Era la bella mañana del 2 de agosto de 1635. Juana Pereira, una humilde niña mestiza de Cartago (antigua capital de Costa Rica, situada a 24 km. al este de San José), salió a buscar leña como siempre. Al llegar al Poblado de los Pardos, se encontró sobre una enorme piedra, de la cual nacía agua de manantial, una linda muñequita de color oscuro con un niño en los brazos. Juana, muy admirada, se la llevó a casa, donde la guardó en un baúl. Al siguiente día, cuando salió a buscar más leña, la sorprendió una muñequita exactamente igual a la del día anterior. Con mucha alegría se la llevó también, pensando que ya tendría dos; pero cuál no fue su sorpresa al abrir el baúl y notar que la otra muñequita había desaparecido. En todo caso, deci dió guardar la “segunda”.
Al tercer día, pasando por el mismo lugar, encontró sobre la piedra otra muñequita igual a las anteriores. Era demasiada coincidencia, y la niña quedó muy extrañada, pero decidió llevársela con el fin de averiguar lo que su cedía. Cuando llegó a su habitación, comprobó que la “segunda” había desaparecido también.
Ahí quería ser venerada la Madre de Dios
Fue tan grande el asombro de Juana, que salió corriendo a la iglesia para contarle al párroco lo sucedido. El Padre Alonso de Sandoval, al ver la pequeña estatua, sintió un gran deseo de saber el origen de esa “muñequita” tan especial. La guardó en una caja pensando en examinarla con cuidado más tarde. Pero al otro día al abrir la caja ya no estaba. Juana la encontró por cuarta vez en la piedra y la llevó hasta a la casa del Padre Sandoval.
En vista de ese prodigio, el párroco juntó a los fieles y llevó la pequeña imagen en procesión hasta la iglesia, donde quedó guardada en el sagrario para mantenerla segura. Pero, a la mañana siguiente, comprobándose una nueva desaparición, todos corrieron al Poblado de los Pardos y encontraron ahí, sobre la misma roca, a la prodigiosa estatuilla. Comprendieron entonces que se trataba de un hecho sobrenatural, y que la “muñequita” era en verdad una imagen de la Madre de Dios, que quería ser honrada y venerada en ese lugar por el pueblo costarricense.
Lucha contra los terremotos
Al principio se le dio a la imagen el nombre de Virgen Morena por su apariencia. Luego, la llamaron Virgen de los Pardos, por el poblado donde fue encontrada y después Reina de Cartago por ser la provincia en la cual se dio el hallazgo.
Por último, decidieron poner a la imagen el título de Nuestra Señora de los Ángeles, por habérsela encontrado un 2 de Agosto, cuando la Orden Franciscana venera a su Patrona como Santa María de los Ángeles.
La expresiva imagen mide aproximadamente 20 centímetros. Tiene los rasgos de una mestiza, cara redonda, ojos rasgados, nariz y boca pequeñas, y está hecha de diferentes materiales, como jade, roca volcánica y grafito. En sus brazos y cubierto por el manto, la Virgen sostiene al Niño Jesús, que descansa en su pecho mientras señala con su mano derecha el Inmaculado Corazón.
En 1639 se construyó la primera iglesia en honor a la “Virgen Morena”.
Al extenderse su devoción, los fieles decidieron construir en 1674 una iglesia digna de Ella. Pero, como un fuerte terremoto la destruyó por completo en 1822, se comenzó, dos años después, la construcción de un tercer templo, que también se desplomaría en 1910 por otro terremoto. Finalmente, en 1912 empezó la construcción del actual Santuario Nacional, de estructura antisísmica. El 26 de Julio de 1935 el Papa Pío XI le otorgó el título de Basílica Menor.
“Todas las generaciones me llamarán bienaventurada”
Desde el hallazgo de la “negrita” (como la llaman cariñosamente los fieles), el pueblo costarricense ha manifestado su amor y devoción a Nuestra Señora de los Ángeles por medio de bellas tradiciones. Una de ellas es la ceremonia de Vestimenta y Bendición realizada el 1º de Agosto, víspera de la Fiesta Nacional.
