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jueves, 23 de junio de 2011
LA INCESANTE ADORACIÓN
Entre todas las instituciones de piedad que forman el esplendor y la gloria de la Santa Iglesia Católica, puede afirmarse que ninguna es de mayor excelencia, ninguna está llamada a ejercer en los corazones una influencia más profunda, ninguna simboliza mejor los futuros destinos de la humanidad, como la adoración perpetua de Jesucristo en la Divina Eucaristía. El siglo actual, a pesar de sus deplorables aberraciones puede estar justamente satisfecho de haber llevado a una altura increíble los progresos de las artes; pero nada podrá igualar al honor que obtiene, por haber dado incremento a ese incendio de gratitud y de amor que, estremeciendo a las almas, las conduce a la presencia de Dios, para que descansen allí de los grandes sacudimientos de la sociedad. ¡Oh institución venida del Cielo con el fuego divino de la caridad! En ti se cifra el porvenir... tú serás el remedio de nuestras desgracias...
¿Es mucho decir? Pues no se puede decir menos. La Santísima Eucaristía, testimonio palpitante de todo el amor que Dios nos tiene, es el resumen magnífico de la bondad, del poder, de la riqueza; es la Encarnación continuada del Verbo Eterno, la memoria perenne de la Pasión de Jesucristo, la Víctima augusta de propiciación, el principio fecundo de todas las virtudes, el sabroso maná en nuestro destierro, el precioso germen de la inmortalidad. De donde se sigue, que si llega el día en que todos los corazones no encuentren ya otro bien en esta vida que hacer compañía a Jesús, porque comprendan que su milagrosa presencia en nuestros altares es el único objeto digno de amor sobre la tierra, ese día feliz estará plenamente cumplida aquella tierna promesa de que "no habrá más un sólo rebaño y un sólo Pastor" (San Juan X, 16)
Y debe ser así. Porque si la oración es tan eficaz y nos une tanto a Dios, que es llamada con justicia llave de oro que abre los tesoros del Cielo ¿donde puede extenderse y dilatarse más el hermoso vuelo de nuestra oración, sino allí donde está nuestro Omnipotente Mediador?¿Dónde puede ser más humilde, ni más ferviente, ni más perseverante el ruego del infeliz culpable, ese ruego que rasga los cielos y hace descender torrentes de misericordia, sino a los pies de Aquél que ha ofrecido concedernos todo lo que pidamos en su nombre? ¿Dónde puede elevarse el alma con más rapidez al deseo y a la contemplación de los bienes celestiales, sino en vista del Cordero Inmaculado, a quién rodean los coros de los Ángeles y de las Vírgenes, y de los Confesores, y de los Mártires? ¡Que grato es pensar que mientras el mundo se entrega a sus fugaces placeres, abriendo la puerta de la desventura a los que le sirven, existen muchos corazones en la presencia de Jesucristo, consagrándole sus adoraciones y llamando a las puertas de su amante Corazón para encontrar el verdadero gozo!
Fe viva, fervor ardiente y deseo constante de honrar al dulcísimo Jesús, que vive en la Eucaristía y sabe premiar la fidelidad, han formado en todo el tiempo el carácter de las almas que comprenden donde está el verdadero amor. ¡Que nuestro ruego, unido al de la Santa Iglesia, alcance las bendiciones y los consuelos divinos, en proporción a los sentimientos de nuestra humildad y respeto! Sic nos tu visita, sicut te colimus. Himno Sacria solemniis.
jueves, 19 de mayo de 2011
¿EN QUE SENTIDO LA IGLESIA ES INTOLERANTE?
El Padre Hillaire nos explica en su extraordinaria Obra "La Religión Demostrada"- en el apartado referente a las objeciones a la Religión Católica-en qué sentido la Iglesia es intolerante y las razones de dicha intolerancia.
4º La Iglesia es intolerante.
R. _"Sí; la Iglesia es intolerante en materia de doctrina, y debe serlo, porque la verdad es una o no es verdad; la verdad no puede admitir la transacción con el error, como no puede admitirla la luz con las tinieblas.
Pero si la Iglesia es intolerante con el error y el vicio, está llena de indulgencias para con las personas.
La Iglesia jamás ha admitido, ni puede admitir, tolerancia de las doctrinas.
Hay dos clases de tolerancia: la tolerancia de las doctrinas y la tolerancia de las personas.
a) Es un deber para ella. Depositaria de la enseñanza divina, debe guardarla intangible y protegerla contra los que la alteran o la niegan, so pena de traicionar la misión que Jesucristo le ha confiado. La Iglesia no puede sacrificar la verdad de que es responsable ante Dios. Por lo mismo que la Iglesia no tolera nada de lo que es contrario a la fe y a las buenas costumbres, demuestra que guarda fielmente el depósito divino: el dogma y la moral.
b) Su intolerancia es un beneficio para el mundo. Si Ella hubiera tolerado las aberraciones del paganismo, estaríamos todavía prosternados ante ídolos inmundos. Si hubiera tolerado las herejías, la verdad sobrenatural de mucho tiempo atrás habría desaparecido de la tierra. Si hubiera tolerado el filosofismo del siglo XVIII, las mismas verdades naturales habrían cedido su lugar a los errores más monstruosos. Si en nuestros días tolerara los abusos de la mala prensa, del lujo, de las ruletas, del trabajo dominical, fuentes todas de desmoralización, el mundo volvería a caer rápidamente en su antigua corrupción.
c) La intolerancia es una ley general que se encuentra siempre y en todas partes: Intolerante el poder civil, cuando hace fusilar a ciertos malhechores y reduce a prisión a los ladrones; intolerante el pastor, cuando sacrifica una oveja enferma para que no contagie a las demás, etc.
¿Cuál es el motivo de esta intolerancia? Toda sociedad, si quiere vivir, debe ser intolerante en la aplicación de sus estatutos, que son su razón de ser. Debe arrojar lejos de sí todo miembro insubordinado o corrompido. Por la misma razón, la Iglesia tiene el derecho de excluir o excomulgar a cualquiera que se niegue a someterse a sus preceptos.
