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sábado, 26 de noviembre de 2011

PRINCIPIO DE DOLORES





Orígenes:



"Así como enferman los cuerpos antes de la muerte, así es necesario que antes de la destrucción del mundo, la tierra, como agonizante, experimente grandes y frecuentes sacudidas; que el aire, tomando cierto aspecto mortífero, se convierta en pestilente; y que faltando la fuerza vital de la tierra, ésta no produzca frutos. Por lo tanto, en virtud de la escasez de los alimentos, los hombres se excitarán por la avaricia, y harán grandes guerras. Y como las insurrecciones y las luchas serán hijas de la avaricia, y además por las codicias de mando y de la vanagloria, habrá alguno que sea la causa primera de todos aquellos males que habrán de suceder antes de la destrucción del mundo. Así como la venida de Jesucristo trajo la paz para muchas gentes en virtud de la misericordia divina, así es consiguiente que por la multiplicación de la iniquidad se enfríe la caridad de muchos, y que Dios y Jesucristo los abandonen; que se levanten muchas guerras entre ellos, puesto que la santidad no evitará que obren los principios germinadores de las guerras. Por el contrario, las fuerzas adversarias, no detenidas ni por Cristo ni por los santos, actuarán sin obstáculo en los corazones de los hombres para que se levante pueblo contra pueblo, y reino contra reino. Por lo tanto, así como algunos creen, que el hambre y la peste son producidos por los ángeles de Satanás, estos poderes también se envalentonarán entonces por las virtudes enemigas, cuando no haya discípulos de Jesucristo que sean la sal de la tierra y la luz del mundo destruyendo todo lo que siembra la malicia de los demonios. Alguna vez venían hambres y pestes sobre Israel por sus pecados, pero habían quedado libres de ellas por las oraciones de los buenos. Se dice oportunamente "por los lugares", porque el Señor no quiere destruir al género humano en un sólo día, sino juzgarlo por partes, y darle lugar a que se arrepienta. Por lo tanto, si cuando empiecen los males no se ha declarado aun la corrección general, le sucederá peor. Por esto sigue: "Todas estas cosas son principio de dolores", que habrán de seguir contra los impíos, para que sean atormentados, con agudísimos dolores". 

(In Matthaeum, 28; Com. Mt. 24, 8).

viernes, 24 de junio de 2011

SAN JUAN BOSCO: PROFECÍAS SOBRE PARÍS Y ROMA

Profecías sobre Paris, Italia y Roma: Sn. Juan Bosco
SUEÑO 75.—AÑO DE 1870.
(M. B. Tomo IX. págs. 779-783; Tomo X, págs. 59-63)


El seis de enero, fiesta de la Epifanía o de la manifestación del Señor, se celebró la segunda Sesión del Concilio Vaticano I, en la cual los Padres, según el rito, hicieron uno después de otro, comenzando por el Sumo Pontífice, la solemne profesión de fe. La víspera de aquella memorable solemnidad [San] Juan Don Bosco vio en sueño cuanto vamos a exponer a continuación: fue el mismo [Santo] quien escribió lo que vio y oyó.

*****

Sólo Dios lo puede todo, lo conoce todo y lo ve todo.
Dios no tiene ni pasado ni futuro, para Dios no hay nada oculto; todas las cosas le son presentes y para El no hay distancia de lugar o de persona. Sólo El en su infinita misericordia y para su gloria puede manifestar las cosas futuras a los hombres. La víspera de la Epifanía del corriente año de 1870 desaparecieron todos los objetos materiales de mi habitación y me encontré ante la consideración de cosas sobrenaturales. Fue algo que duró breves instantes, pero fueron muchas las cosas que vi. Aunque de forma y de apariencias sensibles, no se pueden comunicar a los demás sino con mucha dificultad con signos exteriores o sensibles.

Cuanto sigue podrá dar una idea de ello. En todo esto se encuentra la palabra de Dios acomodada a la palabra del hombre.

«Del Sur viene la guerra, del Norte viene la paz.

Las leyes de Francia no reconocen ya al Creador y el Creador se hará conocer y la visitará tres veces con la vara de su furor.
La primera abatirá su soberbia, con las derrotas, con el saqueo y con los estragos en las cosechas, en los animales y en los hombres.
En la segunda, la gran prostituta de Babilonia, aquella a la que los buenos llaman, suspirando, el prostíbulo de Europa, será privada del jefe y entregada al desorden.

¡París! ¡París! En vez de armarte con el nombre del Señor te rodeas de casas de inmoralidad. Estas serán por ti misma destruidas: tu ídolo, el Panteón, será reducido a cenizas, para que se cumpla lo que está escrito: mentita est iniquitas sibi. Tus enemigos te colmarán de angustias, de hambre, de espanto y quedarás convertida en la
abominación de las naciones. Pero ¡ay de ti si no reconoces la mano qué te hiere! Quiero castigar la inmoralidad, el abandono, el desprecio de mi ley, dice el Señor.

En la tercera caerás bajo una mano extranjera: tus enemigos verán desde lejos tus palacios incendiados, tus casas convertidas en montones de ruinas, bañadas en la sangre de tus héroes, que ya no existen. Pero he aquí que un gran guerrero del Norte llevará un estandarte; sobre la diestra que lo sustenta está escrito: "Irresistible es la mano del Señor".

En aquel instante el Venerando Anciano del Lacio le salió al encuentro flameando una antorcha de luz vivísima. Entonces el estandarte se extendió y de negro que era se trocó blanco como la nieve. En el centro del estandarte estaba escrito con caracteres de oro el nombre de Quien todo lo puede.

El guerrero y los suyos hicieron una profunda inclinación al Anciano y se estrecharon la mano. Ahora la voz del cielo se dirige al Pastor de los pastores. Tú ahora estás en la gran conferencia con tus asesores; pero el enemigo del bien no guarda un momento
de reposo; estudia y practica toda clase de argucias contra ti. Sembrará la discordia entre tus asesores; suscitará enemigos entre mis hijos. Las potencias del siglo vomitarán fuego y querrían que las palabras fuesen ahogadas en las gargantas de los custodios de mi ley. Pero esto no sucederá. Harán el mal, pero en perjuicio de sí mismos. Tú date prisa; si las dificultades no se resuelven, corta por lo sano. Si te sientes angustiado, no te detengas, sino al contrario, continúa adelante hasta que le sea cercenada la cabeza a la hidra del error. Este golpe hará temblar a la tierra y al infierno, pero el mundo recobrará la seguridad y todos los buenos se alegrarán.

Conserva, pues, junto a ti solamente a dos asesores, pero a cualquier parte que vayas, continúa y termina la obra que te fue confiada.

Los días corren velozmente y tus años se acercan al número establecido; pero la gran Reina será siempre tu auxilio y como en los tiempos pasados, también en el porvenir será siempre magnum et singulare in Ecclesia proesidium.

Y a ti, Italia, tierra de bendiciones, ¿quién te ha sumergido en la desolación?... No digas que tus enemigos, sino tus amigos. ¿No oyes a tus hijos pidiendo el pan de la fe sin encontrar quien se lo parta? ¿Qué haré? Heriré a los pastores, ahuyentaré el rebaño, a fin de que los que se sientan sobre la cátedra de [San] Moisés busquen buenos pastos y la grey escuche dócilmente y se alimente.

Pero sobre la grey y sobre los pastores caerá mi mano; la carestía, la peste, la guerra, harán de manera que las madres lloren la sangre de los hijos y de los esposos muertos en tierra enemiga.