En esta celebración el rector del Santuario le pone a la imagen el rico vestido que llevará por un año. Luego, con la Virgen en sus manos, bendice a los fieles. Otra tradición muy pintoresca es la Romería, una gran caminata que realizan los fieles de todo el país y de otras partes de Centroamérica desde sus casas hasta la Basílica, con el fin de pedir o agradecer algún favor a la Virgen.
El 2 de Agosto, día de la gran fiesta, la imagen es llevada hasta el altar construido en la plaza de la Basílica, donde se celebra la solemne Eucaristía. Después de misa se lleva a cabo la grandiosa procesión anual, acompañada por las autoridades eclesiásticas y civiles junto a miles de fieles y peregrinos llegados de todas partes.
Manifestándose en diversos países con hechos tan maravillosos como el de Costa Rica, la Virgen no deja lugar a dudas: Dios quiere que reine en todos los corazones y en el mundo en tero. “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1,48), afirma el hermoso himno del Magnificat.
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miércoles, 27 de julio de 2011
sábado, 18 de junio de 2011
Abrirán la Puerta Santa de la Catedral de México
La puerta central de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México está siendo limpiada y remozada por expertos del INAH para dejarla impecable para el próximo miércoles 22 de junio, cuando sea abierta completamente, como una señal de bienvenida a quien fuera virrey de Nueva España, arzobispo de México y obispo de Puebla de Los Ángeles, el ahora beato Don Juan de Palafox y Mendoza.
Una cuadrilla de trabajadores colocó andamios frente a la Puerta Santa y comenzaron a limpiarla desde el pasado viernes, al tiempo que también le dan una manita de gato a una capilla lateral, donde posiblemente sea colocada, de manera permanente, una reliquia de Palafox y Mendoza, una vez que tanto la diócesis española de Osma como el Arzobispado de Puebla quisieron compartir con el Arzobispado de México una parte de este tesoro espiritual.
La puerta central de todas las catedrales del mundo permanece cerrada por tradición, y únicamente se abre durante los años jubilares, lo cual ocurre cada 25 años. La última vez que se celebró un jubileo de esta magnitud fue en el año 2000, y fue convocado por el beato Juan Pablo II. Entonces, la Puerta Santa estuvo abierta durante todo un año y fue cerrada el 6 de enero del 2001.
La puerta jubilar también se abre para ocasiones especiales, como son los jubileos locales, o cuando por primera vez ingresa a la catedral un obispo electo para dicha diócesis o cuando fallece el obispo en turno. En este rubro, la Puerta Santa se abrió por última vez cuando falleció el cardenal Ernesto Corripio Ahumada, quien también fuera arzobispo primado de México.
Esta vez, la Puerta Santa será abierta para que ingresen las reliquias del beato Juan de Palafox y Mendoza, una vez que fue beatificado en España el pasado 5 de junio.
El cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, concedió la indulgencia plenaria para todos los fieles que participen en los eventos programados en la Catedral de México, en honor del primer gobernante de América que alcanza la gloria de los altares, siempre y cuando las personas interesadas cumplan con los requisitos de confesión y comunión que siempre pide la Iglesia.
El mismo miércoles 22, a las 19:30 horas, habrá un concierto en la Catedral, con la Orquesta Sinfónica de Minería, como parte de los homenajes por la Semana Palafoxiana.
La Puerta Santa volverá a ser cerrada el 23 de junio luego de que el resto de las reliquias de Palafox y Mendoza salgan de la Catedral de México con destino a Tlaxcala y Puebla, donde también se hará una recepción especial.
Una cuadrilla de trabajadores colocó andamios frente a la Puerta Santa y comenzaron a limpiarla desde el pasado viernes, al tiempo que también le dan una manita de gato a una capilla lateral, donde posiblemente sea colocada, de manera permanente, una reliquia de Palafox y Mendoza, una vez que tanto la diócesis española de Osma como el Arzobispado de Puebla quisieron compartir con el Arzobispado de México una parte de este tesoro espiritual.
