto nocivo, como la Ecclesiam suam de Pablo VI, Carta magna del reformismo, que destila la utopía revolucionaria de Lamennais y Karl Marx, o como la Populorum Progressio de Pablo VI y la Laborem Exercens de Juan-Pablo II
En comunión con el Papa, los obispos, que pretenden ser un Colegio dotado con poderes nuevos, se reúnen en sínodos en Roma, en conferencias nacionales, en asambleas continentales. Se hablan, se organizan, profetizan. El resultado es una ruina cada vez peor. Fuertes para destruir, son impotentes para defender los logros y mucho menos para crear cualquier cosa. La nulidad universal del episcopado mundial postconciliar es un hecho.

El Arzobispo Lefebvre rechazó la tolerancia y la desorientación post conciliar terrible y a los fallos de Roma

Un sólo obispo, Mons. Lefebvre que fue el último representante de los antiguos alumnos del Seminario Pontificio Francés de Roma junto con otros discípulos de San Pío X, el Cardenal Billot y el Padre Le Floch, se levantó contra esta terrible situación, diciendo:
“Creemos que podemos decir, en nosotros mismos a la crítica interna y externa del Concilio Vaticano II, es decir, mediante el análisis de los textos y el estudio de las modificaciones y las declaraciones de este Concilio, que, dando la espalda a la Tradición y a la Iglesia se rompió con el pasado, es un concilio cismático El arzobispo Marcel Lefebvre, 04 de agosto 1976

III. Vaticano II: la finalización del proyecto masónico

 En su libro Lo han destronado, del liberalismo a la apostasía , La tragedia Conciliar, que demuestra los errores de las tesis radicales del Concilio Vaticano II en varias áreas, incluyendo, la emblemática y sintomática, de la libertad religiosa, la dignidad de la persona humana, el diálogo interreligioso, y otras falsedades profundas que se han introducido en el corazón de las declaraciones conciliares oficiales, que ahora se han convertido en tesis magistrales de Roma, explicó como fueron tomadas las decisiones conciliares

- “ Masones, ¿qué quieren Uds.? , ¿Qué quieren de nosotros? ”. Esa es la pregunta que el cardenal Bea había dirigido a la B’nai B’rith antes del inicio del Concilio, habiendo sido publicada la reunión por todos los periódicos de Nueva York y dónde se llevó a cabo. Los masones respondieron diciendo lo que querían, ¡la libertad religiosa! Es decir, todas las religiones en pie de igualdad. Ya no debemos llamar a la Iglesia Católica como la única religión verdadera, la única forma de salvación, la única aceptada por el Estado.Van a obtener estos privilegios, y por lo tanto, declararemos la libertad religiosa. – Pues bien, ya tenían lo que querían: era la Dignitatis Humanae .

- “ Protestantes, ¿qué quieren Uds.? queremos satisfacerles, para que podamos orar juntos ”Y la respuesta fue esta: “¡Cambia tu adoración, elimina lo que no podemos aceptar!”- ¡Bueno! se les dijo, eso llegará cuando elaboremos la reforma litúrgica. Uds. formularán sus deseos y nosotros los haremos coincidir con nuestro culto – Así pues,, lo que sucedió: fue la Constitución sobre la sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium , el primer documento emitido por el Concilio Vaticano II, que dio los principios y el programa detallado de esta alineación de los protestantes con la litúrgia y el Novus Ordo Missae promulgado por Pablo VI en 1969.
- “ Comunistas, ¿qué quieren Uds? Lo haremos para que tengamos la dicha de tener en el Concilio algunos representantes de la Iglesia Ortodoxa Rusa ,¡ y algunos emisarios de la KGB! ”- Y las condiciones del Patriarcado de Moscú fue la siguiente:” No condenen el comunismo en el Concilio, no lo nombren!. Sobre todo, no disfruten consagrando Rusia al Corazón Inmaculado de María! Así, demostrarán la apertura y el diálogo con nosotros “. – Y el acuerdo fue alcanzado, la traición se consumó, “¡Bien! no condenaremos el comunismo. “ – Todo se realizó a la letra. ”[1] 

IV. La Iglesia de hoy en día sigue los errores del concilio

Benedicto XVI se prepara para celebrar el aniversario de la reunión entre religiones en Asís