¿De ti, oh Roma, que será? Roma ingrata, Roma afeminada, Roma soberbia. Has llegado al punto que no buscas ni admiras en tu soberano más que el lujo, olvidando que tu gloria y la suya está sobre el Gólgota. Ahora él está viejo, achacoso, inerme, despojado de todo; sin embargo, con tu esclava palabra, todavía hace temblar el mundo.

Roma… Yo vendré cuatro veces sobre ti.

En la primera castigaré la tierra y tus habitantes.

En la segunda llegará la ruina y el exterminio hasta tus murallas.

¿Todavía no abres los ojos?


Vendré la tercera vez y destruiré las defensas y los defensores y al dominio del Padre sucederá el reino del Terror, del espanto y de la desolación. Pero mis sabios huyen, Mi ley es todavía pisoteada; por eso te haré la cuarta visita.

¡Ay de ti, si Mi Ley es todavía para ti un nombre vano! Se darán prevaricaciones entre los doctos y los ignorantes. Tu sangre y la sangre de tus hijos lavará las manchas que tú infieres a la ley de tu Dios.

La guerra, la peste, el hambre, serán los flagelos con que será castigada la soberbia y la malicia de los hombres. ¿Dónde están, oh ricos, vuestra magnificencia, vuestras villas, vuestros palacios?

Convertido se han en la basura de las plazas y de las calles.

Pero vosotros sacerdotes, ¿por qué no corréis a llorar entre el vestíbulo y el altar, pidiendo que cesen los castigos? ¿Por qué no tomáis el escudo de la fe y no vais por los tejados, por las casas, por las calles, por las plazas y por todo lugar, incluso al inaccesible a llevar la semilla de mi palabra? ¿Ignoráis que es terrible la espada de dos filos que abate a mis enemigos?

Estas cosas deberán venir inexorablemente una después de la otra.

Pero la Augusta Reina de los cielos está presente. El poder de Dios está en sus manos; disipa como niebla a sus enemigos. El venerado anciano está revestido de todas sus antiguas vestiduras.

Sobrevendrá todavía un violento huracán

La iniquidad se ha consumado, el pecado tendrá fin y antes de que transcurran dos plenilunios en el mes de las flores, el iris de la paz aparecerá sobre la tierra.
El gran Ministro verá a la esposa de su Rey vestida de fiesta.
En todo el mundo aparecerá un sol, tan luminoso, que jamás existió desde las llamas del Cenáculo hasta hoy, ni se verá otro semejante hasta el fin de los días».

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[San] Juan Don Bosco hizo sacar una copia de este escrito a Don Julio Barberis, que fue la que llevó consigo a Roma.
Hizo hacer otra copia algunas semanas después, a Don Joaquín Berto, el cual dejó consignado en su Memoria:
«[San] Juan Don Bosco me comunicó el texto de una
profecía por escrito que comenzaba con estas precisas palabras: Dios todo lo puede, Dios lo conoce todo, etc., recomendándome el más riguroso secreto y que no hablara de ello con nadie a no ser con el propio autor. Entre otras cosas se refería a la guerra entre Francia y Prusia, a las condiciones de la Iglesia y a la desolación que azotaba a Italia, como me explicó a mí al preguntarle sobre el particular. El [Santo] me hizo sacar una copia para enviarla a Roma a cierto prelado».

La Civiltá Cattolica, año XXIII, volumen VI, serie octava, año 1872, en las páginas 299 y 303, hace referencia a este vaticinio y transcribe algunos párrafos del texto del mismo haciéndolos preceder de estas autorizadas palabras: «Nos complacemos en recordar un recientísimo vaticinio que no ha sido anteriormente impreso y que es completamente desconocido para el público, vaticinio que fue comunicado desde una ciudad de Italia a un personaje de Roma el 12 de febrero de 1870. Nosotros ignoramos su procedencia.

Pero podemos dar fe de que lo hemos tenido en nuestras manos, antes de que París fuese bombardeada por los alemanes e incendiada por los comunistas. Y añadiremos que nos causó gran maravilla el ver anunciada en él también la caída de Roma, cuando no se creía próxima ni probable».

Hemos conservado varias copias de esta profecía. La más autorizada es un manuscrito de Don Berto. Ofrece al principio la siguiente nota: «Fue comunicada el 12 de febrero de 1870 al Santo Padre», al margen se leen algunas notas o apostillas autógrafas del mismo [San] Juan Don Bosco y al final algunas aclaraciones, evidentemente escritas o dictadas con anterioridad a los hechos y revisadas nuevamente después por el [Santo]. Dichas apostillas y aclaraciones explicaban o determinaban los acontecimientos predichos, los cuales, como veremos, se cumplieron en gran parte poco después y parte de ellos, al
menos hasta hoy, no se han cumplido.

Francia perdió su jefe y fue vencido por Prusia en 1870.
En París tuvieron lugar los horrores que todos conocen.
Es de notarse que interrogado inmediatamente sobre el cumplimiento de dichos hechos, [San] Juan Don Bosco contestó que tal vez no se llegaran a realizar jamás, porque el Señor en su misericordia, suele a veces indicar simplemente a los hombres el camino que podrían seguir en tal y en tal circunstancia para vencer ciertas dificultades y nada más; por tanto, cuando no se siguen las directrices trazadas, es evidente que no puede verificarse lo que ha sido indicado.

Las Memorias Biográficas en el tomo X nos ofrecen los siguientes datos relacionados con el sueño o visión precedente: «En 1870, exponía [San] Juan Don Bosco al Papa Beato Pio IX en audiencia que le fue concedida el 12 de febrero, un resumen de la primera visión. Llevaba consigo el relato escrito para presentarlo al Santo Padre, pero como no se atreviese a hacerlo, se limitó a leer un
trozo que llevaba ya preparado relacionado con la Augusta Persona del Pontífice... También en la última audiencia que le concediera Beato Pío Pp. IX en el mismo año, volvió el [Santo] a hacer referencia a los sucesos políticos con tal precisión, que el Papa no pudo disimular la impresión y el dolor que aquellos pronósticos producían en su ánimo. Poco después de la toma de Roma, al recordar la entrevista celebrada con el [Santo], por medio del Cardenal Berardi, mandó a decir a [San] Juan Don Bosco que hablase clara y positivamente. Y [San] Juan Don Bosco, que antes no había insertado en el escrito la parte leída en presencia del Romano Pontífice, la incluyó en la copia hecha por Don Berto, enviándola a Roma por conducto de un Cardenal;
documento que fue conservado por Beato Pío Pp. IX junto con una carta anónima en la que se hacia constar que procedía de una "persona que en otras ocasiones ha demostrado tener ilustraciones sobrenaturales" y que sucederían "otras cosas que no se podían consignar por escrito sino verbalmente por lo delicado de ¡a materia"; añadiendo: "y si algo es demasiado oscuro veré si es posible dar alguna explicación"; terminando con estas palabras: "Sírvase de estos datos como le plazca, solamente le rogaría no aludiese a mi nombre en manera alguna, por la razón que puede suponer».

[San] Juan Don Bosco impuso también al secretario que hizo la copia del documento la obligación del más riguroso silencio.

domingo, 22 de mayo de 2011

El ‘fin del mundo’... nunca llegó

Un grupo evangélico radial de Oakland, California, exhibió anuncios del "Judgement Day" este 21 de mayo
Miles de personas a través de las redes sociales esperaron hasta las 6:00 pm, la hora marcada por la profecía, en espera del Apocalipsis. Muchos lo tomaron muy en serio otros solo se mofaron de la profecía.