La puerta central de todas las catedrales del mundo permanece cerrada por tradición, y únicamente se abre durante los años jubilares, lo cual ocurre cada 25 años. La última vez que se celebró un jubileo de esta magnitud fue en el año 2000, y fue convocado por el beato Juan Pablo II. Entonces, la Puerta Santa estuvo abierta durante todo un año y fue cerrada el 6 de enero del 2001.
La puerta jubilar también se abre para ocasiones especiales, como son los jubileos locales, o cuando por primera vez ingresa a la catedral un obispo electo para dicha diócesis o cuando fallece el obispo en turno. En este rubro, la Puerta Santa se abrió por última vez cuando falleció el cardenal Ernesto Corripio Ahumada, quien también fuera arzobispo primado de México.
Esta vez, la Puerta Santa será abierta para que ingresen las reliquias del beato Juan de Palafox y Mendoza, una vez que fue beatificado en España el pasado 5 de junio.
El cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, concedió la indulgencia plenaria para todos los fieles que participen en los eventos programados en la Catedral de México, en honor del primer gobernante de América que alcanza la gloria de los altares, siempre y cuando las personas interesadas cumplan con los requisitos de confesión y comunión que siempre pide la Iglesia.
El mismo miércoles 22, a las 19:30 horas, habrá un concierto en la Catedral, con la Orquesta Sinfónica de Minería, como parte de los homenajes por la Semana Palafoxiana.
La Puerta Santa volverá a ser cerrada el 23 de junio luego de que el resto de las reliquias de Palafox y Mendoza salgan de la Catedral de México con destino a Tlaxcala y Puebla, donde también se hará una recepción especial.
viernes, 3 de junio de 2011
LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA Y LA CRISTIANDAD
La Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, salvó de la invasión de los bárbaros los valores de la cultura y civilización greco-romana. Y bajo su dirección, influencia e inspiración, nació la civilización cristiana, la más brillante que ha existido, no sólo por ser la que mejor ha logrado el justo equilibrio entre el progreso moral y el intelectual y material de las sociedades, sino, sobre todo porque es la única que ayuda al hombre a alcanzar sus fines temporales sin menoscabo de su fin eterno.
La expresión «Cristiandad « tiene su historia. El término apareció por primera vez en el sentido que hoy le damos hacia fines del siglo IX, cuando el Papa Juan VIII, ante peligros cada vez más graves y acuciantes, apeló a la conciencia comunitaria que debía caracterizar a los cristianos. Hasta entonces la palabra sólo había sido empleada como sinónimo de «doctrina cristiana» o aplicada al hecho de ser cristiano, pero al superponerle aquel Papa el sentido de comunidad temporal, proyectó la palabra hacia un significado que sería glorioso.
A partir del siglo IX fue que la palabra se pudo integrar el vocabulario corriente. Desde entonces se habló de La Cristiandad, de los peligros que se cernían sobre ella y de las empresas que alentaba. Ulteriormente, los Papas que se sucedieron en la sede de Pedro, al utilizar dicho vocablo lo enriquecieron con nuevos matices. Gregorio VII introdujo la idea de que la Cristiandad decía relación a determinado territorio en que vivían los cristianos, de modo que había Cristiandad allí donde se reconocía públicamente el Evangelio. Urbano II, al convocar la Cruzada, entendió que unificaba a la Cristiandad en una gran empresa común, orientándola hacia un fin heroico. Pero fue sobre todo Inocencio III quien llevó la idea de Cristiandad a su culminación, al tratar de convertirla en un sinónimo de naciones afines en pensamiento y dirección, sobre la base del reconocimiento de una misma doctrina y una misma moral.
La civilización cristiana se concretó en esa maravillosa realidad que se denominó la Cristiandad, una comunidad de naciones diversas y distantes entre sí, unidas por una misma fe y que descansaba sobre dos sólidos pilares: el Pontificado y el Imperio.
