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sábado, 24 de septiembre de 2011

EL ANTICRISTO Y EL OBSTÁCULO


EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD, EL OBSTÁCULO A LA APARICIÓN DEL ANTICRISTO

La preocupante situación del mundo actual, que avanza rápidamente hacia un gobierno mundial, que no tiene ninguna cuenta de Cristo y de su Redención, ni de su Ley, nos preocupa, nos hace pensar en el Anticristo anunciado. He aquí un importante y misterioso texto de San Pablo relativo al Anticristo, explicado por el sacerdote jesuita José M. Bover, en su famoso libro “La Teología de San Pablo” (BAC, 4ª ed., pp. 819-825).

I. UN TEXTO MISTERIOSO DE SAN PABLO

El Apóstol San Pablo, en su segunda Epístola a los tesalonicenses, hablando del segundo advenimiento de Cristo al final de los siglos, escribe:
“Nadie os engañe en manera alguna; porque si primero no viniere la apostasía y se manifestare el hombre del pecado , el hijo de la perdición, el que se rebelará y alzará contra todo lo que se llama Dios y contra todo objeto de culto religioso, hasta el punto de sentarse en el santuario de Dios y presentarse a sí mismo cual si fuera Dios…¿No recordáis que, mientras estaba  Yo con vosotros, os decía esto? Y ahora qué cosa impida el que se manifieste a su tiempo, ya lo sabéis. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción: sólo falta que desaparezca de enmedio el que lo impide. Y entonces se manifestará el impío, el cual el Señor Jesús matará con el aliento de su boca y con la epifanía de su advenimiento”. (2 Tes. 2: 3-8)
Al ensayar la interpretación de este texto no vamos a perdernos en cálculos fantásticos sobre la mayor o menor proximidad del fin del mundo; cálculos mil veces combinados y mil veces desmentidos por la cruda realidad de los hechos. Otra enseñanza más seria y más vital, que no por ser implícita es menos clara, está contenida en la palabra del gran Apóstol. Más antes, para sacar esta enseñanza, es menester precisar y deslindar el pensamiento de San Pablo: lo que dice y lo que calla.
Lo que dice es claro y diáfano. Según él existen en el mundo moral dos fuerzas o tendencias antagónicas. Por una parte actúa la fuerza del mal, la que él llama el misterio de la iniquidad, cuyo resultado o remate será la apostasía más o menos universal. Una vez que ésta llegue, preparará el terreno a la aparición del Anticristo. Por otra parte, existe algo o alguien que impide y pone trabas o diques a esa fuerza del mal: obstáculo real a la vez y personal, cuya desaparición determinará el desbordamiento de la iniquidad, la apostasía general y la manifestación del Anticristo.
Lo que se calla el Apóstol, porque lo da por supuesto y conocido por los lectores de la carta, parece a primera vista un enigm: qué es, o quién es, ese misterioso obstáculo que entretanto cohíbe o reprime el desbordamiento de las fuerzas del mal. ¿Nos será posible adivinar el pensamiento del Apóstol y descubrir cuál es el obstáculo? Creemos que sí. Y vale la pena averiguarlo, pues en ese obstáculo está encerrada la gran enseñanza que nos dan las palabras de San Pablo. La interpretación de los Santos Padres y de los exégetas medievales, continuada y precisada por los intérpretes modernos, nos dará la clave del misterioso enigma.

II. INTERPRETACIÓN DE LOS SANTOS PADRES DE LA IGLESIA

Para los Santos Padres, ese obstáculo, real y personal al mismo tiempo, no es otro que el Imperio y el emperador romanos. Así lo sienten, entre los griegos, San Hipólito, San Cirilo de Jerusalén, San Juan Crisóstomo, y San Juan Damasceno. Entre los latinos, Tertuliano, San Jerónimo y el llamado Ambroosiastro. Adoptan la misma interpretación, entre los medievales, Ecumenio, Teofilacto, Eutemio Zigabeno, Primasio, Sedulio Escoto, Himón de Halberstadt, Rabano Mauro, Herveo, Pedro Lombardo, Santo Tomás y Nicolás de Lira. Entre los modernos no son y tan uniformes los pareceres. reconocen con Drach que la opinión tradicional es “la más antigua, la más extendida, la más autorizada”; más algunos no se deciden a aceptarla, por consideración de que hace ya muchos siglos que desapareció el Imperio romano y no ha aparecido el Anticristo. A este reparo no responderemos con Cornelio a Lapide, quien decía que el antiguo Imperio romano había sido sustituido o continuado por el imperio germánico, que se llamó “Sacro Imperio Romano”. Más fundada y acertada es la explicación de Bisping, según la cual el Apóstol habló del Imperio romano, no precisamente  en cuanto a su forma de gobierno determinada o particular, sino a que representaba y encarnaba por entonces el poder público, legítimo y universalmente reconocido, que con la sabiduría de sus leyes y con la potencia de sus legiones garantizaba y protegía el orden político y social, indicando con ello que no vendría el Anticristo mientras subsistiese, bajo la forma de cualquier gobierno justo y recto, el orden firme y regular de la sociedad, y que, en consecuencia, el socialismo y el comunismo empeñados en trastornar toda la sociedad, si alguna vez logran su predominio universal, pondrán en gravísimo peligro la existencia misma de las naciones y allanarán el camino para la suprema catástrofe (cf. J. A. Van Steenkiste, S. Pauli Epistolae, t. 2, pp. 275–276). La misma interpretación adoptan  los PP. Knabenbauer y Adrián Simón. A éste propósito nota Fillión que:
“Es cierto, para citar un caso particular, que la legislación romana , que ha venido a ser más o menos la mayor de los Estados cristianos, ha contribuido mucho al mantenimiento del orden moral de la sociedad. Si los emperadores paganos y otros están lejos de haber sido siempre perfectos, eran, con todo, por sus funciones mismas, los representantes de la autoridad, y los peores han obrado en este sentido con el mal”. (La Sainte Bible, t. 8, pp. 456-457).
Corrobora semejante interpretación, a nuestro juicio de un modo decisivo, lo que el mismo Apóstol enseña sobre el principio de autoridad. Escribe a los romanos, hombres que, según él, conocen lo que es la ley (Rom. 7:1). “Toda alma esté sometida a las autoridades superiores. Pues no hay autoridad que no venga de Dios; y las que existen, por Dios han sido establecidas. Así que el se insubordina contra la autoridad, se rebela contra el orden establecido por Dios, y los que se rebelan, recibirán su condenación. Porque los magistrados no inspiran temor a los que obran el bien, sino a los que obran el mal. ¿Quieres no tener miedo a la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella alabanza; porque ministro es de Dios para ti en orden al bien. Mas si obrares el mal, teme, que no en vano lleva la espada; porque de Dios es ministro, vengador justiciero para el que obra mal, sino también por la conciencia”. (Rom. 13:1-5). Esto escribía San Pablo a los cristianos romanos mientras imperaba en Roma Nerón, uno de los más abominables monstruos coronados que han manchado la historia. Pero Nerón, con todas sus crueldades, con todas sus locuras, con todos sus brutales desenfrenos, representaba para San Pablo el principio de la legítima autoridad; con lo que, de hecho, mantenía el orden jurídico y social, el cual es esencialmente incapaz de mantener el revolucionario o el comunista más honesto y moderado.
San Pablo miraba el principio de autoridad en el mismo Nerón, porque, habiendo emanado de Dios y estando establecido por Dios, tutelaba los fueros sagrados de la ley y del derecho y sancionaba sus infracciones con la pena. Este principio de autoridad, la ley armada con la espada, era también para el Apóstol el gran obstáculo que se oponía al desbordamiento del misterio de la iniquidad, con lo cual retrasaba la apostasía y el advenimiento del Anticristo. Este sencillo cotejo de textos de San Pablo, corroborado con la autoridad de interpretación de los Santos Padres de la Iglesia, nos descubre una gran verdad, una lección importantísima: el valor y la eficacia del principio de autoridad, de una autoridad justa y fuerte, para mantener incólume el orden jurídico y social, para oponer con una valla infranqueable a los progresos del mal. Pero esta lección, encerrada dentro del círculo estrecho de los textos y autoridades, resulta pálida y esquemática.
Para entrever todo su maravilloso alcance, hay que rebasar los angostos límites de la hermenéutica y salir al anchuroso campo de la historia. Una visión rápida de la historia humana, contemplada a la luz de las enseñanzas de San Pablo, será una luminosa confirmación de la gran lección que el Apóstol nos ha dado sobre el valor del principio de autoridad.

