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martes, 9 de agosto de 2011

EL CULTO A LOS SANTOS EN LA LITURGIA

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En el curso del año litúrgico, no sólo se celebran los misterios de Cristo, sino también las fiestas de los santos que están en los cielos.


Que están en los cielos. 
Aunque se trate de una categoría inferior y subordinada, la Iglesia sin embargo pretende siempre proponer a los fieles ejemplos de santidad, que los muevan a revestirse de las virtudes del mismo Divino Redentor.


Se nos proponen como ejemplo. 
Porque, así como los santos fueron imitadores de Jesucristo, así nosotros hemos de imitarles a ellos, ya que en sus virtudes resplandece la virtud misma de Jesucristo. En unos resplandeció el celo apostólico, y en otros la fortaleza de nuestros héroes llegó hasta el derramamiento de su sangre; en unos brilló la constante vigilancia en la espera del Redentor, y en otros la virginal pureza del alma o la modesta suavidad de la humildad cristiana; en todos, en fin, era ferviente la ardentísima caridad para con Dios y para con el prójimo. La Sagrada Liturgia pone ante nuestros ojos todos estos esplendores de santidad para que los contemplemos provechosamente, y ya que festejamos sus méritos emulemos sus ejemplos. Conviene, pues, conservar la inocencia en la sencillez, la concordia en la caridad; la modestia en la humildad; la diligencia en el gobierno, la vigilancia en la ayuda de los que trabajan, la misericordia en socorrer a los pobres, la constancia en defender la verdad, el rigor en la severidad de la disciplina, a fin de que no falte en nosotros ningún ejemplo de buenas obras. 


Estas son las huellas que nos dejaron los santos al regresar a la patria, para que, siguiendo su camino, consigamos también su felicidad.
Mas, para que hasta nuestros sentidos se muevan saludablemente, quiere la Iglesia que en nuestros templos se expongan las imágenes de los santos, siempre, sin embargo movida por la misma razón, de que imitemos las virtudes de aquellos cuyas imágenes veneramos.



Como intercesores nuestros. Mas hay todavía otra razón para que el pueblo cristiano rinda culto a los santos del cielo, a saber, para que implorando su auxilio seamos ayudados por la protección de aquellos con cuyas alabanzas nos regocijamos. De esto fácilmente se deduce por qué ofrece la Sagrada Liturgia tantas fórmulas de oraciones para impetrar el patrocinio de los Santos.


Culto preeminente a la Virgen Santísima. 



Mas, entre los santos del cielo, se venera de un modo preeminente a la Virgen María Madre de Dios, pues su vida, por la misión recibida del Señor, se une íntimamente con los misterios de Jesucristo; y nadie en verdad siguió más de cerca y más eficazmente las huellas del Verbo encarnado, nadie goza dc mayor gracia y poder ante el Corazón Sacratísimo del Hijo de Dios, y por su medio, ante el Padre Celestial. Ella es más santa que los querubines y serafines, y goza de una gloria mucho mayor que los demás moradores del cielo, como quiera que es la llena de gracia y Madre de Dios, la que con su parto feliz nos ha dado al Redentor. Siendo ella Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, clamemos a ella cuantos gemimos y lloramos en este valle de lágrimas y pongamos confiadamente nuestras personas y nuestras cosas todas bajo su patrocinio. Ella fue constituida nuestra Madre cuando el Divino Redentor hizo el sacrificio de Sí mismo, y así, pues, también por este título somos sus hijos. Ella nos enseña todas las virtudes, nos entrega su Hijo, y juntamente con Él nos ofrece los auxilios que necesitamos, puesto que Dios quiso que todo lo tuviésemos por María.

Pío XII, Carta Encíclica Mediator Dei, 20 noviembre 1947.

viernes, 29 de julio de 2011

SAN PANTALEÓN, MILAGRO COMO CADA AÑO

Medio centenar de personas esperaban ayer tarde la apertura del templo para observar cómo la sangre, contenida en una ampolla, ha pasado del estado sólido a líquido y ser, además, los primeros en besar un relicario con un trozo de hueso del Santo.


Hasta las 22.00 horas del miércoles, festividad de San Pantaleón, ambas reliquias, que normalmente se custodian en el museo del monasterio, fueron expuestas en la iglesia, donde se celebraron eucaristías por la mañana y por la tarde.


Para observar mejor la pequeña ampolla con la sangre, colocada dentro de una vitrina, se han instalado dos pantallas de televisión que muestran una imagen ampliada, a tiempo real, donde se observa cómo la parte superior de sangre ha adoptado un color rojo vivo, indicativo de la licuefacción.


Según ha explicado a Efe Gabriel Ricci, uno de los tres capellanes del monasterio, la sangre no ha dejado de licuarse desde que la trasladaron de Italia al monasterio de la Encarnación en el siglo XVII, en contra de la leyenda popular procedente de Italia que vaticina catástrofes si la sangre no se licua.


"Hay años que ha empezado a licuarse antes y se ha mantenido líquida más tiempo, no es una cuestión matemática y se ve por el color rojo de la sangre, que cuando está coagulada tiene una tonalidad marrón oscura, y al mover la ampolla", ha apuntado.


Dado que San Pantaleón era médico y fue mártir, normalmente los fieles rezan pidiendo que les proteja en los aspectos de la salud y alguno de los presentes le atribuyen auténticos milagros en casos de enfermedades graves.


