viernes, 18 de febrero de 2011

LA ABEJA PESIMISTA



Si yo estuviese toda  la vida convaleciente de una tifoidea, acabaría probablemente por convertirme en un gran filósofo.
Al calorcito de las mantas y de la salud que vuelve, lejos del colegio y del trantán de la existencia, con el apetito de comer, de ver y de vivir de un resucitado, pudiendo empalmar apaciblemente la larga meditación de ayer con la no interrumpida meditación de hoy, con la joven fantasía todavía no atiborrada de libros eruditos y pensamientos ajenos, en un polvoroso y somnoliento pueblo santafesino, yo hubiera acabado, si me hubiera dejado, por descubrir que yo pensaba, y, por lo tanto, existía.


¡Ay de mí! Me sané, fui al colegio, hice el bachillerato como cualquier nacido, aprendí tanto, o por lo menos tantas cosas, leí a Kant, y ahora no estoy muy seguro de que pienso, y ni siquiera de que existo, aunque eso ya me parece bastante probable.


Me quedaba largas horas solo, porque mi madre trabajaba y mis hermanos iban a la escuela; pero no me aburría. Miraba mi cuarto, la casa, la mesa, la cómoda, la ventana de enfrente y por ella los árboles y las flores, las nubes y el cielo. Miré tanto el mismo cuadro trivial y maravilloso que impresionó mi retina y adquirió cierta fijeza y cohesión íntima  de sistema cósmico; de modo que una leve mutación  en él me hacía reflexionar hondamente, como una curación de lupus a un médico de Lourdes. Si caía una hoja yo pensaba media hora, y si un jilguero cantaba empezaban a responder en mis adentros escondidas melodías.


Un día entró por una banderola abierta una abeja zumbando y se posó en una taza de té de mosqueta con miel. Bebió, se alzó pesadamente, dio una vuelta por la pieza -yo metí la cabeza bajo las sábanas- y se lanzó, como un chispazo de oro, a través de la rubia madeja de sol que se davanaba en abanico sobre el piso, a dar como un proyectil en el vidrio de la ventana. Cayó atontada, se alzó de nuevo, chocó, volvió a arremeter, chocó, volvió, chocó de nuevo una, dos, tres, diez, veinte veces y entonces se paró en el travesaño y se puso a pensar. Se puso a filosofar.


Yo estaba casi tan afligido y jadeante como ella, porque la había seguido simpáticamente en su tremenda aventura, primero curioso, después compasivo, por último ansioso, gritándole muy interesado: "Por arriba tonta".


Yo no podía levantarme y abrirle. ¡Pobre abeja! Es que también era enorme, terrible y espantoso. Póngase usted en el caso de la abeja. ¿No tengo yo un instinto de volar hacia la luz? ¿Puedo desobedecerlo? No puedo. ¿No está ahí la luz? Ahí esta evidentemente. Y sin embargo, cada vez que voy hacia ella, me da un golpe en la cabeza. ¿Cómo puede entenderse? ¡Oh Schopenhauer!


Hay que volar arriba, arriba, por donde entraste.
La abeja comenzó de nuevo la desgarradora y atontadora experiencia. Suspendiéndose un momento, hizo otra amplia circunferencia por el cuarto, enfrentó la luz de la ventana y el jardín y las flores y la natal colmena y sin vacilar, irresistiblemente, se abalanzó en perpendicular mortífera. ¡Las cabezadas que dio contra el muro transparente, con un zumbido sordo y triste que llegaba hasta mí como una queja conmovedora!


¡Oh jardín de allá afuera, oh luz, oh felicidad! Yo no puedo dejar de desearte, diría la pobre, y no puedo desearte. Si te busco, me hiero, y si no te busco, me muero. No puedo no quererte, no puedo no buscarte; y si quiero padezco, y si busco me despedazo. Entonces esta luz que me atrae y me mata es el Mal, o bien este instinto que me empuja a buscarla es maligno, malvado, mal intencionado. Por lo tanto el Mundo como voluntad y como Representación...


Abeja pesimista, un momento. ¿No será que estás buscando mal? ¿Porqué no buscas allá arriba?


¡Oh!, abeja desdichada, todo eso que estás diciendo es horrible, pero es lógico, espantosamente lógico, si no empieza por negar la banderola, la banderola de arriba por donde entra el aire del cielo. Si la niegas o la olvidas, todas esas flores son mentira, y esa luz exterior que las envuelve es una diabólica trampa para hacernos romper la cabeza, y el instinto que nos arrastra a ella hay que matarlo, hay que ahogarlo, hay que aniquilarlo porque es la fuente de todos nuestros cabezazos, de todas nuestras tristezas y todas nuestras tragedias.


Abejita, me estás enseñando la filosofía del ateísmo. La metafísica del ateísmo, si es lógico, es el amor a la nada y la voluptuosidad del aniquilamiento.


¡Oh, que grandes Padres de la Iglesia, a su pesar, han sido Leopardi, Budelaire, Shopenhuer y esa abejita! Baudelaire nos escribió con sangre podrida de sus entrañas la demostración geométrica de que el pecado es triste. Schopenhauer nos demostró con bilis que el ateísmo es deseperación. Esa abejita me está demostrando "la inmensa vaciedad de la vida" de Anatole France, "el absurdo monstruoso de la existencia" de Heine, "la Madrastra Naturaleza" de Musset, y que "no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo" de Rubén Darío.


Entra mi dulce madre con la taza de caldo y una pechuga frita en manteca.


¿Que estás leyendo?
-Nada. Estaba mirando esa abeja.
¿Que libro es ése?
-Es un libro triste. Dicen que la vida es para gozar, por la sencilla razón de que Dios no existe.
-Entonces es un libro malo...
-No mamá, es un libro falso. Es como si el libro dijese que los tres ángulos de un triángulo no son iguales a dos rectos.
-Hay que tirarlo por la ventana.
-Tómalo. Y cuando lo tires, por favor saca esa abejita que se está desesperando contra el vidrio. 
Y la pobre abejita medio muerta sintió desaparecer de golpe el calabozo invisible y voló al jardín ameno, como Amado Nervo cuando el amigo misericordioso le abrió la banderola de la fe verdadera, después que se hubo toda la vida roto la cabeza contra los vidrios empañados de las falsas filosofías.




Padre Leonardo Castellani

jueves, 17 de febrero de 2011

Iglesias católicas sobre templos sagrados aztecas



Veinte de las 68 iglesias católicas construidas hace casi cinco siglos sobre templos sagrados aztecas, en lo que actualmente es Ciudad de México, quedan aún en pie y son una muestra del mestizaje arquitectónico, informó hoy el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El instituto dijo en un comunicado que esas iglesias fueron construidas entre 1524 y 1529 sobre estructuras sagradas de Tenochtitlan y Tlatelolco, en lo que ahora es el centro y norte de la capital mexicana.


"De estas estructuras católicas, edificadas para desarrollar la labor evangelizadora entre los mexicas (aztecas), actualmente continúan 20 en pie y cinco de manera parcial", dijo el INAH.
De los templos que están en pie cinco están ubicadas en Tlatelolco, un barrio populoso donde está la Plaza de las tres Culturas donde hay construcciones prehispánicas, novohispanas y contemporáneas.


El resto en lo que fue Tenochtitlan, hoy Centro Histórico de la Ciudad de México, donde también existen vestigios mexicas como el Templo Mayor.
El arquitecto Saúl Pérez, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que esos templos católicos permiten conocer "la conformación de los barrios, del mestizaje arquitectónico y del reuso que hicieron los conquistadores de estas zonas del centro del país como lugares para el culto católico".
Mencionó que el proceso de evangelización fue paulatino, e incluso su primera etapa tuvo lugar en los propios teocallis (templos dedicados a deidades mexicas).
Inicialmente en esos lugares los primeros frailes transmitieron la religión católica, pero después las edificaciones sagradas mexicas fueron derrumbadas y en su lugar se construyeron las iglesias para la evangelización.


En esos nuevos templos católicos quedó impreso el mestizaje arquitectónico de México, puesto que en ellos sobresale el estilo europeo en la nave y el prehispánico en el atrio, dijo el especialista Pérez, citado por el INAH.


"Otra particularidad de estas construcciones católicas es que fueron creadas con la reutilización de las piedras que conformaban los templos prehispánicos", agregó.

miércoles, 16 de febrero de 2011

LUTERO, DETRACTOR DE LA MISA TRADICIONAL


Sobre Lutero -a quien la iglesia conciliar tiene ahora por una especie de santo, y cuyo retrato figura en los libros de catequesis al lado de Santa Catalina de Siena y San Ignacio de Loyola- ha dicho de él uno de los ideólogos del Concilio Vaticano II, el padre Congar "Lutero es uno de los más grandes genios religiosos de toda la historia, yo lo coloco en el mismo plano que San Agustín y Santo Tomás de Aquino o Pascal. En cierta manera es, incluso, más grande".
Lutero, evidentemente , no fue ningún santo ni especial espiritualista como nos quieren hacer creer. Analicemos brevemente su pensamiento.
Para él, "la misa católica es la mayor y más horrible de las abominaciones papistas, la cola del dragón del apocalipsis"


Todo el odio de Lutero contra la Misa Católica Tradicional se puede resumir en un concepto: la misa se oponía a su concepción de la religión. En la Misa Tradicional el centro es Dios. Por tanto, antes que nada, el culto es un homenaje rendido a Dios. El Sacrificio es el acto por excelencia de este homenaje. Con Lutero el centro de la religión ya no es Dios, sino el hombre; la finalidad de la religión, para Lutero, es esclarecer al hombre, y más aún, consolarlo. Siendo así, ¿para que sirve una inmolación hecha a Dios para reconocer su dominio soberano sobre la criatura? Por esta razón, Lutero deseaba la abolición del ofertorio. En el nuevo "Ordo" el ofertorio ha sido suprimido, y se sustituye el ofertorio Tradicional que tan admirablemente expresaba el Sacrificio y la propiciación, por unas plegarias israelitas extraídas de la Kábala judaica y que se limitan a un mero intercambio de dones entre Dios y el hombre, borrando el sentido de la oblación. Estas plegarias las usan, hoy en día, las comunidades judaicas para bendecir los alimentos. 


El mismo Lutero nos explica este concepto "la misa es ofrecida por Dios al hombre y no por el hombre a Dios; ella es la liturgia de la palabra, una comunión y una participación... este abominable canon que hace de la misa un Sacrificio. La acción de un sacrificador. Lo miramos como sacramento o como testamento. Llamémosle bendición, eucaristía, mesa del Señor, Cena del Señor, o Memorial del Señor".


De hecho lo que hará Lutero será adaptar la misa católica tradicional a su pensamiento, a la par que trastoca los textos esenciales del Canon y los mantiene como simples recitativos de la institución de la Cena. En un momento dado, agregará en la Consagración del pan "quod pro vobis tradetur" (que será entregado por vosotros), suprimirá las palabras "mysterium fidei" (misterio de fe) y las palabras "pro multis" (por muchos) de la Consagración del vino. El latín se sustituirá por la lengua vernácula; el altar por una mesa colocada frente al pueblo y se recibirá la comunión en la mano, pudiendo ser dada por laicos, mientras que la confesión privada se reemplazará por absoluciones colectivas y el nombre de la Misa será sustituido por Eucaristía y Cena.
A estas alturas, nos preguntamos: ¿no son excesivamente familiares estos cambios con los efectuados por la "reforma" de 1969 y su nueva misa?


Lutero en el fondo no quería tratar estos hechos con demasiada franqueza. Decía que para llegar segura y felizmente al final, es necesario conservar ciertas ceremonias de la antigua misa, para que los débiles no se escandalicen con el cambio demasiado brusco.
Una medida práctica de tan sutil principio llevó a cabo la reina Isabel de Inglaterra, que encargó a los teólogos que no negasen expresamente el dogma católico de la presencia real, sino que lo dejen  indeciso a la elección de cada uno. De esta forma Lutero logró introducir el protestantismo en poblaciones enteras que se estimaban católicas y que, cuando se dieron cuenta, habían asimilado la herejía.
Es de espantar el éxito de las medidas contemporizadoras adoptadas por Lutero, en ambientes que habrían reaccionado enérgicamente en el caso de que desde el principio hubiesen visto donde estaban siendo llevados. 


Esa lección de la historia crea para muchas almas, en nuestros días, la obligación grave de alertar a sus hermanos en la Fe contra el proceso que nos envuelve. 
La misa luterana se presentará, así pues, desde la navidad de 1521, teniendo las siguientes partes: Confiteor, Introito, Kyrie, Evangelli, y predicación, nada de ofertorio, Sanctus, recitativo en voz alta y en lengua vernácula de la institución de la cena, la comunión en la mano, y bajo las dos especies, el Agnus Dei, y el Benedicamus Domino, completarán la misa. El nuevo culto será una reducción y una transformación prudentes, tímidas, que conservaban mucho del pasado. Véase, pues, cómo sería insuficiente alegar, en defensa del nuevo "Ordo", que éste conserva mucho del Misal Tradicional.