III. REALIZACIÓN HISTÓRICA

La autoridad de la humanidad es una serie no interrumpida de luchas: luchas de razas contra razas, de pueblos contra pueblos, de imperios contra imperios, de instituciones contra instituciones, de partidos contra partidos, de escuelas contra escuelas; luchas militares, luchas políticas, luchas económicas, luchas religiosas, luchas doctrinales, luchas literarias. Miradas en la sobrehaz, esas luchas son de hombres contra hombres. Más bajo esas apariencias humanas, los ojos de la fe descubren otra lucha, invisible a los ojos de la carne, lucha incomparablemente más trágica y grandiosa: la lucha de los espíritus, la lucha del mal contra el bien. Dos grandes huestes, encarnizadas, irreconciliables, luchan desde el origen de los tiempos y lucharán hasta el fin de los siglos. La hueste del mal está acaudillada por Lucifer; la hueste del bien está gobernada por Dios. Lucifer y Dios son los dos jefes de la gran batalla que se está librando en la historia humana. Dios, en su sabiduría y omnipotencia, hubiera podido suprimir la lucha, reduciendo a la impotencia a Lucifer. Mas no ha querido. Ha preferido conceder beligerancia a su adversario, para tener la gloria de verle ignominiosamente derrotado. La estrategia con que Dios dirige los lances y el desenvolvimiento de la lucha es su divina Providencia.
Prescindamos de las edades anteriores al cristianismo. Después de la venida de Jesucristo, la hueste de Dios es la Iglesia: ejército humanamente débil e inerme, cuya conservación, cuyos progresos, cuyas conquistas, son un perenne milagro de la Providencia divina. Pero entendámoslo bien. Esos milagros no son precisamente hechos palpables y fulgurantes, capaces de aterrar y paralizar al adversario; son algo secreto y delicado, que deja toda su libertad de acción a la hueste contraria. Las excepciones de ésta táctica divina  son muy contadas y no influyen decisivamente en el curso de la gran batalla.
Contra esta hueste de Dios, la Iglesia, la hueste de Lucifer dirige todos sus ataques, dirigida y azuzada constantemente por su invisible caudillo. El mundo con sus pompas, la carne con sus concupiscencias, la soberbia y el dinero, las perversas doctrinas y las costumbres depravadas, las herejía y los cismas, ofrecen al mal caudillo armas poderosísimas de ataque. Se alistan también de su bandera frecuentemente otros aliados, de suyo no malos, pero de enorme potencia seductora; las ciencias y las artes, el teatro y la novela, la prensa y la cinematografía, la radio (televisión e internet). Con esas armas y esos aliados, Lucifer pretende consolidar y extender su dominación en el mundo, el imperio del mal, el reino de las tinieblas, frente al reino de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo.
Pero Lucifer no puede intervenir directa y personalmente en la batalla del mal contra el bien. Está atado, desde que Jesucristo lo venció en la Cruz. Más no le faltan agentes, hombres de carne y hueso, que, inspirados de espíritu diabólico, hacen cumplidamente sus veces y llevan adelante sus planes. ¿Quiénes son los agentes de Lucifer? Todo el mundo señala con el dedo las logias masónicas y el comunismo soviético. tampoco es ningún secreto para nadie que por debajo de masones y comunistas anda la mano judía. Oímos hace algunos años a una persona inteligente, que conocía a fondo el estado actual del mundo, esta atinada reflexión: los planes comunistas, tan maravillosamente combinados y organizados, cuya eficacia ha sido tan enorme y universal, no son ni pueden ser rusos: el genio ruso no da para tanto; sólo en la astucia judaica hallan su cabal explicación. Otra reflexión: masones y comunistas son en su organización externa dos instituciones incompatibles y antitéticas, y, sin embargo, en su funesta actuación andan perfectamente de acuerdo. ¿Porqué? Por el elemento común de entreambos: el judaísmo, que en cada uno de ellos tiene influencia decisiva. A estas reflexiones hay que agregar otra: las primeras persecuciones de la Iglesia partieron del judaísmo, y, según opinión bastante generalizada, del seno del judaísmo ha de surgir el Anticristo.
Todas esas consideraciones nos muestran que el misterio de la iniquidad, que según San Pablo se está ya fraguando, no es otro que la acción oculta del judaísmo masónico y soviético, que gobierna y empuja todas las fuerzas del mal contra la Iglesia de Jesucristo. Con esa perversa acción prepara y promueve la perversión y apostasía universal, cuya realización dará la señal para la aparición del Anticristo.
Pero queda por estudiar un factor, el principal ahora desde nuestro punto de vista: el Estado civil. ¿Que papel representa el Estado en esta lucha de Lucifer contra Dios?
Nos enseña la historia que el poder civil unas veces se ha inclinado hacia el bando de Lucifer, otras hacia el bando de Dios. Esa posición ambigua o variable del poder civil no puede satisfacer plenamente a Lucifer: no ve, ni puede ver, en él un aliado incondicional. El Estado civil, como institución divina de derecho natural, fundada en la justicia, que lleva en sus manos la ley y la espada, garantía del orden, es un adversario nato de la hueste de Lucifer, cuya actuación empuja necesariamente al desorden y al crimen. y el desorden y el crimen, diametralmente opuestos a lo que hay de más esencial en el Estado, no pueden menos que provocar su reacción y sus sanciones. Cuando el Estado, sobre todo si se inspira en los principios cristianos, se pone de parte de la hueste de Dios, entonces la hueste de Lucifer halla en él un adversario formidable y un obstáculo infranqueable para su perversa actuación. Testigos (son) tantos Estados modernos, que, aun simpatizando con los comunistas, no pueden menos que ponerle innumerables trabas a su acción demoledora. De ahí la aversión del comunismo al Estado jurídicamente constituido. Este hecho capital merece más atenta consideración.