Algunos dirán, sí, pero ahora la Iglesia ya no está en los errores del pasado, ahora evita los excesos del Post Concilio. ¿En serio? Entonces ¿por qué Benedicto XVI se prepara para celebrar con bombo y platillo el aniversario del encuentro interreligioso de Asís en octubre de 2011?
El abate de Regis Cacquera , en un texto notable, La renovación del escándalo de Asís , Errare humanum es, perseverare Diabolicum , aprobado por el obispo Fellay  emitió éstas protestas:¿Qué sucederá el 27 de octubre de 2011?, ¿una simple reunión amistosa entre hombres y mujeres de buena voluntad?, ¿un discurso incoherente sobre la divinidad de Cristo y Su Iglesia? No, será la renovación, por parte del papa reinante,Benedicto XVI, del escándalo sin precedente perpetrado por su predecesor, Juan Pablo II el 27 de octubre de 1986.
¿Qué ocurrirá el 27 de octubre de 2011?, ¿un llamamiento a la conversión a la fe católica? Las declaraciones del Papa indican con claridad lo que será este día: la reunión de los representantes de las falsas religiones, llamados personalmente por el Papa para unirse en un día de reflexión donde todos están invitados a orar por la paz [1].
R. P. Regis de Cacqueray, Superior del Distrito de Francia de la FSSPX
Ciertamente, a diferencia de la primera reunión de Asís, la oración será en silencio, aunque intensa. Pero, ¿a qué dios  rezarán  en silencio los representantes de las falsas religiones ?, ¿a qué dios rezarán si no es a sus falsos dioses, ya que el Papa los ha invitado explícitamente a vivir más profundamente «su propia fe religiosa»? [2] ¿Hacia quién se inclinarán los musulmanes si no es hacia el dios de Mahoma? ¿Hacia quién se dirigirán los animistas, si no es hacia sus ídolos? ¿Cómo puede ser concebible que el Papa pueda llamar a los representantes de las falsas religiones, con su potestad oficial, para participar en un día de oración personal? Este acto del soberano pontífice constituye, por sí mismo, una blasfemia terrible hacia Dios así como la ocasión de escándalo para toda la tierra.

V. ¿Cuál es la esencia  del “preámbulo” propuesto a la Fraternidad de San Pío X?

Entonces, ¿qué significa este  examen del preámbulo propuesto la Fraternidad San Pío X? ¿En qué consiste? El obispo Fellay entrevistado recientemente responde  : “Este documento se titula preámbulo doctrinal,porque fue presentado para su estudio. Por lo tanto, es confidencial, comprenda  que yo no puedo hablar de ello. Sin embargo, el término preámbulo afirma que su aceptación es un requisito previo para el reconocimiento canónico de la Fraternidad de San Pío X por la Santa Sede. ”
Mons. Fellay dijo que el término preámbulo:
  ”Deja claro que su aceptación es un requisito previo para el reconocimiento canónico a la Sociedad de San Pío X por la Santa Sede. ”

“Deja claro que su aceptación es un requisito previo para el reconocimiento canónico a la Sociedad de San Pío X por la Santa Sede. “
La aceptación de este texto es la condición para el reconocimiento canónico de la obra fundada por el arzobispo Lefebvre.  Por lo tanto es importante. ¿Hay una línea clara de separación en este preámbulo entre lo dogmático y lo pastoral  que pudiera plantear  una una  sana  reevaluación del concilio? Una vez más,  Mons. Fellay dijo: “Debo ser objetivo reconociendo que no hay en el preámbulo de la doctrina, una clara distinción entre el área pastoral  y la del dogma intangible,en orden a la discusión. Lo único que puedo decir, porque está en el comunicado de prensa, es que el preámbulo contiene “los principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y el “sentire cum Ecclesia”, dejando abierta la  legítima discusión  para el estudio y la explicación teológica de los términos o formulaciones específicas presentes en los textos del Concilio Vaticano II y en los del Magisterio que siguieron a él. “ Bueno, ni más ni menos. ”[3]
Conclusión
Lo tenemos claro.  Los responsables de la Fraternidad de San Pío X tendrán un largo tiempo para la  reflexión y el discernimiento , antes de responder. Mons. Fellay reafirma que la decisión que se adopte será para el bien de la Iglesia y de las almas:
“Pero les puedo asegurar que nuestra decisión será tomada por el bien de la Iglesia y de las almas. Nuestra Cruzada del Rosarios que se prolongará durante varios meses aún, se ha intensificado para que podamos obtener, a través de la intercesión de María, Madre de la Iglesia, la gracia de la luz y la fuerza que necesitamos más que nunca. ”(Mons. Fellay, 14 de septiembre de 2011).
De hecho se necesitará de la gracia y de la luz para ver y decidir qué hacer para el futuro de la tradición. Igualmente se necesitará un tremendo cambio en la fe, en muchos católicos que se identifican con el mundo moderno y con la falsa esperanza del ecumenismo religioso.
Tememos la apostasía  masiva de toda la Iglesia hábilmente manejada. Sabemos que se identifica y ahoga entre las religiones de la nueva era, desde que fuera abierta a todas las corrientes intoxicantes de la humanidad , con lo que se alista voluntariamente para la construcción de la Torre de Babel.
Apoyemos el santo combate de la Tradición Católica.
 