Muchos pasaron meses advirtiendo sobre elApocalipsis. Algunos obsequiaron sus pertenencias mundanas o sacaron todo el dinero que había en sus cuentas bancarias. Y por lo tanto, esperaban, confiados o angustiados, a que llegara la hora marcada, el sábado.
Cuando dieron las 6:00 p.m. en varios lugares del mundo, sin que pasara nada extraordinario, Keith Bauer -quien subió a su camioneta en Maryland y recorrió con su familia 4 mil 800 kilómetros hasta California para la ocasión- trató de tomarlo con calma.
"Yo estaba algo escéptico, pero también traté de dejar atrás ese escepticismo, porque creo en Dios", dijo Bauer en una mañana soleada en Oakland, frente a las oficinas generales de Radio International, cuyo fundador Harold Camping ha difundido la predicción del fin del mundodurante meses.
"Yo esperaba el fin del mundo, porque creo que el Cielo será un lugar mucho mejor que esta Tierra". Sin embargo, añadió, "es Dios quien decide esto, no Harold Camping".
Bauer, conductor de tractocamiones, partió rumbo a California la semana anterior, al concluir que no valía la pena trabajar durante la última semana. "De todos modos no me hubieran pagado si llegaba el juicio final", dijo.
Ahora, tiene previsto subir de nuevo a su camioneta y recorrer de nuevo todo el territorio nacional, a partir del domingo, acompañado por su esposa, su hijo pequeño y otro pariente.
El mensaje de que el juicio final llegaría el 21 de mayo fue enviado a lo largo y a lo ancho por medio de emisoras y páginas de Internet por Camping, un ingeniero civil jubilado de 89 años que ha creado un multimillonario ministerio basado en su predicción apocalíptica.
De acuerdo con Camping, la destrucción comenzaría a recorrer el mundo a medida que llegaban las 6 de la tarde en los distintos husos horarios, comenzando en Nueva Zelanda.
En internet abundaron las reacciones cuando llegó esa hora en aquel país de Oceanía. "Falla la predicción de Camping, de que el Día del Juicio sería el 21 de mayo; no hay terremotos en Nueva Zelanda", decía un mensaje en Twitter.
"En caso de que esta cosa del fin del mundo siga... han pasado las 6:00 en Nueva Zelanda y el mundo no se ha acabado", dijo otro.
En el Parque Millennium de Chicago, horas antes de que llegaran las 6:00, la gente seguía tomando fotografías de la famosa escultura Cloud Gate, como suele ocurrir en cualquier sábado.
Muchos consideraron una mala broma la predicción de Camping. "Supongo entonces que haber ido a la escuela fue una pérdida de tiempo", consideró Sarah Eaton, estudiante universitaria de 19 años, quien visitaba la ciudad y reside en Saint Paul, Minnesota.
Mena Bishara, de 24 años y originario de Houston, dijo que si hubiera creído que el mundo llegaría a su fin el sábado, no habría salido a pasear al parque con su hermana. "Mejor me habría lanzado en paracaídas", señaló. "O habría comprado una motocicleta".
En internet proliferaron las discusiones, sarcásticas o serias, sobre el fin del mundo y el hecho de que éste no haya llegado. Muchos mensajes en Twitter declararon la predicción de Camping una tontería.
Otros expresaron irónicamente su esperanza en que el pronóstico sí se cumpliera, para no tener que ir a la iglesia el fin de semana, no pagar las deudas o no darse un baño.
Las tendencias temáticas en Twitter al mediodía fueron encabezadas por el fin del mundo.

sábado, 14 de mayo de 2011

La última batalla del diablo


Capítulo 6

El motivo se mantiene firme 

El Cardenal Alfredo Ottaviani que dirigió el Santo Oficio del Vaticano durante los pontificados de Pío XII, de Juan XXIII y de Pablo VI, leyó el Tercer Secreto y confirmó que está escrito en una única hoja de papel. También él entrevistó a la Hermana Lucía como representante del Papa Pio XII y confirmó que el Tercer Secreto es una verdadera profecía. Confirmó, además, que el reportaje de Neues Europa incluía una parte del Tercer Secreto. En dicho reportaje se puede leer: «Un Cardenal se opondrá a otro Cardenal, y un Obispo se opondrá a otro Obispo», aludiendo naturalmente a una crisis doctrinal en el seno de la Iglesia.

       Hacia 1948 el Papa Pío XII, por sugerencia del Cardenal Ruffini, plenamente fiel a la Tradición, pensó en convocar un Concilio General, y hasta llegó a dedicar algunos años a los preparativos necesarios. Hay pruebas de que, posteriormente, los progresistas en Roma disuadieron a Pío XII de llevar a cabo su proyecto, puesto que dicho Concilio mostraría una tendencia muy nítida de que seguiría la orientación de laHumani Generis en su condenación de los errores modernistas.Tal como esta gran encíclica de 1950, el futuro Concilio combatiría «las falsas opiniones que insidiosamente amenazan socavar los fundamentos de la Doctrina católica.»1
       Simultáneamente, los “errores de Rusia”, a los que la Santísima Virgen se había referido, estaban invadiendo la propia Iglesia, y se habían infiltrado en varias órdenes religiosas católicas. Por ejemplo, el llamado movimiento de los “Curas Obreros” se hallaba tan claramente infiltrado por los comunistas, que Pío XII decidió extinguirlo en la década de los años cincuenta.
       El Papa se convenció de que, lamentablemente, tenía una edad muy avanzada para asumir la responsabilidad de la grandiosa realización de un Concilio destinado a combatir las filas cada vez más compactas de los enemigos de la Iglesia, y tuvo que resignarse a aceptar que «esto quedará para mi Sucesor.»2 Pío XII murió el 9 de octubre de 1958.
       Nos encontramos aquí muy cerca del año crítico para nuestro caso. Hemos llegado al 1958, dos años antes del 1960 – el año en que, según el deseo de Nuestra Señora de Fátima, se habría de revelar el Tercer Secreto, como atestiguó la Hermana Lucía. Durante el pontificado de Pío XII, el Santo Oficio, bajo la firme dirección del Cardenal Ottaviani, preservó el Catolicismo en terreno seguro, manteniendo firmemente acorralados los caballos salvajes del Modernismo. Muchos de los teólogos modernistas en la actualidad cuentan, con desdén, cómo ellos y sus amigos estuvieron “amordazados” durante ese período.
       Sin embargo, ni siquiera el Cardenal Ottaviani podía impedir lo que iba a ocurrir en 1958. Un nuevo Papa, con otra mentalidad, ascendería al Solio Pontificio y, «según se imaginaban los progresistas, sería favorable a su causa»3, y le obligaría a un renitente Ottaviani a retirar la tranca, abrir el corral y protegerse de la embestida. Esta situación, sin embargo, no era imprevista. Al recibir la noticia de la muerte de Pío XII, el anciano Don Lambert Beauduin, amigo de Roncalli (el futuro Papa Juan XXIII) le confesó al P. Bouyer: «Si eligiesen a Roncalli, sería la salvación; sería capaz de convocar un Concilio, y de consagrar el Ecumenismo.»4
       En este punto de nuestra exposición es preciso resaltar, especialmente para el lector no católico, que los cambios, que vamos a examinar, en la orientación básica de la Iglesia no tienen, en absoluto, ningún precedente, y quizás constituyan la peor crisis de la Iglesia Católica. Un cuidadoso estudio de lo que viene a continuación pondrá en evidencia el motivo por el cual los eclesiásticos liberales y “políticamente correctos” del período posconciliar no pueden aceptar el Mensaje de Fátima, con su llamada a la consagración yconversión de Rusia como requisitos para la Paz en el Mundo. Esas transformaciones sin precedentes en la Iglesia Católica no constituyeron un favor, sino un grave perjuicio para los no católicos, puesto que el resultado de la “modernización” de la Iglesia incorporaba no solamente los escándalos clericales que hoy estamos viendo, sino también el fracaso de las personas en el seno de la Iglesia para realizar un acto — la solemne Consagración de Rusia — que habría beneficiado a toda la Humanidad.
Fue el Cardenal Ottaviani quien, antes del Vaticano II, tuvo la sensatez de mantener a distancia a los teólogos modernistas, como el P. Karl Rahner. Sin embargo, ese mismo P. Rahner — a quien vemos en la foto con el joven P. Joseph Ratzinger, durante el Concilio — se hallaba entre los teólogos progresistas que dieron la orientación decisiva al Concilio Vaticano II, sin que hubiesen modificado sus puntos de vista progresistas.