LEX ORANDI, LEX CREDENDI
En resumen, los protestantes concentrarán sus esfuerzos sobre tres puntos esenciales:


1.- Negación del carácter sacrifical de la Misa, salvo en el sentido de sacrificio de alabanza.
2.- Negación de la transubstanciación. Para ellos, la presencia real se limita a una cierta presencia temporal en el interior de las especies, así como a una presencia espiritual.
3.-Negación del Sacerdocio real del oficiante, el cual se reemplazará por un sacerdocio colectivo de asamblea de los fieles bajo la presidencia de un padre o pastor.


En el nuevo "Ordo" se encuentran estos tres puntos, bien que bajo atenuaciones o afirmaciones equívocas. Muchos comentarios irán hasta la afirmación categórica, no equívoca.


En consecuencia, no se puede menos que observar que, por estar los principios íntimamente unidos con la práctica según el adagio "lex orandi, lex credendi" -atribuido a San Celestino I (422-432)-, el hecho de imitar la nueva misa el Ordo de Lutero lleva infaliblemente a adoptar poco a poco las propias ideas de Lutero.


Los resultados no merecen comentarios. La caída de la asistencia a "misa" ha sido vertiginosa. 
En realidad ya nada de lo acaecido nos debe sorprender. Ya desde los primeros años de la despótica implantación de la nueva misa, Monseñor Lefebvre se pronunció valerosamente para decirnos "Resulta imposible desde el punto de vista psicológico, pastoral y teológico, que los católicos abandonen una liturgia (la Misa Tradicional), que constituye verdaderamente la expresión y sostén de la fe a enorme peligro. No se puede imitar constantemente a los protestantes sin convertirse en uno de ellos" 

martes, 15 de febrero de 2011

"DELENDA EST LITURGIA" ¡LA LITURGIA HA DE SER DESTRUIDA!



CREDIDIMUS CARITATI
Año II, Nº 5
Mayo de 1985


Las comunidades no católicas podrán celebrar la Cena con las mismas oraciones que la Iglesia Católica. Es Teológicamente posible". - HERMANO MAX THURIAN (COMUNIDAD DE TAIZÉ)

Tales palabras, pronunciadas por el prior de la comunidad luterana de Taizé (comunidad "ecuménica"), prueban ya sin lugar a dudas que la liturgia católica ha sufrido una transformación fundamental. Dada la íntima unión existente entre la fe y los ritos que la expre san (recuérdese el famoso adagio "Lex orandi, lex credendi"), el cambio substancial de uno de estos elementos implicará necesariamente el del otro, y viceversa. De allí que podamos afirmar y concluir con el pastor René BARJAVEL: "La Iglesia Católica ha quebrantado su liturgia, expurgado sus ritos, ocultado sus misterios, bajado la llama de su alegría; con toda premura se hace protestante".


"Quien siembra el viento,
cosecha la tempestad"

SEMBRANDO EL VIENTO


LA REVOLUCIÓN LITÚRGICA
Las raíces de la actual desola ción y destrucción de la liturgia deben buscarse en la desviación del llamado MOVIMIENTO LITÚRGICO, que fuera fundado por Dom GUERANGER y que alcanzó su apogeo bajo el impulso de SAN PIO X. Los autores de la actual reforma litúrgica, aunque pretendiendo ser los continuadores de la obra emprendida por Dom Guéranger y San Pío X, la han desvirtuado, dándole un sentido completamente distinto y contrario al que tenía en la intención de sus fundadores.


"Legem credendi statuat lex supplicandi": "Que la regla de la oración estatuya la regla de la fe". Este axioma "invertible", expresa la relación estrecha y fundamental que existe entre la fe que se profesa y el culto a través del cual se manifiesta esa fe. Es imposible atacar o modificar una sin afectar a la otra. Plenamente conscientes de ello, todos los heresiarcas y falsos reformadores que se han levantado contra la fe católica y contra la Iglesia, han intentado modificar el culto, es decir, la expresión litúrgica de los misterios de la fe, para destruir así esa misma fe.


Ejemplo clarísimo de ello es Lutero: "Destruid la Misa y destruiréis el Catolicismo", destruid el Santo Sacrificio, modificad sus ritos venerables y portadores de gracias, y anularéis la expresión de la fe católica, o la transformaréis en otra fe, que ya no será la católica...


LA SUBVERSION LITÚRGICA EN EL SENO DE LA IGLESIA
Durante su pontificado el mismo San Pío X señalaba que, des de entonces, el enemigo ya no se encontraba afuera sino dentro de la Iglesia, en los seminarios, en los conventos, en las filas del clero católico.


El antecedente más inmediato de esta penetración lo constituye el sínodo de Pistoya, convocado en 1786 por instigación del archiduque de Toscana, que quería llevar a cabo en sus estados una reforma de la Iglesia conforme a sus antojos (y sus antojos eran jansenistas). Dicho sínodo fue condenado por PÍO VI en la bula "Auctorem fidei". Desde el pun to de vista litúrgico, sus errores revelan una tendencia a la desacralización y a la profanación, a la disgregación y a la anarquía, tendencias que ya habían ganado gran parte de la Europa católica antes de su formulación expresa en Pistoya. Estos errores revivirán, casi idénticos, en el "Movi miento Litúrgico" desviado.


El Movimiento Litúrgico que fue iniciado por Dom Guéranger (estando Europa sumergida en plena "herejía antilitúrgica ") para de volver al clero el conocimiento y el amor de la liturgia romana y para intensificar la unión de los fieles a la liturgia; condujo final mente la restauración litúrgica realizada por San Pío X. A partir de 1920 sufre graves desviaciones a causa de los mismos hombres de Iglesia que se decían continua dores de la obra de Dom Gueranger, los cuales sientan las ba ses y principios directores que desembocarán en la actual re forma.


La desviación del Movimiento comienza con Dom LAMBER T BEAUDUIN, con su tendencia a insistir excesivamente sobre la importancia didáctica y pastoral de la liturgia; dicha tendencia se transformará en preeminencia con los años.


Este benedictino, luego de contactos con anglicanos y con representantes de las iglesias orientales, propulsa un ecumenismo completamente desviado. Roma aún no se da cuenta del peligro y permite a Dom Beauduin fundar en Amay-sur-Meuse un "Monasterio de la Unión", con dos comunidades paralelas, una católica y otra ortodoxa. Inspira a sus monjes tal amor al oriente que poco después muchos de ellos se pasan a la iglesia ortodoxa. Roma se alarma y Dom Beauduin debe abandonar su monasterio. Protegido por Mons. IZART, obispo de Bourges, organiza retiros (que él mismo llama "un poco canallas") en los cuales insufla sus ideas reformistas y ecuménicas a los sacer dotes que participan, especial mente a capellanes de grupos scouts. Desde 1924, Dom Beauduin se conecta con Mons. RONCALLI, que siempre lo protegerá eficazmente y que adopta, al menos parcialmente, sus ideas.


El movimiento litúrgico de Alemania también se desvía rápidamente: Dom HERWEGEN, abad de Maria-Laach, quiere liberar a la liturgia de "Las esco rias de la Edad Media", Dom CASEL quiere hacerla "salir de las teorías post-tridentinas de Sacrificio". Así, ya en 1920- 1925, se trata de atenuar el carácter sacrificial de la Misa. Romano GUARDINI ("maestro de la intuición psicológica") impulsa la moda de la "experiencia religiosa personal". Estas desviaciones fueron combatidas en Alemania por Mons. GROBER, arzobispo de Friburgo, pero se encontró aislado: todos los demás obispos alemanes sostenían al Movimiento.


En Francia hay multitud de innovaciones anárquicas en los campamentos scouts, en los movimientos de acción católica, y en los campos o colonias de vacaciones, en que intervienen la mayoría de los seminaristas.


En 1943 se funda el Centro de Pastoral Litúrgica, al cual Dom Beauduin fija la línea de conducta: pedir las reformas con mucha prudencia, simulando un gran respeto por la jerarquía, pero utilizando a los obispos para hacer presión sobre Roma.


Pío XII toma conciencia del peligro y expone la doctrina católica en dos encíc1icas: "MEDIATOR DEI ET HOMINUM" y "MYSTICI CORPORIS CHRISTI". Pero inmediatamente son desviadas de su sentido original por los comentarios de los inno vadores.


A partir de 1950 las posiciones subversivas son abiertamente defendidas en numerosas publicaciones, mientras que en las parroquias se multiplican las innovaciones: Misa cara al pueblo, lecturas y cantos en lengua vernácula, etc. En otros países, como Estados Unidos, España, Italia, el movimiento litúrgico, inexistente o menos avanzado, sufre desde 1950 la influencia subversiva de los movimientos alemán y francés. El Movimiento Litúrgico desviado se hace mundial. Las presiones sobre Roma se hacen enormes, y Roma misma, con reticencia, se encamina por la peligrosa vía de las concesiones: nueva versión del Psalterio, simplificación de las rúbricas del Breviario, reforma de los ritos de Semana Santa, Misa vespertina...


Juan XXIII acaba la reforma litúrgica comenzada por Pío XII dando así un paso más en el sentido del Concilio. A pesar de algunas deficiencias, en esta última reforma la liturgia católica permanece sustancialmente incambiada, es decir, en los límites de la ortodoxia católica. Sin embargo se puede decir que en 1960 el Movimiento Litúrgico ha triunfado: ha sacudido la antigua estabilidad de la liturgia católica y ha insinuado una nueva concepción de ella. La tarea será definitivamente afianzada por el próximo Concilio Ecuménico, ese Concilio que, según las palabras del cardenal SUENENS, será: "1789 en la Iglesia".


LA CONSTITUCIÓN "SACROSANCTUM CONCIUUM"
"Yo creo que el culto divino, tal como lo regulan la liturgia, el ceremonial, los
ritos y los preceptos de la Iglesia Romana, sufrirá próximamente en un concilio
ecuménico una transformación que, al mismo tiempo que le devolverá la
venerable sencillez de la edad de oro apostólica, lo pondrá en armonía con
el estado nuevo de la consciencia y de la civilización moderna"
Canónigo ROCA (Apóstata del siglo pasado)


La Constitución conciliar "Sacrosanctum Concilium" fue aprobada solemnemente por la abrumadora mayoría de 2.147 votos a favor y cuatro en contra, el 4 de diciembre de 1963, luego de una alocución en la cual PABLO VI le dio su pública aprobación.


"Sacrosanctum Concilium" es una ley-base, es decir que solo provee las grandes líneas para la reforma litúrgica, sus principios básicos, dejando la aplicación práctica de tales principios al "Consilium" futuro y a las comisiones litúrgicas nacionales y diocesanas. El texto de la constitución conciliar (al igual que todos los demás documentos emanados del Concilio) admite dos lecturas paralelas: (a) una perfectamente tradicional, afirmando principios ortodoxos, pero que carecen de aplicación práctica; y (b) una modernista, que introduce los principios revolucionarios en germen y asegura la posterior evo lución en sentido progresista. El texto, pues, en su conjunto, está lleno de equívocos "sabiamente" calculados: Los principios tradicionales son inmediatamente corregidos por un "pero" o un "sin embargo" que abren la puerta a las innovaciones. Por eso mismo el documento es en sí mismo, contradictorio: permite lo que acaba de asegurar que no puede ser permitido, afirma lo que dice no puede ni debe ser afirmado. .. Esta es la razón por la cual se pueden citar párrafos distintos de la misma constitución para defender dos posiciones opuestas. En razón de ésto, para conocer exactamente cuál de ambas partes, la tradicional o la modemista, es la verdaderamente intenta da por los redactores del texto conciliar, hay que recurrir (como los mismos progresistas han hecho) al espíritu en que fue redactada.


¿ Cuál era, pues, este espíritu? Lo podemos conocer a través de las intervenciones de los Pa dres Conciliares reconocidos como expertos en materia litúrgica. Estos fueron los que guiaron la opinión de los demás Padres.


El ala progresista del Concilio contaba entre sus miembros a gran cantidad de obispos misioneros en Asia y Africa. Entre ellos Mons. VAN BEKKUM, quien afirmó la importancia de la "espontaneidad" en la liturgia y propuso "cristianizar" las fiestas paganas; Mons. D'SOUZA (India), que destacó la necesidad de "incorporar los ritos autóctonos" (es decir paganos) en el ritual de los sacramentos (dicho anhelo se ha realizado sobradamente en el actual rito Hindú de la Misa), y asimismo, la necesidad de "hacer la liturgia inteligible", introduciendo sin restricciones el uso de la lengua vemácula; Mons. NAGAE, a su vez, protestó por la manera "demasiado occidental" en que se presentó el cristianismo en Japón, y de allí, afirmó la urgencia en simplificar los ritos, eliminar las genuflexiones "propias de la cultura occidental" (!) y los numerosos signos de la Cruz (¿también demasiado "occidentales"?). Pero la proposición más interesante fue la efectuada por Mons. DUSCHAK (Filipinas): la necesidad de elaborar una misa "ecuménica", modelada sobre la Última Cena (en otras palabras, reducir la misa a la cena protestante, reducir el Sacrificio verdadero a un simple memorial). Con una ejemplar falta de lógica, al ser preguntado si sus fieles le habían solicitado tal cosa, respondió: "No, incluso pienso que se opondrían, así como se oponen numerosos obispos. Pero si se la pudiese poner en práctica, creo que acabarían por aceptarla".