Notas.
1. El arzobispo Marcel Lefebvre, ellos sin corona , Ed fideliter, cap. XXVIII, 1987.
2. Padre Régis de Cacqueray, la renovación del escándalo de Asís , Errare humanum es perseverare Diabolicum, septiembre de 2011. El abad de Estados Cacqueray en su texto: “ ¿Cómo interpreta la exhortación del Papa a no ceder al relativismo, si no en el pensamiento no es tener razón, pero a ser sincero? ¿Cómo, por el contrario, no se interpretan en un sentido relativista que explícita invitación del Santo Padre a practicar su religión tanto como sea posible: “  … voy a estar en el mes de octubre como un peregrino en la ciudad de San Francisco e invitó a sumarse a este camino de nuestros hermanos cristianos de varias denominaciones, las autoridades de las tradiciones religiosas del mundo, e idealmente, todos los hombres de buena voluntad con el fin (…) a renovar el compromiso solemne de los creyentes de cada religión para vivir su fe religiosa como un servicio a la causa de la paz.  ”? En 1986, un periodista publicó este importante hallazgo: “  El Papa inventadas y las sillas de la ONU de las religiones: los que creen en el Señor, los que creen en los mil dioses, los que creen en ningún dios determinado. Visión increíble! Juan Pablo II dramáticamente admite la relatividad de la fe cristiana, que es sólo uno entre los demás.  ”¿Cómo podemos imaginar que esta decisión no es compartida por muchos hombres en la noche del 27 de octubre de 2011? Por lo tanto, parece particularmente extraño al Papa disculparse por tal pecado en el terreno de Asís, en Asís en 2011 sería diferente en 1986. Se combinan para convencernos de lo contrario en una sorprendente continuidad entre el encuentro de Asís en 1986 y 2011. ”
3. Entrevista con el obispo Bernard Fellay, tras su reunión con el cardenal William Levada , DICI, 14 de septiembre de 2011.
Lea:

lunes, 4 de julio de 2011

PROFANACIÓN DE LA PREDICACIÓN CRISTIANA





Para decir prácticamente lo que debe ser la predicación cristiana diremos antes lo que no debe ser: cómo por el dolor causado por la injusticia se manifiesta más concretamente el valor de la justicia.


El predicador de la fe debe poseer una gran fe: por defecto de esta gran fe se dan en la predicación numerosos y muy notables defectos. El que oye la predicación de la fe debe creer por la palabra de Dios; ¡Cuanto más el que la predica!


Una fe viva y penetrante es absolutamente necesaria para predicar apostólicamente. Sin ella puede predicarse muy bien, quizá académicamente, pero no apostólicamente; sin ella puede ser un orador, pero no un predicador. Por eso se dice en el Salmo: "Creí y por eso he hablado" PS. CXV, 10 y 11 Cor.,IV, 13. Y San Pablo añade: "Si no hubiera creído, no predicaría".


Y la razón es que el verdadero predicador no habla como los hombres, sino como Dios, en nombre de Dios; y no habla simplemente a los hombres, sino a los fieles, o a quienes desean llegar a la fe: siempre, pues, a la luz de la fe. Por lo cual afirma San Pablo: "Mi palabra y mi predicación no son en discursos persuasivos de humana sabiduría, sino en la manifestación del poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Hablamos sin embargo, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que quedan desvanecido, sino que enseñamos una sabiduría divina misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria." I Cor., II, 4. Observa Santo Tomás sobre este pasaje: "Dice San Pablo que no fue su intención apoyarse en discursos retóricos, sino manifestar el espíritu y poder (de Dios), según que Él mismo hablaba por el "Espíritu". Por eso dice: "También nosotros creímos: por eso hablamos" II, Cor., IV, 13. Y San Pablo manifiesta la razón de lo que afirma: para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, es decir, no se base en la sabiduría humana, que tantas veces engaña a los hombres. Y añade: "Hablamos entre los perfectos una sabiduría, la sabiduría de Dios en el misterio, para que más tarde los fieles conozcan la luz verdadera, lo que ahora se predica entre misterios".