Intolerante en sus principios, la Iglesia fue siempre muy tolerante con las personas. Siempre ha dicho a sus discípulos: Sed víctimas; pero nunca: Sed verdugos. La dulzura de la oveja, la sencillez de la paloma, la prudencia de la serpiente, he ahí las armas de los Apóstoles. El conde de Maistre ha podido decir con la historia en la mano: “Jamás el sacerdote ha levantado un cadalso; en cambio, muchas veces ha subido a él como mártir; no predica más que misericordia y clemencia, y en todos los puntos del globo, no ha derramado más sangre que la suya”. La Iglesia ha usado de su autoridad para reprimir el error; ha acudido a la caridad para traer al buen camino a los que se habían salido de él; no ha invocado el apoyo secular y llamado la fuerza al servicio de la verdad, sino cuando se ha tenido que defender contra herejes furiosos que la atacaban con las armas, turbaban la paz pública y ponían en peligro lo mismo a la sociedad civil que a la religiosa. Ahí tenéis, en pocas palabras, el resumen de lo que ha hecho contra las herejías desde su origen.
a) ¿Quiénes son los que acusan a la Iglesia de intolerancia?
Los protestantes... Y, sin embargo, Lutero hizo morir a más de cien mil hombres en la guerra de los campesinos; Calvino, en Ginebra, hizo quemar a los que no pensaban como él. Enrique VIII y la malvada Isabel, en Inglaterra y en Irlanda; Cristián II, el Nerón del Norte, en Dinamarca; Gustavo Vasa, en Suecia, llevaron acabo toda clase de persecuciones contra sus súbditos Católicos.
Los Hugonotes han cubierto a Francia de sangre y de ruinas... ¡Tal es la tolerancia protestante!... Y son ellos los que acusan a la Iglesia de haber promovido las guerras de religión! La Iglesia no hizo más que defenderse: jamás ha pretendido, como los protestantes, imponer su doctrina con la violencia.
b) ¿Quién acusa a la Iglesia de intolerancia?
Los filósofos del siglo XVIII. Pues bien, Voltaire tenía por divisa: “Aplastad al infame...”. Diderot quería ahorcar al último rey con las tripas del último cura. Rousseau condena a muerte a todo aquel que no se porte de acuerdo con los dogmas de la religión del país, etc.
c) ¿Quiénes acusan a la Iglesia de intolerancia?
Los liberales modernos. En 1793 tenían por fórmula: Libertad, igualdad o la muerte; y despojaron las iglesias, asesinaron a los sacerdotes y guillotinaron a las personas honradas, gritando: ¡Viva la libertad!...
París contempló el mismo espectáculo en el año 1871, en tiempo de la Commune...
5º Las naciones católicas son menos prósperas que las protestantes.
R. _Pero, aunque se admitiera la decadencia momentánea de las naciones católicas, el hecho sería perfectamente explicable.
La Iglesia católica había civilizado el mundo antes de la aparición del cisma y de la herejía. Lo que ha conservado a las naciones heréticas es que ellas han guardado la mayor parte de las leyes sociales del catolicismo: el descanso dominical, la oración pública, el respeto al Santo Nombre de Dios, el respeto a la autoridad paterna, etc. Mirados a esa luz, esos pueblos son en cierta manera Católicos.
Las naciones católicas, por el contrario, azotadas por el espíritu revolucionario, han dejado desenvolver en su seno el desprecio a la autoridad divina, el desprecio a la autoridad civil y el desprecio a la autoridad paterna.
No es, pues, sorprendente que las naciones protestantes prosperen con sus leyes inspiradas por el catolicismo, y que las naciones católicas se hayan detenido en su progreso natural gracias al espíritu pagano, que va minando su existencia.
Las doctrinas impías y antisociales impuestas a los pueblos Católicos son una causa de ruina.
“Pero reprochar al catolicismo los desórdenes que condena _desórdenes nacidos de principios que anatematiza-, hacer al catolicismo responsable de los males que se esfuerza en atajar por todos sus medios de influencia, o en prevenir con sus más graves enseñanzas y más severas advertencias, ¿no es el colmo de la injusticia y de la sinrazón? Seguramente no son los Católicos los que, en nombre de la fe que profesan, amenazan la paz pública, organizan las sublevaciones populares, levantan barricadas, derrocan a los gobiernos. Sus enemigos más encarnizados han reconocido frecuentemente su prudencia, su moderación, su espíritu de abnegación y de sacrificio. No es, por cierto, entre ellos donde se reclutarán factores de anarquía.
Y cuando se quiere arrancar del corazón del pueblo las últimas raíces de su vieja fe Católica, cuando se le empuja por un camino que termina fatalmente en el abismo, los mismos que preparan y precipitan las catástrofes con sus doctrinas, esos mismos, ¡se atreverán a decir que el catolicismo hace ingobernables a los pueblos, los degrada y los arruina!... ¡Tal es su buena fe! ¡Tales su lógica!...
La Iglesia de Jesucristo ha sido desde su origen, y lo será hasta el fin del mundo, la gran civilizadora de los pueblos. Combatirla es combatir el verdadero bienestar temporal de los pueblos; es querer la desgracia del pobre, del obrero, del niño, del anciano, de la mujer, del enfermo, de todas aquellos, en una palabra, que no tienen medios para oprimir a los demás” (Rutten).
Conclusión. Todo anda mal en la sociedad presente porque se ha alejado de Nuestro Señor Jesucristo y de su Iglesia.
Y, sin embargo, ¡cuántos esfuerzos, cuántos proyectos, cuántas leyes, cuántas empresas filantrópicas dignas de mejor suerte! Tal vez nunca ha salido a la luz mayor número de sistemas que aspiran a lograr el mejoramiento moral, material y social de la humanidad.