Un hecho basta para poner en claro cuál era el espíritu que animó estas primeras sesiones del Concilio: Al tomar la palabra el anciano Cardenal OTTAVIANI para protestar contra semejantes desatinos (éstos y otros más, puesto que los ya mencionados no son los peores), por orden del cardenal ALFRINK, en ese momento presidente de la sesión, le fue cortado el micrófono y debió sentarse nuevamente, entre las risas y aplausos burlones de gran parte de los Padres Conciliares.


Poco antes de que acabara el Concilio, se habían aprobado, a título experimental, y como lógica consecuencia de "Sacrosanc tum Concilium", tres fórmulas de misa distintas, en las cuales la totalidad de la misa, incluso el Canon, debían decirse en voz alta, en lengua vulgar (vernácula) y de cara al pueblo.


ERRORES PARTICULARES DE LA CONSTITUCIÓN CONCILIAR
Como ya hemos dicho, constituye solamente una ley básica, cuya aplicación práctica, particularizada, será llevada a cabo posteriormente por una comisión especial creada a tal objeto. Asimismo, constituye un compromiso, un equilibrio momentáneo e inestable, entre el conservadorismo y el progresismo... Equilibrio éste que el futuro "Consilium" se encargará de destruir. Inaugura una transformación fundamental de la liturgia, anunciando la revisión del rito de los sacramentos (en especial de la Misa, del Bautismo y de la Confirmación) y de los sacramenta les, y la elaboración de un rito de concelebración.


El principio director de toda la reforma litúrgica es el ECUMENISMO: el mismo prefacio de la constitución habla de la Liturgia como un medio para promover el ecumenismo. De allí surge la imperiosa necesidad de reformar el rito de la Misa, abandonando el codificado por el Papa San Pío V, que es la máxima afirmación de la Fe Católica, y que justamente por ello, constituye el máximo impedimento al ecumenismo protestantizante.


Sienta el principio, asimismo, de que la liturgia debe adaptarse a los tiempos modernos, y con ello, afirma también la necesidad del cambio, la necesidad de la evolución de la liturgia; en pocas palabras, instaura la revolución permanente en el seno de la liturgia.


Otro error es destacar excesivamente, hasta darle la primacía, el carácter educativo-pastoral de la liturgia, lo cual va en desmedro del fin primordial de la misma, que es la gloria de Dios.


Se manifiesta claramente la tendencia biblista, condenada ya numerosas veces por la Iglesia.


Se consagra como principio la ultra-participación activa de los fieles en el rito litúrgico: lo cual se transforma en comunitarismo y culmina en el culto del hombre. Todo esto se encuentra envuelto en la más perfecta de las ambigüedades.


LOS ERRORES DE PISTOYA EN MATERIA LITÚRGICA
Los errores germinales de la "Sacrosanctum Concilium" y su explosión "primaveral" en la nueva liturgia son de una semejanza sorprendente con los errores condenados por PÍO VI en la Bula "Auctorem Fidei". Para darse cuenta basta la simple enumeración de las proposiciones condenadas, en materia litúrgica, del conciliábulo de Pistoya:


1) la XXVIII, que da a entender que falta una parte esencial del Sacrificio en las Misas en las cuales nadie comulga (excepto el sacerdote), Denzinger N° 1528 ;


2) la XXIX, que omite deliberadamente la palabra transubstanciación, Dz 1529;


3) la XXX, que califica de error la creencia en el poder del sacerdote para aplicar el fruto especial del Sacrificio a una persona en particular, Dz 1530;


4) la XXI, que declara conveniente y deseable que no haya en cada iglesia sino un solo altar, Dz 1531;


5) la XXXII, que prohíbe poner reliquias de santos o flores sobre el altar, Dz 1532;


6) la XXXIII, que manifiesta el deseo de ver la liturgia vuelta a una mayor sencillez de los ritos, expuesta en lengua vulgar y pronunciada en voz alta, Dz 1533;


7) la XXXIV, que insinúa la necesidad de reformar el rito de la penitencia "para verse libre de las sutilezas que en el decurso del tiempo se le han añadido", Dz 1534;


8) las LXI, LXII y LXIII, que condenan la adoración de la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, especialmente de Su Sacratísimo Corazón, Dz 1561- 1563;


9) la LXIV, que tacha de superstición la eficacia que se ponga en determinado número de preces y piadosos actos (contra las indulgencias), Dz 1564;


10) la LXVI, que afirma que sería contra la práctica apostólica y los consejos de Dios el no procurar al pueblo modos más fáciles de unir su voz con la voz de toda la Iglesia, Dz 1566;


11) la LXVII, que hace de la Sagrada Escritura la fuente casi exclusiva y necesaria de la vida cristiana (con las lógicas consecuencias en el ámbito de la liturgia), Dz 1567;


12) las LXIX y LXX, que reprueban el culto especial que los fieles tributan a las imágenes, Dz 1569-1570;


13) la LXXI, que prohíbe distinguir las imágenes de la Santísima Virgen por algún título que no diga mención a los misterios mencionados expresamente en la Sagrada Escritura, Dz 1571;


14) las LXXIII y LXXIV que enuncian, respectivamente, que la institución de nuevas fiestas (o sea, posteriores a la "edad apostólica ") ha sido un descuido de la Iglesia, y que se han de suprimir las fiestas de precepto, trasladándolas al domingo, Dz 1573-1574;


15) la LXXXIV, que pretende que únicamente debe existir la orden de San Benito, uno o dos sacerdotes por monasterio y que se deben decir solamente una o dos misas cotidianas en cada convento, al mismo tiempo que se recomienda la concelebración, Dz 1584-1591.


LA HEREJÍA ANTILITÚRGICA SEGÚN DOM GUERANGUER
Se trata de un resumen de la doctrina y práctica de la secta antilitúrgica respecto a la "depuración" del culto por ellos pro clamada. Dichas observaciones abarcan especialmente el período que va del siglo XVI al XIX. Lo sorprendente es la correspondencia de muchos de estos principios con los contenidos implícita o explícitamente en la Constitución litúrgica y en la nueva misa.


l. El odio de la Tradición tal como se encuentra en las fórmulas del culto divino.


2. Sustituir las fórmulas de es tilo eclesiástico (en el sentido más profundo de la palabra) con lecturas de la Sagrada Escritura.


3. Fabricar e introducir fórmulas nuevas (ya que no pueden siempre someter la Sagrada Escritura a sus propósitos).


4. Una habitual contradicción con sus propios principios.


5. Quitar de la liturgia todas las ceremonias y todas las fórmulas que expresan los misterios de la fe.


6. Extinción total del espíritu de oración, de la unción propia de la liturgia católica.


7. Supresión de los intermediarios en el culto: calendario litúrgico sin Santos.


8. Uso de la lengua vernácula en el culto divino.


9. Liberación de la fatiga y molestias que imponen al cuerpo las prácticas de la liturgia. Disminución de las oraciones públicas y particulares.


10. Odio a la institución papal ... y al poder papal.


11. Supresión del sacerdocio: todos, aun los "ministros", se transforman en laicos.


12. Sumisión del culto, así como toda la religión, al poder secular.


Todos estos principios se encuentran en la práctica actual de la Iglesia. Evidentemente no en el mismo grado y con la misma claridad (. .evitemos las conclusiones simplistas). Pero están allí, dirigiendo toda la reforma.


Que los nueve primeros se encuentran, basta leerlos para darse cuenta. Que también se encuentran los tres últimos, un simple razonamiento lo demuestra.


La colegialidad, el gobierno democrático, especialmente a través de las Conferencias episcopales, han debilitado totalmente el poder papal.


La supresión del sacerdocio se opera, no por un decreto, sino gradualmente: los sacerdotes se secularizan (total o parcialmente) hasta confundirse con los laicos; o, lo que lleva al mismo término por la vía contraria, los laicos se "sacerdotalizan" .


Finalmente, el "ecumenismo político" y la "Ostpolitik" del Vaticano se ocupan de someter la religión y el culto a los poderes temporales, ya liberales, ya comunistas.


¿Cómo pudo llegar la Iglesia a caer en lo que durante tantos siglos combatió y condenó? Misterio de iniquidad. Pero, ¿cómo puede alguien afirmar que los principios de la reforma litúrgi cacontenidos ya en el Conci lioson católicos? Misterio de necedad e ignorancia. El pecado y la ignorancia, los dos males con que todo hombre nace, y el rechazo de la gracia, tales son las explicaciones últimas de la liturgia actual.


"Quien siembra el viento, cosecha la tempestad".


"Cosechando la tempestad"


EL "CONSILIUM", ORIGEN DE TODAS LAS DEMÁS REFORMAS LITÚRGICAS
Cuando se considera, aun brevemente, la evolución del Movimiento litúrgico desviado, se tiende a considerar la constitución "Sacrosanctum Concilium" como el punto de llegada, el término de aquélla evolución. ¡Nada más lejos de la verdad! Para los innovadores la constitución es, por el contrario, sólo un punto de partida bastante imperfecto, incluso "conservador", y como tal, pronto será dejado de lado.


En efecto, la constitución es sólo el documento inicial en el cual se apoyarán para introducir las reformas siguientes. Al sucederse los documentos elaborados por el "Consilium", cada nuevo paso se basará, no ya en la constitución conciliar, sino en el documento inmediatamente anterior de modo tal que, con sorprendente rapidez, las reformas habrán ido mucho más lejos de lo que permitía suponer la letra de "Sacrosanctum Concilium".


Los innovadores invocarán siempre el espíritu del Concilio más que su letra. Y aunque pueda sorprender, ello es coherente: la letra es ambigua, pero el espíritu, como hemos visto, es absolutamente claro. Ateniéndose a él, sus reformas no serán más que el desarrollo extremo de los principios aceptados por los Padres Conciliares.


EL "CONSILIUM"
Pablo VI en 1964, en el "motu proprio" "Sacram Liturgiam", creó el "CONSILIUM AD EX SEQUENDAM CONSTITUTIO NEM DE SACRA LITURGIA", la comisión para poner en práctica la constitución conciliar sobre la liturgia, encargándole la re visión de los ritos y libros litúrgicos, y en general, la aplicación práctica de los principios enunciados por "Sacrosanctum Concilium".


Este "Consilium", desde el comienzo de su actuación (y hasta su disolución en 1969, acabada su tarea de destrucción), irá gradualmente desposeyendo de sus poderes a la Sagrada Congregación de Ritos (pronto convertida en la Sagrada Congregación para el Culto Divino).


En su organización sus miembros se repartirán en dos grandes grupos: primero, el "Consilium" oficial, con sus integrantes elegidos por el Pontífice y en su mayor parte formado por personajes eclesiásticos reconocidamente comprometidos con el Movimiento Litúrgico; y en segundo lugar, los consultores y expertos, elegidos por el "Consilium ", quienes serán los que realicen efectiva mente las reformas, presentadas luego al Pontífice a través del "Consilium" oficial (en este grupo se encuentra la "crema" del Movimiento Litúrgico). La comisión encargada de la reforma del "Ordo Missae" contaba además con la presencia de seis observa dores protestantes. Se ha negado que tuvieran alguna intervención activa en dicha reforma, pero Mons. BAUM (integrante de la conferencia episcopal de Estados Unidos y miembro del "Consi lium") ha confirmado lo contra rio: "No están allí simplemente como observadores, sino también como consultores, y participan plenamente en las discusiones sobre la renovación litúrgica ca tólica".


OBJETIVOS DEL "CONSILIUM"
El objetivo principal del "Consilium" fue fijado por el mismo Pablo VI: "Hacer la liturgia más pura, más genuina, más próxima a sus fuentes de verdad y gracia, más apta para ser patrimonio espiritual del pueblo".


De tales errores ya condenados por sus antecesores (arqueologismo, comunitarismo, preocupación excluyente por la "inteligibilidad" de los ritos), planteados como principios rectores y como meta de las reformas, sólo podían surgir los frutos que hoy vemos.


Annibale BUGNINI, secretario del "Consilium", maestro consumado en estos menesteres, ha ex puesto claramente el método y los objetivos de los reformado res: "Para que el paso de lo viejo a lo nuevo ocurra sin solución de continuidad, sin repentinos contrastes o perjudiciales retrocesos, sino por medio de una lenta y gradual y natural evolución hasta la perfecta restauración de toda la maravillosa obra maestra, que es la sagrada liturgia".