Así, uno de los encargados de la vigilancia hoy en la iglesia ha asegurado a Efe que fue testigo, hace ahora unos diez años, de cómo "un niño que estaba desahuciado fue traído del Hospital Niño Jesús por su padre y se curó de manera inexplicable después de que la Priora del convento de clausura pasara la ampolla sobre el niño enfermo".


San Pantaleón, oriundo de Nicomedia, en la actual Turquía, murió el 27 de julio del año 305, perseguido por el emperador Dioclesiano, por ejercer la medicina gratuitamente, lo que suscitó la envidia y el resentimiento de sus colegas de la época, y negarse a apostatar de la fe cristiana.


En la ciudad italiana de Ravello se expone la ampolla más grande que existe con sangre del santo y de la que se extrajo la porción que se conserva en el monasterio madrileño y que miles de fieles visitan cada año en estas fechas.


EFE

viernes, 22 de julio de 2011

INJERTOS, TRASPLANTES Y DONACIONES DE ÓRGANOS



A MANERA DE PRÓLOGO

Desde hace algunos años se difunde en México una fuerte campaña en favor de la donación de órganos, material indispensable para los injertos y trasplantes cada día más practicados. Por un lado, parece difícil oponerse a estas prácticas médicas que, más allá de las proezas técnicas del personal médico, se basan en el altruismo, la filantropía y hasta la caridad del público. ¿Quien de nosotros no quiere ayudar al prójimo? Por otro lado, los hijos sumisos de la Iglesia quisieran asegurarse de que en eso no exista nada contrario a los principios morales cristianos.

De ahí una cierta insistencia para que se conteste esta pregunta ¿Están permitidas las donaciones de órganos e injertos? Como lo veremos, las cosas no son tan simples como para que contestemos afirmativa o negativamente en todos los casos. Trataremos de ser precisos al hacer al hacer algunas observaciones para que nuestra respuesta sea conforme a los principios de la moralidad natural y cristiana.

Antes de entrar en el tema, es preciso resolver la cuestión fundamental del poder que el hombre tiene sobre su propio cuerpo. Por eso apoyándonos esencialmente en el Magisterio de Pío XII que dio muchos principios de solución a los problemas morales contemporáneos, nos dedicaremos primero a delimitar quien tiene la propiedad y uso del cuerpo humano para examinar después las diversas formas de donaciones de órganos y de trasplantes  que se practican hoy en día.

CONTENIDO

PROPIEDAD Y USO DEL CUERPO HUMANO

  • DIOS ES EL ÚNICO DUEÑO DEL CUERPO HUMANO
  • EL HOMBRE NO ES DUEÑO  SINO USUFRUCTUARIO DEL CUERPO HUMANO
  • EL HOMBRE PUEDE USAR DE SU CUERPO SEGÚN SU FINALIDAD NATURAL
  • EL HOMBRE PUEDE SACRIFICAR UNA PARTE DE SU CUERPO PARA SALVAR AL TODO
  • EL SACRIFICIO DE LA PARTE EN PRO DEL TODO DERIVA DEL PRINCIPIO DE TOTALIDAD
  • ESTOS PRINCIPIOS OBLIGAN A TODOS LOS HOMBRES
  • AQUÍ COMO SIEMPRE, EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS
EVALUACIÓN MORAL DE LOS TRASPLANTES PRACTICADOS HOY
  • AUTO INJERTOS
  • HOMO INJERTOS
  • HOMO INJERTOS ENTRE VIVOS
  • LOS HOMO INJERTOS DE UN MUERTO A UN VIVIENTE
  • HETERO INJERTOS
  • CONCLUSIÓN
  • BIBLIOGRAFÍA
  • PROPIEDAD Y USO DEL CUERPO HUMANO