¿Qué se ha conseguido con todo esto? Abrir un abismo en el que la sociedad entera corre peligro de precipitarse.
¿Por qué sucede así? Porque Jesucristo está ausente de todos esos sistemas, de todas esas leyes, de todas esas empresas. Se ha querido prescindir de Él; no se ha contado para nada con la religión que Él trajo a los hombres; se ha desdeñado el escuchar a la Iglesia, que es su representante.
Ahora bien, Jesucristo nos lo ha dicho expresamente en el Evangelio: “Sin mí nada podéis hacer”. Ved por qué todos esos esfuerzos amenazan con terminar en una última e irremediable catástrofe.
El mal no es de ahora: se remonta a la época del Renacimiento. Hace trescientos años, la educación, la legislación, la filosofía, las mismas artes, todo fue paganizado. Al Evangelio lo sustituyeron. San Agustín, Santo Tomás de Aquino y los Padres de la Iglesia fueron expulsados de los colegios y de las universidades. A la libertad cristiana se la sustituyó con el cesarismo antiguo.
El paganismo en la educación y en las leyes trajo consigo el paganismo en las costumbres y la disminución de la fe. El resultado fue la espantosa convulsión que se llama Revolución.
Hoy, como consecuencia de idénticas causas, estamos abocados a una catástrofe del mismo género. Hay, pues, que volver resueltamente a Jesucristo, a la Iglesia: fuera de ahí no hay salvación.
“Muchos creen a la sociedad de nuestros días perdida irremisiblemente... Pero la sociedad de hoy ¿está acaso más enferma de lo que estaba la sociedad pagana hace diecinueve siglos? El mundo entonces estaba podrido, y Satanás reinaba en él como señor absoluto.
“No había en la sociedad antigua ni amor, ni caridad, ni compasión para el infortunado. Un egoísmo brutal había dividido a la sociedad en dos grandes categorías: los señores y los esclavos.
“Y estos mismos señores se arrastraban a los pies de aventureros afortunados, a quienes llevaban al poder las continuas y sangrientas revoluciones... ¿No era, pues, más difícil de convertir esa sociedad pagana que la nuestra, que cuenta todavía con Católicos fervorosos?
“¿Qué hicieron los Apóstoles? Predicaron a Jesucristo, predicaron el Evangelio, y, a despecho de todas las trabas, de todas las persecuciones, aquella sociedad se salvó y se hizo cristiana. Leamos el Evangelio, vayamos a Jesucristo y a su Iglesia, y la felicidad y la paz reinarán en el mundo” (Abate Garnier).
LA RELIGION DEMOSTRADA; P.HILLAIRE 8PAGS:489--492) Edicion digital:
http://www.scribd.com/full/25592113?access_key=key-1o7zctuoplrrybohzpy2
4º La Iglesia es intolerante.
R. _"Sí; la Iglesia es intolerante en materia de doctrina, y debe serlo, porque la verdad es una o no es verdad; la verdad no puede admitir la transacción con el error, como no puede admitirla la luz con las tinieblas.
Pero si la Iglesia es intolerante con el error y el vicio, está llena de indulgencias para con las personas.
La Iglesia jamás ha admitido, ni puede admitir, tolerancia de las doctrinas.
Hay dos clases de tolerancia: la tolerancia de las doctrinas y la tolerancia de las personas.
a) Es un deber para ella. Depositaria de la enseñanza divina, debe guardarla intangible y protegerla contra los que la alteran o la niegan, so pena de traicionar la misión que Jesucristo le ha confiado. La Iglesia no puede sacrificar la verdad de que es responsable ante Dios. Por lo mismo que la Iglesia no tolera nada de lo que es contrario a la fe y a las buenas costumbres, demuestra que guarda fielmente el depósito divino: el dogma y la moral.
b) Su intolerancia es un beneficio para el mundo. Si Ella hubiera tolerado las aberraciones del paganismo, estaríamos todavía prosternados ante ídolos inmundos. Si hubiera tolerado las herejías, la verdad sobrenatural de mucho tiempo atrás habría desaparecido de la tierra. Si hubiera tolerado el filosofismo del siglo XVIII, las mismas verdades naturales habrían cedido su lugar a los errores más monstruosos. Si en nuestros días tolerara los abusos de la mala prensa, del lujo, de las ruletas, del trabajo dominical, fuentes todas de desmoralización, el mundo volvería a caer rápidamente en su antigua corrupción.
c) La intolerancia es una ley general que se encuentra siempre y en todas partes: Intolerante el poder civil, cuando hace fusilar a ciertos malhechores y reduce a prisión a los ladrones; intolerante el pastor, cuando sacrifica una oveja enferma para que no contagie a las demás, etc.
¿Cuál es el motivo de esta intolerancia? Toda sociedad, si quiere vivir, debe ser intolerante en la aplicación de sus estatutos, que son su razón de ser. Debe arrojar lejos de sí todo miembro insubordinado o corrompido. Por la misma razón, la Iglesia tiene el derecho de excluir o excomulgar a cualquiera que se niegue a someterse a sus preceptos.
Intolerante en sus principios, la Iglesia fue siempre muy tolerante con las personas. Siempre ha dicho a sus discípulos: Sed víctimas; pero nunca: Sed verdugos. La dulzura de la oveja, la sencillez de la paloma, la prudencia de la serpiente, he ahí las armas de los Apóstoles. El conde de Maistre ha podido decir con la historia en la mano: “Jamás el sacerdote ha levantado un cadalso; en cambio, muchas veces ha subido a él como mártir; no predica más que misericordia y clemencia, y en todos los puntos del globo, no ha derramado más sangre que la suya”. La Iglesia ha usado de su autoridad para reprimir el error; ha acudido a la caridad para traer al buen camino a los que se habían salido de él; no ha invocado el apoyo secular y llamado la fuerza al servicio de la verdad, sino cuando se ha tenido que defender contra herejes furiosos que la atacaban con las armas, turbaban la paz pública y ponían en peligro lo mismo a la sociedad civil que a la religiosa. Ahí tenéis, en pocas palabras, el resumen de lo que ha hecho contra las herejías desde su origen.
a) ¿Quiénes son los que acusan a la Iglesia de intolerancia?