Toda la acción del "Consilium" se basará sobre principios erró neos:


-el regreso a las fuentes, el arcaísmo o arqueologismo denunciado por Pío XII en MEDIATOR DEI: destruir la Tradición viviente para reconstruir artificialmente estructuras ya muertas;


-La desacralización, consecuencia forzosa de ese primitivismo artificial, que en vez de revalorizar lo sagrado, conduce hacia lo profano;


-la obsesiva preocupación por la inteligibilidad de los ritos, que lleva implícito el desprecio hacia la capacidad intelectual de las generaciones anteriores y que bajo la apariencia de facilitar la comprensión, lleva irremisiblemente hacia una simplificación tal, que nos considera como una gene ración de retardados;


-el comunitarismo, la alteración y sobrevaloración de la importancia de la comunidad, y que en realidad es más el culto de las masas propio del comunismo que un verdadero espíritu comunitario;


-el activismo, las manifestaciones meramente físicas de la participación en los ritos, considerándolo lo único importante, el único signo por el cual se valora la espiritualidad de una comunidad;


-Todos estos errores confluyen en uno solo: la substitución pro gresiva del culto de Dios por el culto del hombre.


LA OBRA DEL "CONSILIUM"
Haciéndose eco de las palabras de Lutero ya citadas, "Destruid la Misa; y destruiréis la Iglesia Católica", los reformadores comenzaron inmediatamente su tarea: en poco menos de tres meses, ya se había elaborado un nuevo rito para la concelebración y para la comunión bajo las dos especies, a la vez que se estaban realizando las primeras concelebraciones "ad experimentum".


¿Cómo explicar un trabajo tan veloz y prolífico? No ciertamente por un milagro de espontaneidad y esfuerzo, sino más simple mente: en realidad, son los frutos largamente madurados del movimiento litúrgico desviado, son documentos que ya muchos años antes habían sido pensados y planeados hasta en sus mínimos de talles.


Los documentos se irán sucediendo: las Instrucciones "INTER OECUMENICI" (septiembre de 1964) y "TRES ABHINC ANNOS" (mayo de 1967) son las más importantes por los poderes en materia litúrgica que conceden a las conferencias episcopales (reafirmando la falsa colegiali dad) y, especialmente, por las re formas que introducen en el "Ordo Missae", acentuando el sentido protestante que se quiere dar a la Misa: con el canon en voz alta, se quiere convertir a la consagración en el relato de la Cena y no ya en la renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz; con la supresión de los gestos de adoración (genuflexiones, ósculos) se tiende a disminuir la fe en la Presencia Real de Cristo en las especies consagradas.


Según Bugnini, todas estas reformas introducidas en el "Ordo" carecían de importancia, eran mínimas y -el mismo Bugnini lo reconoce- agradaban a los interesados en el movimiento litúrgico: (las reformas) "se refieren, por lo general, a las ceremonias que reclaman una mayor agilidad, debido a que la celebración en lengua vernácula y, frecuentemente, frente a la asamblea, hace que algunos gestos resulten anacrónicos y superfluos y que, por lo tanto, sobre todo en algunos ambientes donde ha aumentado el interés por la liturgia, provoquen incomprensión y fastidio".


Las palabras de Bugnini son, en cierto modo, válidas: la Misa, con tantas alteraciones, mutilaciones y reformas, en sus oraciones y gestos simbólicos, con tan tos cambios físicos que la rodean (altar separado, celebración cara al pueblo, supresión del tabernáculo en los altares, etc.), se había convertido en un híbrido irreconocible, y estaban dadas las condiciones necesarias para reemplazarla por un nuevo ordenamiento del rito.


El Padre Bugnini elaboró una nueva misa que, bajo el nombre de MISA NORMATIVA, fue presentada al Sínodo de los Obispos reunidos en Roma, en octubre de 1967, y fue adoptada por una mayoría de 71 votos simple mente afirmativos, más 62 afirmativos "iuxta modum" es decir, con ciertas reservas. Tales reservas, que han hecho creer a algunos que dichos votos eran negativos, en realidad se referían a cuestiones secundarias, sin alterar de ningún modo ni el ordenamiento, ni las oraciones de la Misa.


Esta Misa normativa retocada, será el "NOVUS ORDO MISSAE" impuesto en 1969.


Este proceso de descomposición de la Misa será acompañado y completado por uno semejante en los ritos de todos los sacramentos y sacramentales.


CONCLUSIÓN
Este rápido pantallazo nos ha permitido ver cómo los errores destructores de la Liturgia han entrado y señorean en la Iglesia desde los albores de la reforma de los sacramentos. Es un cáncer que ha penetrado en el cuerpo místico y se ha apoderado, a la manera de una leucemia, del flu jo vital de éste, la Liturgia. Es un cáncer que progresa e intenta hacer metástasis en los órganos vitales, los sacramentos. Uno por uno estos órganos vitales irán ca yendo bajo su poder.

lunes, 14 de febrero de 2011

Mexicanos en Utah denuncian racismo en mormones

Un grupo de ciudadanos pidió al gobierno de México suspenda el otorgamiento de visas a misioneros mormones, debido a que legisladores de esa fe respaldan proyectos de ley antiinmigrantes.



Un grupo de ciudadanos mexicanos de Utah pidió en Salt Lake City que el Gobierno de México suspenda el otorgamiento de visas a misioneros mormones, debido a que legisladores de esa fe respaldan proyectos de ley antiinmigrantes.

"Exigimos que el Gobierno mexicano no reanude la emisión de las visas hasta que la jerarquía de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días (mormones) públicamente pida a sus miembros electos como representantes que no introduzcan propuestas de ley que atenten contra los derechos humanos de los inmigrantes" , declaró Raúl López Vargas, portavoz del grupo.

López Vargas, exvicepresidente del Centro Cívico Mexicano de Utah, basó su pedido en el hecho que tanto el senador estatal Russell Pearce, de Arizona y patrocinador de la ley SB1070, como el representante estatal Stephen Sandstrom, de Utah y autor de una propuesta similar para este estado, son mormones.

"Queremos que la Iglesia mormona manifieste pública y categóricamente su compromiso para promover y exigir que el Congreso en Washington D.C. apruebe una pronta reforma migratoria justa, humana y comprensiva. Y sabemos que esto es posible porque la Iglesia Mormona tiene la capacidad moral y de convocatoria para hacerlo" , expresó López Vargas.

La posición oficial de este grupo religioso, según se expresa en su página en Internet, es la de "neutralidad" o "imparcialidad política" con respecto al tema de la reforma migratoria, aunque las autoridades de la Iglesia mormona piden "compasión" hacia los inmigrantes.

Pero para López Vargas ese silencio oficial por parte de la principal organización religiosa de Utah puede ser malinterpretado como "una velada aprobación" de las leyes impulsadas por los legisladores mormones e incluso, como "un evidente consentimiento" de esas leyes.

Por su parte, Tony Yapias, practicante de la religión mormona y presidente del Proyecto Latino de Utah, consideró como "equivocada" la estrategia de López Vargas debido a que "altera la vida de jóvenes que solamente quieren cumplir con los requisitos de su iglesia" .

Yapias reconoció que la dirigencia mormona debería expresarse "sin ambigüedad" en contra de leyes antiinmigrantes, y que el no hacerlo genera "malos entendidos" sobre la posición oficial de esa iglesia.

Y añadió que restringir la llegada de misioneros mormones a México es "transformar a esos misioneros en una herramienta para resolver el problema migratorio" .

LA VIRGEN MARÍA Y LOS SANTOS DEL SILENCIO



Es notable el silencio de los cuatro evangelistas acerca de la Virgen María, después de la Resurrección.
El mismo San Lucas, que describe la historia de la Iglesia en sus primeros años, no nos dice que la Virgen María más que Ella estaba con los discípulos los días de la venida del Espíritu Santo.
Nuestra Señora sabía que su labor consistía entonces, en el silencio y en la oración.


Y llegó el domingo de Pentecostés -diez días después de la Ascensión, 50 días después del Domingo de Resurrección- y vino el Espíritu Santo. Llegó como una tempestad sobre los discípulos, para llenarlos de amor, de fuego y de verdad. Para todos ellos ésta era la primera ve. Para la Virgen María era la segunda.


La primera venida del Espíritu Santo para Ella fue cuando era casi una niña, cuando le contestó al ángel: "Hágase en mí según tu palabra".
Y entonces, Ella empezó a ser la Madre de Dios.
Hay un contraste notable entre el Pentecostés de los Apóstoles y el Pentecostés de la Virgen María. Para los Apóstoles fue como un latigazo fantástico que los lanzó incontenibles a la proclamación del Evangelio en todo el mundo. Para la Virgen María, en cambio, el Espíritu Santo fue el Espíritu del silencio.
Desde Nazaret, el día de la Encarnación, Nuestra Señora, llena del Espíritu Santo, guarda el silencio más sublime que nunca haya guardado persona alguna. Posee el secreto más grande de la historia: la venida de Dios al mundo. Pero la Virgen María calla. Calla aun a costa de su propia honra
María, la Virgen del silencio. Ni una palabra, ni una alusión al imponente secreto en aquellos largos años en Nazaret.


Y ahora llega otra vez el Espíritu Santo. Llega para lanzar a la Iglesia naciente a la conquista de las almas, a la enseñanza del Evangelio, a la proclamación mundial de la salvación de Cristo. Llega con el don de lenguas, porque ha llegado la hora de hablar, la hora de hacer resonar el Evangelio hasta en los confines de la tierra.


Sin embargo, la Virgen María, desde ese momento guarda un silencio todavía más profundo: desaparece totalmente de los relatos sagrados.
Es el mismo Espíritu Santo que a unos comunica el don de lenguas y a Ella, el don del silencio.


Como a la Virgen María, hay muchos católicos en todos los tiempos, que el Espíritu Santo ha conducido por el camino oscuro del silencio. Son los santos del silencio. Aquellos que no han hecho milagros, ni han organizado grandes cosas. Los que dan un testimonio de Cristo todos los días desde la monotonía -aparente- de sus vidas. Los que cumplen la voluntad de Dios en todos y cada uno de los momentos triviales de su vida. Ahí encontramos a los que abren y cierran las mismas puertas, los que andan las mismas calles, los que trabajan en las mismas oficinas y los que usan las mismas herramientas; las que quitan el polvo diariamente de las mismas cosas, entran y salen de la misma cocina y se sientan con la aguja en la mano junto a la misma ventana. Son, en resumen, los que han recibido el don maravilloso de hacer todo lo que hacen diariamente, sirviendo a Dios y amando a Dios.
Lo mismo que la Santa Virgen.
Forman la reserva del Cristianismo. Son los católicos del silencio: el técnico del taller y la monjita de clausura, la madre de familia y la enfermera del hospital. El mundo apenas sabe nada de su vida, como nosotros apenas sabemos nada de la vida de la Virgen María. Pero Dios lo sabe. Lo sabe el Espíritu Santo que los ha colocado en la zona sublime del silencio fecundo, para conseguir las gracias de Dios sobre todos los que hablamos muchas palabras y garabateamos muchas letras, casi siempre exageradamente.


Aquella mañana de Pentecostés, por las plazas de Jerusalén, los Apóstoles están alcanzando un éxito enorme. Mientras tanto en una calle cualquiera, camina desapercibida la Virgen María... quizá con la canasta del mandado en sus brazos.


Ella, la persona más excelsa de la creación, va por esas calles ganando las gracias necesarias para las miles de gentes que se convierten ese día al cristianismo mientras oyen a San Pedro hablar en griego, en hebreo, en arameo, en árabe, en latín y en que se yo cuantos idiomas más...