El comunismo es, como atinadamente se llama, una fuerza disolvente. Y lo que disuelve, descompone y atomiza es el Estado. En efecto, el Estado civil está trabado y como ligado por dos vínculos principales: el poder o autoridad y el derecho o la ley; los cuales, unidos a otros factores geográficos, etnológicos, históricos, lingüísticos, culturales, religiosos forman las diferentes nacionalidades. Desligar a la masa humana de estos vínculos es el blanco inmediato del comunismo. Para obtenerlo prepara las masas. De ello se encargan los demagogos. Para arrancar de la mentalidad popular toda idea de poder civil, los demagogos persuaden a las masas que no existe otro poder que el del puebloque el poder es consustancial al puebloque el poder es una prerrogativa inalienable e inabdicable del pueblo soberano. Podrá designar sus representantes, mandatarios o comisarios; pero no transferirles su propia soberanía. De ahí que todo comunista, acepte o no el nombre es realmente ácrata o anarquista. Para extirpar toda idea de derecho, los demagogos procuran persuadir a las masas de que no existen otros valores humanos fuera de los económicos o materiales. Los demás: religiosos, científicos, morales, históricos, no son sino ficciones detestables, que hay que desterrar a sangre y fuego. Y como las diferentes nacionalidades se basan en esos valores ficticios y son, además, un obstáculo para la realización de los planes comunistas, de ahí la supresión de las barreras nacionales, de ahí el absoluto internacionalismo. Cuando estos vínculos sociales del poder, del derecho y de la nacionalidad hayan sido borrados de la mentalidad popular, quedará consumada la apostasía universal y preparado el terreno para la aparición del Anticristo.
Esta crisis final ha tenido en el curso de la historia muchos ensayos, que la han preparado y en cierta manera presagiado. La más grave, sin duda, es el actual comunismo soviético, por su vastísima repercusión en todo el mundo, por su organización y propaganda científicamente metodizada, por la crueldad inaudita de sus procedimientos y, sobre todo, por la campaña de su sindiosismo militante y avasallador. Desde hace muchos años se cierne, como negro nubarrón, sobre todo el mundo el peligro del comunismo, que amenaza arrasar toda la civilización cristiana. La magnitud misma del peligro ha provocado una pujante reacción anticomunista, que ha entorpecido y retardado sus avances. Se ha verificado, una vez más, la ley general: que el desenvolvimiento histórico, tanto del bien como del mal, no es uniformemente progresivo: a cada avance suele seguir su respectivo retroceso; a cada crisis, su reacción.
No sería difícil señalar las causas que motivaron los retrocesos o entorpecimientos del avance comunista. Una de las principales, si no la principal de todas, por lo menos la que ahora más nos interese, fue que las masas no estaban aun suficientemente preparadas y maduras para abrazar el comunismo. Quedaban todavía suficientes elementos para la reacción; mas notemos para nuestro propósito, que semejante reacción prosperó, y, por así decir, cristalizó en los Estados llamados autoritarios. Es decir, el principio de autoridad, asociado al sentimiento nacionalista, despertado y como exacerbado al choque de la anarquía comunista internacional, fue el que opuso una barrera a la invasión del comunismo soviético. El instinto de conservación guió a estos Estados nacionalistas y autoritarios. Corroborando el principio de autoridad, apuntó contra lo que hay de más sustancial en el comunismo, asestó a su punto más vital. Y para proteger este mismo principio de autoridad contra los ataques del internacionalismo comunista, se avivó en tales Estados el sentimiento nacional. Y para oponerse el internacionalismo negativo, que suprime las naciones, esos Estados autoritarios contrapusieron otro internacionalismo positivo, que reconoce la diferencia y la independencia de cada nacionalidad. Ante el Komintern ruso surgió el Antikmintern ítalo-germano-japonés. Desgraciadamente, no todos estos Estados se inspiraron debidamente en los principios cristianos, ni contuvieron dentro de sus justos límites el sentimiento nacionalista. Más, si bien se mira, estas mismas deficiencias o exageraciones confirman la lección de San Pablo: que el principio de autoridad, aun no bien entendido y aplicado, es un dique insuperable para el desbordamiento del mal; tal vez por sí mismo para frenar la ofensiva más formidable de la hueste de Lucifer que registra la historia: la del comunismo ateo.
¿Se desplomaron esos Estados autoritarios, se hundieron los diques que contenían el desbordamiento comunista? ¿Seguirá ahora el desbordamiento y la inundación universal del comunismo soviético? Sería humanamente inevitable si Rusia hubiera sido la única o la principal fuerza que arrolló a los Estados autoritarios. Pero entre los mismos aliados de Rusia subsiste el principio de autoridad. Por otra parte, el choque de intereses encontrados permite conjeturar que estos aliados no están dispuestos a consentir desmedida o ilimitadamente el imperialismo soviético. Lo que realmente pasará, sólo Dios lo sabe. Y sabe también la fe cristiana que Dios no ha perdido el control de los acontecimientos humanos. De todos modos queda en pie la verdad enseñada por San Pablo: que el principio de autoridad, despojado de elementos nocivos e inspirado en el espíritu genuinamente cristiano, es el medio providencial que, dentro de los planes divinos, puede cohibir o retrasar la gran apostasía universal, anunciada por el Apóstol de las Gentes.

viernes, 29 de julio de 2011

SAN PANTALEÓN, MILAGRO COMO CADA AÑO

Medio centenar de personas esperaban ayer tarde la apertura del templo para observar cómo la sangre, contenida en una ampolla, ha pasado del estado sólido a líquido y ser, además, los primeros en besar un relicario con un trozo de hueso del Santo.


Hasta las 22.00 horas del miércoles, festividad de San Pantaleón, ambas reliquias, que normalmente se custodian en el museo del monasterio, fueron expuestas en la iglesia, donde se celebraron eucaristías por la mañana y por la tarde.


Para observar mejor la pequeña ampolla con la sangre, colocada dentro de una vitrina, se han instalado dos pantallas de televisión que muestran una imagen ampliada, a tiempo real, donde se observa cómo la parte superior de sangre ha adoptado un color rojo vivo, indicativo de la licuefacción.


Según ha explicado a Efe Gabriel Ricci, uno de los tres capellanes del monasterio, la sangre no ha dejado de licuarse desde que la trasladaron de Italia al monasterio de la Encarnación en el siglo XVII, en contra de la leyenda popular procedente de Italia que vaticina catástrofes si la sangre no se licua.