DIOS ES EL ÚNICO DUEÑO DEL CUERPO HUMANO

Siendo Dios Creador y Gobernador del mundo creado, visible e invisible, especialmente del hombre “creado a su imagen y semejanza” (Gen 1, 26), hay que reconocer que “Dios solamente es el señor de la vida y de la integridad del hombre, de sus miembros, de sus órganos de sus potencias” CIC
En efecto, “habiendo creado al hombre, Dios reguló cada una de sus funciones y las distribuyó entre sus diversos órganos; ha determinado con esto la distinción entre aquellas que son esenciales a la vida y aquéllas que no interesan sino a la integridad del cuerpo, por valiosa que sea su actividad, su bienestar; su belleza” UIM
EL HOMBRE NO ES DUEÑO SINO USUFRUCTUARIO DE SU CUERPO
Si bien Dios es el dueño de la vida humana y de la integridad de los órganos y funciones del cuerpo humano, el hombre no es más que el usufructuario. Tiene sobre su cuerpo el derecho de uso, no el derecho de propiedad. Mencionemos unos textos del Pastor Angélico:
“El hombre no es propietario, ni dueño absoluto de su cuerpo, solamente es el que lo usufructúa. De esto deriva toda una serie de principios y de normas que regulan el uso y el derecho de disponer de los órganos y de los miembros del cuerpo que se imponen igualmente al interesado llamado a aconsejarlo” UIM.
“(El paciente) posee el derecho de uso, limitado por la finalidad natural de las facultades y de las fuerzas de su naturaleza humana. Porque es usufructuario y no propietario, no tiene un poder ilimitado para disponer actos de destrucción o de mutilación de carácter anatómico o funcional” CIH.
“El hombre tiene el derecho de servirse de su cuerpo y de sus facultades superiores, pero no disponer de ellas como amo y señor, puesto que las ha recibido de Dios, su Creador, de quien continúa dependiendo.” CIN.
EL HOMBRE PUEDE USAR DE SU CUERPO SEGÚN SU FINALIDAD NATURAL
El uso mismo de sus miembros, órganos y funciones del cuerpo humano, no es dejado al capricho del hombre. Su misma estructura, dada por el Creador, determina su fin natural:
“Los individuos mismos no tienen sobre los miembros de su cuerpo otro dominio del que se refiere a los fines naturales de aquellos, y no pueden destruirlos o mutilarlos o de cualquier otro modo hacerlos ineptos para sus funciones naturales”.1
“Habiendo creado el hombre, Dios reguló cada una de sus funciones y las distribuyó entre sus diversos órganos; ha determinado con esto la distinción entre aquellas que son esenciales a la vida y aquéllas que no interesan sino a la integridad del cuerpo, por valiosa que sea su actividad, su bienestar, su belleza”. UIM.
Pío XII habla a este respecto de “teleología inmanente”. Teleología se refiere a una inclinación de cada órgano hacia su fin2. Este orden es inmanente pues, lejos de ser sobrepuesto desde fuera, deriva de la misma naturaleza de cada órgano (el ojo sirve para ver, la mano para agarrar, etc.):
“El paciente está ligado a la teleología inmanente fijada por la naturaleza. Él posee el derecho de uso, limitado por la finalidad natural de las facultades y de las fuerzas de su naturaleza humana. Porque es usufructuario y no propietario, no tiene un poder ilimitado para disponer actos de destrucción o de mutilación de carácter anatómico o funcional” CIH
EL HOMBRE PUEDE SACRIFICAR UNA PARTE DE SU CUERPO PARA SALVAR AL TODO
Si es cierto que en el uso que el hombre puede hacer de su cuerpo los fines naturales de los órganos y de las funciones son la regla de oro, Pío XII no olvida los incidentes de la vida humana: la enfermedad, las infecciones, los accidentes. El bien del cuerpo humano entero puede encontrarse en peligro por culpa de una parte enferma.
Bajo el pretexto de no ser dueño de su vida, sino sólo usufructuario ¿deberá el hombre esperar estoicamente la muerte?
No, porque el que puede usar del cuerpo humano, puede legítimamente sacrificar una parte de su cuerpo que pone en peligro el todo, si no le queda alternativa. Tal era la doctrina de Pío XII:
“Los individuos mismos no tienen sobre su cuerpo otro dominio que el que se refiere a los fines naturales de aquellos y no pueden destruirlos y mutilarlos o de cualquier otro modo hacerlos ineptos para las funciones naturales, a no ser en el caso que no se pueda por otra vía proveer a la salud de todo el cuerpo: tal es la firme enseñanza de la doctrina cristiana así como la certeza que ofrece la luz de la razón” 1
y del Santo Oficio:
“Una operación quirúrgica mediante la cual se obtiene la esterilización, no es ciertamente una acción intrínsecamente mala en cuanto a la sustancia  del acto y, por lo tanto, no puede ser lícita cuando es necesaria para la salud y procurar la sanación”
Pío XII repite a menudo esta enseñanza:
“En virtud del principio de totalidad, de sus derecho de utilizar los servicios del organismo como un todo, (el hombre) puede disponer de partes individuales para destruirlas o mutilarlas cuando y en la medida en que sea necesario para el bien del ser en su conjunto, para asegurar su existencia  o para evitar y, naturalmente, para reparar los daños graves y duraderos que no podrán  de otr forma descartados ni reparados”. CIH
“El dueño y el usufructuario de este organismo que posee una unidad subsistente puede disponer directa e inmediatamente de las partes integrantes, los miembros y los órganos, en el cuadro de su finalidad natural; puede intervenir igualmente con la frecuencia y en la medida en que el bien del conjunto lo exija para paralizar, destruir, mutilar, separar los miembros”. CIH
En pocas palabras:
“EL bien del todo justifica entonces el sacrificio de la parte” CIN
EL SACRIFICIO DE LA PARTE EN PRO EL TODO DERIVA DEL PRINCIPIO DE TOTALIDAD
Este disponer de una parte del cuerpo humano para salvar el todo no es más que una aplicación particular del principio de totalidad que suena así:
“Allí donde se verifique la relación de todo a parte y en la medida exacta en que se verifique, la parte está subordinada al todo; éste puede, en su interés propio, disponer de la parte” CIH
Al enunciar así el principio de totalidad, Pío XII se hacía eco de lo que muestra el sentido común, retomado por Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica:
“Si fuera necesario a la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede infecionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable”4.
“No se debe amputar un miembro en atención a la salud corporal del todo sino cuando no se puede de otra manera procurar su curación”5.
De este principio de totalidad aplicado al cuidado que el hombre debe a su cuerpo del que es usufractario se sigue que:
“En virtud del principio de totalidad, de su derecho de utilizar los servicios del organismo como un todo (el hombre) puede disponer de partes individuales para destruirlas o mutilarlas cuando y en la medida en que sea necesario para el bien del ser en su conjunto, para asegurar su existencia o para evitar y, naturalmente, para reparar los daños graves y duraderos, que no podrían ser de otra forma descartados ni reparados” CIH.