Pedro María Iralagoitia
María, el Carpintero y el Niño
2ª Edición Española
México, 1967

sábado, 12 de febrero de 2011

EL VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA SIGLOS XVI, XVII Y XVIII

A MANERA DE PRÓLOGO Y ADVERTENCIA
Para entender la historia de nuestro país, México, y adquirir la Conciencia Histórica necesaria e indispensable en esta época de principios del tercer milenio, signada por la confusión inducida, por mentes ajenas, en el pueblo mexicano con respecto a su origen, sus valores morales y su futuro como nación respetable, hemos de situarnos en el momento de su nacimiento: la Conquista de Hernán Cortés.
Es común encontrarnos con intelectuales que han leído a los cronistas antiguos y modernos de la Conquista del siglo XVI, que repiten sin embozo los errores de la historia oficial y de los historiadores a sueldo del Sistema.
La mayor parte de los historiadores extranjeros y sus corifeos nacionales, continúan dando alas a la LEYENDA NEGRA antiespañola que apareció en las provincias italianas del siglo XVI y continuó en los países que adoptaron el protestantismo luterano, anglicano y calvinista en ese mismo siglo. Ellos quitaban la intención evangelizadora en la Conquista del Nuevo Mundo y “aparecía el caso de un pueblo poderoso que se enfrenta a pueblos débiles, los vence, los explota lo más posible, y de este modo acrecienta su patrimonio”, es esta concepción, el aspecto religioso pasa a ser anecdótico o también, resultado del “atraso secular” de España. El pragmatismo económico de los pueblos nórdicos protestantes coloca en primer término de toda actividad humana a la ganancia monetaria sobre el ideal religioso. No podían entender el espíritu todavía medieval de la Cristiandad española. A ellos se sumaron los escritos fantasiosos de Bartolomé de las Casas, un caso especial de distorsión de la Historia.
Por tanto, siguiendo la Verdad Histórica nuestra conciencia nos obliga a adecuar nuestro ser contemporáneo al momento de la Conquista militar y espiritual de Nuevo Mundo; a las ideas y acciones que se tomaron desde las últimas décadas del siglo XV y las primeras del XVI. Ser consciente de nuestra historia, es tratar de entender aquella gesta única, despojarnos de nuestros prejuicios más comunes hoy en día como son: el subjetivismo protestante, el romanticismo decimonónico, el pernicioso indigenismo, el materialismo dialéctico y el pragmatismo económico que ensombrecen la mente de casi todos los pensadores contemporáneos, principalmente, los que se refieren a la historia de la Conquista española.
Nuestra conciencia histórica nos revela, también, que a pesar del paso de los cinco siglos que nos separan de los actores de aquella epopeya, nos une con ellos, el hilo conductor de la misma religión y de la misma cultura.
Es por esto, que no nos es difícil encofrarnos en personajes como Hernán Cortés y sus capitanes; en Fray Toribio de Benavente Motolinía y los evangelizadores, en Bernal Díaz del castillo y los numerosos cronistas que dejaron sus memorias de aquel acontecimiento.
Como resultado de la Conquista y los tres siglos del Virreinato, los nativos americanos fueron arrancados de su oprobioso paganismo carente de toda caridad para con sus semejantes, de su aislamiento milenario y fueron puestos en la corriente de la civilización cristiana, a diferencia de lo que hicieron los colonizadores protestantes, quienes en la regiones donde se asentaron, eliminaron sin más a las poblaciones nativas.
Está claro que entre los conquistadores hubo actos heroicos, edificantes, caritativos y sombríos, características éstas, inherentes al ser humano. Que el choque que se produjo causó muchos perjuicios a los pueblos conquistados, de acuerdo, pero también España se despobló de sus mejores hijos, de los más valientes, de los más emprendedores, de los que se atrevieron a cruzar el océano tormentoso sin miedo a la muerte.
Con la Conquista española del siglo XVI comenzaron a nacer sociedades construidas sobre tierras y pueblos dispares; se ensanchó el mundo occidental poniendo los fundamentos de nuevas naciones afines a la gran cultura mediterránea greco-latina. Durante trescientos años, el Imperio español católico englobó a individuos de todas las razas humanas bajo una misma religión, un mismo idioma y una misma manera de ver la vida.
También, hay que recalcar que por trescientos años que duró el Imperio español en América, no se necesitaron ejércitos militares porque no hubo guerras. ¡Caso único en el mundo! Solamente las milicias situadas en diversos puntos del inmenso territorio mantuvieron el orden y los castillos fuertes de los principales puertos defendieron a la población de los ataques de los piratas ingleses y franceses.
La gran mayoría de los españoles que participaron en la Conquista y poblamientos del siglo XVI se quedaron para siempre en los territorios americanos y mezclaron su sangre con los nativos formando razas nuevas. De los cientos de miles que se asentaron en el Continente, a lo largo de trescientos años, los hispanoamericanos contemporáneos somos sus descendientes.
Hay por tanto, una continuidad cultural y también genética entre los hispanoamericanos actuales y los habitantes de la España actual. La misma religión, iguales nombres y apellidos, el mismo idioma castellano, costumbres y afinidad mental, salidos todos de la cultura latina original.
En cambio, esa continuidad no la tenemos con los pueblos nativos anteriores a la Conquista, aunque en cierta medida la haya en lo genético. Para el mexicano e hispanoamericano actuales, las culturas prehispánicas son tan ajenas como para cualquier otro individuo contemporáneo.
La historia de esas culturas prehispánicas no es nuestra historia; la nuestra comienza en el siglo XVI. México no existía antes de la conquista de Hernán Cortés. Comienza a formarse en 1521 con la caída del poder culúa y la prisión de su último monarca Cuauhtémoc.


ANTECEDENTES DEL IMPERIO Y DE LA HISPANIDAD
EL IMPERIO ESPAÑOL


Muchos años antes de Carlos I de España y V de Alemania, durante la época visigótica en la Península Ibérica hubo uno de sus reyes que habiendo conquistado casi todo el territorio peninsular le llamaron “emperador”; siglos mas tarde, en 1256-57 al rey Alfonso X el Sabio la ciudad de Pisa le ofreció el Sacro Imperio Germánico y al año siguiente fue elegido Emperador, pero sin llegar nunca a poseerlo.
La idea del Imperio surgió una vez más con la unión de los Reinos de Castilla y Aragón en las personas de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, tanto fue así que el gramático don Antonio de Nebrija al entregarle a la reina doña Isabel su nueva gramática castellana y el diccionario latín-castellano llegó a decirle: “Alteza, la Lengua es compañera del Imperio”
Con la expulsión de los judíos, la derrota de los musulmanes del Reino de Granada y el Descubrimiento del continente americano por Cristóbal Colón el imperio se concretaba, solamente faltaba la persona que fuese su cabeza.
En 1519 recayó la elección en Carlos de Habsburgo, nieto del emperador Maximiliano I de Alemania y María de Borgoña; del rey Fernando de Aragón y de la reina Isabel de Castilla.
Carlos V de Alemania fue emperador de todas las posesiones que le heredaron sus abuelos pero, siendo Rey Carlos I de España y habiendo abdicado el título de emperador en su hermano don Fernando, sus sucesores los reyes españoles nunca se nombraron emperadores de España; sin embargo, el conjunto de tierras y países gobernados por los reyes de España fueron designados como Imperio Español, y sus posesiones reinos y provincias de ultramar. El apogeo del Imperio Español estuvo entre los años de 1580 y 1640, por la inclusión en la persona del Rey don Felipe II, del llamado Imperio Portugués.
“La idea tradicional de Imperio exige que sus miembros constituyan una sola familia, unidos por el culto a un mismo Dios, la misma cultura, la misma economía”, escribió don Alfredo Sáenz. Esa fue la idea de los Reyes Católicos al recibir del Papa Alejandro VI la misión de evangelizar a los naturales de las tierras recién descubiertas y de tratarlos como súbditos, en contestación a sus dudas morales sobre los derechos de soberanía, que los monarcas españoles tendrían a partir del Descubrimiento.


Doña Isabel deja consignado en su Testamento que: “Nuestra principal intención fue, de procurar inducir los vecinos y moradores de dichas islas a nuestra santa fe Católica y enviar a dichas islas y tierras firmes, prelados y religiosos y otras personas temerosas de Dios para los instruir, los adoctrinar y enseñar buenas costumbres….” Y suplica a sus sucesores que ése sea el principal fin de la Conquista y población de las nuevas tierras.
La idea imperial estaba clara; era la compenetración de los dos poderes que durante la Edad Media habían gobernado a los pueblos de Europa dando por resultado la construcción de la Cristiandad. En el caso de la naciente España Imperial era la Cristiandad pero con sello español
La Cristiandad europea, entibiada por el Humanismo y el Renacimiento en los países europeos del siglo XV, se robustecía en los Reinos de Castilla, Aragón y Navarra libres ya del judío y del moro; verdaderos tumores extraños a la Fe y sentir de los españoles. Nacía un desconocido patriotismo imperial formado por: una sola familia poblacional, un mismo culto a Dios, igual cultura e iguales intereses económicos. A ese, antes desconocido patriotismo, hemos de llamarle HISPANIDAD.


LA HISPANIDAD
La Hispanidad va a aglutinar en un mismo ideal a los pueblos del Reino de Castilla y del Reino de Aragón tanto de la península como del Mediterráneo. Ya se puede hablar de “las Españas” o más concretamente de una sola España.
Don Carlos I de España y V Emperador de Alemania en 1519, con su elección, va a abolir las Coronas de Castilla y Aragón para llamar a ambos simplemente España. Sus sucesores los reyes de la Casa de Austria; Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II respetaron los fueros aragoneses hasta su derogación en 1707 por Felipe V primer rey de la Casa de Borbón.
Esta aclaración dinástica nos lleva entender el momento y la finalidad principal del país que se empeñó en la Conquista y Poblamiento de los territorios descubiertos a partir de 1492.
La monarquía, recién nombrada española, va a tener como principal motivo de las exploraciones y conquista de los territorios en el continente americano, la EVANGELIZACIÓN de los naturales y la FUNDACIÓN de pueblos y villas, a ellas, quedaron supeditadas todas las demás actividades humanas. Con este pensamiento aparecieron, providencialmente en 1519, Hernán Cortés y sus seguidores para conquistar y fundar un nuevo país: la Nueva España.


HERNÁN CORTÉS ES CONFUNDIDO CON QUETZALCÓATL
Según la fuente más antigua que se ha encontrado, “Anales históricos de la nación mexicana” escrita en náhuatl en 1528 por autores anónimos de Tlatelolco, relata en su parte final los acontecimientos que se fueron sucediendo a partir del año 13-conejo (1518) la llegada de Cortés y sus capitanes: “entonces fueron vistos los españoles encima del agua”
Año 1-caña (1519), “Los españoles salieron por el rumbo de Tecpan Tlayácac, luego apareció su Capitán, cuando ya estaban en Tecpan Tlayácac fue a darle la bienvenida el Cuetlaxteca, fue a entregarle dos soles de metal precioso, uno de metal amarillo, y otro blanco. También un espejo para colgarlo sobre su espalda, una gran bandeja de oro, un jarro de oro, abanicos, adornos de plumas de quetzal y escudos de concha de nácar”
“Delante del agua (en la playa) se hicieron sacrificios. Por esto mucho se irritó porque le daban sangre en un vaso del águila. Por esto hirió al que le daba la sangre; le dio golpes con su espada. En seguida se desbandaron en desorden los que habían ido a darle la bienvenida. Todo esto, habían llevado al Capitán por órdenes de Motecuhzoma. Había ido a cumplir este oficio el Cuetlaxteca”
En el libro XII de la Obra de Fray Bernardino de Sahagún basado en esas crónicas tlatelolcas cita varios relatos al respecto:
“Era como si pensara que el recién llegado era nuestro príncipe Quetzalcóatl…. Vendrá, tal vez, él para saber de su trono y su solio…. Moctecuzoma envió cinco que lo fueran a encontrar, que le fueran a ofrecer sus dones, los guiaba un sacerdote. Dicen que otra vez ha salido a tierra el Señor nuestro. Id a su encuentro….. poned buena oreja a lo que él os diga. He aquí con lo que habéis de llegar al Señor nuestro, este es el tesoro de Quetzalcóatl. Una máscara de serpiente, de hechura de turquesas. Un travesaño para el pecho hecho de plumas de quetzal. Un collar con un disco de oro en medio. Un escudo con travesaños de oro y concha de nácar”
“También la manta con que se cubre el dios con ribetes rojos, asimismo el cayado de Ehécatl, curvo por arriba con piedras preciosas blancas….”
“A los cinco enviados dio órdenes. Haced acatamientos al Señor nuestro el dios, decidle que os envía el que ocupa su lugar, Motecuhzoma: He aquí lo que te da en ofrenda al llegar a tu casa….”
Al decir de los informantes, el propio don Hernando dejó que los indios le pusieran todo aquello que lo convertía de hecho en una representación viviente de Quetzalcóatl, y a través de sus traductores Jerónimo de Aguilar y Malintzin pudo enterarse de la leyenda del dios que se había ido por el oriente y prometido regresar algún día. A Cortés con sus acompañantes los sahumaban con resinas quemadas, los creían dioses y a los hombres negros que traían, les llamaron “dioses sucios” y trataban de limpiarlos.
Los enviados de la siguiente embajada de Moctezuma trataron de practicar en honor de Cortés el rito de los sacrificios humanos para que bebiera de la sangre recién obtenida de alguna víctima.
El texto de Tlatelolco describe con detalle la reacción de Cortés y sus compañeros: “Cuando los españoles vieron esto sintieron mucho asco, escupieron, se restregaron las pestañas, cerraban los ojos, agitaban las cabezas. La comida estaba manchada de sangre, algunos vomitaron…”
Bernardino de Sahagún en su obra citada asienta “Los que fueron conquistados supieron y dieron relación de muchas cosas que pasaron entre ellos durante la guerra, las cuales ignoraron los que conquistaron. Por cuales razones, me parece, que no ha sido trabajo superfluo el haber escrito los que eran vivos, y ellos dieron esta relación, y personas principales y de buen juicio, y tienen por cierto que dijeron toda verdad”