Se convoca un Concilio y
el Mensaje de Fátima pasa a ser atacado
       Y sucedió exactamente lo que había previsto el Don Lambert. Roncalli fue elegido y como Papa Juan XXIII convocó un Concilio y consagró el Ecumenismo. Estaba en marcha la “revolución en la tiara y en la capa pluvial”, prevista por la Alta Vendita.
       Uno de los primeros actos de la revolución fue dejar de lado el Tercer Secreto de Fátima. Contrariando las expectativas del Mundo entero, el 8 de febrero de 1960 (transcurrido poco más de un a o desde la convocación del Concilio), el Vaticano divulgó a través de la agencia noticiosa A.N.I. la siguiente noticia anónima:
       Ciudad del Vaticano, 8 de febrero de 1960 — «En círculos altamente fidedignos del Vaticano se acaba de declarar al representante de la United Press International que es muy posible que nunca venga a ser abierta la carta en que la Hermana Lucía escribió las palabras que Nuestra Señora confirió a los tres pastorcitos, como secreto en la Cova da Iría.»
       En el mismo comunicado vemos el primer ataque frontal de las fuentes de información del Vaticano a la credibilidad del Mensaje de Fátima en su totalidad:
       Aunque la Iglesia reconozca las apariciones de Fátima, no desea tomar el compromiso de garantizar la veracidad de las palabras que los tres pastorcitos dijeron que Nuestra Señora les había dirigido.
       ¿Dijeron que Nuestra Señora les había dirigido? Después del Milagro del Sol, ¿podría subsistir alguna duda sobre la veracidad de su testimonio? ¿Podría alguien cuestionar que hubiesen recibido del Cielo una auténtica profecía, considerando el cabal cumplimiento hasta ahora de todas y cada una de las previsiones del Mensaje — desde el inminente fin de la Primera Guerra Mundial hasta la diseminación de los errores de Rusia, pasando por la Segunda Guerra Mundial y la elección del Papa Pío XI?
       Este primer ataque público contra el Mensaje de Fátima, proveniente de un organismo del Vaticano, surge en 1960, cuando se comienza a buscar una nueva orientación para la Iglesia, que (como veremos dentro de poco) nacerá con el Concilio Vaticano II. Consideremos estos acontecimientos, relacionados con el comunicado de 8 de febrero de 1960:
  • El comunicado pone en duda públicamente, de modo patente, la credibilidad de Lucía, Jacinta y Francisco.
  • Por orden de las altas Autoridades estatales del Vaticano5, a partir de 1960 Lucía se vio obligada a mantenerse en silencio, y por eso no pudo defenderse de la acusación implícita de que su testimonio no merecía confianza.
  • Los documentos del archivo oficial de Fátima, compilados por el P. Alonso entre 1965 y 1976 (más de 5.000 documentos en 24 volúmenes) se impedirán publicar — a pesar de que tales documentos confirmaron que las profecías de Fátima en las dos primeras partes del Secreto (la elección del Papa Pío XI, la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, la expansión del Comunismo en todo el Mundo, etc.), habían sido reveladas en privado por la Hermana Lucía mucho antes de haberse cumplido, y a pesar de que su testimonio fue totalmente preciso y fidedigno.
        Había comenzado el crimen. Y ahora el motivo para el crimen — el deseo de cambiar la orientación de la Iglesia, muy distante de las certezas católicas del Mensaje de Fátima, promoviendo una conciliación “ilustrada” de la Iglesia con el Mundo — tendría inicio decididamente con la apertura del Concilio Vaticano II el 11 de octubre de 1962. Una vez más, recordemos las palabras de la Hermana Lucía: que Nuestra Señora deseaba que se divulgase el Tercer Secreto en 1960, porque en ese año se haría “más claro”. Efectivamente, ahora se iba a hacer más claro.
Los “errores de Rusia” se infiltran en la Iglesia
       En primer lugar, poco antes de la apertura del Concilio ocurriría otra traición al Mensaje de Fátima – una señal de muchas otras cosas sin precedentes que estaban por venir. En la primavera de 1962, en Metz (Francia), el Cardenal Eugène Tisserant se reunió ni más ni menos que con el Metropolitano Nikodim, de la Iglesia Ortodoxa Rusa — un agente de la KGB, tal como lo eran los demás Prelados ortodoxos. En ese encuentro, Tisserant y Nikodim negociaron lo que vendría a ser conocido como el “Pacto de Metz”, o más popularmente, el “Acuerdo Vaticano-Moscú”6. La existencia de dicho Acuerdo es un hecho histórico irrefutable, testificado en todos sus pormenores por Mons. Roche, secretario particular del Cardenal Tisserant.
       En síntesis, el acuerdo trataba de lo siguiente: Según su ardiente deseo, el Papa Juan XXIII sería “favorecido” por la presencia de dos observadores ortodoxos rusos en el Concilio; en compensación, la Iglesia Católica concordaba en que el Concilio Vaticano II se abstendría de condenar el Comunismo soviético ni la Rusia soviética. Esto significaba esencialmente que el Concilio iría a comprometer la libertad moral de la Iglesia Católica, al fingir que, el Comunismo,  la forma más sistemática de la maldad humana en la Historia de la Humanidad, no existía — aun cuando los soviéticos estuvieran persiguiendo, encarcelando y asesinando a millones de católicos, precisamente en el momento en que se realizaba la apertura del Concilio.
       Restringida de esa forma la libertad de la Iglesia por medio de un acuerdo con los comunistas, el Concilio dejó de hacer, en absoluto, cualquier alusión al Comunismo. Con tal procedimiento, se alejó de las enseñanzas de los Papas León XIII, el Beato Pío IX, San Pío X y también Pío XI, los cuales advirtieron a la Iglesia que no debía abstenerse de condenar ese Mal incomparable. Como dijo el último de estos Papas en la Divini Redemptoris:
        Este peligro tan amenazador, ya lo habéis comprendido, Venerables Hermanos, es el comunismo bolchevique y ateo, que tiende a derrumbar el orden social y a socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana. Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar y no calló. No calló, sobre todo, esta Sede Apostólica, que sabe cómo su misión especialísima es la defensa de la verdad y de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo ateo desconoce y combate.7
       Y a pesar de todo, el Concilio no dijo ni una sola palabra sobre el Comunismo soviético; al contrario, daría inicio a un “diálogo” precisamente con aquellas mismas fuerzas a las que la Iglesia anteriormente se había opuesto.
       ¿Por qué ocurrió eso? No se trató, evidentemente, de una “mera coincidencia” que el silencio del Concilio sobre el Comunismo estuviera perfectamente sincronizado con la infiltración comunista en la Iglesia Católica: infiltración que (como hemos visto en un capítulo anterior) había sido denunciada poco antes de la apertura del Concilio Vaticano II por testigos clave que no tenían ningún motivo para mentir (Dodd, Hyde, Golitsyn, Mitrokhin y otros). Aun sin contar con la colaboración de esos testigos, nuestro sentido común nos convencería de que era inevitable la tentativa de las fuerzas comunistas (actuando conjuntamente con la Masonería) para destruir la Iglesia Católica desde Su interior. Satanás es suficientemente inteligente para saber que la Iglesia Católica es, por excelencia, la Ciudadela que él debe tomar al asalto, en su esfuerzo para someter el Mundo al reino de las tinieblas.
       Era ésta, por tanto, la situación de la Iglesia, en el preciso momento en que, erróneamente, se le obligó al Concilio Vaticano II a que observara un vergonzoso silencio acerca del Mal del Comunismo. De más está a advertir que, con el “Acuerdo Vaticano-Moscú” era totalmente imposible la Consagración, por los Padres conciliares, de la Rusia soviética al Inmaculado Corazón de María, para conseguir la conversión de aquel País. Ese giro inicial hacia una nueva orientación de la Iglesia — que el Concilio iría a acelerar de forma muy dramática — ya estaba en oposición al Mensaje de Fátima.
       Y desde entonces, éste ha sido el resultado de la reunión de Metz, que intensificó la asimilación a laÖstpolitik — la política puesta en práctica por el Secretario de Estado del Vaticano — bajo la cual la Iglesia dejó de condenar y de oponerse frontalmente a los regímenes comunistas, sustituyéndola por el “diálogo” y por la “diplomacia silenciosa” — una política que hasta hoy ha mantenido al Vaticano sin voz ante la violenta persecución de la Iglesia en la China comunista.
       Así, el 12 de octubre de 1962, dos sacerdotes que eran representantes de la Iglesia Ortodoxa llegaron en avión al Aeropuerto de Fiumicino para participar del Concilio Vaticano II. Y éste dio comienzo, al tiempo que los observadores ortodoxos ponían su atención en los procedimientos, con el fin de convencerse de la estricta observancia del “Acuerdo Vaticano-Moscú”. La declaración por escrito de 450 Padres conciliares contra el Comunismo “se perdió” misteriosamente, después de haber sido entregada al Secretariado del Concilio; y a los Padres conciliares que se atrevieron a denunciar el Comunismo se les aconsejó delicadamente que permanecieran sentados y en silencio8.
       Las propias autoridades eclesiásticas habían “bajado el puente levadizo” para que entrasen los comunistas, al mismo tiempo que comunistas y masones se esforzaban en destruir la Iglesia desde Su interior (confirmando así las predicciones de Bella Dodd):
  • estimulando «la promoción de una seudo-religión : cualquier cosa con apariencia de Catolicismo, pero sin serlo»;
  • acusando a «“la Iglesia del pasado” de ser opresiva, autoritaria, impregnada de prejuicios, arrogante al atribuirse la condición de única poseedora de la verdad, y responsable de las divisiones entre las comunidades religiosas a través de los siglos»;
  • avergonzando a los dirigentes de la Iglesia, y forzándolos a adoptar «una “apertura al Mundo”, y a mostrar una actitud más flexible para con todas las religiones y filosofías.