Es una cosa conocer el principio de totalidad tal como enunciado arriba, es otra saberlo aplicar a la realidad. De ahí las advertencias del Pastor Evangélico:
“A fin de poder aplicar (el principio de totalidad) correctamente, es preciso siempre explicar ciertos presupuestos. El presupuesto fundamental es poner en claro la questio facti, la cuestión de hecho: los objetos, a los que se aplica el principio ¿tienen relación de todo a parte? Un segundo presupuesto: poner en claro la naturaleza, la extensión y la estrechez de estas relaciones. ¿Tiene lugar en el plano de la esencia, o solamente en el de la acción, o en ambos? ¿se aplica a la parte bajo un aspecto determinado o bajo todos los aspectos? Y en el campo en que se aplica, ¿absorbe enteramente a la parte o le deja todavía una finalidad limitada, una independencia limitada?
“La respuesta a estas cuestiones no puede jamás inferirse del principio de totalidad mismo: esto representaría un círculo vicioso. Debe sacarse de otros hechos y de otros conocimientos” CIH.
Frente a los totalitarismos del siglo XX, Pío XII tuvo que refutar en particular una falsa aplicación del principio de totalidad que podríamos llamar el totalitarismo médico. Todos conocen, por ejemplo, las leyes que el nacionalsocialismo promulgó y aplicó en la esterilización de los que podían transmitir enfermedades genéticas y la eutanasia de los llamados inútiles. El régimen de Hitler justificaba todo eso en nombre del sacrificio legítimo de la parte en pro del todo (aquí, el Estado).
“Se argumenta entonces diciendo que si está permitido en caso de necesidad sacrificar un miembro particular (mano, pie, oreja, riñón, glándula sexual) al organismo del hombre, sería igualmente lícito sacrificar tal miembro particular al organismo humanidad (en la personalidad de uno de sus miembros enfermo y doliente). El fin que persigue esta argumentación, poner remedio al mal de otro, o por lo menos aliviarlo, es comprensible y loable, pero el método propuesto y la prueba en que se apoya son erróneas”.
“Se olvida aquí la diferencia esencial entre un organismo físico y un organismo moral, así como la diferencia cualitativa esencial entre las relaciones de las dos partes con el todo en estos dos tipos de organismos”.
“El organismo físico del hombre es un todo en cuanto al ser; los miembros son partes unidas y ligadas entre sí en cuanto al mismo ser físico; están de tal modo absorbidas por el todo, que no poseen independencia alguna, no existen más que para el organismo total y no tienen otro fin que el suyo”
“Lo que sucede de muy diversa manera para el organismo moral que es la humanidad. Éste no constituye un todo más que en cuanto el actuar y a la finalidad; los individuos, en cuanto miembros de  este organismo, no son más que partes funcionales; el todo no puede, por tanto, contar en relación con los individuos más que con las exigencias concernientes al orden de la acción”
“En cuanto a su ser físico, los individuos no son en modo alguno dependientes unos de otros ni de la humanidad; la evidencia inmediata, y el buen sentido demuestran la falsedad de la aserción contraria. Por esta razón el organismo total, que es la humanidad, no tiene ningún derecho de imponer  los individuos exigencias en el campo del ser físico, en virtud del derecho natural que tiene el todo de disponer de las partes”
“La extirpación de un órgano particular sería un caso de intervención directa, no sólo en la esfera de la acción del individuo, sino también y principalmente en la esfera de su ser, de parte de un todo puramente funcional: humanidad, sociedad, Estado, al que el individuo humano está incorporado como miembro funcional y en cuanto su actuar solamente” DAO.
ESTOS PRINCIPIOS OBLIGAN A TODOS LOS HOMBRES
Que Dios sea el dueño de la vida humana y que el hombre usufructué, que el uso de los órganos del cuerpo humano esté regulado por las finalidades naturales inmanentes (incluso si está permitido sacrificar en dado caso la parte enferma para salvaguardar el todo según el principio de totalidad): estos principios obligan a todos los hombres:
  • El paciente, sus padres, su cónyuge: “El principio es inviolable. Dios solamente es Señor de la vida y de la integridad del hombre, de sus miembros, de sus órganos, de sus potencias, especialmente de aquéllas que le asocian a la obra creadora. Ni los padres, ni el cónyuge, ni el interesado mismo pueden disponer de esto libremente” CIC.
  • El médico para con su paciente: “La frontera es la misma (para el médico) que para el paciente, es la que está fijada por el juicio de la sana razón, la que está trazada por las exigencias de la ley moral natural, que se deduce de la teleología natural inscrita en los seres y de la escala de valores expresada por la naturaleza de las cosas” CIH.
  • El médico (o el enfermero) para consigo mismo: “Lo que decimos del médico en relación con el paciente lo decimos también del médico en relación consigo mismo. Está sometido a los mismos grandes principios morales y jurídicos (…) Lo mismo será preciso decir de los enfermeros y de las enfermeras y de cualquiera que se halle dispuesto a prestarse a investigaciones terapéuticas” AAM.
AQUÍ COMO SIEMPRE, EL FIN (O LA INTENCIÓN) NO JUSTIFICA LOS MEDIOS
Se podría argumentar que los que infringen  estas estrictas reglas lo hacen con buena intención. San Pablo ya nos había advertido: “No hagas un mal para que salga algún bien” (Rom 3, 8). Que el fin no justifique los medios: es un principio universal de moralidad que encuentra aquí también su aplicación como lo recordó oportunamente Pío XII contra el subjetivismo, el sentimentalismo, y la moral de situación, olvidadizos del orden natural de las cosas:
“La moral natural y cristiana, mantiene siempre sus derechos imprescriptibles; es de ellos y no de consideraciones de sensibilidad, de filantropía materialista, naturalista, de donde derivan los principios esenciales de la deontología médica…” CIM.
“En lo que concierne al paciente, él no es dueño absoluto de sí mismo, de su cuerpo, de su espíritu. No puede, por lo tanto, disponer libremente de sí mismo, como a él le plazca. El mismo motivo por el que obre no es por sí solo ni suficiente ni determinante. El paciente está ligado a la teología inmanente fijada por la naturaleza”  CIH.
“El valor moral de la acción humana depende, en primer lugar, de su objeto. Si éste es inmoral, la acción lo es también; de nada sirve invocar el motivo que la inspira o el fin que persigue. (…) Pero hay que guardarse de confundir el motivo o el fin de la acción con su objeto y de transferir a éste un valor moral que no tiene” CIP
CONTINUARÁ