La mutua armonía e independencia de esos pilares y la soberanía de cada cual respecto de sus propios fines, aseguraban un orden justo y estable. Bien establecida la distinción, sin ningún género de confusión de órdenes diversos, se reconocía unánimemente la natural jerarquía de valores, esto es, la supremacía de lo espiritual y eterno sobre lo temporal y caduco.
La Edad Media marcó el máximo esplendor de la Cristiandad. El centro de toda vida personal, familiar y social era Dios, la Cristiandad, en esa Edad Media teocentrista, no era ciertamente una sociedad perfecta, pero aspiraba y estaba en el buen camino, para alcanzar la plenitud de la perfección humanamente posible. La distancia que había recorrido y que la separaba de la barbarie y del paganismo era impresionante.
Cumpliendo con su misión específica, el mandato divino de evangelizar, la Iglesia Católica ha sido el principal agente en la obra de la civilización de los pueblos. No los engañaba prometiéndoles la felicidad en éste mundo. Antes bien, constantemente enseñaba que la vida es una época de lucha, de prueba y de expiación, y urgía no sólo la necesidad de la Fe, sino también la necesidad de las buenas obras para alcanzar la felicidad en la vida eterna. La Iglesia, evangelizando, civilizaba. Así se explica su fecundidad y la magna obra realizada.
Bajo su influencia e inspiración, nacen los municipios y los gremios, como bases y núcleos de la vida política y social.
Entre tantas cosas admirables, la Iglesia Católica se distinguió en la educación e instrucción de la niñez y de la juventud. Eran los monasterios los lugares donde se conservaban y escribían los libros y pronto de allí surgieron los colegios y las universidades. Los monasterios eran también frecuentemente escuelas de primeras letras, escuelas agrícolas y de artes y oficios.
Había grandes pecadores, pero florecía y abundaba la santidad. Eclesiásticos y seglares rivalizaban en el celo por la creación y sostenimiento de innumerables Órdenes religiosas, congregaciones e instituciones, que daban gloria a Dios y atendían las necesidades de todo orden, todas las miserias espirituales y materiales del hombre.
Nunca como en esa Edad Media teocentrista se ha tenido tanta preocupación por la elevación integral del hombre, especialmente de los más desvalidos, mediante múltiples instituciones de caridad, creadas y sostenidas principalmente por la Iglesia.
El llamado Renacimiento Humanista inició la decadencia y final destrucción de la Cristiandad, queriendo invertir los términos y colocar al hombre en el lugar que sólo a Dios le corresponde.
La mutua armonía e independencia de esos pilares y la soberanía de cada cual respecto de sus propios fines, aseguraban un orden justo y estable. Bien establecida la distinción, sin ningún género de confusión de órdenes diversos, se reconocía unánimemente la natural jerarquía de valores, esto es, la supremacía de lo espiritual y eterno sobre lo temporal y caduco.
La Edad Media marcó el máximo esplendor de la Cristiandad. El centro de toda vida personal, familiar y social era Dios, la Cristiandad, en esa Edad Media teocentrista, no era ciertamente una sociedad perfecta, pero aspiraba y estaba en el buen camino, para alcanzar la plenitud de la perfección humanamente posible. La distancia que había recorrido y que la separaba de la barbarie y del paganismo era impresionante.
Cumpliendo con su misión específica, el mandato divino de evangelizar, la Iglesia Católica ha sido el principal agente en la obra de la civilización de los pueblos. No los engañaba prometiéndoles la felicidad en éste mundo. Antes bien, constantemente enseñaba que la vida es una época de lucha, de prueba y de expiación, y urgía no sólo la necesidad de la Fe, sino también la necesidad de las buenas obras para alcanzar la felicidad en la vida eterna. La Iglesia, evangelizando, civilizaba. Así se explica su fecundidad y la magna obra realizada.
Bajo su influencia e inspiración, nacen los municipios y los gremios, como bases y núcleos de la vida política y social.
Entre tantas cosas admirables, la Iglesia Católica se distinguió en la educación e instrucción de la niñez y de la juventud. Eran los monasterios los lugares donde se conservaban y escribían los libros y pronto de allí surgieron los colegios y las universidades. Los monasterios eran también frecuentemente escuelas de primeras letras, escuelas agrícolas y de artes y oficios.