       Finalmente — como predijo Dodd —, «los comunistas se valdrían de esa apertura para destruir la Iglesia.»
       Este inmenso esfuerzo de subversión implicaría, en primerísimo lugar, que la “teología” modernista abriese una brecha en el Concilio Ecuménico — tal como el Canónigo Roca y los demás visionarios de la Masonería se jactaban de que sucedería.


Los neo-modernistas triunfan en el Vaticano II
       El 13 de octubre de 1962, día siguiente al de la llegada de los dos observadores comunistas al Concilio — y también aniversario del Milagro del Sol, en Fátima — la Historia de la Iglesia y del Mundo fueron profundamente alteradas por un acontecimiento sin la menor importancia. En un incidente que se hizo famoso, el Cardenal Liénart, de Francia, asió del micrófono para exigir que se recusasen los candidatos propuestos por la Curia Romana para el cargo de Secretarios de las Comisiones preparatorias del Concilio, y que se hiciera una nueva lista de candidatos. Se aceptó tal exigencia y la elección fue postergada. Cuando,  por fin, ésta se realizó, los elegidos por mayoría o cuasi mayoría para las Comisiones conciliares fueron los liberales — muchos de los cuales formaban parte de aquellos “innovadores” desacreditados por el Papa Pío XII. Se rechazaron los esquemas preparatorios formulados según la Tradición para el Concilio y éste comenzó, rigurosamente hablando, sin ninguna agenda escrita, dejando así el camino despejado para que los liberales redactasen documentos totalmente originales.
       Es bien conocido e impecablemente documentado9 el hecho de que un grupo formado por periti(expertos) y por Obispos liberales pasó a controlar el Vaticano II, con una agenda de trabajo que, mediante la implantación de una “nueva teología”, remodelaba la Iglesia a imagen y semejanza de dicho grupo. Tanto los críticos como los defensores del Vaticano II están de acuerdo en este punto. En su libroVatican II Revisited [El Vaticano II, reexaminado], el Obispo Aloysius J. Wycislo (un ditirámbico defensor de la revolución conciliar) declara con un desbordado entusiasmo que «teólogos y eruditos bíblicos, desacreditados durante varios años, resurgieron entonces como periti (expertos en Teología, asesorando a los Obispos en el Concilio); y sus libros y comentarios pos Vaticano II se hicieron populares.»10
       Aloysius Wycislo observó, además, que «la encíclica Humani Generis del Papa Pío XII había tenido (...) un efecto devastador en los trabajos de considerable número de teólogos preconciliares»11; y explica que, «durante los trabajos preliminares del Concilio, continuaban desacreditados aquellos teólogos (franceses en su mayoría, pero también algunos alemanes) cuyas actividades habían sido cohibidas por Pío XII. El Papa Juan discretamente retiró la interdicción que afectaba a algunos de los más influyentes. Sin embargo, muchos de ellos continuaron siendo vistos con desconfianza por los responsables del Santo Oficio.»12
       En este punto, es de fundamental para nuestro caso la declaración del testigo ocular Mons. Rudolf Bandas, un peritus conciliar:
       No hay duda que el buen Papa Juan se imaginaba que estos teólogos sospechosos rectificarían sus ideas y que prestarían un servicio sincero a la Iglesia. Pero sucedió exactamente lo contrario. Apoyados por ciertos Padres conciliares “del Rin”, y actuando con frecuencia de modo francamente grosero, se volvían a los participantes y exclamaban: «Fijaos, nos han nombrado expertos: nuestras ideas fueron aprobadas.» (...) En el primer día de la cuarta Sesión, cuando nada más llegó a mi tribuna en el Concilio, fue ésta la primera declaración emitida por la Secretaría de Estado: «No se nombrarán más periti.» Pero ya era demasiado tarde. La gran confusión estaba en marcha. Ya se veía claramente que  ni a Trento, ni al Vaticano I, ni a ninguna Encíclica se les permitiría que la impidiese avanzar.»13
       Efectivamente, el propio Papa Juan XXIII tuvo la satisfacción de anunciar que, a partir de este Concilio, la Iglesia, de forma totalmente inexplicable, dejaría de condenar el error, y acabarían así Sus preocupaciones por la calamitosa situación del mundo:
        Hoy en día (...) la Esposa de Cristo prefiere usar el remedio de la misericordia en vez de las armas de la intolerancia. Ella considera que va al encuentro de las hodiernas necesidades, demostrando la validez de Su doctrina, en vez de emitir condenaciones. (...) Sentimos que debemos discordar de aquellos profetas de la desgracia, que viven prediciendo desastres, como si estuviera próximo el fin del Mundo.14
       Pero el optimismo del Papa Juan XXIII contrastaba nítidamente con la angustiosa preocupación acerca de la situación del mundo, que se podía percibir en muchas declaraciones de sus más recientes Predecesores (para no hablar del Mensaje de Fátima). Veamos algunos ejemplos:
          El Papa San Pio X:
      Sentimos una especie de terror al observar las desastrosas condiciones en que se encuentra la Humanidad en la hora presente. ¿Podemos ignorar ese mal tan profundo y grave que, hoy más que ayer, continúa actuando en su propio ser y llevando a la Humanidad a la ruina? (...) En realidad, quien reflexione sobre estas cosas debe necesaria y firmemente temer que tal perversión de las mentalidades sea una señal de alerta, y el principio del fin de los tiempos (...) [E Supremi]. (Cursiva, nuestra)
El Papa Pío XI:
        Desterrados Dios y Jesucristo–lamentábamos–de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que ... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad, privada de todo apoyo y fundamento sólido. [Quas Primas]
El Papa Pío XII (después de la Segunda Guerra Mundial):
        Nos sentimos invadidos por la tristeza y por la angustia cuando percibimos que la iniquidad de los malos ha llegado a un grado de impiedad increíble y enteramente desconocido en otros tiempos. [Carta de 11 de febrero de 1949]. (Cursiva, nuestra)15
        Venerables hermanos: Sabéis perfectamente que la casi totalidad de la raza humana se deja arrastrar hacia dos campos antagónicos: o a favor de Cristo, o contra Cristo. La raza humana está inmersa en una crisis suprema, que provocará o su salvación por intermedio de Cristo, o su destrucción [Evangelii Præcones, 1951]. (Cursiva, nuestra) 
       Obviamente, en el Concilio Vaticano II se librarían batallas sin cuenta entre el grupo internacional de Padres que combatieron a favor de la preservación de los dogmas de la Fe y de la Tradición Católica, y el grupo progresista renano. Fue, sin embargo, el elemento liberal y modernista el que, por desgracia, acabó prevaleciendo, en un proceso desencadenado por el optimismo del Papa Juan XXIII, al pensar que la verdad habría de triunfar por su propio vigor, sin necesidad de cualquier condenación terapéutica por parte del Magisterio. Wycislo entona loas a los progresistas victoriosos, tales como Hans Küng, Karl Rahner, John Courtney Murray, Yves Congar, Henri de Lubac, Edward Schillebeeckx y Gregory Baum, que anteriormente habían sido considerados (y con buenos motivos) sospechosos, y eran ahora los faros de luz que guiarían la Teología pos Vaticano II.16
       En efecto, aquellos mismos que el Papa Pío XII consideraba inadecuados para transitar por las avenidas del Catolicismo, detentaban ahora el control de la ciudad. Y como si fuera el coronamiento de sus realizaciones, tanto el Juramento Antimodernista como el Índice de los Libros Prohibidos fueron discretamente suprimidos poco después de la clausura del Concilio: una decisión que el Obispo Graber consideró “incomprensible”.17 El Papa San Pío X lo predijo con toda exactitud: la desidia de las autoridades había provocado el retorno del Modernismo con extrema virulencia.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Ahora todos huyen de Roma