Los protestantes... Y, sin embargo, Lutero hizo morir a más de cien mil hombres en la guerra de los campesinos; Calvino, en Ginebra, hizo quemar a los que no pensaban como él. Enrique VIII y la malvada Isabel, en Inglaterra y en Irlanda; Cristián II, el Nerón del Norte, en Dinamarca; Gustavo Vasa, en Suecia, llevaron acabo toda clase de persecuciones contra sus súbditos Católicos.
Los Hugonotes han cubierto a Francia de sangre y de ruinas... ¡Tal es la tolerancia protestante!... Y son ellos los que acusan a la Iglesia de haber promovido las guerras de religión! La Iglesia no hizo más que defenderse: jamás ha pretendido, como los protestantes, imponer su doctrina con la violencia.
b) ¿Quién acusa a la Iglesia de intolerancia?
Los filósofos del siglo XVIII. Pues bien, Voltaire tenía por divisa: “Aplastad al infame...”. Diderot quería ahorcar al último rey con las tripas del último cura. Rousseau condena a muerte a todo aquel que no se porte de acuerdo con los dogmas de la religión del país, etc.
c) ¿Quiénes acusan a la Iglesia de intolerancia?
Los liberales modernos. En 1793 tenían por fórmula: Libertad, igualdad o la muerte; y despojaron las iglesias, asesinaron a los sacerdotes y guillotinaron a las personas honradas, gritando: ¡Viva la libertad!...
París contempló el mismo espectáculo en el año 1871, en tiempo de la Commune...
5º Las naciones católicas son menos prósperas que las protestantes.
R. _Pero, aunque se admitiera la decadencia momentánea de las naciones católicas, el hecho sería perfectamente explicable.
La Iglesia católica había civilizado el mundo antes de la aparición del cisma y de la herejía. Lo que ha conservado a las naciones heréticas es que ellas han guardado la mayor parte de las leyes sociales del catolicismo: el descanso dominical, la oración pública, el respeto al Santo Nombre de Dios, el respeto a la autoridad paterna, etc. Mirados a esa luz, esos pueblos son en cierta manera Católicos.
Las naciones católicas, por el contrario, azotadas por el espíritu revolucionario, han dejado desenvolver en su seno el desprecio a la autoridad divina, el desprecio a la autoridad civil y el desprecio a la autoridad paterna.
No es, pues, sorprendente que las naciones protestantes prosperen con sus leyes inspiradas por el catolicismo, y que las naciones católicas se hayan detenido en su progreso natural gracias al espíritu pagano, que va minando su existencia.
Las doctrinas impías y antisociales impuestas a los pueblos Católicos son una causa de ruina.
“Pero reprochar al catolicismo los desórdenes que condena _desórdenes nacidos de principios que anatematiza-, hacer al catolicismo responsable de los males que se esfuerza en atajar por todos sus medios de influencia, o en prevenir con sus más graves enseñanzas y más severas advertencias, ¿no es el colmo de la injusticia y de la sinrazón? Seguramente no son los Católicos los que, en nombre de la fe que profesan, amenazan la paz pública, organizan las sublevaciones populares, levantan barricadas, derrocan a los gobiernos. Sus enemigos más encarnizados han reconocido frecuentemente su prudencia, su moderación, su espíritu de abnegación y de sacrificio. No es, por cierto, entre ellos donde se reclutarán factores de anarquía.
Y cuando se quiere arrancar del corazón del pueblo las últimas raíces de su vieja fe Católica, cuando se le empuja por un camino que termina fatalmente en el abismo, los mismos que preparan y precipitan las catástrofes con sus doctrinas, esos mismos, ¡se atreverán a decir que el catolicismo hace ingobernables a los pueblos, los degrada y los arruina!... ¡Tal es su buena fe! ¡Tales su lógica!...
La Iglesia de Jesucristo ha sido desde su origen, y lo será hasta el fin del mundo, la gran civilizadora de los pueblos. Combatirla es combatir el verdadero bienestar temporal de los pueblos; es querer la desgracia del pobre, del obrero, del niño, del anciano, de la mujer, del enfermo, de todas aquellos, en una palabra, que no tienen medios para oprimir a los demás” (Rutten).
Conclusión. Todo anda mal en la sociedad presente porque se ha alejado de Nuestro Señor Jesucristo y de su Iglesia.
Y, sin embargo, ¡cuántos esfuerzos, cuántos proyectos, cuántas leyes, cuántas empresas filantrópicas dignas de mejor suerte! Tal vez nunca ha salido a la luz mayor número de sistemas que aspiran a lograr el mejoramiento moral, material y social de la humanidad.
¿Qué se ha conseguido con todo esto? Abrir un abismo en el que la sociedad entera corre peligro de precipitarse.
¿Por qué sucede así? Porque Jesucristo está ausente de todos esos sistemas, de todas esas leyes, de todas esas empresas. Se ha querido prescindir de Él; no se ha contado para nada con la religión que Él trajo a los hombres; se ha desdeñado el escuchar a la Iglesia, que es su representante.
Ahora bien, Jesucristo nos lo ha dicho expresamente en el Evangelio: “Sin mí nada podéis hacer”. Ved por qué todos esos esfuerzos amenazan con terminar en una última e irremediable catástrofe.
El mal no es de ahora: se remonta a la época del Renacimiento. Hace trescientos años, la educación, la legislación, la filosofía, las mismas artes, todo fue paganizado. Al Evangelio lo sustituyeron. San Agustín, Santo Tomás de Aquino y los Padres de la Iglesia fueron expulsados de los colegios y de las universidades. A la libertad cristiana se la sustituyó con el cesarismo antiguo.