HERNÁN CORTÉS CREADOR DE LA NUEVA ESPAÑA
En su segunda Carta de Relación, fechada el 30 de octubre de1520, en Segura de la Frontera en esta Nueva España. Cortés pide al Emperador que estas tierras se llamen NUEVA ESPAÑA.
El mismo Cortés, padre y fundador, la bautizó con el nombre más apropiado no solo a sus características físicas y climatológicas, sino a la fisonomía espiritual y a la misión histórica que le estaba reservada:
“Por lo que he visto y comprendido de la similitud que toda esta tierra tiene a España, así en la fertilidad como en la grandeza y fríos que en ella hace, así como en muchas otras cosas que la equiparan a ella, me pareció que el más conveniente nombre para esta dicha tierra era llamarse La Nueva España del Mar Océano; y así, en nombre de vuestra majestad se le puso aqueste nombre. Humildemente suplico a vuestra Alteza lo tenga por bien y mande que se nombre así”


A partir de la caída del poder culúa el 13 de agosto de 1521, Hernán Cortés pone manos a la obra de organizar un nuevo país que está desarrollándose con las continuas pacificaciones, exploraciones y conquistas de más y más pueblos tierras y señoríos indígenas. Para todos los rumbos parten expediciones integradas por los capitanes antiguos y los nuevos aventureros principalmente de las islas antillanas y de España misma. El talento organizador de Cortés, quien había recibido del Emperador el nombramiento de Gobernador, Adelantado y Capitán General, se extiende en todos los órdenes necesarios de la civilización cristiana para nutrir con las instituciones seculares españolas a la nueva criatura: LA NUEVA ESPAÑA DEL MAR OCÉANO.
Se consolida y extiende la Conquista, Se hacen los primeros mapas de la tierra y se inician las investigaciones geográficas y geológicas del territorio.
Se encuentra oro, hierro, cobre, estaño y azufre. Se fabrican pólvora, barcos, cañones, herrajes y armas. Se crea un parque de artillería. Se organizan fuerzas de a pie y de a caballo y se garantiza el orden, la defensa y posesión del país emprendiendo la conquista de los otros señoríos. Se fundan nuevos pueblos y se exploran las costas y los ríos.
Grandes extensiones de tierras se abrieron a los nuevos cultivos, como la caña de azúcar y el trigo, árboles frutales y nuevas plantas, así como toda clase de ganado menor y mayor fueron llegando en los años de gobierno de Cortés. Todo lo abarcaba el genio y la Fe de Cortés. En beneficio directo de los indios, gestionó la venida de los primeros misioneros para que los evangelizaran, civilizaran, cultivaran y los protegieran. Son famosos los 12 franciscanos que llegaron encabezados por Fray Martín de Valencia, del grupo sobresale Fray Toribio de Benavente alias Motolinía. Entre los colegios que fundaron destaca el de Santa Cruz Tlatelolco, para hijos de los cacíques indígenas.
En 1524 Hernán Cortés emprende la exploración a las Hibueras, para “conocer el secreto de la tierra” y para castigar a Cristóbal de Olid por su infidelidad. Lamentablemente la expedición resultó un desastre en la que se perdieron muchas vidas y el propio Cortés estuvo a punto de morir. Fueron dos años desperdiciados. Cuando regresó, a la recién construida capital del reino, volvió a tomar el gobierno pero se le abre Juicio de residencia. En 1526 tiene que entregar la “Vara de mando” al Lic. Luis Ponce de León. A la muerte de Ponce de León, el gobierno quedó en manos sucesivas de Marcos de Aguilar, Gonzalo de Sandoval y Alonso de Estrada.
Cortés es desterrado de la ciudad de México y se marcha hacia Tehuantepec para construir un astillero y varias naves que auxilien a la Armada que García de Loaisa conduce a las islas Molucas. Esas naves sirvieron para que su primo Álvaro de Saavedra Cerón lograra llegar a las islas Molucas (Nueva Guinea) en 1527.
Hay que recalcar que a 6 años de la caída del poder colúa se construyeron barcos que saliendo de las costas del Pacífico atravesaron ese inmenso océano. Ahora, en el siglo XXI, México no tiene astilleros para construir ni un pesquero de regular tamaño.
En 1528 el Emperador don Carlos V, envió instrucciones a Cortés para que viajara a España. Éste salió de Veracruz a mediados de abril cumpliendo con el mandato del monarca. También, a fines de ese mismo año llegó a Nueva España, para gobernarla, la primera Audiencia nombrada por la Corona presidida por Nuño de Guzmán de ingrata memoria, por tantas quejas e injusticias que cometió contra toda la población, incluidos a los parientes y amigos de Cortés a quienes Guzmán arrebató todas sus propiedades y cargos que tenían desde los días de la Conquista.
Cuando Hernán Cortés regresó a Nueva España en 1530 se detuvo en el convento de Texcoco para evitar enfrentamientos con esa 1ª Audiencia, pero los oidores lo pusieron preso junto a los más de cuatrocientos acompañantes que lo habían seguido desde España. Entre agosto de 1530 y enero de 1531 murieron de hambre y enfermedades más de doscientos de ellos entre los cuales estuvieron su hijo Luis y su madre doña Catalina.
El 9 de enero de 1531 entró a la ciudad de México la 2ª. Audiencia, llegó con ellos como oidor Don Vasco de Quiroga, y de inmediato libertaron a Cortés y sus sobrevivientes.
El 12 de diciembre de 1531, es el año de las apariciones de la Virgen María en el cerro del Tepeyac, hecho que marcaría para siempre a los habitantes de la Nueva España.
Cortés se instaló con su mujer doña Juana Ramírez de Arellano y su familia en Cuernavaca y se aprestó a cumplir las capitulaciones firmadas con la Emperatriz Isabel referentes a las exploraciones marítimas al océano Pacífico llamado, en aquel tiempo, Mar del Sur.
Mientras la 2ª. Audiencia gobernaba sabia y pacíficamente, Hernán Cortés desplegó una actividad civilizadora y empresarial increíble: La Audiencia le da posesión de Cuernavaca, Tehuantepec y Tuxtla y las facilidades para sus exploraciones en la Costa del Sur desde 1531 a 1539.
En ocho años organizó seis expediciones marítimas, cuatro de ellas para explorar el litoral del Pacífico norte, descubriendo las islas Revillagigedo y la Península de California hasta la desembocadura del río Colorado, atravesando él mismo en persona dos veces el justamente llamado Mar de Cortés. Sus marinos reconocieron los dos litorales del golfo y la parte exterior de la Península, tomando posesión de todas esas tierras e islas en nombre del Emperador.
Las otras dos expediciones marítimas fueron: una al Perú para auxiliar a su primo Francisco Pizarro en la Conquista de esas tierras y la otra para comerciar con Panamá.
Los astilleros de Tehuantepec trabajaban febrilmente construyendo toda clase de navíos, cuando en agosto de 1539, el primer virrey Antonio de Mendoza tomó el control de ellos y suprimió su actividad.
A principios del año de 1540 Hernán Cortés viajó a España con su hijo Martín el 2º, para responder a su Juicio de Residencia, llegando allá se entera de que no puede volver a Nueva España hasta que el juicio se resolviese. ¡Y nunca se resolvió!
No pudo regresar a la tierra de su conquista y murió el 2 de diciembre de 1547 con todos los auxilios espirituales, en Castilleja de la Cuesta, cerca de Sevilla, cuando intentaba embarcarse para reunirse con su mujer la Marquesa y sus hijas que habían quedado en Cuernavaca.
Su cadáver fue enterrado en el Monasterio de San Isidoro del Campo, Sevilla y trasladado a Nueva España en 1566 por su hijo el 2º Marqués.
Otro de los aspectos que se debe a su espíritu, y que dejó bien asentado, fue el de las instituciones de Caridad o Beneficencia. Como ejemplo, está el Hospital de la Limpia Concepción o de Jesús en la ciudad de México. En la capilla aneja al Hospital se conservan sus restos mortales. Este Hospital fue fundado por él en 1524 y desde entonces, es el único en todo el Continente Americano que no ha dejado de prestar servicios ni un solo día en 487 años.


EL VIRREINATO DE LA NUEVA ESPAÑA
Nuestro propósito de esta exposición referente al Virreinato de la Nueva España es mostrar de manera general y escueta, la importancia invaluable que para el conocimiento del pueblo mexicano tiene estudiar e investigar los tres siglos del Virreinato, cuyos valores han sido los fundamentos de nuestra historia.
No vamos a detallar la vida virreinal, porque ya se han escrito y publicado miles de libros al respecto, simplemente haremos un esbozo del ambiente en que se movieron nuestros ancestros.
El obispo Fray Juan de Zumárraga en sus gestiones ante la Corona recomienda a la persona ideal que debía gobernar el nuevo país: “Debe ser un hombre que por la nobleza de su alcurnia, natural prudencia y experiencia, mejor semejase a la del monarca que representaba, y pudiese poner orden, concierto y buen gobierno….” , en el año de 1535 el Rey Carlos I nombró a don Antonio de Mendoza, de una de las familias más aristocráticas de España, como primer Virrey de Nueva España (El otro Yo del Rey) como alguien acertadamente dijo. Y este fue el sistema de gobierno definitivo por casi trescientos años hasta la Independencia.
La Nueva España no era una colonia, sino uno de los Reinos que formaban el Imperio Español, independiente y al mismo nivel de los otros Reinos, solo vinculado a ellos por la Religión, el idioma y el gobierno de la Monarquía.
Ya hemos visto que el Reino de la Nueva España era gobernado por el Virrey, nombrado directamente por el Rey de España. El Virreinato de Nueva España era el de mayor extensión territorial y el más antiguo de los cuatro que se crearían con los años en el Continente americano. A éste, le seguirían el del Perú, y muy tardíamente el de Nueva Granada y el de la Plata.
Para todo el Imperio Español y en particular para Nueva España su gobernante supremo era el Rey de España. Durante los dos primeros siglos cinco Reyes de la Casa de Austria: Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Y los virreyes fueron 32, desde 1535 a 1701.
En el siglo XVIII y principio del XIX seis Reyes de la Casa francesa de Borbón: Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV y Fernando VII. Y los virreyes fueron 29, desde 1702 al 28 de septiembre de 1821.
En total 61 gobernantes locales; buenos, regulares y algunos malos, pero el Gobierno Civil se ejerció de acuerdo con el Gobierno Eclesiástico, como ya no se hacía en Europa desde el siglo XVI.
Esta sabia combinación de poderes, sin demasiadas fricciones y enfrentamientos pudo conformar una Cristiandad española semejante a la Cristiandad medieval que había creado la civilización europea, dando buenos frutos tanto materiales como espirituales; fomentando la construcción de pueblos y ciudades donde antes había barbarie, explotando las minas y las inmensas tierras incultas, llenando nuestro territorio con obras hidráulicas admirables como los acueductos, algunos de éstos tan increíbles como el acueducto del Padre Tembleque en Otumba de más de cuarenta kilómetros de largo; aún hoy día en pié, con varios de sus arcos de los de mayor altura en el mundo.
Hay que mencionar, la construcción de caminos de la Capital hacia los litorales y hacia el interior y norte del territorio a medida que se engrandecía el país con nuevas Provincias. Muchos de estos caminos eran modelo aún para los países europeos, por su trazado y mantenimiento. La explotación de las minas de plata creo una riqueza sin precedente fomentando la fundación de grandes ciudades y acuñando las monedas que circulaban por todo el Imperio y fuera de él. Floreció el Comercio con las otras provincias continentales, con España y con el Asia hasta donde llegaban las naves construidas en Nueva España; desde aquí se preparó la Conquista de las islas Filipinas y por medio de las naos hubo comunicación con ellas hasta 1815.
El Virreinato permitió y promovió la evangelización y civilización de los naturales trashumantes con las Misiones y los Presidios para proteger los nuevos asentamientos, de los indios bárbaros. Se fundaron todas las ciudades principales de lo que ahora es México.
Desde la ciudad de México se administraban territorios tan lejanos como las Floridas, oriental y occidental, el Nuevo México, la Alta California, toda Centroamérica y las numerosas islas filipinas.
El Virreinato novohispano, con los defectos inherentes a toda obra humana, mantuvo a los pueblos en paz, sin ejércitos porque no hubo guerras, solamente las guardias del Virrey y las Milicias eran necesarias para mantener el orden y sofocar alguna esporádica rebelión.
No obstante las calumnias de los extranjeros, la Iglesia y la Monarquía, desde los primeros años del Descubrimiento y Conquista del continente, se preocuparon constantemente no en proclamar o reivindicar derechos de los súbditos, sino en exigir la observancia y cumplimiento de los deberes de los descubridores, conquistadores y pobladores en sus relaciones con los naturales, plasmándolos en sabias y prudentes leyes y vigilando escrupulosamente su cumplimiento, lo cual lograron con las excepciones inevitables por la caída naturaleza humana. Las ideas fundamentales que los Reyes Católicos y su Consejo tuvieron para el trato con los indios se condensaron en el código llamado “Leyes de Indias” que rigió la vida de los nativos americanos en los dos primeros siglos virreinales.