Miles de personas han decidido abandonar Roma por los próximos días ante el temor de que la ciudad sea azotada por un gran terremoto.


El pánico se desató por una vieja predicción hecha por el sismólogo Raffaele Bendandi, quien murió en 1979, quien aseguró que la ciudad sería devastada por un terremoto este 11 de mayo.


Según el corresponsal de la BBC en Roma Duncan Kennedy, las autoridades italianas siguen insistiendo a aquellos que creen en la afirmación de Bendandi que los terremotos no se pueden predecir, por lo que han decidido transmitir segmentos especiales en la televisión estatal llamando a la calma.


Pese a todos estos desmentidos, muchas personas igual decidieron salir de la capital italiana.Por ejemplo se informó que el 18% de los empleados de la ciudad planea no ir a trabajar.Otra romana, Tania Cotorobai, dijo que planeaba pasar el miércoles en el campo.
Aseguró que tanta información sobre el supuesto sismo la ha terminado poniendo nerviosa.
Otros fueron más escépticos y dijeron que aprovecharán al máximo el hecho de que la capital italiana estará más tranquila.

miércoles, 13 de abril de 2011

LA PROFECIA DE MALAQUÍAS

Las palabras del profeta. (Cap. I - 10 - 11) El afecto mío no es hacia vosotros, dice el Señor de los ejércitos, ni aceptaré de, vuestra mano ofrenda ninguna. Porque desde Levante a Po­niente es grande mi nombre entre las naciones y en todo lugar se sacrifica y se ofrece al nombre mío una ofrenda pura; pues grande es mí nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos.
El Espíritu Santo atestigua en las palabras del Profeta que en la Ley Nueva, ha de suceder un nuevo sacrificio visible en substitución de todas las antiguas ofrendas de la ley anti­gua. Todas las caracteresticas asignadas a ese futuro sacrificio designan con exclusividad el sacrificio del altar, la Eucaristía.


El nombre de la ofrenda que debe substituir las del pue­blo repudiado, (se sacrifica —se ofrece— una ofrenda pura) designa un verdadero sacrificio visible. Principalmente teniendo en cuenta el valor de la palabra hebrea m i n c h a (oblación) que indica un verdadero sacrificio.
El Señor repudia los verdaderos sacrificios de la ley anti­gua, por impuros y defectuosos, prometiendo otro sacrificio que substituyéndolos a todos honre su nombre.
Finalmente, el anuncio profético designa a los nuevos sa­cerdotes que realizarán el nuevo culto y ofrecerán a Dios los sacrificios en justicia. (Cap. III - v - 3).


Características del nuevo sacrificio. Si se consideran las características del nuevo sacrificio preanunciado, sólo corresponden a nuestro sacrificio de la misa. La catolicidad o universalidad del sacrificio: desde Levante a Poniente... en todo lugar se sacrifica y se ofrece... una ofrenda pura se aplica a la letra a nuestra Eucaristía, ofrecida en todas las latitudes del mundo, en contraposición a los sacrifi­cios gentílicos reducidos a pocos continentes, y diversos unos de otros; en oposición a los sacrificios judaicos ofrecidos solo en Jerusalén. Porque el sacrificio debe ser, además, de la misma condición del culto que constituye. La Iglesia de Cristo es ca­tólica, universal y su sacrificio lo es igualmente, pues corresponde a la dignidad del acto cultual único que rinde a Dios el honor de adoración digno de Él.


Predice el Profeta un sacrificio incruento (oblación). La palabra hebrea m i n c h a, traducida oblación, designa una oblación incruenta [como se expone en el Libro del Levítico cap. II] consistente en una ofrenda de flor de harina, aceite e incienso, ofrecida al Señor en olor suavísimo. Esta oblación incruenta, ha de ser el sacrificio único de la Nue­va Ley, su sacrificio característico, ya que debe ofrendarse en todas partes como hostia agradable al Señor. No es otra esta ofrenda, que la oblación de la misa, sacrificio incruento, sin espectáculo de muerte, que por su suavidad y delicadeza, significa la diversa condición espiritual de los hombres del Evangelio; en contraposición a la de los hombres anteriores a Cristo, cuyos altares redundaban en sangre, para que se evidenciase a sus ojos, que aun tenían sin pagar toda la deuda de sus pecados.