Había grandes pecadores, pero florecía y abundaba la santidad. Eclesiásticos y seglares rivalizaban en el celo por la creación y sostenimiento de innumerables Órdenes religiosas, congregaciones e instituciones, que daban gloria a Dios y atendían las necesidades de todo orden, todas las miserias espirituales y materiales del hombre.
Nunca como en esa Edad Media teocentrista se ha tenido tanta preocupación por la elevación integral del hombre, especialmente de los más desvalidos, mediante múltiples instituciones de caridad, creadas y sostenidas principalmente por la Iglesia.
El llamado Renacimiento Humanista inició la decadencia y final destrucción de la Cristiandad, queriendo invertir los términos y colocar al hombre en el lugar que sólo a Dios le corresponde.
domingo, 15 de mayo de 2011
EL AMULETO DE PABLO VI Y SUS IMPLICACIONES EN RELACIÓN CON EL JUDAÍSMO Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga
En su "CONTRA-REFORMA", el Abbé Georges de Nantes publicó, en el número de noviembre de 1970, un artículo de gran impacto en toda Europa, titulado "EL AMULETO DEL PAPA". De este artículo me permito transcribir lo siguiente:
"En el PARIS MATCH del 29 de agosto 1970, en el artículo de Robert Serrou 'El próximo Papa será un francés', aparece una ilustración de una gran fotografía del Papa y del Cardenal Villot. Observé esos dos rostros herméticos, en los que se oculta el destino de la Iglesia... Pero, ¿qué es eso, que se descubre sobre el pecho de Paulo VI, encima de su Cruz pectoral? Una curiosa joya, que, me parece, no haber visto nunca a ningún Papa. El objeto debe ser de oro, cuadrado, adornado con doce piedras preciosas, dispuestas en cuatro hileras, tres por tres. Aparece suspendido, en forma muy peculiar, por un cordón, que se añade alrededor del cuello a aquel otro del que pende la Cruz de Cristo.
"Siento miedo de comprender. Sin embargo, no cabe duda alguna. Para describir el objeto, he empleado las mismas palabras, que en el capítulo XXVIII del Exodo, describen el EFOD DEL GRAN SACERDOTE JUDÍO. He aquí, pues, sobre el corazón del Papa, atado a su cuello, el 'Pectoral del Juicio', que el Sumo Sacerdote Aaraon y sus sucesores debieron llevar como ornamento ritual, y sobre las doce piedras del cual estaban inscritos los nombres de las doce tribus de Israel, "para evocar continuamente su recuerdo en presencia de Yahveh". (Ex. XXVIII, 29). Paulo VI lleva la Insignia de Caifás.
¿Quién sabe cuándo, por qué y de quién la ha recibido? ¿Quiere el Papa significar con ello que es el heredero directo del Sacerdote Levítico, como Pontífice de la Iglesia Católica convertido en el nuevo y único Israel de Dios? o ¿es caso que prepara una restauración del judaísmo, como religión del monoteísmo puro, del Libro más sagrado, de la Alianza universal?
"En el Katholikentang (las fiestas anuales de la Alemania Católica) se ha desarrollado este año un culto judío sabático, y en Bruselas, el Cardenal Suenens ha anunciado un próximo CONCILIO, que él llamó CONCILIO DE RECONCILIACIÓN, que tendrá lugar en Jerusalén. y recordemos que la B'nai B'rith y los francmasones sueñan igualmente en la construcción de un 'TEMPLO DE LA COMPRENSIÓN', en la Ciudad Santa, semejante al que ya existe en Nueva York. Una maqueta de ese futuro Templo fue ofrecido al Papa hace ya tiempo, como signo de amplio ECUMENISMO. ¡Todo converge!