viernes, 15 de julio de 2011

ANUNCIAN "MISA REVOLUCIONARIA EN NICARAGUA"





Atrevido, indignante y abusivo el anuncio de la "misa revolucionaria. Monseñor Silvio Báez, Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua y Vicario General.


 El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua y Vicario General afirmó, que la esposa del presidente Daniel Ortega cometió una “ofensa gravísima a la Iglesia Católica y a la gran mayoría del pueblo de Nicaragua” tras haber anunciado que el 32º aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, el próximo martes 19 de julio, será celebrado con una “misa revolucionaria” a través de la cual se invocará al “dios de los pobres”.
Indicó que las palabras de Murillo dejan ver que le llama “misa revolucionaria” a la concentración del Frente Sandinista y aclaró que es manipulación del lenguaje religioso, en un estado laico y que es una ofensa a la Iglesia. 
Aclaró por ejemplo que Murillo habla de la “fe sandinista y fe revolucionaria” y “la fe supone que yo me someto a Dios, no que manipulo a Dios para mis intensiones egoístas, me someto al Señor amorosamente, obedeciendo su palabra para hacer su voluntad, lo que llamamos la conversión”, dijo.
Un segundo aspecto fue recordar que Nicaragua no es “confesional”, sino un estado laico, y por tanto, el gobierno en el Estado nicaragüense no debería necesitar ponerle adjetivos religiosos como cristianos o darle un matiz religioso a sus programas, proyectos o actuaciones para que tengan validez.

Explicó que “la Iglesia es la comunidad de fe de los que creen en Jesucristo y en comunión con pastores, sacerdotes, obispos y el Papa, viven y celebran su fe. Llamarle iglesia a otra cosa que no sea eso es un abuso, es una ofensa, una falta de respeto a la Iglesia o una ignorancia total”.


TAMBIÉN EXISTEN LOS LACAYOS


Señala Monseñor Bismarck Carballo que Gobierno práctica Doctrina Social de la Iglesia

Monseñor Bismarck Carballo señaló que  el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, ha estado practicando la Doctrina Social de la Iglesia Católica al desarrollar programas y proyectos basados en la justicia y en el desarrollo integral del ser humano.
"Hay muchas áreas de la doctrina social de la iglesia que se están realizando en el gobierno actual", afirmó.
"En el fondo hay una intención de promover a la persona como factor de cambio, como factor de su propia liberación económica", afirmó.
Carballo expresó que en las elecciones del 6 de noviembre el pueblo de Nicaragua votará en base a estas realidades, lo que podría significar una gran ventaja para el gobierno que preside el Comandante Daniel Ortega.
"Definitivamente hay una actitud de vivir la Reconciliación, la Justicia, la Promoción Humana, y esa es la ventaja que en algún momento va a encontrar el actual gobierno: que a la hora de votar no se va a votar sobre sueños, sino sobre realidades", destacó.
Algo que destaca Monseñor Carballo es que desde el 1979 hasta la fecha el Frente Sandinista se ha venido convirtiendo en un partido mucho más maduro, mucho más abierto y mucho más conciliador. (¡)
Indicó que la presencia del Cardenal Miguel Obando al frente de la Comisión de Reconciliación Paz y Justicia es una garantía de que el gobierno actual está implementando la doctrina de la Iglesia.
"La presencia de Su Eminencia el Cardenal Obando en esta comisión es garantía de que los elementos de la doctrina social de la Iglesia se están implementando", aseguró Carballo.
En cuando a la necesidad de que se continúen impulsando todos los programas y proyectos productivos del gobierno, dijo que eso es lo que decidirá el pueblo en las elecciones de noviembre próximo.
"Usted puede ver la figura del Cardenal Obando, que es una figura muy de sensatez y  referente moral en este país... Yo creo que son cosas que nos ayudan a evaluar de que ha habido un proceso de cambio", añadió.
"Yo siento que en noviembre el nicaragüenses van a votar a través de realidades y van a dar el voto precisamente para que estos proyectos caminen", añadió.



lunes, 4 de julio de 2011

PROFANACIÓN DE LA PREDICACIÓN CRISTIANA





Para decir prácticamente lo que debe ser la predicación cristiana diremos antes lo que no debe ser: cómo por el dolor causado por la injusticia se manifiesta más concretamente el valor de la justicia.