La tercera característica enunciada es la pureza de 1a ofrenda (ofrenda pura). Esta nota distintiva no puede referirse principalmente a los oferentes, puesto que los hombres siempre pueden mancharse y contaminarse con el pecado.
Pero nuestra oblación de la Eucaristía, es siempre por sí misma pura y agradable a Dios, pues Cristo es el que se ofrece "inmaculado a Dios" por manos de los hombres. "Esta es aque­lla oblación pura, que no se puede manchar por indignos y malos que sean los que la ofrezcan; la misma que predijo Dios por Malaquías, que se había de ofrecer limpia en todo lugar a su nombre, que había de ser grande entre todas las gentes". (Concilio de Trento. (Ses. XXII - cp , I). (1)


Un nuevo sacrificio para una nueva era. 
Profecía maravillosamente clara, confirmada por la rea­lidad de nuestra Eucaristía. Pues cuando fue anunciada, la re­ligión universal superaba aun los cálculos de toda sospecha hu­mana; la división de las falsas religiones po­blaban la redondez del orbe.
No predice el profeta la extensión de su religión judía, antes al contrario, de parte de Dios declara la abolición del judaísmo para dar paso al nuevo culto del Mesías. La universalidad de la Nueva Era se caracteriza por el misterio principal que la glorifica, misterio lejano de todos los conceptos e ideas existentes entonces entre los hombres. Tal ha sido siempre la persuasión de la Iglesia católica " columna y fundamento de la verdad " ya desde sus primeros comienzos. La Didaché (del año 80), San Justino en su diálogo con el judío Trífón (R. J. N º 135) apoyan la realidad del sacrificio Eucarístico, entendiendo la admirable predicción del profeta Malaquías.
"Desde el Oriente al Ocaso; dice San Agustín. ¿Qué responderéis a esto? Abrid los ojos finalmente y mirad desde el Oriente al Occidente, no en un lugar, como os había sido or­denado, sino en todo lugar es ofrecido el sacrificio de los cris­tianos, no a cualquier Dios, sino al que lo predijo, al Dios de Israel. Ni en un lugar, como había sido mandado a vosotros en la terrena Jerusalén, sino en todo lugar, hasta en la misma Jerusalén ". (Tratado contra los judíos - Nº 9).

sábado, 19 de febrero de 2011

EL SUEÑO MUSULMÁN


La Hermandad Musulmana



La frase acuñada por el filósofo estadounidense Francis Fukuyama, "Fin de la historia", que también fue el título del libro -en el cual explicó que la caída del Muro de Berlín significaba la victoria definitiva de la democracia liberal-, nunca pensó que el resto de la historia actual se significaría gracias a que la ideología musulmana pasaría a "la conquista" del resto del mundo.

Las tendencias ideológicas emergentes en el Medio Oriente, que surgen de las protestas sociales amplían su ola expansiva sin que los Estados Unidos, Europa o las Naciones Unidas pueden hacer para detener esto. Un califato islámico unido en el Oriente Medio y África del Norte está a punto de emerger, y la cadena de acontecimientos necesarios para que eso suceda ya ha progresado tanto que es irreversible. La única pregunta que queda ahora es el tiempo. ¿Cuánto tiempo pasará antes de estos disturbios-revoluciones desestabilicen a todos (o la mayoría) de los gobiernos árabes y den lugar a una convocatoria de un nuevo orden.
Estamos en las primeras etapas de esta revolución y no tenemos idea de lo rápido que se expandirá.

Túnez, Egipto, Bahrein, Libia, Irán, Yemen, Sudán, Jordania que se han contagiado de estas revueltas que sacuden al mundo musulmán tienen explicación en un "plan para la dominación del mundo islámico" ampliamente explicado por el Sheij Imran Hossein en una profética conferencia en 2003, en donde habla del "choque de civilizaciones", y del "sueño del Islam en el siglo 20, que será realidad en el siglo 21". Relata de un plan que data de muchos años y que busca provocar "La Gran Guerra" como él la llama. Su voz es cálida y se refiere al regreso del mesías y la llegada del Imam Mandi, y obviamente del Dajjal. Pero... algo hay que no convence. Israel es parte central de la profecía, el reloj de los milenios. A veces es inexplicable el odio que se derrama, porque de alguna manera están ligados al destino. El Dajjal vendrá en contra de Dios, y extrañamente los que se van a matar lo harán en su nombre, cristianos, musulmanes y judíos. O sea el fratricidio más absoluto.




Israel se encuentra en un callejón sin salida. Arabia Saudita se encuentra cada vez más aislado. Mientras la monarquía Saudí puede hacer algo para apaciguar a las almas, Israel no puede hacer más que esperar sentado y lo inevitable.
La ira de los manifestantes pudiera ser comprensible, pero los resultados de las revueltas probablemente resultarán en contra del principal interés de cada país, y sobre todo contra los intereses de Israel y Occidente. 


El Sueño Musulmán
El problema medular de estas revueltas vendría siendo por supuesto la cultura. La palabra cultura proviene del latín cultus que significa "religión", y toda la cultura se basa en la religión. No es casual que la "Hermandad Musulmana" ocupe una posición dominante en la política egipcia y en los demás países del Medio Oriente, y, aunque las intenciones de los manifestantes pudieron ser en este caso puras, el resultado de su acción los colocaría dentro de un régimen mucho más duro que el que Hosni Mubarak ejerció durante su reinado de treinta años. Simplemente no hay suficiente apoyo occidental, y la defensa de la democracia en favor de Egipto puede hacer polvo los logros por estas revueltas. Hoy el respaldo de los militares es importante, con lo cual podrían alcanzar una democracia por un corto tiempo, pero, la Hermandad Musulmana ya se está preparando para presentar candidatos políticos para las elecciones, y una vez que sus candidatos sean elegidos, se puede esperar, de el cambio del florecimiento de la democracia al régimen teocrático con bastante rapidez.




Información de:
Thecatholicknight
Las Guerras Mesiánicas

miércoles, 2 de febrero de 2011

EGIPTO: NUEVO PARADIGMA MUSULMÁN

La Hermandad musulmana contra Occidente.


Los Islamistas, parece que están a punto de tomar el poder en todo el Oriente Medio como consecuencia de los disturbios, y que ya han derribado al régimen árabe; además que están amenazando a los demás países, en lo que algunos llaman la última ola de un islámico "Tsunami" que barrerá el mundo.


En Egipto, los miembros de la familia del presidente Hosni Mubarak, según se informa han huido del país después de una avalancha de protestas violentas en las calles lo que significa una grave amenaza para la estabilidad de esta nación árabe, un viejo aliado de EE.UU. y la única nación musulmana con un acuerdo de paz con Israel.


No se puede comenzar a describir con palabras la transformación absoluta y fundamental que está en marcha en la política mundial. Los medios de comunicación apenas están empezando a comprender la magnitud de una pequeña fracción. Nada como esta profunda crisis que ha sucedido desde la caída de la Unión Soviética. Ni siquiera los ataques terroristas del 9-11 están en comparación con lo que está sucediendo ahora. 


Esto es nada menos que un cambio de paradigma en todo el mundo... y apenas empieza.


La revolución de disturbios en Egipto, es sólo el comienzo. 
Túnez ya ha caído. Yemen y Jordania están en espera. Turquía ha cambiado su curso a una política más anti-Israel y con mayor posición anti-occidental. Arabia Saudita y los Estados árabes del Golfo se están quedando cada vez más aislados. Incluso, sus regímenes, es probable que se vuelvan mucho más vulnerables en los próximos meses. 
  