"Hay años que ha empezado a licuarse antes y se ha mantenido líquida más tiempo, no es una cuestión matemática y se ve por el color rojo de la sangre, que cuando está coagulada tiene una tonalidad marrón oscura, y al mover la ampolla", ha apuntado.


Dado que San Pantaleón era médico y fue mártir, normalmente los fieles rezan pidiendo que les proteja en los aspectos de la salud y alguno de los presentes le atribuyen auténticos milagros en casos de enfermedades graves.


Así, uno de los encargados de la vigilancia hoy en la iglesia ha asegurado a Efe que fue testigo, hace ahora unos diez años, de cómo "un niño que estaba desahuciado fue traído del Hospital Niño Jesús por su padre y se curó de manera inexplicable después de que la Priora del convento de clausura pasara la ampolla sobre el niño enfermo".


San Pantaleón, oriundo de Nicomedia, en la actual Turquía, murió el 27 de julio del año 305, perseguido por el emperador Dioclesiano, por ejercer la medicina gratuitamente, lo que suscitó la envidia y el resentimiento de sus colegas de la época, y negarse a apostatar de la fe cristiana.


En la ciudad italiana de Ravello se expone la ampolla más grande que existe con sangre del santo y de la que se extrajo la porción que se conserva en el monasterio madrileño y que miles de fieles visitan cada año en estas fechas.


EFE

viernes, 15 de julio de 2011

ANUNCIAN "MISA REVOLUCIONARIA EN NICARAGUA"





Atrevido, indignante y abusivo el anuncio de la "misa revolucionaria. Monseñor Silvio Báez, Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua y Vicario General.


 El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua y Vicario General afirmó, que la esposa del presidente Daniel Ortega cometió una “ofensa gravísima a la Iglesia Católica y a la gran mayoría del pueblo de Nicaragua” tras haber anunciado que el 32º aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, el próximo martes 19 de julio, será celebrado con una “misa revolucionaria” a través de la cual se invocará al “dios de los pobres”.
Indicó que las palabras de Murillo dejan ver que le llama “misa revolucionaria” a la concentración del Frente Sandinista y aclaró que es manipulación del lenguaje religioso, en un estado laico y que es una ofensa a la Iglesia. 
Aclaró por ejemplo que Murillo habla de la “fe sandinista y fe revolucionaria” y “la fe supone que yo me someto a Dios, no que manipulo a Dios para mis intensiones egoístas, me someto al Señor amorosamente, obedeciendo su palabra para hacer su voluntad, lo que llamamos la conversión”, dijo.
Un segundo aspecto fue recordar que Nicaragua no es “confesional”, sino un estado laico, y por tanto, el gobierno en el Estado nicaragüense no debería necesitar ponerle adjetivos religiosos como cristianos o darle un matiz religioso a sus programas, proyectos o actuaciones para que tengan validez.

Explicó que “la Iglesia es la comunidad de fe de los que creen en Jesucristo y en comunión con pastores, sacerdotes, obispos y el Papa, viven y celebran su fe. Llamarle iglesia a otra cosa que no sea eso es un abuso, es una ofensa, una falta de respeto a la Iglesia o una ignorancia total”.


TAMBIÉN EXISTEN LOS LACAYOS


Señala Monseñor Bismarck Carballo que Gobierno práctica Doctrina Social de la Iglesia

Monseñor Bismarck Carballo señaló que  el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, ha estado practicando la Doctrina Social de la Iglesia Católica al desarrollar programas y proyectos basados en la justicia y en el desarrollo integral del ser humano.
"Hay muchas áreas de la doctrina social de la iglesia que se están realizando en el gobierno actual", afirmó.
"En el fondo hay una intención de promover a la persona como factor de cambio, como factor de su propia liberación económica", afirmó.
Carballo expresó que en las elecciones del 6 de noviembre el pueblo de Nicaragua votará en base a estas realidades, lo que podría significar una gran ventaja para el gobierno que preside el Comandante Daniel Ortega.
"Definitivamente hay una actitud de vivir la Reconciliación, la Justicia, la Promoción Humana, y esa es la ventaja que en algún momento va a encontrar el actual gobierno: que a la hora de votar no se va a votar sobre sueños, sino sobre realidades", destacó.
Algo que destaca Monseñor Carballo es que desde el 1979 hasta la fecha el Frente Sandinista se ha venido convirtiendo en un partido mucho más maduro, mucho más abierto y mucho más conciliador. (¡)
Indicó que la presencia del Cardenal Miguel Obando al frente de la Comisión de Reconciliación Paz y Justicia es una garantía de que el gobierno actual está implementando la doctrina de la Iglesia.
"La presencia de Su Eminencia el Cardenal Obando en esta comisión es garantía de que los elementos de la doctrina social de la Iglesia se están implementando", aseguró Carballo.
En cuando a la necesidad de que se continúen impulsando todos los programas y proyectos productivos del gobierno, dijo que eso es lo que decidirá el pueblo en las elecciones de noviembre próximo.
"Usted puede ver la figura del Cardenal Obando, que es una figura muy de sensatez y  referente moral en este país... Yo creo que son cosas que nos ayudan a evaluar de que ha habido un proceso de cambio", añadió.
"Yo siento que en noviembre el nicaragüenses van a votar a través de realidades y van a dar el voto precisamente para que estos proyectos caminen", añadió.



sábado, 9 de julio de 2011

LA MUERTE DEL PECADOR VOLUNTARIO

Vive siempre como quien ha de morir, pues es certísimo que, antes o después, todos moriremos.
En la puerta de entrada al cementerio de El Puerto de Santa María se lee: «Hodie mihi, cras tibi» que significa: «Hoy me ha tocado a mí, mañana te tocará a ti»

Esto es evidente. Aunque no sabemos cómo, ni cuándo, ni dónde; pero quien se equivoca en este trance no podrá rectificar en toda la eternidad. Por eso tiene tanta importancia el morir en gracia de Dios. Y como la vida, así será la muerte: vida mala, muerte mala; vida buena, muerte buena. Aunque a veces se dan conversiones a última hora, éstas son pocas; y no siempre ofrecen garantías. Lo normal es que cada cual muera conforme ha vivido .

La historia del mundo está llena de estos casos lamentables, que vienen a confirmar el oráculo de la Sagrada Escritura: "Mors peccatorum pessima" (Ps. 33, 22), y la terrible profecía de Nuestro Señor a los obstinados fariseos: "Moriréis en vuestro pecado" (Io. 8, 21).

Tal suele ser la muerte de los pecadores voluntariamente obstinados, de los grandes incrédulos (Voltaire, Rousseau, Renán, etc.), de los grandes apóstatas de la religión (Juliano el Apóstata, Arrio, Montano, Nestorio, etc.) de los falsos reformadores (Lutero, Calvino, Zwinglio, Enrique VIII), de los afiliados a las sectas  masónicas, de los que han alardeado siempre de "indiferencia religiosa" y "la libertad de criterio", etc., etc.