Confirmando esto, es preciso decir que la predicación simplemente humana es una verdadera calamidad; no ayuda, sino que impide la gloria de Dios y la salvación de las almas. Se entenderá bien esto si se concibe rectamente la elocuencia sagrada. ¿Que es esta elocuencia especial? Es menester señalar que todo lo que está ordenando al culto divino es sagrado, está consagrado. Así lo vasos sagrados lo son más que las casullas y demás paramentos;  el cáliz y el copón están propiamente consagrados, no sólo bendecidos, porque deben contener el Cuerpo y la Sangre del Señor: Igualmente están consagrados los dedos del sacerdote que deben tocar la hostia.


Ahora bien exceptuados los sacramentos, nada hay más divino que la palabra de Dios contenida en la Escritura y la Tradición, que se ha de predicar a los fieles. Por eso se llama con propiedad, "elocuencia sagrada", que será tanto más sagrada cuanto mejor exprese una fe viva, que a su vez, es la expresión de la misma sabiduría divina y del amor de Dios a los hombres.


Como la plata del cáliz es bañada en oro, así en la elocuencia sagrada la oratoria ordinaria es perfeccionada de un modo sobrenatural. Pierde en su vanidad y adquiere cualidades superiores.


Como oratoria, orientada a evangelizar a todos los hombres , debe ser conforme a la naturaleza humana, no vulgar, para que agrade también a los hombres cultos; no demasiado abstracta, para que sea entendida por todos, incluso por los no cultos, como el Evangelio. Debe ser como el alimento del alma; lo que el pan es para el cuerpo. Y como Cristo ha querido darse en la Eucaristía bajo la especie de pan común, así ha querido que la palabra divina se proponga en una elocuencia sencilla, pero elevada por razón de su objeto y de su fin. De aquí se sigue que la elocuencia sagrada el la más perfecta de todas y la más difícil.


Debe en efecto, comunicar a los hombres la verdad sobrenatural para que los penetre en lo más íntimo de su alma; y esta alma es la de todos los hombres, de cualquier condición que sean.


Es difícil esta empresa, sin la ayuda divina, imposible, ya que las verdades sobrenaturales son misterios, sublimes ciertamente, pero oscuros, en pugna con la soberbia intelectual, como las leyes evangélicas lo están con la corrupción del corazón humano.


No basta, pues, que las verdades sobrenaturales y los preceptos divinos sean expuestos teóricamente, sino que se debe penetrar hasta la médula del alma para que el alma comprenda en su singularidad lo que naturalmente la supera, para que crea firmemente y para que la voluntad se adhiera a los preceptos.


Finalmente, la elocuencia sagrada debe producir ciertos efectos en todos los hombres de cualquier condición: iluminar al ignorante, convencer al escéptico, persuadir al corrompido, a fin de que se conviertan, de que aparten su corazón del placer, del odio y de la envidia para que se conviertan a Dios.



Extracto del libro:
La unión del sacerdote con Cristo,
Sacerdote y víctima.
Reginald Garrigou-Lagrange, O. P.

sábado, 18 de junio de 2011

EL RESPONSABLE DE LAS DESGRACIAS ACTUALES: CONCILIO VATICANO II

El texto que publicamos aquí fue sacado del Katholischer Katechismus zur kirchlichen Krise (Catecismo Católico de la crisis en la Iglesia) redactado en alemán por el Padre Matthias Gaudron, profesor en el seminario de la Fraternidd Sacerdotal de San Pío X en Zaitzkofen, Alemania. 



  • ¿Cuando tuvo lugar el Concilio Vaticano II?

El Vaticano II fue abierto por el Papa Juan XXIII el 11 de Octubre de 1962. Juan XXIII murió el año siguiente, pero su sucesor Pablo VI continuó el Concilio y lo concluyó el 8 de Diciembre de 1965.

  • ¿El Concilio duró más de tres años sin interrupción?

El Concilio Vaticano II comprendió de cuatro sesiones de menos de tres meses, entre los cuales los obispos regresaban de sus diócesis. La primera sesión (del 11 de Octubre al 8 de diciembre de 1962), la única que perteneció al pontificado de Juan XXIII, no promulgó ningún documento: en ella se dedicaron sobre todo a desechar el trabajo de la Comisión preparatoria.

  • ¿Cúal es el lugar del Vaticano II entre los otros Concilios?

El Vaticano II fue el vigésimo primer concilio ecuménico. Éste fue, en cuanto al número de participantes, el más importante de toda la historia: dos mil obispos se reunieron en él.

  • ¿En que difiere el Vaticano II de los concilios anteriores?