El paganismo en la educación y en las leyes trajo consigo el paganismo en las costumbres y la disminución de la fe. El resultado fue la espantosa convulsión que se llama Revolución.
Hoy, como consecuencia de idénticas causas, estamos abocados a una catástrofe del mismo género. Hay, pues, que volver resueltamente a Jesucristo, a la Iglesia: fuera de ahí no hay salvación.
“Muchos creen a la sociedad de nuestros días perdida irremisiblemente... Pero la sociedad de hoy ¿está acaso más enferma de lo que estaba la sociedad pagana hace diecinueve siglos? El mundo entonces estaba podrido, y Satanás reinaba en él como señor absoluto.
“No había en la sociedad antigua ni amor, ni caridad, ni compasión para el infortunado. Un egoísmo brutal había dividido a la sociedad en dos grandes categorías: los señores y los esclavos.
“Y estos mismos señores se arrastraban a los pies de aventureros afortunados, a quienes llevaban al poder las continuas y sangrientas revoluciones... ¿No era, pues, más difícil de convertir esa sociedad pagana que la nuestra, que cuenta todavía con Católicos fervorosos?
“¿Qué hicieron los Apóstoles? Predicaron a Jesucristo, predicaron el Evangelio, y, a despecho de todas las trabas, de todas las persecuciones, aquella sociedad se salvó y se hizo cristiana. Leamos el Evangelio, vayamos a Jesucristo y a su Iglesia, y la felicidad y la paz reinarán en el mundo” (Abate Garnier).
LA RELIGION DEMOSTRADA; P.HILLAIRE 8PAGS:489--492) Edicion digital:
http://www.scribd.com/full/25592113?access_key=key-1o7zctuoplrrybohzpy2
martes, 17 de mayo de 2011
NO QUIERO TURBARME, DIOS MIO: ¡ CONFÍO EN TI!
Jesús al alma:
¿Por qué os llenáis de turbación y os dais cuidado? Dejad a mí la gestión de vuestros asuntos y todo se calmará. En verdad os digo que cada acto de real, ciego y completo abandono en mí, produce el efecto que deseáis y resuelve los problemas más espinosos.
Abandonarse en mí no significa atormentarse, trastornarse o desesperarse, volviendo luego a una oración llena de inquietud para que yo os ayude, y cambiar así la inquietud en la oración. Abandonarse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, apartarse del pensamiento de la tribulación, y confiarse a mí para que sólo yo obre, diciéndome: ocúpate Tú de ello. La preocupación, la turbación, el querer pensar en las consecuencias de un hecho son cosas contrarias al abandono, contrarias por naturaleza.
Es como la confusión que traen los niños que pretenden que la mamá piense en sus necesidades, y quieren pensarlas ellos, obstaculizando con sus ideas y sus fijaciones infantiles, su trabajo. Cerrad los ojos y dejaos llevar por la corriente de mi gracia, cerrad los ojos y no pensad en el momento presente, transfiriendo el pensamiento del futuro como de una tentación, reposad en mi creyendo en mi bondad, y os juro por mi amor que, diciéndome con estas disposiciones: ocúpate tú de ello, yo lo haré por entero, os consolaré, os libraré, os guiaré.
Y cuando tenga que llevaros por un camino diferente de aquel que veis vosotros, yo os adiestraré, os llevaré en mis brazos, haré que os encontréis en la otra orilla, como niños dormidos en los brazos maternos. Lo que os turba y os hace daño inmenso son vuestros pensamientos, vuestras preocupaciones, vuestros afanes, y el querer a toda costa ser vosotros quienes remediéis aquello que os aflige.
¡Cuantas cosas yo realizo cuando el alma, tanto en sus necesidades espirituales como en aquellas materiales, se vuelve a mí, me mira y diciéndome: "ocúpate Tú de ello", cierra los ojos y reposa. Obtenéis pocas gracias cuando os atormentáis por producirlas, pero tenéis muchísimas cuando la oración es abandono pleno en mí. Vosotros en el dolor oráis para que yo obre, pero para que yo obre como vosotros creéis que debo obrar.
No os dirigís a mí, si queréis que yo me adapte a vuestras ideas; no sois enfermos que piden al médico que te cure, sino que le sugieres la cura. No obréis así, sino orad como os he enseñado en el Padrenuestro:
"Santificado sea tu nombre", esto es, sed glorificado en esta necesidad mía.
"Venga a nos el tu reino", esto es, todo contribuya a tu reinado, en nosotros y en el mundo.
"Hágase tu voluntad así en la tierra, como en el cielo", esto es, dispón tú en esta necesidad como mejor te parezca tocante a nuestra vida temporal y eterna.
Si me decís de verdad: "hágase tu voluntad", que es lo mismo que decir: "ocúpate Tú de ello", yo intervendré con toda mi omnipotencia y venceré las mayores dificultades. Mira, ¿Tú ves que la enfermedad apremia en vez de menguar?, no te turbes, cierra los ojos y dime con confianza: Hágase tu voluntad, "ocúpate Tú de ello".
Te digo que yo así lo haré y que intervendré como médico, y que hasta obraré un milagro cuando fuere menester. ¿Ves que el enfermo empeora?. No te desanimes, sino cierra los ojos y di: "ocúpate Tú de ello". Te digo que así lo haré, y que no hay medicina más poderosa que una intervención mía de amor. Me ocuparé de ello sólo cuando cerréis los ojos.
No dormís nunca, vosotros queréis valorar todo, escudriñar todo, pensar en todo, y os abandonáis así a las fuerzas humanas, o peor, a los hombres, confiando en su intervención. Es esto lo que obstaculiza, impide mis palabras y mis cálculos. ¡Oh, como yo deseo de vosotros este abandono para beneficiaros!, ¡Y cuanto me aflijo al veros turbados!. Satanás tiende precisamente a esto: a turbaros para apartaros de mi acción y arrojaros como una presa de las iniciativas humanas.