De ninguno de estos desgraciados en particular podría afirmarse con certeza que se ha condenado infaliblemente. Es un secreto de Dios. Nadie puede asegurar lo que pudo haber pasado entre Dios y un alma a punto de comparecer ante Él. Pero, humanamente hablando, ¿que esperanza se puede alimentar en torno a semejantes hombres, que mueren con manifiestas señales de eterna reprobación? ¡Ay de los que no se limitaron a ser malos, sino que hicieron lo posible por arrastrar a los demás a su maldad!
Por vía de ejemplo - y sin pretender afirmar de manera categórica su eterna condenación-,vamos a recoger aquí el final desastroso de un personaje histórico, enemigo declarado de la Iglesia Católica: Voltaire.

MUERTE DE VOLTAIRE
¿Quién no conoce a Voltaire (Francisco María Aruet), el patriarca de la incredulidad? Murió la noche del 30 al 31 de mayo de 1778, a los ochenta y cuatro años de edad. Su médico -M. Trochin, protestante-, testigo ocular de cuanto sucedió  en los últimos momentos del desgraciado, escribía a Bonnet el 27 de junio de 1778 (27 días después de la muerte del famoso incrédulo): Poco tiempo antes de su muerte, M. Voltaire, preso de furiosas agitaciones, gritaba foribundamente: Estoy abandonado de Dios y de los hombres. Hubiera querido yo, añade el médico, que todos los que han sido seducidos por sus libros hubieran sido testigos de aquella muerte. No era posible presenciar semejante espectáculo. Yo no puedo puedo acordarme de él sin horror. Cuando se convenció  de que todo lo que se hacía para aumentar sus fuerzas producía un efecto un efecto contrario, la muerte estuvo siempre ante sus ojos. Desde ese momento la rabia se apoderó de su alma. Imaginad los furores de Orestes: furiis agitatus obiit. Así murió Voltaire.

La marquesa de Villete, en cuya casa murió Voltaire, contó después más de una vez a su familia y a sus confidentes los detalles de aquel fin horrible . "Nada más verdadero-dice ella- que cuanto M. Tronchin afirma sobre los últimos instantes de Voltaire. Lanzaba gritos desaforados, se revolvía, crispábansele las manos, se laceraba con las uñas. Pocos minutos antes de expirar le habló al abate Gaultier. Varias veces quiso hicieran venir un ministro de Jesucristo. Los amigos de Voltaire, que estaban en casa, se opusieron bajo el temor de que la presencia de un sacerdote que recibiera el postrer suspiro de su patriarca derrumbara la obra de su filosofía y disminuyeran sus adeptos... Al acercarse el fatal momento, una redoblada desesperación se apoderó del moribundo; gritaba, diciendo que sentía una mano invisible arrastrarle ante el tribunal de Dios; invocaba con aullidos espantosos a  aquél Cristo que él había combatido durante toda su vida; maldecía una vez tras otra; finalmente, para calmar la ardiente sed que le devoraba, llevóse a la boca su vaso de noche; lanzó un último grito, y expiró entre la inmundicia y la sangre que le salían de la boca y de las narices"

Cierto el impío puede cerrar sus oídos para no oír las amenazas de la palabra divina, puede cerrar los ojos para no ver las escenas horripilantes de desesperación de aquellos que, en los últimos momentos de su vida, perciben ya el abismo que los va a tragar. Mas les es difícil imponer silencio a la voz de su propia conciencia, que en nombre de la justicia les grita: Todo eso es verdad.

TEOLOGÍA DE LA SALVACIÓN
ANTONIO ROYO MARÍN

viernes, 1 de julio de 2011

Acto de Consagración del Género Humano al Corazón de Jesús

por Su Santidad León XIII  el 11 de junio de 1899







Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano,
miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar.

Vuestros somos y vuestros queremos ser;
y a fin, de poder vivir más estrechamente unidos a Vos,
todos, y cada uno de nosotros,
espontáneamente nos consagramos en este día
a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos por desgracia, jamás os han conocido;
otros, despreciando vuestros mandamientos,
os han desechado.
Oh, Jesús benignísimo,
compadeceos de los unos y de los otros,
y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.

Oh Señor, sed Rey,
no sólo de los hijos que jamás se han alejado de Vos,
sino también de los pródigos que os han abandonado;
haced que vuelvan pronto a la casa paterna,
para que no perezcan de hambre y de miseria.

Sed Rey de aquellos que,
por seducción del error o por espíritu de discordia,
viven separados de Vos;
devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe,
para que en breve,
se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Conceded, oh Señor,
incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia;
otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden;
haced que del uno al otro confín de la tierra
no resuene sino esta voz:
Alabado sea el Corazón Divino causa de nuestra salud;
a Él se entonen cánticos de honor y de gloria
por los siglos de los siglos.
Amén.

jueves, 23 de junio de 2011

LA INCESANTE ADORACIÓN



Entre todas las instituciones de piedad que forman el esplendor y la gloria de la Santa Iglesia Católica, puede afirmarse que ninguna es de mayor excelencia, ninguna está llamada a ejercer en los corazones una influencia más profunda, ninguna simboliza mejor los futuros destinos de la humanidad, como la adoración perpetua de Jesucristo en la Divina Eucaristía. El siglo actual, a pesar de sus deplorables aberraciones puede estar justamente satisfecho de haber llevado a una altura increíble los progresos de las artes; pero nada podrá igualar al honor que obtiene, por haber dado incremento a ese incendio de gratitud y de amor que, estremeciendo a las almas, las conduce a la presencia de Dios, para que descansen allí de los grandes sacudimientos de la sociedad. ¡Oh institución venida del Cielo con el fuego divino de la caridad! En ti se cifra el porvenir... tú serás el remedio de nuestras desgracias...


¿Es mucho decir? Pues no se puede decir menos. La Santísima Eucaristía, testimonio palpitante de todo el amor que Dios nos tiene, es el resumen magnífico de la bondad, del poder, de la riqueza; es la Encarnación continuada del Verbo Eterno, la memoria perenne de la Pasión de Jesucristo, la Víctima augusta de propiciación, el principio fecundo de todas las virtudes, el sabroso maná en nuestro destierro, el precioso germen de la inmortalidad. De donde se sigue, que si llega el día en que todos los corazones no encuentren ya otro bien en esta vida que hacer compañía a Jesús, porque comprendan que su milagrosa presencia en nuestros altares es el único objeto digno de amor sobre la tierra, ese día feliz estará plenamente cumplida aquella tierna promesa de que "no habrá más un sólo rebaño y un sólo Pastor" (San Juan X, 16)


Y debe ser así. Porque si la oración es tan eficaz y nos une tanto a Dios, que es llamada con justicia llave de oro que abre los tesoros del Cielo ¿donde puede extenderse y dilatarse más el hermoso vuelo de nuestra oración, sino allí donde está nuestro Omnipotente Mediador?¿Dónde puede ser más humilde, ni más ferviente, ni más perseverante el ruego del infeliz culpable, ese ruego que rasga los cielos y hace descender torrentes de misericordia, sino a los pies de Aquél que ha ofrecido concedernos todo lo que pidamos en su nombre? ¿Dónde puede elevarse el alma con más rapidez al deseo y a la contemplación de los bienes celestiales, sino en vista del Cordero Inmaculado, a quién rodean los coros de los Ángeles y de las Vírgenes, y de los Confesores, y de los Mártires? ¡Que grato es pensar que mientras el mundo se entrega a sus fugaces placeres, abriendo la puerta de la desventura a los que le sirven, existen muchos corazones en la presencia de Jesucristo, consagrándole sus adoraciones y llamando a las puertas de su amante Corazón para encontrar el verdadero gozo!