"¿Quién nos informará a nosotros, soldados de fila, sobre ese 'Pectoral' y sobre tantos otros puntos oscuros, que encierran designios tenebrosos? ¿Quién tiene, entre nosotros, derecho a saber si el Papa, al revestirse con el 'Efod' de Caifás, pretende asumir el antiguo rito judío, sin temor del Israel, según la carne, o si tiene el proyecto de conducir las iglesias cristianas al 'judaísmo universal' y de restaurar en Jerusalén el Sacerdocio Levítico? Ambigüedad de la mirada y del gesto, de los discursos y del 'amuleto'... Hasta este día, el Crucifijo no había compartido su puesto con ningún otro signo ritual. ¿Será que pronto, sin -ruido, sin palabras, va a desaparecer de sobre el corazón del Papa? Será entonces, cuando en el Vaticano cantará el gallo por última vez...
"¿Qué sabemos nosotros? Nosotros, rebaño católico, nada sabemos de los lejanos proyectos de nuestros Pastores...
Georges de Nantes.
El servicio que el Abbé de Nantes ha prestado a la Iglesia en publicar lo que ya se murmuraba en los corrillos eclesiales, con gran escándalo y con extraordinaria sorpresa, acerca de esa insignia ritual, propia del Gran Sacerdote Levítico, que, desde su viaje a Tierra Santa, aparece en casi todas las fotografías de Paulo VI, es, a no dudarlo, un servicio extraordinario, cuya importancia, tal vez, todavía no podemos ni prever, ni mucho menos precisar. Quizá en esta señal encontremos la clave para explicarnos toda esa subversión en la Iglesia de Cristo, esa que el mismo Papa Montini llamó la "autodemolición" del cristianismo. En Roma, el BORGHESE, revista de gran circulación, en su número del 18 de noviembre de 1970, pág. 603, publicó un sensacional arículo, con estos títulos llamatívos: "El Portón de Bronce". "PAULO VI: ¿PAPA O 'GRAN SACERDOTE'?":
Vaticano, noviembre. - "La impresión en el Vaticano ha sido enorme, casi un choque. Los rumores circulaban hacía tiempo, en los corrillos vaticanos, sin que hubiera nadie que se atreviese a denunciar el hecho. Así las cosas, ha poco tiempo, el Abbé Georges de Nantes difundió la noticia de que el Pontífice Máximo de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana lleva en algunas ocasiones sobre la muceta y con la Cruz pectoral la insignia del "GRAN SACERDOTE HEBREO" Caifás. El eco de esta noticia ha sido enorme detrás del Portón de Bronce.
"Y, sin embargo, no cabe la menor duda: la forma, el color, el ornato de esa insignia corresponde a la descripción dada en el Libro de los Libros. Ningún Papa, en los dos mil años anteriores, había llevado una joya, como esa, minuciosamente descrita en el capítulo XXVIII del Exodo, uno de los libros de la Biblia. Juan Bautista Montini sí la lleva. Y ¿por qué? Nadie se atreve a decir los oscuros motivos, que han dado base a esta decisión, pero todos están de acuerdo en afirmar la posibilidad de un intencional equívoco de parte del Pontífice. El objeto, de oro puro, es cuadrado, adornado con doce piedras preciosas, dispuestas en cuatro hileras, de tres en tres, suspendido del cuello de modo muy particular, gracias a un cordón también aureo, hecho de anillos entrelazados que terminan en una borla. Las doce piedras preciosas son de diverso color.
"En suma, se trata, hablando con toda propiedad, del 'EFOD DEL GRAN SACERDOTE HEBREO, conocido como el "PECTORAL DEL JUICIO", que Aaraón y sus sucesores debían llevar como ornamento ritual, y cuyas piedras preciosas corresponden a las doce tribus de Israel. La descripción de este objeto singular está contenida en el Exodo... Exactamente, como se puede ver hoy, en muchas fotografías de Paulo VI...
"Mas, ¿desde cuándo aparece esta increíble unión de la Cruz pectoral con la 'insignia' del Gran Sacerdote Hebreo? Para responder a esta pregunta, hemos examinado centenares de fotografías; así hemos podido precisar que la primera aparición de este extraño 'amuleto' sobre el pecho del Papa romano data, por lo menos, de 1964, es decir, unos meses después de su visita a Palestina. Parece lógico deducir que el ornamento ritual, de que tratamos, le fue dado en esas circunstancias, ya que Paulo VI estuvo también en territorio de Israel.