El concilio Vaticano II declaró no querer ser más que un concilio "pastoral", que no define las cuestiones de fe, pero que da directivas pastorales para la vida de la Iglesia. El concilio renunciaba a la definición de dogmas y, así, a la infabilidad que corresponde a un concilio. Así pues sus documentos no son infalibles.

  • ¿Cuáles son los objetivos ordinarios de un concilio?

En su convocatoria al primer concilio del Vaticano, Pío IX indica que los concilios generales fueron convocados sobre todo " en épocas de grandes crisis, cuando todo género de calamidades se establecen en la Iglesia y en los pueblos". Todos los concilios ecuménicos del pasado fueron convocados para acabar con una herejía (es particularmente el caso de los siete primeros), o para corregir un mal que dominaba entonces (simonía, cisma, corrupción del clero, etc.). Pío X resume así las principales funciones de un concilio:
Decidir con prudencia y sabiduría todo lo que podría contribuir  a definir los dogmas de la fe a condenar los errores que se expanden insidiosamente, a defender, iluminar, explicitar la doctrina católica, a conservar y aumentar la disciplina eclesiástica, a fortalecer las costumbres relajadas de los pueblos.

  • ¿Entonces nunca hubo un "concilio pastoral" antes del Vaticano II?

Todos los concilios de la iglesia han sido pastorales. Pero lo han sido definiendo los dogmas, desenmascarando los errores, defendiendo la doctrina católica y luchando contra los desórdenes disciplinarios y morales. La originalidad del vaticano II fue el querer ser "pastoral" de una nueva manera, rehusándose a definir dogmas, a condenar los errores e incluso a presentar la doctrina católica de defensiva.

  • ¿El Vaticano II no promulgó documento dogmáticos?
El vaticano II promulgó dieciséis textos: nueve decretos, tres declaraciones y cuatro constituciones. Entre éstas, a dos se les llama "constituciones dogmáticas": Lumen Gentium (sobre la Iglesia) y Dei Verbum (sobre la Revelación). Esto no significa que ellas hayan proclamado dogmas o que sean infalibles, sino solamente tratan  de un asunto que se relaciona con el dogma. El Vaticano II se negó a definir cualquier cosa de manera infalible; Pablo VI lo señaló explícitamente,el 12 de enero de 1966, algunas semanas después de su clausura: Dado el carácter pastoral del Concilio, éste evitó proclamar de manera extraordinaria dogmas afectados de la nota de infalibilidad.
  • ¿La pastoralidad del Vaticano II se caracteriza por la adaptación de la Iglesia a nuestro tiempo?

Todos los concilios han adaptado la Iglesia  a su tiempo. Pero lo han hecho anatemizando los errores de su tiempo, sancionando las desviaciones disciplinarias o morales de la época, armando a la iglesia  contra sus enemigos. La adaptación no pretendía conformarse con el siglo, sino resistirlo mejor. No se trataba de agradar al mundo, sino de afrontarlo y de vencerlo para agradar a Dios. Juan XXIII y Pablo VI buscaron, al contrario, hacer a la Iglesia seductora  para el hombre moderno.


(Continuará)

viernes, 17 de junio de 2011

VIDA CRISTIANA Sus Leyes y Principios

La vida cristiana (católica) tiene sus principios básicos y sus leyes fundamentales. La decadencia de la vida espiritual de los fieles y del pueblo católico se debe en gran parte al olvido, cuando no al abandono de los principios de las leyes más elementales (básicas) de la vida cristiana.
De hecho, hoy existe una gran ignorancia religiosa y espiritual que flagela los medios católicos, sean estos la misma jerarquía eclesiástica (sacerdotes, obispos, etc.) o sean estos los mismos fieles.
El ideal de santidad se ha perdido cuando no tergiversado, o invertido. Digo, cuando no tergiversado o invertido por razones graves y profundas. Hoy, contrariamente a lo que siempre se ha dicho y creído, se piensa y dice todo lo contrario en materia de vida espiritual.
La santidad hoy ya no implica necesariamente un doble elemento: uno de separación y otro de unión.


Separación del mundo (las cosas creadas y efímeras de esta tierra) con la renuncia de nuestros apetitos y afectos desordenados. La naturaleza de las cosas espirituales y sobrenaturales, lo exigen así. No se aproxima uno a Dios, si no es alejándose (separándose) de todo lo creado, esto es desprendiéndose con generosidad y espíritu de renuncia mediante un sano desasimiento de todo lo que no es Dios.