El predicador de la fe debe poseer una gran fe: por defecto de esta gran fe se dan en la predicación numerosos y muy notables defectos. El que oye la predicación de la fe debe creer por la palabra de Dios; ¡Cuanto más el que la predica!


Una fe viva y penetrante es absolutamente necesaria para predicar apostólicamente. Sin ella puede predicarse muy bien, quizá académicamente, pero no apostólicamente; sin ella puede ser un orador, pero no un predicador. Por eso se dice en el Salmo: "Creí y por eso he hablado" PS. CXV, 10 y 11 Cor.,IV, 13. Y San Pablo añade: "Si no hubiera creído, no predicaría".


Y la razón es que el verdadero predicador no habla como los hombres, sino como Dios, en nombre de Dios; y no habla simplemente a los hombres, sino a los fieles, o a quienes desean llegar a la fe: siempre, pues, a la luz de la fe. Por lo cual afirma San Pablo: "Mi palabra y mi predicación no son en discursos persuasivos de humana sabiduría, sino en la manifestación del poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Hablamos sin embargo, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que quedan desvanecido, sino que enseñamos una sabiduría divina misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria." I Cor., II, 4. Observa Santo Tomás sobre este pasaje: "Dice San Pablo que no fue su intención apoyarse en discursos retóricos, sino manifestar el espíritu y poder (de Dios), según que Él mismo hablaba por el "Espíritu". Por eso dice: "También nosotros creímos: por eso hablamos" II, Cor., IV, 13. Y San Pablo manifiesta la razón de lo que afirma: para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, es decir, no se base en la sabiduría humana, que tantas veces engaña a los hombres. Y añade: "Hablamos entre los perfectos una sabiduría, la sabiduría de Dios en el misterio, para que más tarde los fieles conozcan la luz verdadera, lo que ahora se predica entre misterios".


Confirmando esto, es preciso decir que la predicación simplemente humana es una verdadera calamidad; no ayuda, sino que impide la gloria de Dios y la salvación de las almas. Se entenderá bien esto si se concibe rectamente la elocuencia sagrada. ¿Que es esta elocuencia especial? Es menester señalar que todo lo que está ordenando al culto divino es sagrado, está consagrado. Así lo vasos sagrados lo son más que las casullas y demás paramentos;  el cáliz y el copón están propiamente consagrados, no sólo bendecidos, porque deben contener el Cuerpo y la Sangre del Señor: Igualmente están consagrados los dedos del sacerdote que deben tocar la hostia.


Ahora bien exceptuados los sacramentos, nada hay más divino que la palabra de Dios contenida en la Escritura y la Tradición, que se ha de predicar a los fieles. Por eso se llama con propiedad, "elocuencia sagrada", que será tanto más sagrada cuanto mejor exprese una fe viva, que a su vez, es la expresión de la misma sabiduría divina y del amor de Dios a los hombres.


Como la plata del cáliz es bañada en oro, así en la elocuencia sagrada la oratoria ordinaria es perfeccionada de un modo sobrenatural. Pierde en su vanidad y adquiere cualidades superiores.


Como oratoria, orientada a evangelizar a todos los hombres , debe ser conforme a la naturaleza humana, no vulgar, para que agrade también a los hombres cultos; no demasiado abstracta, para que sea entendida por todos, incluso por los no cultos, como el Evangelio. Debe ser como el alimento del alma; lo que el pan es para el cuerpo. Y como Cristo ha querido darse en la Eucaristía bajo la especie de pan común, así ha querido que la palabra divina se proponga en una elocuencia sencilla, pero elevada por razón de su objeto y de su fin. De aquí se sigue que la elocuencia sagrada el la más perfecta de todas y la más difícil.


Debe en efecto, comunicar a los hombres la verdad sobrenatural para que los penetre en lo más íntimo de su alma; y esta alma es la de todos los hombres, de cualquier condición que sean.


Es difícil esta empresa, sin la ayuda divina, imposible, ya que las verdades sobrenaturales son misterios, sublimes ciertamente, pero oscuros, en pugna con la soberbia intelectual, como las leyes evangélicas lo están con la corrupción del corazón humano.


No basta, pues, que las verdades sobrenaturales y los preceptos divinos sean expuestos teóricamente, sino que se debe penetrar hasta la médula del alma para que el alma comprenda en su singularidad lo que naturalmente la supera, para que crea firmemente y para que la voluntad se adhiera a los preceptos.


Finalmente, la elocuencia sagrada debe producir ciertos efectos en todos los hombres de cualquier condición: iluminar al ignorante, convencer al escéptico, persuadir al corrompido, a fin de que se conviertan, de que aparten su corazón del placer, del odio y de la envidia para que se conviertan a Dios.



Extracto del libro:
La unión del sacerdote con Cristo,
Sacerdote y víctima.
Reginald Garrigou-Lagrange, O. P.

viernes, 1 de julio de 2011

Acto de Consagración del Género Humano al Corazón de Jesús

por Su Santidad León XIII  el 11 de junio de 1899







Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano,
miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar.

Vuestros somos y vuestros queremos ser;
y a fin, de poder vivir más estrechamente unidos a Vos,
todos, y cada uno de nosotros,
espontáneamente nos consagramos en este día
a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos por desgracia, jamás os han conocido;
otros, despreciando vuestros mandamientos,
os han desechado.
Oh, Jesús benignísimo,
compadeceos de los unos y de los otros,
y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.