Fe viva, fervor ardiente y deseo constante de honrar al dulcísimo Jesús, que vive en la Eucaristía y sabe premiar la fidelidad, han formado en todo el tiempo el carácter de las almas que comprenden donde está el verdadero amor. ¡Que nuestro ruego, unido al de la Santa Iglesia, alcance las bendiciones y los consuelos divinos, en proporción a los sentimientos de nuestra humildad y respeto! Sic nos tu visita, sicut te colimus. Himno Sacria solemniis.

viernes, 3 de junio de 2011

VIRGEN DEL ROSARIO DE TALPA

Los peregrinos acuden a Talpa principalmente en cuatro grandes fiestas religiosas: el 2 de febrero, en que se celebra el Día de la Candelaria; del 11 al 19 de marzo, durante el novenario a Señor San José; en Semana Santa y el 12 de mayo, durante la coronación a la Señora del Rosario.


Sin embargo, el 7 de octubre, en que se celebra la fiesta a la Virgen del Rosario, ha sido reservado para el pueblo, al igual que antes lo era el 10 de septiembre, fecha en que se celebraba el tradicional “Baño de la Virgen”, un día antes del novenario de su renovación, ocurrida el 19 de septiembre de 1644. Actualmente, bastantes fieles acuden también durante estos días, además de los que llegan a visitarla cualquier día del año.


La imágen de la Virgen de Talpa, se dice, fué modelada por los indios tarascos del Estado de Michoacán y llevada a Talpa en el año de 1585; desde entonces ha concedido cientos de milagros a los innumerables peregrinos que han pasado frente a Ella con un rostro de sufrimiento y palabras de alabanza.




Los nativos del lugar, al tratar de recordar alguno de sus grandes milagros, difícilmente pueden escoger alguno de entre ellos y relatan más bien los que están escritos en la historia, como lo fue su prodigiosa renovación, ocurrida cuando la imagen de caña liviana y en mal estado iba a ser enterrada, y al ser colocada en un hoyo, en medio de un resplandor y se observó que la imagen que se iba a desechar se había inexplicablemente renovado.


El pueblo de Talpa también le agradece a su Virgen la milagrosa restauración de la torre izquierda de su Basílica, que debido a un fuerte sismo ocurrido en la década de los 20´s, en el siglo pasado, había quedado peligrosamente inclinada, pero ese mismo día, por la tarde, otro temblor puso la torre en su lugar.




Nuestra Señora del Rosario de Talpa
Patrona de la Diócesis de Tepic




El 10 de diciembre de 1948 se firmó en Roma el rescripto que concedía el Patronato de la Diócesis de Tepic a Nuestra Señora del Rosario de Talpa.


El último día del mes de febrero del año siguiente, fue recibido el documento en la curia Diocesana. Inmediatamente dieron inicio los preparativos para tan importante evento, el cual se llevó a cabo del 12 de mayo de 1949.


Renovación de la Imágen

En el año de 1644, en la villa de Talpa, de la jurisdicción de la parroquia de Guachinango, el viernes 19 de septiembre, aconteció un hecho de gran trascendencia para la vida religiosa de toda la comarca: una imagen de La Virgen María desfigurada y carcomida por el tiempo, y que por orden del párroco, Don Pedro Rubio Félix, debía ser enterrada en un pozo en la sacristía, se renovó milagrosamente.


Tocó a una jovencita llamada María Tenanchi, cumplir la disposición del párroco: “Y llegando dicha María Tenanchi a coger dicha imagen, súbitamente fue tan grande el resplandor que salió de dicha imagen, que deslumbró y derribó a dicha Tenanchi María Cantora, que cayó como muerta en dicha peana; las demás naturales que estaban barriendo la iglesia y la fueron a alzar; y preguntárosle qué se había hecho les dijo ¿no veis esa Virgen desbaratada que está de otra manera, echando resplandores de fuego, rodeada de nubes que hizo así?, ¿qué será eso?”.


Este acontecimiento, testificado por los indígenas y puesto por escrito por orden de dicho párroco en un documento conocido como la “Auténtica”, y los numerosos milagros obrados en los años inmediatos, dio origen a que la veneración de la imagen se extendiera rápidamente.


En la actualidad, la Imagen es visitada durante todo el año por incontables fieles que de diversos lugares del país y del extranjero acuden a ella en devotas romerías.

LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA Y LA CRISTIANDAD



La Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, salvó de la invasión de los bárbaros los valores de la cultura y civilización greco-romana. Y bajo su dirección, influencia e inspiración, nació la civilización cristiana, la más brillante que ha existido, no sólo por ser la que mejor ha logrado el justo equilibrio entre el progreso moral  y el intelectual y material de las sociedades, sino, sobre todo porque es la única que ayuda al hombre a alcanzar sus fines temporales sin menoscabo de su fin eterno.


La expresión «Cristiandad « tiene su historia. El término apareció por primera vez en el sentido que hoy le damos hacia fines del siglo IX, cuando el Papa Juan VIII, ante peligros cada vez más graves y acuciantes, apeló a la conciencia comunitaria que debía caracterizar a los cristianos. Hasta entonces la palabra sólo había sido empleada como sinónimo de «doctrina cristiana» o aplicada al hecho de ser cristiano, pero al superponerle aquel Papa el sentido de comunidad temporal, proyectó la palabra hacia un significado que sería glorioso.
A partir del siglo IX fue que la palabra se pudo integrar el vocabulario corriente. Desde entonces se habló de La Cristiandad, de los peligros que se cernían sobre ella y de las empresas que alentaba. Ulteriormente, los Papas que se sucedieron en la sede de Pedro, al utilizar dicho vocablo lo enriquecieron con nuevos matices. Gregorio VII introdujo la idea de que la Cristiandad decía relación a determinado territorio en que vivían los cristianos, de modo que había Cristiandad allí donde se reconocía públicamente el Evangelio. Urbano II, al convocar la Cruzada, entendió que unificaba a la Cristiandad en una gran empresa común, orientándola hacia un fin heroico. Pero fue sobre todo Inocencio III quien llevó la idea de Cristiandad a su culminación, al tratar de convertirla en un sinónimo de naciones afines en pensamiento y dirección, sobre la base del reconocimiento de una misma doctrina y una misma moral.