Hoy se mezcla con vano optimismo mundo e Iglesia, mundo y vida sobrenatural, mundo y cristianismo, se los lleva a una identificación, prometiéndonos el Paraíso en la tierra. El hombre o la humanidad parece no distinguirse de la Iglesia. A tal punto de hacer de la humanidad, la Iglesia, esto es: el Pueblo de Dios. La Iglesia concebida como pueblo de Dios es la Iglesia identificada con la Humanidad, con el Mundo. La Iglesia como Pueblo de Dios estaría formada por todos los hombres, gracias a la unión de Dios con cada hombre por el mismo hecho de la Encarnación. Esto lo dice Karl Rahner, pseudo-teólogo, que tuvo mucha influencia en el Concilio Vaticano II, entre otros pseudo-teólogos progresistas, que invadieron con sus errores el Concilio, haciendo prevalecer la concepción modernista.


De tal modo que la Iglesia de Dios, no es más la Iglesia Católica sino que ella (la Iglesia de Dios), subsiste en la Iglesia Católica, como dice alevosamente el Nuevo Código de Derecho Canónico en el Canon 204.


Pero no es el caso tratar aquí el tema, simplemente hacer una pequeña alusión para que sirva al lector como ilustración de la gravedad de lo que hoy se dice y afirma dentro de la Iglesia, por todas partes, desgraciadamente.
San Pablo nos advierte y exhorta: «No queráis conformaros con este siglo.» Rom 12,2. Lo cual se opone diametralmente a la divisa progresista y modernista del aggiornamento o configuración de la Iglesia con el Mundo moderno.


Nuestro Señor, deja establecido el abismo insondable entre El y el mundo, entre la Iglesia (Cuerpo Místico de Cristo) prolongación de su Encarnación, y el mundo; pues como dicen las escrituras «el mundo no le conoció» (Jn 1,10,) además Nuestro Señor mismo exclamó «no ruego por el mundo sino por estos que me diste, porque son tuyos». (Jn 17,9.)


La respuesta del mundo no ha sido menos tajante frente a los Apóstoles y discípulos de Nuestro Señor: «El mundo los ha aborrecido porque no son del mundo, así como Yo tampoco soy del mundo». (Jn 17, 14). La incompatibilidad y oposición entre Iglesia y mundo queda bien establecida, bien que en otro pasaje se dice:
«Amó tanto Dios al mundo que dió su Hijo Unigénito» (Jn 3,16), pues como es evidente aquí el término mundo está tomado en otro sentido refiriéndose a los hombres pecadores, que son todos los hombres y que El vino a Redimir, todo lo cual está expresado por las palabras que siguen «a fin de que todos los que creen en El no perezcan.»


La misión de la Iglesia será siempre la de convertir  al mundo, asumiéndolo el mundo para elevarlo y sobrenaturalizarlo en la Iglesia y no para que la  Iglesia se convierta al mundo secularizándose como pasa hoy, gracias al modernismo reinante dentro de la misma Iglesia. Hoy se confunde  sin distinción ni matiz alguno, entre asumir y asimilar, de ahí el grave error de querer asimilarse al mundo que anima el progresismo actual dentro de la Iglesia. Nuestro Señor asumió la carne humana, pero no se convirtió (o asimiló) en carne humana. La Iglesia debe hacer lo mismo, asumir el mundo, para que el mundo se convierta en Iglesia y no
que la Iglesia se asimile al mundo y se convierta en mundo.


Tenemos que ir, mejor dicho, volver (o retornar) a la esencia del cristianismo, a sus principios y a sus leyes más elementales para no ser absorbidos, por el error modernista en su propósito de secularización e identificación de la Iglesia con el mundo moderno.


Toda la espiritualidad de la Iglesia se edifica sobre el evento más fundamental del cristianismo: la Muerte y la Resurrección de Jesucristo, siguiendo a San Pablo.
Para el mundo y la Iglesia hay un hecho histórico de absoluta importancia: JESUCRISTO MUERTO Y RESUCITADO. La vida cristiana se presenta así como una participación a la muerte y a la resurrección del Salvador.


La vida espiritual del católico es así una prolongación en cada uno de nosotros del doble aspecto del misterio de Cristo, de su muerte y de su resurrección.
Todo el cristianismo, como dice el Padre Philipon, en su libro «La Doctrina Espiritual de Dom Marmion», se reduce a este mismo misterio de muerte y de vida de Nuestro Señor Jesucristo.
La Santidad de la vida cristiana está sintetizada en este doble aspecto del misterio de Cristo: su muerte y su resurrección.