ORGANIZACIÓN DE UNA NUEVA SOCIEDAD
Hernán Cortés había fundado el primer Cabildo o Ayuntamiento de lo que sería la Nueva España entre el 15 y 25 de mayo de 1519 y con los títulos de Capitán y Justicia mayor gobernó los años cruciales de la Conquista fundando Veracruz, Medellín, Segura de la Frontera (Tepeaca), Coyoacán y la ciudad de México, dotándolas de cabildos para su gobierno y defensa. Muy importante fue ésta por la precaria seguridad de las continuas conquistas y descubrimientos que los capitanes hacían, por su mandato, hacia todos los rumbos de los nuevos territorios.
El historiador don Carlos Martínez Marín escribe en su investigación sobre el tema escribe: “El gobierno de Cortés que duró hasta el 22 de diciembre de 1524, se ocupó de la expansión de la Conquista y su consolidación, el repartimiento de la riqueza mueble e inmueble, de las encomiendas y mercedes de tierras y de la introducción a Nueva España de semillas, frutos, cultivos, herramientas y nuevas técnicas de construcción. Además, reglamentó todos los aspectos de la vida política, con ordenanzas para los Consejos, para los moradores y para la milicia”
Después vinieron cinco años de malos gobernantes incluida la 1ª. Audiencia, a continuación la 2ª.Audiencia con cuatro años de buena administración.
A partir de 1535, con la llegada del primer Virrey don Antonio de Mendoza y los siguientes virreyes, se completó y ajustó lo que se había conquistado en tiempos de Cortés. Se introdujeron en los pueblos de indios los cabildos tal cual ya funcionaban en las villas de españoles y se fue centralizando el poder del Monarca en los territorios americanos. A pesar de la lejanía, este sistema fue lo suficientemente eficiente durante los tres siglos del Virreinato.
“El Virrey era el astro mayor en el gobierno de Nueva España. Su jurisdicción abarcó un inmenso territorio que desbordaba los límites del Reino: desde la Florida en el noreste y Nuevo México en el noroeste hasta la península de Yucatán y la capitanía general de Guatemala, que limitaba con Panamá en el sur. Sus atribuciones eran amplias, todas las que el Rey había delegado como su representante personal: gobernador; presidente en los acuerdos con los otros Cuerpos, capitán general en lo militar y vice patrono de la Iglesia. Pero observando las condiciones en que el Virrey tenía que desenvolverse encontramos los límites de su autoridad”
“Esas amplias facultades de gobierno le permitían atraerse a débiles y poderosos, pues podía otorgar mercedes de tierras como recompensa a servicios personales, conceder pensiones a las viudas e hijos de los conquistadores, nombrar autoridades locales" etc.. Al mismo tiempo sus actos eran vigilados por otras autoridades locales y por particulares celosos o resentidos, que siempre estaban en contra de lo que ordenaba y se quejaban ante la Real Audiencia u el Consejo de Indias. De acuerdo con Virrey, y en ocasiones en contra permaneció la Real Audiencia como otro cuerpo jurídico que equilibraba el poder virreinal.
Había, por tanto una pugna entre el Virrey y la Audiencia, una especie de balanceo pero que excepcionalmente llegó a romperse. Sin embargo, había un tercer cuerpo de gobierno que ni el Virrey ni la Real Audiencia podían ignorar, ni mucho menos contraponerse a él. Este era el poder espiritual que representaba la Iglesia Católica. Muy a pesar del Patronato Real que representaba el Virrey, con el cuál podía y debía ejercer su autoridad sobre el clero secular y las Órdenes religiosas.
En la realidad nunca pudieron los virreyes ejercer esta facultad, ya que los hombres de la Iglesia eran celosos en extremo y sorteaban su autoridad llevando sus quejas directamente al Rey o al Consejo de Indias.
El sistema virreinal de gobierno, con los defectos de toda obra humana, funcionó exitosamente por tres siglos para el bien general de sus gobernados; impidiendo que alguna persona o cuerpo moral abusara de su autoridad. Algo que en los casi doscientos años que llevamos de gobiernos mexicanos, supuestamente independientes, no se ha logrado.
El historiador don Pedro Sánchez Ruiz escribe en su Historia del Reino de la Nueva España:
“Los principios que garantizaban los derechos humanos fundamentales, fueron constante y escrupulosamente observados por la católica Monarquía española en todos los Reinos que constituían el Imperio, y aplicados a todos los súbditos sin distinción de razas o clases sociales, alcanzando, a pesar el de las naturales deficiencias humanas, un grado de perfección superior a todas las otras naciones extranjeras. Firmemente establecida la autoridad que aseguraba el orden, la estabilidad, el progreso y el bien común del Imperio con sus diversos Reinos, estaba sin embargo, por el derecho divino y natural, por las leyes sancionadas por la costumbre y por la certidumbre de cumplir su misión de velar por la salvación de las almas”
La esclavitud fue formalmente prohibida en 1530 y posteriormente por el Real Decreto de 1542 se reafirmó la prohibición bajo cualquier pretexto. El virrey don Luis de Velasco aplicó íntegramente las leyes de libertad de los indios.


LA REAL AUDIENCIA
Era el máximo tribunal de Nueva España, controlaba los actos de las autoridades de todo distrito, a veces de acuerdo con el Virrey y más frecuentemente de manera independiente. Su jurisdicción abarcaba todos los actos de los súbditos del Virreinato; débiles y poderosos. Deshaciendo agravios por vía de apelación, llegó a privar los efectos decisivos de las autoridades temporales y eclesiásticas. La Audiencia concedía a los vasallos del Rey provisiones para librarlos de las sanciones que les imponían los obispos. Los oidores recopilaron las disposiciones más importantes para el gobierno y administración de justicia llamado “El Cedulario de Puga”, proporcionando así el repertorio legislativo que se aplicaba en Nueva España. Después de las decisiones de la Real Audiencia sólo se podía apelar ante el Consejo de Indias.


EL CONSEJO DE INDIAS
Nació el 1519 como parte del Consejo de Castilla; pero en 1524 se constituyó una especie de consejo autónomo, encabezado por un presidente, bajo el cual estaban los consejeros, los fiscales, los abogados y otros oficiales, como un cosmógrafo y un cronista, encargados de reunir la información geográfica e histórica que se juzgaba indispensable para la buena administración de los reinos y provincias de ultramar.


LOS ALCALDES MAYORES
Los Alcaldes Mayores se introdujeron en Nueva España para que se hicieran cargo de la administración de justicia, lo cual era de su especial incumbencia en la Península Ibérica. Sus decisiones eran apelables ante la Real Audiencia, y en lo relativo al gobierno quedaban bajo la autoridad del Virrey, aunque los nombramientos eran dados por el propio Rey. “Los Alcaldes Mayores, a parte de lo jurisdiccional, sus facultades administradoras se extendían a todos los aspectos de la vida: recolectaban el tributo de los indios, vigilaban a los encomenderos a los encomenderos, disponían sobre caminos y transportes, cuidaban de la moral pública y de la religión e intervenían como representantes de las autoridades centrales, en el gobierno local de las ciudades y villas de españoles y de los pueblos de indios” Con los Alcaldes Mayores trabajaron de común acuerdo Los Corregidores.
Los Corregidores se introdujeron para atender la administración de los pueblos de indios que no estaban encomendados, es decir, que tributaban directamente a la Corona.


LOS VISITADORES
Para controlar a los funcionarios públicos, desde la persona del Rey y su Consejo Real hubo dos medios principales: uno de fiscalización y otro de enjuiciamiento.
“La visita se encargaba a un funcionario especial, que se trasladaba a los diferentes Reinos de ultramar y recorría la tierra recabando información y quejas existentes sobre la actuación del Virrey, de la Real Audiencia y de todos los magistrados, de lo que el visitador debía dar cuentas al Consejo de Indias.”


EL JUICIO DE RESIDENCIA
Al concluir el desempeño del cargo, los virreyes y los oidores tenían que rendir cuentas, a esta acción se le llamaba “Juicio de Residencia” .
La persona en cuestión así se tratara del Virrey, Arzobispo, Obispo, Oidor y quien hubiese ocupado algún cargo público, debía salir de la ciudad de México donde se ventilaban los juicios y pagar una fianza determinada.
En el caso específico del gobernante de Nueva España, Virrey o del presidente de la Audiencia, una persona era especialmente designada y con el conjunto de los oidores se encargaban del Juicio. A continuación se abría un período de acusación o proceso a todo aquel que hubiese gobernado, y se pregonaba por todo el reino, y para quienes tenían quejas del Virrey o del Oidor procesado acudieran a informar.
Concluido el período de información el Juez sentenciaba. Era la Residencia un verdadero juicio de responsabilidad para los más altos funcionarios, que también se seguía para las autoridades distritales cuando eran suspendidas en sus cargos. Estos medios de fiscalización y enjuiciamiento sirvieron para atenuar y muchas veces para sancionar con rigor la arbitrariedad de las autoridades tanto altas como inferiores.
“Conocer estos procedimientos judiciales, pues por muchos que fueran los males y sus persistencias, hay que tener en cuenta que es posible conocerlos para juzgar en nuestros días el período virreinal”
“Precisamente porque estuvo abierta la posibilidad de informar y de quejarse a autoridades superiores empeñadas en lograr, el buen gobierno de Nueva España; medios de queja efectivos, que regímenes posteriores se han encargado de eliminar o de hacer inoperantes” Escribe don Andrés Lira.
“Hubo siempre el propósito de recoger y sistematizar las experiencias del gobierno, no solo de Nueva España, sino de todos los dominios españoles del Nuevo Mundo. Las mayores obras en este sentido son: en materia jurídica, LA POLÍTICA INDIANA de Juan de Solórzano Pereira, publicada en 1647. En legislación, LA RECOPILACIÓN DE LEYES DE LOS REINOS DE INDIAS, publicada en 1680, estas obras son un repertorio vivo de la vida social y política del Imperio Español, frutos del enjuiciamiento y del afán de idear medios óptimos para el buen gobierno de pueblos y lugares tan diversos.”


LA IGLESIA CATÓLICA DE NUEVA ESPAÑA
El Regio Patronato Indiano consistía en diversos privilegios que la Santa Sede había concedido a los Reyes Católicos, Isabel y Fernando y a sus sucesores, en relación a los descubrimientos americanos. El papa Alejandro VI en sus bulas “Inter caetera” en 1493 y otra en 1501 así como la del papa Julio II en 1508, por la donación que hicieron a los monarcas españoles de las islas y Tierra firme, para que evangelizaran a sus habitantes y a erigir iglesias. Al rey de España se le consideró patrono y al virrey de Nueva España vice patrono. La obligación de los reyes era evangelizar a los indígenas, autorizar y organizar misiones, costear los gastos, proponer a las personas de la jerarquía desde obispos y canónigos hasta capellanes, y percibir los diezmos reteniendo una parte de ellos. Construir desde una catedral hasta la más humilde capilla. Las sentencias de los tribunales eclesiásticos podían ser revisadas por funcionarios de la Corona, también podía fiscalizar las bulas y breves papales. Por su parte la Santa Sede se limitaba a confirmar y aprobar lo que decidía la Corona. Todo esto era por el hecho de ser el Imperio Español la espada del catolicismo en su lucha contra los protestantes. El Concilio de Trento fue de hecho un “concilio español”.
La Iglesia Católica en Nueva España fue uno de los dos pilares creadores y civilizadores del nuevo país. Para la formación de México fue indispensable y sus frutos fueron los mayores por la conversión de los paganos a la Doctrina de Cristo. En los trescientos años del Virreinato moldeo la mente del pueblo en el temor de Dios el Creador, instituyo la caridad para con los semejantes motivando la construcción de innumerables Casas de Beneficencia, Hospitales, Monasterios y Conventos y Casas de Instrucción, Templos y Catedrales que se llenaron de obras de arte invaluables, demostrando con ello el nivel de civilización y cultura alcanzado por las clases altas y medianas de la sociedad.
Después de doscientos años de revoluciones y robos, expolios y destrucción en los siglos XIX y XX, del rico patrimonio virreinal, se pueden ver aún muestras de tal riqueza. Sería labor de cientos de libros de Arte, recopilar imágenes de lo que todavía se puede encontrar a lo largo y ancho de nuestro país.
La Iglesia Católica en Nueva España comenzó con los clérigos que llevó Cortés consigo en su Conquista; Fray Bartolomé de Olmedo y el padre Juan Díaz; luego fueron llegando muchos a medida que se iba consolidando ésta.
Las primeras Diócesis fueron: la Carolense en 1518 con el obispo Fray Julián Garcés, la de México con el obispo Juan de Zumárraga, la Michoacán con el obispo Vasco de Quiroga y la Chiapas con Fray Bartolomé de las Casas.
Atendiendo a repetidas instancias de los colonos y pobladores de Nueva España, el Rey don Felipe II creó el Tribunal del Santo Oficio en Nueva España y otro en el Perú, por real cédula del 25 de enero de 1569 y comprendía todo el Virreinato de Nueva España e incluía a las Islas Filipinas, Guatemala y el obispado de Nicaragua, el Tribunal de la Inquisición se asentaba en las mismas bases del de España.
En los tres siglos del Virreinato y de los territorios del continente se sucedieron miles de clérigos de todas las jerarquías dejando la Iglesia perfectamente asentada y preparada para afrontar los ataques de los revolucionaros angloamericanos y franceses que queriendo destruirla solamente la hirieron aunque no de muerte.