Oh Señor, sed Rey,
no sólo de los hijos que jamás se han alejado de Vos,
sino también de los pródigos que os han abandonado;
haced que vuelvan pronto a la casa paterna,
para que no perezcan de hambre y de miseria.

Sed Rey de aquellos que,
por seducción del error o por espíritu de discordia,
viven separados de Vos;
devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe,
para que en breve,
se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Conceded, oh Señor,
incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia;
otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden;
haced que del uno al otro confín de la tierra
no resuene sino esta voz:
Alabado sea el Corazón Divino causa de nuestra salud;
a Él se entonen cánticos de honor y de gloria
por los siglos de los siglos.
Amén.

martes, 28 de junio de 2011

How To Reclaim The West...

THE CATHOLIC KNIGHT





THE CATHOLIC KNIGHT: What is needed is a bold invasion of the public square of the message of our Eucharistic Lord. In every city, in every state, in every country, regularly, frequently, and fearlessly.

This event was likely coordinated by no more than a dozen people. Yet as you can see many more dropped to their knees in worship, while dozens upon dozens looked on in amazement. The event was relatively short and unobtrusive. Once it was over, life returned to it's normal routine, but make no mistake about it, people were affected. This is how we do it. One square and one city at a time; regularly, consistently, quickly and randomly, leaving the enemy no opportunity to stage a disruption. I call it "Hit and Run Catholicism," which is nothing short of guerrilla spiritual warfare.

jueves, 23 de junio de 2011

LA INCESANTE ADORACIÓN



Entre todas las instituciones de piedad que forman el esplendor y la gloria de la Santa Iglesia Católica, puede afirmarse que ninguna es de mayor excelencia, ninguna está llamada a ejercer en los corazones una influencia más profunda, ninguna simboliza mejor los futuros destinos de la humanidad, como la adoración perpetua de Jesucristo en la Divina Eucaristía. El siglo actual, a pesar de sus deplorables aberraciones puede estar justamente satisfecho de haber llevado a una altura increíble los progresos de las artes; pero nada podrá igualar al honor que obtiene, por haber dado incremento a ese incendio de gratitud y de amor que, estremeciendo a las almas, las conduce a la presencia de Dios, para que descansen allí de los grandes sacudimientos de la sociedad. ¡Oh institución venida del Cielo con el fuego divino de la caridad! En ti se cifra el porvenir... tú serás el remedio de nuestras desgracias...


¿Es mucho decir? Pues no se puede decir menos. La Santísima Eucaristía, testimonio palpitante de todo el amor que Dios nos tiene, es el resumen magnífico de la bondad, del poder, de la riqueza; es la Encarnación continuada del Verbo Eterno, la memoria perenne de la Pasión de Jesucristo, la Víctima augusta de propiciación, el principio fecundo de todas las virtudes, el sabroso maná en nuestro destierro, el precioso germen de la inmortalidad. De donde se sigue, que si llega el día en que todos los corazones no encuentren ya otro bien en esta vida que hacer compañía a Jesús, porque comprendan que su milagrosa presencia en nuestros altares es el único objeto digno de amor sobre la tierra, ese día feliz estará plenamente cumplida aquella tierna promesa de que "no habrá más un sólo rebaño y un sólo Pastor" (San Juan X, 16)


Y debe ser así. Porque si la oración es tan eficaz y nos une tanto a Dios, que es llamada con justicia llave de oro que abre los tesoros del Cielo ¿donde puede extenderse y dilatarse más el hermoso vuelo de nuestra oración, sino allí donde está nuestro Omnipotente Mediador?¿Dónde puede ser más humilde, ni más ferviente, ni más perseverante el ruego del infeliz culpable, ese ruego que rasga los cielos y hace descender torrentes de misericordia, sino a los pies de Aquél que ha ofrecido concedernos todo lo que pidamos en su nombre? ¿Dónde puede elevarse el alma con más rapidez al deseo y a la contemplación de los bienes celestiales, sino en vista del Cordero Inmaculado, a quién rodean los coros de los Ángeles y de las Vírgenes, y de los Confesores, y de los Mártires? ¡Que grato es pensar que mientras el mundo se entrega a sus fugaces placeres, abriendo la puerta de la desventura a los que le sirven, existen muchos corazones en la presencia de Jesucristo, consagrándole sus adoraciones y llamando a las puertas de su amante Corazón para encontrar el verdadero gozo!


Fe viva, fervor ardiente y deseo constante de honrar al dulcísimo Jesús, que vive en la Eucaristía y sabe premiar la fidelidad, han formado en todo el tiempo el carácter de las almas que comprenden donde está el verdadero amor. ¡Que nuestro ruego, unido al de la Santa Iglesia, alcance las bendiciones y los consuelos divinos, en proporción a los sentimientos de nuestra humildad y respeto! Sic nos tu visita, sicut te colimus. Himno Sacria solemniis.