El ritual del Bautismo, lo expresa también así, señalado la antítesis entre la muerte y la vida. El Bautismo nos hace morir sacramentalmente con Cristo, lo cual está simbolizado en el rito oriental católico, por la triple inmersión en el agua, representando los tres dias que permaneció Nuestro  Señor Jesucristo en el sepulcro para resucitar después con El, en una vida nueva en la gracia.


La muerte y la vida constituyen las dos fases correlativas y complementarias de toda la vida cristiana.
Muerte con Jesús al pecado, a las imperfecciones y a nosotros mismos, para después resucitar con Cristo a una vida nueva, en la gracia con Dios.


La santidad (perfección cristiana) está dada por la muerte al pecado y a todo lo que conduce a él. Los grados de la muerte al pecado marcan la medida misma del progreso en la vida de la perfección que se caracteriza por el grado de unión con Dios Uno y Trino.


El pecado es el gran obstáculo a la unión divina, es una ofensa al Amor divino. La muerte al pecado consiste en morir a sus causas que son: el demonio, el mundo  y la carne, los cuales representan nuestra triple concupiscencia: la de la carne (placer y sensualidad), la de los ojos (riqueza, avaricia y poder) y la del orgullo de la vida (soberbia, orgullo y amor propio). La triple concupiscencia corresponde al triple desorden, causado por el pecado original.


El hombre estaba en perfecta unión y armonía con Dios, consigo mismo y con las cosas, gracias a la Justicia Original, o estado de inocencia primigenia en que fué creado Adán.
El hombre estaba en unión y armonía con Dios a través de su inteligencia y voluntad (facultades superiores del alma humana) que estaban sometido a Dios por la gracia santificante. Esto era la rectitud de la mente a Dios y de esta rectitud superior derivan las otras dos rectitudes inferiores.
El hombre estaba en unión y armonía consigo mismo, las pasiones y apetitos inferiores del alma estaban sometidas a la razón, el hombre no estaba dividido como hoy entre su espíritu y la carne.


Por último, la armonía y unión de su cuerpo y alma. El cuerpo sometido al alma era inmortal y a través del cual el hombre gozaba de las cosas exteriores que conforman el mundo animal, vegetal, mineral, sobre lo cual dominaba pacíficamente, pues nada le era desconocido ni adverso.


El pecado original produjo una triple ruptura ocasionando así un triple desorden, las tres concupiscencias: de la carne, de los ojos y la del espíritu.
De aquí que la regeneracion del hombre pecador pasa por el espíritu de pobreza, de castidad y de obediencia.


La pobreza para contrarrestar el desorden frente a las cosas materiales exteriores al hombre. La castidad para restablecer el desorden interior  del hombre con sus apetitos y pasiones  carnales contra  la razón. La obediencia para restablecer el sometimiento de la voluntad a Dios.
Las órdenes monásticas hicieron, así, el triple voto  de pobreza, castidad y obediencia, para asegurar el camino de la perfección cristiana.
Los fieles no son monjes, y si no hacen votos de castidad, pobreza y obediencia, deben al menos tener su espíritu, so pena de no ser verdaderos católicos y quedarse con una apariencia de religiosidad cristiana, es decir, fariseísmo puro.


Quien no tiene espíritu de pobreza, de castidad y de obediencia, está adherido al mundo, ama las cosas de este mundo desordenadamente, vive para el mundo y es de este mundo. Los verdaderos católicos no son del mundo, el católico no vive para el mundo, sino para Dios y su Iglesia en Cristo Jesús.


Bajo la influencia de la literatura, del cine, de la radio, de la televisión, etc, y de toda una atmósfera de civilización pagana, nuestras mentes modernas han perdido el sentido del pecado, el pecado no causa ya el horror ante su fealdad, corrupción y malicia.


Y la razón más profunda de ello viene del hecho de que nosotros ya no tenemos el sentido verdadero de Dios, de lo que es Dios. Si nos olvidamos de Dios perdemos el sentido de la gravedad del pecado que nos separa de EL.


Toda la espiritualidad cristiana reposa sobre la Cruz, no lo olvidemos; por la Cruz se reestablece la unión y armonía con Dios y se abren de nuevo las puertas del Cielo.
El Santo Sacrificio de la MISA, que es la renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz, está así en el centro y en el corazón mismo de la espiritualidad cristiana.


El significado profundo de la Cruz y de su prolongación en la Santa Misa está hoy prácticamente olvidado.
Prueba de ello, es la concepción protestante, de la Nueva Misa, la cual conlleva a la pérdida de la fe paulatina pero eficazmente.
Por la fe entramos en posesión de Cristo. Por la fe se opera el contacto con  Cristo: «Sólo aquellos lo recibieron, quienes creyeron en su nombre» Jn. I 12). Con la disminución  de la Fe, se disminuye nuestra posesión de Cristo. Toda la Revelación está contenida en el testimonio que Dios Padre nos dá, diciéndonos que Jesús es su Hijo.