Confiad por eso sólo en mí, reposad en mí, abandonaos a mí en todo. Yo obro milagros en proporción del pleno abandono en mí, y a la ausencia de preocupaciones vuestras; ¡Yo derramo tesoros de gracia cuando vosotros estáis en la plena pobreza!
Si apreciáis vuestros recursos, por pocos que sean, o si los buscáis, os halláis en el campo natural de las cosas, que es a menudo frecuentemente obstaculizado por Satanás.
Ningún razonador o ponderador ha hecho milagros, ni siquiera entre los Santos; obra divinamente quien se abandona a Dios.
Cuando veas que las cosas se complican, di con los ojos del alma cerrados: Jesús, ocúpate Tú de ello. Y distráete, apártate de ti porque tu mente es penetrante... y para ti es difícil ver el mal y tener confianza en mí. Haz así para con todas tus necesidades, obrad así todos, y veréis grandes, continuos y silenciosos milagros. Os lo juro por mi amor. Y yo me ocuparé de ello, os lo aseguro.
Rogad siempre con esta disposición de abandono y tendréis gran paz y gran fruto, incluso cuando yo os concedo la gracia de la inmolación de reparación y de amor, que importa el sufrimiento. ¿Te parece imposible?. Cierra los ojos y di con toda el alma: Jesús, ocúpate Tú de ello. No temas, me ocuparé de ello y bendecirás mi nombre humillándote.
Mil plegarias no valen lo que un solo acto de abandono: recordadlo bien. No hay novena más eficaz que esta:
¡Oh Jesús me abandono en Ti, OCÚPATE TÚ DE ELLO!
¿Por qué os llenáis de turbación y os dais cuidado? Dejad a mí la gestión de vuestros asuntos y todo se calmará. En verdad os digo que cada acto de real, ciego y completo abandono en mí, produce el efecto que deseáis y resuelve los problemas más espinosos.
Abandonarse en mí no significa atormentarse, trastornarse o desesperarse, volviendo luego a una oración llena de inquietud para que yo os ayude, y cambiar así la inquietud en la oración. Abandonarse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, apartarse del pensamiento de la tribulación, y confiarse a mí para que sólo yo obre, diciéndome: ocúpate Tú de ello. La preocupación, la turbación, el querer pensar en las consecuencias de un hecho son cosas contrarias al abandono, contrarias por naturaleza.
Es como la confusión que traen los niños que pretenden que la mamá piense en sus necesidades, y quieren pensarlas ellos, obstaculizando con sus ideas y sus fijaciones infantiles, su trabajo. Cerrad los ojos y dejaos llevar por la corriente de mi gracia, cerrad los ojos y no pensad en el momento presente, transfiriendo el pensamiento del futuro como de una tentación, reposad en mi creyendo en mi bondad, y os juro por mi amor que, diciéndome con estas disposiciones: ocúpate tú de ello, yo lo haré por entero, os consolaré, os libraré, os guiaré.
Y cuando tenga que llevaros por un camino diferente de aquel que veis vosotros, yo os adiestraré, os llevaré en mis brazos, haré que os encontréis en la otra orilla, como niños dormidos en los brazos maternos. Lo que os turba y os hace daño inmenso son vuestros pensamientos, vuestras preocupaciones, vuestros afanes, y el querer a toda costa ser vosotros quienes remediéis aquello que os aflige.
¡Cuantas cosas yo realizo cuando el alma, tanto en sus necesidades espirituales como en aquellas materiales, se vuelve a mí, me mira y diciéndome: "ocúpate Tú de ello", cierra los ojos y reposa. Obtenéis pocas gracias cuando os atormentáis por producirlas, pero tenéis muchísimas cuando la oración es abandono pleno en mí. Vosotros en el dolor oráis para que yo obre, pero para que yo obre como vosotros creéis que debo obrar.
No os dirigís a mí, si queréis que yo me adapte a vuestras ideas; no sois enfermos que piden al médico que te cure, sino que le sugieres la cura. No obréis así, sino orad como os he enseñado en el Padrenuestro:
"Santificado sea tu nombre", esto es, sed glorificado en esta necesidad mía.
"Venga a nos el tu reino", esto es, todo contribuya a tu reinado, en nosotros y en el mundo.
"Hágase tu voluntad así en la tierra, como en el cielo", esto es, dispón tú en esta necesidad como mejor te parezca tocante a nuestra vida temporal y eterna.
Si me decís de verdad: "hágase tu voluntad", que es lo mismo que decir: "ocúpate Tú de ello", yo intervendré con toda mi omnipotencia y venceré las mayores dificultades. Mira, ¿Tú ves que la enfermedad apremia en vez de menguar?, no te turbes, cierra los ojos y dime con confianza: Hágase tu voluntad, "ocúpate Tú de ello".
Te digo que yo así lo haré y que intervendré como médico, y que hasta obraré un milagro cuando fuere menester. ¿Ves que el enfermo empeora?. No te desanimes, sino cierra los ojos y di: "ocúpate Tú de ello". Te digo que así lo haré, y que no hay medicina más poderosa que una intervención mía de amor. Me ocuparé de ello sólo cuando cerréis los ojos.
No dormís nunca, vosotros queréis valorar todo, escudriñar todo, pensar en todo, y os abandonáis así a las fuerzas humanas, o peor, a los hombres, confiando en su intervención. Es esto lo que obstaculiza, impide mis palabras y mis cálculos. ¡Oh, como yo deseo de vosotros este abandono para beneficiaros!, ¡Y cuanto me aflijo al veros turbados!. Satanás tiende precisamente a esto: a turbaros para apartaros de mi acción y arrojaros como una presa de las iniciativas humanas.
Confiad por eso sólo en mí, reposad en mí, abandonaos a mí en todo. Yo obro milagros en proporción del pleno abandono en mí, y a la ausencia de preocupaciones vuestras; ¡Yo derramo tesoros de gracia cuando vosotros estáis en la plena pobreza!