La civilización cristiana se concretó en esa maravillosa realidad que se denominó la Cristiandad, una comunidad de naciones diversas y distantes entre sí, unidas por una misma fe y que descansaba sobre dos sólidos pilares: el Pontificado y el Imperio.
La mutua armonía e independencia de esos pilares y la soberanía de cada cual respecto de sus propios fines, aseguraban un orden justo y estable. Bien establecida la distinción, sin ningún género de confusión de órdenes diversos, se reconocía unánimemente la natural jerarquía de valores, esto es, la supremacía de lo espiritual y eterno sobre lo temporal y caduco.
La Edad Media marcó el máximo esplendor de la Cristiandad. El centro de toda vida personal, familiar y social era Dios, la Cristiandad, en esa Edad Media teocentrista, no era ciertamente una sociedad perfecta, pero aspiraba y estaba en el buen camino, para alcanzar la plenitud de la perfección humanamente posible. La distancia que había recorrido y que la separaba de la barbarie y del paganismo era impresionante.
Cumpliendo con su misión específica, el mandato divino de evangelizar, la Iglesia Católica ha sido el principal agente en la obra de la civilización de los pueblos. No los engañaba prometiéndoles la felicidad en éste mundo. Antes bien, constantemente enseñaba que la vida es una época de lucha, de prueba y de expiación, y urgía no sólo la necesidad de la Fe, sino también la necesidad de las buenas obras para alcanzar la felicidad en la vida eterna. La Iglesia, evangelizando, civilizaba. Así se explica su fecundidad y la magna obra realizada.
Bajo su influencia e inspiración, nacen los municipios y los gremios, como bases y núcleos de la vida política y social.


Entre tantas cosas admirables, la Iglesia Católica se distinguió en la educación e instrucción de la niñez y de la juventud. Eran los monasterios los lugares donde se conservaban  y escribían los libros  y pronto de allí surgieron los colegios y las universidades. Los monasterios eran también frecuentemente escuelas de primeras letras, escuelas agrícolas y de artes y oficios.
Había grandes pecadores, pero florecía y abundaba la santidad. Eclesiásticos y seglares rivalizaban en el celo por la creación y sostenimiento de innumerables Órdenes religiosas, congregaciones e instituciones, que daban gloria a Dios y atendían las necesidades de todo orden, todas las miserias espirituales y materiales del hombre.
Nunca como en esa Edad Media teocentrista se ha tenido tanta preocupación por la elevación integral del hombre, especialmente de los más desvalidos, mediante múltiples instituciones de caridad, creadas y sostenidas principalmente por la Iglesia.
El llamado Renacimiento Humanista inició la decadencia y final destrucción de la Cristiandad, queriendo invertir los términos y colocar al hombre en el lugar que sólo a Dios le corresponde. 

sábado, 28 de mayo de 2011

SENTIDO DE LA PALABRA "MÁRTIR"



La palabra griega mártir significa testigo que testifica un hecho del que tiene conocimiento por observación personal. Con este sentido es con el que aparece por primera vez en la literatura cristiana; los apóstoles fueron “testigos” de todo lo que habían observado en la vida pública de Cristo, así como de todo lo que habían aprendido con su enseñanza, “en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, hasta lo último de la tierra” (Hech 1, 8). San Pedro emplea el término con este significado en su alocución a los apóstoles y discípulos con motivo de la elección del suplente de Judas: “Así que es necesario que de los que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, empezando desde el bautismo de Juan hasta el día en que, dejándonos, fue elevado al cielo, uno de ésos sea, junto con nosotros, testigo de su resurrección” (Hech 1, 21-22). En su primera carta se refiere San Pedro a sí mismo como “testigo de los padecimientos de Cristo” (1Pe 5, 1).


Pero incluso en estos primeros ejemplos del uso de la palabra martir en la terminología del cristianismo ya es digno de atención un nuevo matiz en su acepción. Los discípulos de Cristo no eran testigos corrientes como los que prestaban declaración en un tribunal de justicia. Estos últimos no corrían ningún riesgo al atestiguar los hechos que habían observado, mientras que los testigos de Cristo se enfrentaban diariamente, desde el comienzo de su apostolado, con la posibilidad de sufrir graves castigos y aún la misma muerte. 


San Esteban


Así, San Esteban fue un testigo que selló su testimonio con su sangre a principios de la historia cristiana. Las vocaciones de los apóstoles estuvieron siempre rodeadas de peligros del carácter más serio, hasta que todos ellos sufrieron finalmente la última pena por sus convicciones. De este modo, en vida de los apóstoles, el término martir llegó a usarse en el sentido de testigo al que se le puede exigir en cualquier ocasión que renuncie o reniegue de lo que ha testificado, bajo pena de muerte. A partir de esta fase fue natural la transición hacia el significado habitual del término, según se usa en la literatura cristiana desde entonces: un mártir, o testigo de Cristo, es una persona que, aunque no ha visto ni oído nunca al divino fundador de la Iglesia, está no obstante tan firmemente convencida de las verdades de la religión cristiana que sufre de buen grado la muerte antes que renegar de ella. San Juan emplea la palabra con este significado a finales del siglo primero; se habla de Antipas, un converso del paganismo, como de "mi testigo (martir), mi fiel (seguidor), que sufrió la muerte entre vosotros, donde habita el Adversario " (Ap 2, 13). El mismo apóstol habla más adelante de "las almas de los que habían sido inmolados a causa de la palabra de Dios y a causa del testimonio (martyrian) [de Jesucristo] que mantenían " (Ap 6, 9).


San Gregorio Nacianceno
Lo ortodoxo era no buscar el martirio. En general se consideraba imprudente, si bien las circunstancias podían excusar a veces tal proceder. San Gregorio Nacianceno recapitula en una sentencia la regla a seguir en casos semejantes: buscar la muerte es una pura temeridad, pero es cobarde renunciar a ella (Orat. xlii, 5, 6). La rotura de ídolos fue condenada en el Concilio de Elvira (306), el cual decretó, en su canon sexagésimo, que no sería inscrito como mártir un cristiano ajusticiado por un vandalismo de esa clase. En cambio Lactancio solo censura levemente a un cristiano de Nicomedia que sufrió el martirio por derribar el edicto de persecución (Do mort. pers., xiii).

jueves, 26 de mayo de 2011

La Brujería





¿Por qué se recurre a la brujería?

La ayuda que ofrece la brujería se busca por diferentes razones. Las principales son: Para hacer daño a quien se odia; para atraer la pasión amorosa de alguien; para invocar a los muertos; para suscitar calamidades o impotencia contra enemigos, rivales u opresores reales o imaginarios; para resolver un problema se ha convertido en obsesión y ya no importa por que medio se resuelve.


Prácticas de los Brujos


La brujería data desde los tiempos de la antigua Mesopotamia y Egipto. Así se demuestra la Biblia al igual que en otros antiguos escritos como el Código de Hammurabi (2000 a.C.).