La enseñanza de los Apóstoles y de la Iglesia se resume en la Revelación de Jesucristo. Quien cree en la divinidad de Cristo acepta en consecuencia de un solo golpe todo eso que Dios ha revelado de sí mismo y personalmente en su Verbo Encarnado.
La función primordial de la Fe, base de nuestra vida espiritual es adherir a Cristo, que es la Revelación (el Verbo) del Padre. Nosotros recibimos a Nuestro Señor Jesucristo por la Fe primeramente y nos identificamos a El por el amor y la fidelidad. Si se disminuye la Fe, disminuye nuestro contacto con Cristo y nos hacemos infieles. Jesucristo es el Verbo Encarnado, el Verbo expresa todo lo que Dios es y todo lo que El conoce.


Se comprende así, como la Fe en Jesucristo es el fundamento de la vida espiritual y hoy la Fe se pierde destruyéndose hasta en su más profundo misterio: el Mysterium Fidei (el Misterio de Fe) que se condensa en la Santa Misa, y que ha sido tergiversado con la Nueva Misa. La Nueva Misa es la adulteración y corrupción más sacrílega del culto católico.
Digámoslo brévemente, la Nueva Misa postula los principios de la Cena protestante. Ellos son la concepción protestante de la Cena en  lugar del Sacrificio, y del  Sacrificio Propiciatorio, en especial. La concepción protestante de la presencia real, puramente espiritual en contra de la concepción católica, de la Presencia Real Corporal de Nuestro Señor (presencia en persona, presencia substancial de toda su persona sacramentalmente realizada por la transubstanciación). La concepción protestante del presidente de la asamblea en contra de la concepción católica de la sacramentalidad del sacerdocio (ministerio sacramental del sacerdocio), el cual es Otro Cristo» «alter Christus» sacramentalmente, quien ofrece de modo sacramental el Sacrificio realizado sacramentalmente.


La concepción protestante de la falta de valor íntrinseco del sacrificio (acción sacrificial) que se realiza por la acción sacrificial misma (ex opere operato) por la fuerza de la misma operación que realiza el celebrante, por la doble consagración (del pan y del vino).
Toda ella (la Nueva Misa) lleva a la pérdida de la Fe, de la realidad del sacrificio y al olvido de la Cruz. Se pierde la espiritualidad cristiana que se basa en el  Misterio de la Cruz de Nuestro Señor. Se pierde la quintaesencia de la vida cristiana: muerte al pecado para resucitar con Cristo y estar así en comunión con la Santísima Trinidad. El olvido de la antítesis cristiana muerte-vida nos lleva a un Cristianismo sin Cristo, a una Cristiandad sin Cruz, a un Cristianismo Gnóstico, Ecuménico y Sincretista.


Se eclipsa el ideal de vida cristiano, que está expresado por el sacrificio y la abnegación. Ideal que considera que el hombre vive en la tierra para merecer el Cielo, por medio del sacrificio y la abnegación, que están sublimemente expresados en Cristo crucificado.
Con el eclipse de la fe (y de la Iglesia, De labore solis) surge de nuevo el ideal de vida pagano, para el cual el hombre vive en la tierra para gozar. Por eso para el mundo moderno todo es comodidad y placer, rechaza violentamente toda noción de dolor, de sufrimiento, de sacrificio y abnegación, rechaza en definitiva la Cruz.


El mejor antídoto contra el mundo moderno es la Santa Misa pues destruye el falso ideal de comodidad y placer del mundo moderno, pues nos sumerge en el misterio de la Pasión y Muerte de Cristo Redentor.
El Santo Sacrificio de la Misa sintetiza el espíritu cristiano, la Cruz nos recuerda nuestra condición de cristianos. La Santa Misa que es la renovación incruenta sobre  el altar del Sacrificio de la Cruz sobre el Calvario, es el centro y el corazón de la vida cristiana, es la fuente de la piedad cristiana.
Nuestra asimilación debe ser a Cristo, configurándonos a El, a su Cruz, a su Sacrificio, para resucitar con El.


Una asimilación al mundo moderno como quiere el Vaticano II es una inversión del espíritu de Cristo y de su Iglesia, es una inversión de la santificación y espiritualidad de la Iglesia, es en definitiva, una apostasía, como la que hoy impera.


P. BASILIO MERAMO