Si apreciáis vuestros recursos, por pocos que sean, o si los buscáis, os halláis en el campo natural de las cosas, que es a menudo frecuentemente obstaculizado por Satanás.
Ningún razonador o ponderador ha hecho milagros, ni siquiera entre los Santos; obra divinamente quien se abandona a Dios.
Cuando veas que las cosas se complican, di con los ojos del alma cerrados: Jesús, ocúpate Tú de ello. Y distráete, apártate de ti porque tu mente es penetrante... y para ti es difícil ver el mal y tener confianza en mí. Haz así para con todas tus necesidades, obrad así todos, y veréis grandes, continuos y silenciosos milagros. Os lo juro por mi amor. Y yo me ocuparé de ello, os lo aseguro.
Rogad siempre con esta disposición de abandono y tendréis gran paz y gran fruto, incluso cuando yo os concedo la gracia de la inmolación de reparación y de amor, que importa el sufrimiento. ¿Te parece imposible?. Cierra los ojos y di con toda el alma: Jesús, ocúpate Tú de ello. No temas, me ocuparé de ello y bendecirás mi nombre humillándote.
Mil plegarias no valen lo que un solo acto de abandono: recordadlo bien. No hay novena más eficaz que esta:
¡Oh Jesús me abandono en Ti, OCÚPATE TÚ DE ELLO!
Sacerdote Don Dolindo Ruotolo
jueves, 21 de abril de 2011
LA ÚLTIMA CENA Y LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA
En la mañana del jueves llamó a sus dos discípulos favoritos, Pedro y Juan, y los envió a Jerusalén, diciéndoles "Andad y preparad la Pascua para que comamos". Así con ésta palabra "Pascua", designaba, en lenguaje popular, el banquete solemne con que se inauguraba la fiesta por la tarde del 14 Nisán. El manjar esencial de esta comida era el cordero pascual. Los dos Apóstoles respondieron: "¿Donde quieres que la preparemos? Díceles Jesús:
"Así que entraréis en la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguídle hasta la casa en que entre. Y diréis al padre de familia de ella: El Maestro te envía a decir: ¿dónde está la pieza donde yo he de cenar el cordero pascual con mis discípulos? Y él os enseñará una sala grande aderezada; preparad allí lo necesario."
Se ha preguntado por qué Jesús recurrió a este medio misterioso para que los dos discípulos dieran con la casa donde deseaba celebrar la cena pascual. Fué con el fin de que Judas ignorase hasta el último momento el lugar de la reunión. Si de antemano lo hubiese sabido, lo hubiera seguramente notificado a los príncipes de los sacerdotes durante el día; y éstos se hubieran apoderado de Él antes de la hora señalada antes del legado y donativo de amor generoso que quería hacer a su Iglesia, con la institución de la Sagrada Eucaristía. Se ha supuesto que se había ya convenido de antemano Jesús y el propietario del cenáculo; pero es mucho más conforme al conjunto del relato y a la tradición el creer que las indicaciones dadas por el Salvador procedían de su creencia sobrenatural. El amo de la casa era seguramente u discípulo y un amigo.
Con estas instrucciones salieron Pedro y Juan de Betania y corrieron hacia Jerusalén para preparar todo lo necesario para la cena. Pronto hallaron el cenáculo, conforme en todo con lo que Jesús les había dicho. Los preparativos eran numerosos para este banquete. Los dos Apóstoles procurar las diversas viandas requeridas por la ley o el uso; en especial los panes ázimos, o sin levadura, pues el pan fermentado estaba prohibido en absoluto desde el 14 de Nisán hasta el 21; hierbas amargas y muchos otros manjares para completar la cena, vino y agua, y, sobre todo el cordero pascual, separado ya días antes, y que debía ser inmolado en el templo el mediodía del 14, dividirlo y asarlo en el horno.
Al ponerse el sol llegó Jesús al cenáculo y se puso a la mesa con los Doce. En esta ocasión no hubo más comensales. El cenáculo estaba situado en la cima del monte Sión, donde aún se venera hoy. Pero el edificio actual, aunque ocupa el mismo solar, según lo garantiza una tradición que se remonta al siglo II de nuestra Era, no data en realidad más que del siglo XVI. Es un salón ojival, que, desgraciadamente, ha sido transformado en mezquita por los turcos, como muchos otros santuarios de Palestina.
Debió ser al empezar la cena y con motivo de la colocación en la mesa cuando se promovió entre los Apóstoles una contienda que justamente nos parece del todo impropia y ajena a las circunstancias. Se preguntaban agriados y desabridos, suspicaces y envidiosos, cuál era el primero entre ellos. No es la primera vez que discutían este punto. Jesús cortó muy pronto esta triste pendencia, refrescándoles, como otras veces, el gran principio de la humildad cristiana. Jesús les dijo:
"Los reyes de las naciones las tratan con imperio, y los que tienen autoridad sobre ellas, se llaman bienhechores. No habéis de ser así vosotros; antes bien el mayor entre vosotros pórtese como el menor; y el que tiene la precedencia, como sirviente. Porque ¿quién es mayor?, ¿el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Con todo eso, yo estoy en medio de vosotros como un sirviente. Vosotros sois los que constantemente habéis perseverado conmigo en mis tribulaciones. Por eso yo os preparo el reino como mi Padre me lo preparó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel"
En este momento tuvo lugar la escena tan conmovedora del lavatorio de los pies. Jesús acaba de prescribir la humildad a sus Apóstoles. Les había dicho entre otras cosas: "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve". Ahora va a enseñarlo con el ejemplo y poner Él mismo su palabra en práctica. El cuarto Evangelio, único que refiere éste episodio, empieza su relación con una frase solemne que pone en admirable relieve la dignidad suprema del Salvador y el amor extraordinario que manifestó en esta circunstancia a sus Apóstoles: "Sabiendo Jesús que el era llegada la hora de tránsito de este mundo al Padre, como hubiese amado a los suyos que vivían en el mundo, los amó hasta el fin". Luego recuerda el Evangelista que ya el demonio "había puesto en el corazón de Judas Iscariote el intento de entregarlo". Con lo cual realza más la generosidad del corazón de Jesús, cuyo ímpetu de amor no fue contenido por tan negra ingratitud. Luego continúa en esta forma: "Sabiendo Jesús que el Padre le había puesto todas las cosas en sus manos, y que venía de Dios y a Dios volvía, levantóse de la mesa y quitóse sus vestidos, y habiendo tomado una toalla se la ciñe, echa después agua en un lebrillo y pónese a lavar los pies de los Apóstoles y a limpiarlos con la toalla que se había ceñido".