No todos los brujos siguen las mismas prácticas Pero no es extraño que el brujo haga un pacto con espíritus, abjure a Cristo y los Sacramentos, haga rituales como parodias de la Santa Misa o de los oficios de la Iglesia, adoren al Príncipe de las Tinieblas y participan en aquelarres (reuniones de brujos donde hacen sus maledicencias). La brujería está relacionada con el satanismo.


En brujería y en la magia hay elementos comunes:


1-La realización de rituales o de gestos simbólicos.
2- El uso de sustancias y objetos materiales que tienen significado simbólico.
3- Pronunciamiento de un hechizo.
4- Una condición prescrita del que efectúa el rito.


La brujería consta de rituales para hacer sus hechizos (ejercer un maleficio o atadura sobre alguien), algunos de los cuales requieren hierbas particulares. También hay palabras de conjuro o hechizo que pueden ser escritas para obtener un mayor poder. Quién realiza el rito debe desear su propósito con todas sus fuerzas para obtener mayores efectos y algunas veces debe ayunar por 24 horas antes de realizar el rito para purificar el cuerpo.
¿Es real el poder de la brujería?


Puede ser real, pero en muchos casos puede ser también sugestión de la mente, es decir pura mentira. En ambos casos está actuando el demonio, príncipe de la mentira.


La Biblia, la enseñanza de los Padres de la Iglesia y la tradición no dejan lugar a dudas sobre el hecho que los seres humanos tienen la libertad para pactar con el diablo el cual tiene influencia en la tierra y en las actividades humanas. Por otro lado algunos Padres como San Jerónimo, pensaban que en muchos casos la brujería es sugestión de la mente.


La Biblia condena la brujería y la hechicería, no como falsas o fraudulentas, sino por ser una abominación: "A la hechicera no la dejarás con vida" (Exodo 22,18; Ver también Deuteronomio 18,11-12). La narrativa de la visita del rey Saúl a la hechicera de Endor (I Reyes 28) demuestra que su evocación de Samuel fue real y tuvo efecto. En Levítico 20,27 se lee: "El hombre o la mujer en que haya espíritu de nigromante o adivino, morirá sin remedio: los lapidarán. Caerá su sangre sobre ellos". Está claro que en estos casos se trata de un espíritu adivino.


El Pueblo de Israel, en muchas ocasiones, se tornó a la práctica de la adivinación y a la consulta de brujos, yendo así en contra de los mandatos de Dios. (Ez 13:18-19; 2 Cron 33:6; Jer 27:9...).


El Antiguo Testamento muestra claramente como los Israelitas y sus vecinos paganos estaban conscientes de la brujería y la magia. En el libro de Éxodo 7:11 leemos que el Faraón: "llamó a todos los sabios y adivinos. Y ellos también, los magos de Egipto, hicieron las mismas cosas (que Moisés) por medio de sus artes secretas".


El Primer Mandamiento condena la brujería, la magia y todo tipo de adivinación: "Yo Soy el señor tu Dios...no tendrás dioses extraños delante de mi" (Ex 20:2-3).


El Nuevo Testamento igualmente condena la brujería como una realidad perversa: (Gálatas 5,20; 13,6; Apocalipsis 21,8; 22,15). El mago Simón era practicante de la magia pero le dio envidia de los Apóstoles al ver que la gente recibía el Espíritu Santo cuando ellos imponían las manos. Ofreció dinero a los Apóstoles para que le enseñaran como hacer esto y Pedro le contestó: "...tú corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete , pues, de esa tu maldad..." (Hechos 8:9-22).


La brujería opera con poder satánico (dado por Satanás). Se trata de los poderes que oprimen a los hombres y que Jesucristo confrontó hasta morir y resucitar para librarnos de ellos. Su victoria no nos evita la lucha contra el maligno sino que nos da la fuerza para vencerlo si tenemos fe.


Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Efesios 6:12


Debemos evitar tanto el exagerar como el minimizar el poder de Satanás. En una guerra es esencial conocer las fuerzas contrarias y saber como vencerlas. Satanás tiene poder para tentar y asediar a los fieles, pero su poder no es comparable al de Dios Todopoderoso. Satanás puede causar persecuciones y hasta el martirio de los fieles. La victoria de los santos no está en vivir sin pruebas sino en vencerlas manteniéndose fieles a Dios.


El demonio existe y entra en relación con aquellos que lo buscan. Como recompensa a quién le ofrece culto, el demonio otorga poderes preternaturales para obtener poder, fama, dinero, influencia, es decir las cosas que desea la carne. Por medio de la brujería se puede llegar a lograr el éxito en el mundo profesional ya sea como artista, profesional, militar, político, etc. Estas personas pueden parecer muy atractivas y tener un gran don de ganarse a la gente hasta el punto de atraer grandes multitudes y convertirse en dioses para sus admiradores los cuales son capaces de hacer hasta lo irrazonable por sus ellos. Los poderes del mal pueden cegar las mentes y fanatizarlas portentosamente. La brujería no es mera superstición. El demonio ciertamente arrastra hacia su reino del mal a los que se involucran en ella y a sus aduladores. Si no hay arrepentimiento y conversión, el final será el infierno.


Qué hacer contra las brujerías


Al enterarse de que alguien le está haciendo un "trabajo" de brujería, muchas personas tienen miedo. Esto es lo que el quiere ya que por el miedo puede dominarnos. Debemos recordar que el demonio nada puede contra los que son fieles a Dios. Nuestro Padre Celestial es Todopoderoso y nos ama. El demonio sólo puede con aquellos que no confían en Dios y por falta de fe están espiritualmente débiles o muertos. Son como pollitos que se han alejado de la protección de la gallina y se exponen al gavilán. Por eso Jesús nos dice:


¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! Mateo 23:37


Quién está amenazado por brujerías que recurra al Señor por protección y no tema. Debe poner en Dios toda su confianza y practicar su fe, no por miedo a la brujería sino por convicción: acercarse a los sacramentos, la oración personal y pedir a los hermanos que oren por él. La gracia del Señor jamás faltará a quién la busque.


Jamás debemos ir a otro brujo para "defendernos". Eso sería caer en la trampa del demonio haciendo lo que él quiere: que desconfiemos de Dios para que recurramos a él.


Muchas veces las personas recurren a la brujería en momentos de desesperación, cuando creen que es el último recurso que les queda. En esos momento vulnerables alguien les ofrece la brujería como una solución fácil. Como católicos jamás recurrimos a ningún medio espiritual fuera de Dios. Cuando pedimos la intercesión de los santos, por ejemplo, no buscamos una vía alterna sino que buscamos su ayuda tan solo y precisamente para mantenernos fieles al Señor como ellos lo hicieron. Hay dos familias: la de Dios y la del demonio. Cada uno recurre a los miembros de la suya. Pidamos a Dios que prefiramos morir antes de buscar algo del demonio.