lunes, 20 de junio de 2011

EL PROGRAMA DEL PONTIFICADO DE SAN PÍO X

La primera encíclica del Papa San Pío X es del 4 de octubre de 1903; en ella trataba las líneas fundamentales, sencillas y claras, de su Pontificado:Instaurare omnia in Christo (Restaurar todas las cosas en Cristo); el mismo programa de la “plenitud de los tiempos”, el mismo e idéntico programa que él, hombre de acción rígidamente rectilínea, había vivido y llevado a cabo en todos los días como una gran batalla de fe y meta suprema de una continua afirmación, de la cual no se había apartado ni un sólo momento. (…)
Siendo Patriarca de Venecia, el 9 de agosto de 1879, en el XIX Congreso Eucarístico, había proclamado fuerte con solemne elocuencia los soberanos derechos de Cristo: “Jesucristo es Rey y Rey supremo, y como Rey debe ser honrado. Su pensamiento debe estar en nuestras inteligencias; su moral en nuestras costumbres; su caridad en las instituciones; su justicia en las leyes; su acción en la historia; su culto en la religión; su vida en nuestra vida”.
Él sabía bien que la salvación de los individuos y de las naciones estaba únicamente en la práctica positiva de la doctrina del Maestro Divino: la doctrina que supera a todos los tiempos y domina a todas las edades.
Por consiguiente, la ciencia y la civilización, la cultura y la política, el derecho y la moral, el estado y la familia, la sociología y la escuela, la vida pública y la vida privada, en todas sus múltiples manifestaciones, debían inspirarse no en las hábiles artes de una diplomacia inteligente o en éxitos de la pequeñez humana, sino en las enseñanzas inmutables del Evangelio, en la vida cristiana entendida en toda su amplitud y en toda su profundidad: la vida que un día devolverá a Cristo su Reino, el reino que está en el Sermón de la Montaña, y no en las transacciones de aquí abajo.
Por eso, al anunciar Pío X su Pontificado al mundo, escribía así: “Ante la sociedad humana sólo queremos ser Ministro de Dios, de cuya autoridad somos depositarios. Los intereses de Dios serán nuestros intereses, por los cuales estamos decididos a desgastar todas nuestras fuerzas y hasta la vida misma, y si alguno nos pidiese una consigna, como expresión de nuestra decidida voluntad, siempre daremos ésta y no otra: “Restaurar todas las cosas en Cristo”, para que Cristo sea todo en todos. Arrancados el enorme crimen de la apostasía de todo orden sobrenatural, tan propia de nuestro tiempo, en la que la sociedad ha caído, hay que devolver el honor debido a las leyes santísimas y a los consejos del Evangelio; afirmar la verdad y la doctrina de la Iglesia acerca de la santidad del matrimonio cristiano, la educación de la juventud, la posesión y el uso de los bienes, los deberes hacia quienes llevan las riendas del gobierno, hay que restituir el equilibrio entre las diversas clases sociales según las normas de las prescripciones y de las costumbres cristianas.”
Y para que no pudiese surgir duda alguna acerca de la orientación de su Pontificado, y para que nadie pudiese hacerse ilusiones o pretender equívocos acerca de sus intenciones, no titubeó en aclarar y concretar todavía con mayor precisión su programa en el primer Consistorio del 9 de noviembre siguiente: “Misión sublime la nuestra, porque se trata de algo que, sobrepasando estos efímeros bienes de la tierra, se extiende hasta la eternidad, abraza a todas las naciones y estimula nuestra solicitud hacia todos los hombres, por los cuales Cristo murió. “Restaurar todas las cosas en Cristo”. Este es nuestro programa, como ya lo hemos anunciado. Y puesto que Cristo es la verdad, nuestro primer deber será, ante todo, enseñar, proclamar y defender la verdad y la ley de Cristo. De ahí el deber de ilustrar y de confirmar los principios de la verdad natural y sobrenatural, que con tanta frecuencia en nuestros días, vemos, por desgracia, oscurecidos y olvidados; consolidar los principios de dependencia, de autoridad, de justicia y de equidad, que hoy día son conculcados; orientar a todos según las normas de la moralidad, también en los asuntos sociales y políticos; a todos, decimos, tanto a los que obedecen como a los que mandan.
(…) “La victoria será siempre de Dios –había dicho poco antes de su primera Encíclica–, y la derrota del hombre que se atreve a oponerse a Dios nunca estará más cercana que cuando en medio del entusiasmo del triunfo se levante con mayor audacia.”
A los 68 años de edad, Pío X era todavía un hombre robusto, lleno de vigor y de vida, con una entera seguridad en la existencia de Dios y en la eterna juventud comunicada por Cristo a su Iglesia. No había frecuentado la escuela de diplomacia, pero tenía la diplomacia de la experiencia, poseía la ciencia de los hechos, porque había escrutado al mundo desde la cima de muchos observatorios y había dominado el horizonte que había ido ensanchándose cada vez más.
Conocía a fondo la diplomacia del Evangelio que trastoca todas las viejas y las nuevas diplomacias del mundo: tenía fuerza de carácter, un corazón firme y una voluntad que vibraba al rito profundo de una segura precisión de juicio, con la fuerza de una fe viva, ardiente, inconfundible.
Así, mirando serenamente hacia la frontera de la eternidad, dirigiendo el alto pensamiento y la acción fecunda a la restauración de todas las cosas en Cristo, con indomable firmeza empezó su pontificado, que si bien en la complejidad de las vicisitudes durante sus 11 años sintió más de una vez la amarga soledad de Getsemaní, también tuvo la luz refulgente que brotó de las tinieblas del Calvario cuando Cristo, muriendo destruía la muerte, y resucitando renovaba la vida.
Girolamo Dal-Gal
“Pío X, el Papa Santo”