Cuando se acercó a Simón Pedro, entabló un diálogo entre el Maestro y el discípulo, donde se manifiesta la viva fe, la humildad, el corazón ardiente del jefe de los Apóstoles. "Señor, ¿Tú me lavas los pies?" Respondió Jesús: "Lo que yo hago, no lo entiendes ahora; sabráslo después". En efecto, luego explicará el Salvador la significación moral de ese acto. Persistiendo en la resistencia, replicó San Pedro: "Jamás me lavarás Tú los pies". Dícele Jesús: "Pues si no te lavo, no tendrás parte conmigo". ¡Verse separado de su Maestro a quien tanto ama! Por nada del mundo podría consentir esto San Pedro. Consiente, pues; pero pasando de un extremo a otro: "Señor, no sólo mis pies, sino las manos también y la cabeza". "No -le dice el Señor-; porque el que acaba de lavarse no necesita lavar mas que los pies, porque ya está todo limpio". En Oriente son muy ordinarios los baños de pies a causa del calor. Además de que las sandalias defienden muy poco los pies del polvo y del lodo. Por eso Jesús se contenta con lavar los pies a los Apóstoles. Acción por otra parte simbólica que significa la santidad perfecta que exigía en los suyos , en especial para la Sagrada Eucaristía que muy pronto le iba a conceder. En este sentido añadió: "Y vosotros estáis limpio", es decir, no tenéis ningún pecado grave de que reprenderos, y basta lavaros de vuestras faltas ligeras o leves. Con todo, Jesús tuvo que hacer una restricción dolorosa, pensando en Judas: "Vosotros estáis limpios; más no todos". El traidor estaba allí con el alma horriblemente sucia. ¿Que sentimientos debieron pasar por él cuando tan buen Maestro se dignó lavarle los pies, también a él? Pero estaba endurecido en el mal, y esta advertencia no le conmovió.
Cuando Jesús acabó de realizar en cada uno de los Doce este acto extraordinario de humildad y de bondad, volvió a vestirse su largo manto, pues se lo había quitado para no sentir incomodidad en sus movimientos; y habiéndose puesto a la mesa, dijo a los Doce:
"¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo siendo el Maestro y Señor, os he lavado los pies, debéis también vosotros, lavaros los pies unos a otros. Porque ejemplo os he dado para lo que yo he hecho con vosotros, así lo hagáis vosotros también. En verdad, en verdad os digo que no es el siervo más que su amo, ni el criado mayor que aquél que le envió". Y añadió: "Si comprendéis estas cosas, seréis bienaventurados como las practiquéis. No lo digo por todos vosotros; yo conozco a los que tengo escogidos; más ha de cumplirse la Escritura: uno que come el pan conmigo levantará contra mí su calcañar. Os lo digo desde ahora antes que suceda, para que cuando sucediere me reconozcáis por lo que soy. En verdad, en verdad os digo que quien recibe a quien yo enviare, a mí me recibe, y quién a mi me recibe, recibe a Aquél que me ha enviado".
lunes, 18 de abril de 2011
MARTES SANTO
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo:
-«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
-«Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
-«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
-«Lo que tienes que hacer hazlo en seguida».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús:
-«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: Donde yo voy, vosotros no podéis ir».
Simón Pedro le dijo:
-«Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió:
-«Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde».
Pedro replicó:
-«Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
-«¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».
Juan 13, 21-33 36-38
sábado, 16 de abril de 2011
DOMINGO DE RAMOS
Mateo 21: 1 - 11
1 Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos,
2 diciéndoles: «Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos.
3 Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.»
4 Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta:
5 Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo.
6 Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado:
7 trajeron el asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima.
8 La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino.
9 Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»
10 Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. «¿Quién es éste?» decían.
11 Y la gente decía: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.
miércoles, 6 de abril de 2011
La imagen de Cristo más antigua
(ACI/EWTN Noticias)- Especialistas en Inglaterra y Suiza analizan unas láminas de bronce encontradas en Jordania que podrían contener el retrato más antiguo de Jesús, al mostrar el rostro de un hombre con una corona de espinas y la leyenda "Salvador de Israel".
Según informa el diario británico Daily Mail, los 70 códices de bronce fueron hallados entre los años 2005 y 2007 en una colina con vista al Mar de Galilea. Las piezas actualmente son evaluadas bajo estricta confidencialidad por expertos en Inglaterra y Suiza para determinar su antigüedad y procedencia, pero se estima que datarían del siglo I de la era cristiana.
El códice que más llama la atención tiene el tamaño de una tarjeta de crédito, está sellado por todos lados y ofrece una representación en tres dimensiones de una cabeza humana. El dueño de los códices es Hassan Saida, un camionero beduino que vive en la aldea árabe de Umm Al-Ghanim,Shibli. Se ha negado a vender las piezas y solo ha cedido dos muestras para que sean analizadas en Inglaterra y Suiza.
Según el diario, las piezas fueron encontradas originalmente en una cueva del pueblo de Saham en Jordania, cerca de donde Israel, Jordania y los Altos del Golán convergen con Siria y a tres kilómetros del balneario israelí de Jamat Gader. La cueva está a menos de 100 millas de Qumran, la zona donde se hallaron los famosos papiros del Mar Muerto, una de las evidencias más famosos de la historicidad del Evangelio.
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