Para entender todo esto, tenemos que retroceder un poco. 
1979 los radicales islámicos orquestaron una revolución desenfrenada al expulsar al Shá de Irán, reemplazaron a su monarquía con una república teocrática islámica. Desde entonces, Irán se ha convertido en una piedra en el zapato para todo el mundo occidental, especialmente para los Estados Unidos e Israel. Desde Irán se orquesta y financia el terrorismo islámico. Desde el Líbano, Irán a través de Siria ha creado la organización terrorista Hezbolá1.  Por otra parte, Irán ha proseguido recientemente la elaboración de sus armas nucleares y los medios para ofrecerlos a éstos países como son los llamados misiles balísticos intercontinentales. En respuesta al secuestro terrorista de 1979 al personal de la embajada americana en Irán, los Estados Unidos apoyaron a un dictador en Irak llamado Sadam Hussein. Washington DC, organizó la transferencia de armas - incluso armas químicas - a Sadam Hussein para su uso en su guerra contra Irán.


Después la administración de Ronald Reagan, en Washington, intentó jugar en ambos lados de la guerra entre Irak e Irán mediante la entrega de armas a Irák. Sólo después de que Saddam Hussein utilizó las armas químicas contra su propio pueblo, fue que los Estados Unidos dejaron todas las relaciones militares con Hussein. Fue en ese momento que Hussein hizo creer que el verdadero enemigo eran los Estados Unidos y no los vecinos países vinculados en el Golfo Árabe. Así que firmó un tratado de paz con Irán y le dio por tomar las armas hacia el sur, hacia el mismo Kuwait. En agosto de 1990 las tropas iraquíes invadieron Kuwait - un aliado de EE.UU. y productor de petróleo para el mercado americano-. Kuwait fue tomado de forma rápida y Arabia Saudita dio cuenta de que era el siguiente en la lista negra de Hussein. Así que Estados Unidos respondió con la Guerra del Golfo, que terminó en febrero de 1991 con la derrota de Saddam Hussein, la contención de Irak, la liberación de Kuwait, y la presencia de una base permanente militar de EE.UU. en Arabia Saudita.


El 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos fueron atacados brutalmente por terroristas islámicos, (al menos eso nos hacen creer). La devastación en Nueva York, Washington DC y Pennsylvania enfureció al pueblo estadounidense. Osama Bin Laden, un saudí, y educado en Estados Unidos y radicales musulmanes suníes de la secta wahabí, orquestaron y financiaron los ataques terroristas a través de su organización terrorista internacional llamada Al Qaeda. Los ataques a los Estados Unidos se celebraron en muchos lugares en todo el Oriente Medio, y otras naciones islámicas, gracias a que muchos musulmanes perciben a Estados Unidos como aliado de Israel y de los demás dictadores árabes. 


Cuando el ataque a las Torres Gemelas, Osama Bin Laden citó el respaldo estadounidense a Israel, y condenó la presencia de una base militar estadounidense en su país Arabia Saudita. Como un puritano radical islámico, Bin Laden vio la presencia estadounidense como una profanación de la tierra santa por estar tan cerca de La Meca. En respuesta, los Estados Unidos, encabezados por el presidente George W. Bush, formuló una "guerra contra el terrorismo" en virtud del cual los Estados Unidos invadieron Afganistán e Irak, en un intento de "crear" democracias. En ambos casos se organizaron las democracias, pero democracias islámicas que siguieron aplicando diversos elementos de la sharia, que en determinado momento pueden ser extremadamente vulnerables a la  presión política-religiosa y que empujan a estos estados a convertirse en repúblicas islámicas teocráticos como Irán. En esta "guerra contra el terrorismo" -como llegó a ser llamada-, los Estados Unidos continuaron apoyando dictaduras en varios países islámicos como Egipto y Pakistán como agradecimiento por su colaboración en la lucha contra el terrorismo. Provocando ésto, los Estados Unidos se embarcaron en un gasto deficitario apoyando la guerra y aumentando los programas sociales, así como impulsaron el crecimiento económico, inflando una burbuja de crédito para respaldar al gobierno.


Ahora vamos a avanzar rápidamente diez años hasta la actualidad. 
La burbuja de crédito para respaldar al gobierno estadounidense en su "guerra" apareció en septiembre de 2008, como resultado de ésto, los Estados Unidos rescataron a los bancos y a los prestamistas con billones de dólares de déficit. La Reserva Federal, flotaba por la monetización de la deuda con miles de millones de dólares de dinero impreso. Esta inyección de liquidez en los mercados internacionales provocó la inflación en los mercados en el mundo, aumentando el costo de los alimentos, la energía, los textiles y el aumento de la pobreza a lo largo de todas las naciones que utilizan el dólar como moneda de comercio internacional. Estas condiciones golpearon duramente a las naciones del Medio Oriente, especialmente los que trabajaron estrechamente en colaboración con los Estados Unidos, causando disturbios que desembocaron en revoluciones políticas - Túnez, Yemen, Egipto y ahora Jordania- . No parece tener fin.
Los disturbios y las manifestaciones son comprensibles. Estas personas han sido víctimas de los gobiernos que les han fallado y los dejó en la pobreza y el hambre. El problema de estas revoluciones es que los grupos radicales islámicos estaban listos desde hace años, a punto de correr rápidamente y en directo hacia la creación de más teocracias islámicas radicales. El momento parece imparable ahora, y no hay nada que los Estados Unidos (o cualquier potencia occidental) puede hacer para influir en ésto. Cuanto más los Estados Unidos tratan de intervenir en los países islámicos, más frustrada está la población civil que a su vez voltea hacia las organizaciones más radicales como los "Hermanos Musulmanes". 
Por esto, ¿quién puede culparlos? Los Estados Unidos apoyaron a muchos de estos dictadores que trajeron la ruina sobre ellos -la población civil- en primer lugar. ¿Por qué demonios iban a confiar en los estadounidenses?


Para empeorar las cosas, Washington ha estado tratando de jugar en ambos lados de nuevo, al apoyar a los alborotadores, así como a los dictadores en los disturbios. Su conjetura es tan buena como la mía... ¿por qué repetir esto?... pero lo siguen haciendo, especialmente en Egipto. Tal vez esto es para ganar capital político, apoyando a los líderes, pero con los grupos de oposición debe ser tal vez porque ven muy cercano el éxito la revolución. Sin embargo, ya enfrascado en este juego, sea cual sea el capital político que esperaba ganar, se está pasando rápidamente y todo parece indicar que Estados Unidos vuelve a fracasar como lo hizo con el apoyo a Saddam Hussein en Irak durante la década de 1980.

Ahora todo el Medio Oriente está estallando en la revolución, y tan pronto como un dominó cae, no tardará en caer el próximo. Lo que sucedió en Irán en 1979 y lo que está ocurriendo en todo el Oriente Medio en 2011 nos hace ver que los estadounidenses son incapaces de hacer algo al respecto.


Desde una perspectiva católica, todo ésto fue predicho desde hace siglos por los místicos y visionarios aprobados por la Iglesia. 
En los próximos años la fuerza política se alejará de los Estados Unidos y Europa, y volteará más hacia los poderes islámicos radicales. 
No tardarán en mostrarse los radicales marxistas en Europa, que también intentarán la misma clase de revoluciones desenfrenadas en esos países. 
Lo que sigue es lo que muchos místicos católicos han llamado " El Castigo ", que dará lugar a otro cambio de paradigma que va a llevar a cabo la gran última era en la historia cristiana... antes del surgimiento del Anticristo y la Segunda Venida.




1(Hezbolá se formó en gran parte con la ayuda de los seguidores del Ayatollah Jomeini a principios de los años ochenta con el fin de difundir la revolución islámica y sigue una versión de ideología islámica chiíta ( "Willayat Al-Faqih") elaborada por el Ayatola Ruhollah Jomeini, líder de la Revolución Islámica de Irán).