LOS COLEGIOS Y LA EDUCACIÓN
Fray Pedro de Gante, tío del emperador Carlos V, ha sido considerado sin discusión como el más antiguo educador de la niñez indígena.
También Fray Pedro de Gante y Fray Juan de Tecto fundaron en Texcoco la primera escuela hacia fines de 1523. No solamente la Doctrina, sino a leer y escribir en latín, tañer instrumentos musicales y labores manuales. Y el 1526 fundaron el Colegio de San José de los Naturales que llegó a tener cientos de alumnos siendo una verdadera Academia de artes y oficios.
El Imperial Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco fue fundado en 1536 por las mayores autoridades de recién creado Virreinato; don Antonio de Mendoza, Fray Sebastián Ramírez de Fuenleal presidente de la Real Audiencia y Fray Juan de Zumárraga el primer Obispo de la ciudad. Y sirvió a la educación superior de los jóvenes que 15 años antes habían nacido en el paganismo.
Pronto la ciudad de México y otras poblaciones importantes como Guadalajara, Puebla, Pátzcuaro, Valladolid, Oaxaca y Tepotzotlán contaron con muchos monasterios y colegios para todas las clases de la población. Llegaron a Nueva España las otras Órdenes religiosas, los agustinos, dominicos y jesuitas. Los Jesuitas a poco de su llegada fundaron el Colegio de San Ildefonso. Lo que sería Real y Pontificia Universidad de México se fundó en 1551 casi al mismo tiempo que la Universidad de Lima, Perú.
Para ejemplo de lo que debía ser un maestro de cátedra.
Cuando éste obtenía una Cátedra por cuatro años; debía pagar derechos, hacía el juramento de desempeñar bien su cargo, prometiendo observar una conducta retraída, NO ASISTIR a bailes, teatros, vítores ni a otros espectáculos, como manifestaciones públicas ni corridas de toros.
Hacia fines del siglo XVI el Virreinato de Nueva España presentaba el aspecto de un Reino cuya civilización y cultura iban en aumento y en expansión. ¿Qué otra nación europea podía presentar ante el mundo tales logros con sus posesiones ultramarinas?


INSTITUCIONES DE CARIDAD Y HOSPITALES
Ya mencionamos antes que el primer Hospital de la América continental lo había fundado Hernán Cortés en 1524 y que hasta la fecha, principios del siglo XXI sigue funcionando. A partir de entonces se irían fundando muchos más en las ciudades y villas de todo el Imperio Español de América. Se necesitaría todo un extenso tratado referir la creación y funcionamiento de las Instituciones de Caridad y Beneficencia solamente en Nueva España.


LA AGRICULTURA, GANADERÍA Y LAS MINAS
Otro aspecto en el que Nueva España llegó a ser una potencia fue la explotación del suelo, superficialmente por la agricultura y la ganadería mayor y menor, e interiormente por toda suerte de metales que el extenso territorio guardaba en sus entrañas. Principalmente las minas de plata dieron fama de riqueza a Nueva España propiciando la fundación de las ciudades de Zacatecas, Taxco, San Luis, Guanajuato, Chihuahua y muchas otras menores.
LA ARQUITECTURA, LAS ARTES, LAS LETRAS Y LA CIENCIA
Varios tratados nos llevarían a escribir, sólo mencionando, cada una de estas materias. Para las personas interesadas en estos rubros vamos a citar una lista bibliográfica de los más importantes.
Para la Arquitectura: “El arte colonial en México”: Manuel Toussaint. Para las Artes: “El arte en México durante el Virreinato”: Manuel Romero de Terreros. Para las Letras: “Letras de Nueva España”: Alfonso Reyes. Para la Música: “Música y músicos de la época virreinal”: J. Estrada. Para la Ciencia: “La Ciencia en México”: J. Bravo Ugarte. y Enrico Martínez, cosmógrafo e impresor en Nueva España”: Francisco de la Maza


EL SIGLO XVIII, LA NUEVA DINASTÍA Y LAS NUEVAS IDEAS
Los siglos XVI y XVII habían sido el tiempo de la Conquista, nacimiento y consolidación del nuevo país llamado por Hernán Cortés Nueva España, doscientos años de implantar a pueblos paganos una Cristiandad al estilo español, la Fe en Cristo, llevada a un punto tan alto, como la alcanzada por la Europa de la Alta Edad Media por santos evangelizadores que habían recorrido lejanos territorios fertilizándolos con su trabajo, sangre y muchas vidas, trocando en civilización cristiana la oscura barbarie.
El siglo XVIII del Virreinato de la Nueva España requiere una exposición muy extensa para tratarla en esta conferencia. Solamente hay que recalcarla como una época de grandes contrastes sociales, políticos y económicos.
La evangelización y civilización de los indios bárbaros se comenzó pero no se terminó, continuaron las exploraciones sin conquista, convertidas en exploraciones “científicas” que tomaron notas de lo recorrido en el litoral del Pacífico y en interior del continente, pero sin establecerse. Tres exploraciones tocaron el litoral de Alaska hasta el grado 61 dejando constancia de dos lugares: Córdoba y Valdés, anotando de que los rusos se habían establecido ya. Se levantaron los mejores mapas de que dispusieron los científicos.
La Medicina alcanzó los niveles de Europa y el rey Carlos IV mandó la vacuna contra la malaria en 1804 con el Dr. Fco. Javier Balmis. Todos los adelantos de la Ciencia europea llegaron a tener su representación en el Virreinato. De igual manera, las corrientes artísticas de Europa llegaron con maestros tan completos como Manuel Tolsá. Las principales ciudades se pusieron al día con palacios, edificios civiles y templos del Neoclásico, estilo en boga. Se construyeron nuevos caminos y reforzaron los antiguos. Sin embargo se descuidó la educación del pueblo que no tuvo acceso a lo más elemental.


LA DINASTÍA FRANCESA DE LOS BORBONES
Al finalizar el siglo XVII el último Rey de la Casa de Austria, don Carlos II, débil, enfermo su cuerpo y sin haber tenido descendencia, pero con la mente lúcida, se da cuenta de que estaba por finalizar con él la dinastía de su estirpe. No había ya, ningún heredero o heredera a quien dejar la Corona ceñida por los Reyes Católicos, Carlos I y los tres Felipes anteriores. El pariente más cercano era su primo Luis XIV rey de Francia con su descendencia. En su testamento otorgó el Imperio Español a Luis de Anjou segundo nieto de Luis XIV, por esta decisión, a la muerte del último Austria, los eternos enemigos de España; Inglaterra y los Países Bajos apoyaron a Carlos de Austria como pretendiente a la Corona. Una sangrienta guerra que duró 15 años contrapuso al Imperio Español y Francia contra Inglaterra, Holanda, Austria y el Reino de Aragón. A su término España había perdido Gibraltar, todo el Imperio se había conmovido y Nueva España había visto destruida su flota en el Golfo a manos de los ingleses.


LAS NUEVAS IDEAS
Con la nueva dinastía francesa al mando del Imperio comenzaron a llegar las nuevas ideas, un progresivo afrancesamiento fue tomando posiciones entre la aristocracia criolla. A lo largo de siglo XVIII y con mayor intensidad durante el largo reinado de Carlos III (1759-1788), la Nueva España recibió la influencia de los filósofos enciclopedistas e ilustrados que Francia había recibido, a su vez, de la Inglaterra protestante. Con los diversos virreyes, entre sus acompañantes fueron llegando los exponentes del Arte, la Ciencia, las Letras y la Filosofía, pero también las costumbres mundanas y licenciosas de las cortes europeas. Así como los libros prohibidos por el Santo Oficio. Clandestinamente, llegaban las obras de los precursores de los revolucionarios liberales.
Dos hechos aparentemente desconectados, pero en su origen, bien unidos, marcaron la mentalidad de la clase novohispana pensante de la segunda mitad de ese siglo: La expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 y la independencia de los rebeldes angloamericanos entre 1775 y 1783, provocaron entre la clase criolla del Imperio Español dos sentimientos diferentes que desembocarían en su separación de mismo.
La expulsión por la fuerza de sus queridos padres jesuitas causó gran resentimiento contra la Corona y el decaimiento de la educación que la Compañía de Jesús hacía entre todos los habitantes del Imperio. Fue un golpe del que no se recuperaría la población.
La independencia de los angloamericanos de la Monarquía inglesa se vio entre la clase criolla de todo el Imperio como el ejemplo práctico de un pueblo empeñado a seguir su propia senda. Pero sin recapacitar que los revolucionarios yanquis llevaban el Plan de Destruir el Imperio Español de América fraccionándolo en muchos países, para después colonizarlo, era ese Plan de Benjamín Franklin llamado su “Destino Manifiesto”, estaban apoyados por la unión de todos los enemigos de la propia religión y de la cultura novohispanas.
Es preciso recordar la reflexión que hizo el conde de Aranda, ministro del rey Carlos III, aludiendo a la ayuda de la Corona española a G. Washington y sus tropas. Ayuda que salió de Nueva España en tropas, dinero y ganado en pié.
El conde Aranda escribió en 1783 su carta al Rey Carlos III en estos términos:
“He firmado en París por la orden V.M. un tratado de paz con Inglaterra….
La independencia de las Colonias inglesas ha sido reconocida, y esto mismo es para mí un motivo de dolor y de temor….por los peligros que nos amenazan de parte de la nueva potencia que acabamos de reconocer, en un continente que no existe ninguna otra en estado de contener sus progresos. Esta república federal ha nacido pigmea, por decirlo así, y ha tenido necesidad de apoyo y de las fuerzas de dos potencias tan poderosas como la España y la Francia para conseguir su independencia. Vendrá un día que será un gigante, un coloso temible en esas comarcas, olvidará nuestra ayuda. Y no pensará más que en su engrandecimiento….aspirará a la conquista de la Nueva España ese hermoso y rico país…. ¿Como podremos, entonces, defenderla estando él en el mismo continente y a más de eso limítrofe?
A pocos años del reconocimiento de la Monarquía española a los angloamericanos, se desencadenó la Revolución en Francia y la cabeza del rey Luis XVI, sobrino de Carlos IV, rodó en la guillotina. Éste ordenó cerrar el Imperio Español a las ideas revolucionarias sin conseguirlo, muy al contrario, fueron llegando sus agentes a todos los ilustrados del Reino incluidos numerosos eclesiásticos.
El fin de siglo y principios de XIX, el Virreinato de Nueva España experimentó un aumento sensible de la riqueza por el libre comercio con Europa y el interés por las Ciencias y las Artes. Todo parecía florecer, pero la Fe religiosa que se debilitaba y las costumbres se corrompían. Las nuevas ideas liberales habían minado la conciencia de los habitantes con el falso espejismo de la Libertad, propiciando que los ilustrados se afiliaran a la masonería y a las sociedades secretas sin saber de donde procedían y quienes movían los hilos. Para 1808, en todas las ciudades españolas del Continente se conspiraba contra el dominio español. En Nueva España, el grito de los revolucionarios de 1810 marcó el principio del final, del Virreinato, que se concretaría, el 27 de septiembre de 1821 después de una guerra civil desastrosa y sangrienta, derrumbando los valores sobre los que se había creado la Nueva España.
Esta vez, era el antiguo pigmeo convertido en poderoso, que junto con Inglaterra y Francia habían auspiciado y ayudado a los súbditos del Imperio a rebelarse, formando nuevos Estados que en poco tiempo los dominarían.

Jesús Batista




BIBLIOGRAFÍA




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HISTORIA DE LAS INDIAS DE NUEVA ESPAÑA; Benavente (Motolinia) Fray Toribio
LA CIENCIA EN MÉXICO; Bravo Ugarte José
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