"No se trata de un caso aislado, de una alucinación. El emblema del 'GRAN SACERDOTE LEVITICO' es visible, claramente visible, sobre todo cuando Paulo VI usa la 'muceta', es decir, esa especie de manteleta roja bordada de armiño blanco; en esas ocasiones, en las fotografías, no se ve muchas veces la Cruz pectoral, por las manos juntas con que el Papa parece encubrirla; pero siempre aparece la insignia de Aaraón, porque está unida a un amplio cordón de oro. Sólo en una ocasión el extraño emblema cuelga sobre el hábito blanco de Paulo VI, sin la 'muceta'. Fue cuando el Pontífice romano estuvo en la India y los fotógrafos le sorprendieron seguido y rodeado de niños hindúes.
"En las diversas fotografías, tomadas durante las visitas de Paulo VI a los lugares santos de la cristiandad, en los varios Santuarios, el "Efod" es siempre visible: así, por ejemplo, con ocasión de su viaje a Fumone, cuando quiso visitar la tumba del Papa Celestino V, la tumba del 'gran refugiado'; en Santa Sabina, en el Aventino el miércoles de ceniza, cuando se cantaron las letanías de los Santos, innovadas por la liturgia bugniniana, que ahora comienzan con un 'Sancte Abraham'...; en la Plaza de España, en el homenaje a la Inmaculada; en Santa Inés; en Santa María del Transtévere, y así en otros casos, en los que el Papa lleva esta insignia ritual, es algo raro, por lo menos, si no sospechoso, y que origina dudas que están exigiendo una respuesta distinta de la que estamos acostumbrados a recibir, del silencio equívoco.
¿Estamos, pues, delante de un hecho masónico o delante de un oscuro designio? Es necesario que alguien esclarezca qué significa todo esto. Porque, en verdad, es desconcertante el hecho de que al lado o en lugar de la Cruz pectoral del Sucesor de Pedro (que todavía y no obstante la contestación de los nuevos teólogos es el Vicario de Cristo) aparezca sobre el pecho del Romano Pontífice un emblema que no es cristiano y que por ser tan rico está en contradicción con los postulados de la "Iglesia de los Pobres".
No sabemos qué explicación pueda darse a ese objeto ritual del gran sacerdote levítico, usado ahora por Paulo VI, el Pontífice Máximo de la Iglesia Católica. La primera explicación, que benignamente insinúa el Abbé de Nantes, no parece ser muy convincente, porque no puede ser admitida. Entre el judaísmo, religión de la promesa y catolicismo, religión. del cumplimiento de esa promesa, no hay propiamente una continuidad, porque el judaísmo actual niega contumazmente el cumplimiento de las divinas promesas en el advenimiento del Cristo prometido; Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo de María. El judaísmo, religión actual, niega los dos dogmas fundamentales de nuestra religión, el misterio de la Santísima Trinidad y el misterio de la Encarnación. ¿Cómo es posible que se quiera unir la religión judaica con el verdadero cristianismo basado en esos dos dogmas fundamentales? La promesa, la preparación perdieron su razón de ser, al venir Cristo y todo el judaísmo religión perdió su legitimidad, al fundar Jesucristo su Iglesia, el nuevo Israel, no el Israel según la carne, sino el Israel según el espíritu.
Ahora bien, el "efod" era una insignia eminentemente judaica, que simbólicamente representaba en las funciones rituales del judaísmo religión a las doce tribus de Israel, el Israel según la carne. No hay, pues, nada que justifique el uso de ese objeto ritual en un Papa, que es cabeza visible del nuevo pueblo de Dios, de los hijos de la nueva Alianza. Ya el hecho cierto de que ningún Papa, en los 2000 años de historia de la Iglesia haya usado ese objeto ritual del judaísmo religión, parece demostramos que hay una absoluta incompatibilidad entre la profesión de nuestra fe católica y el uso del "efod" y del "pectoral del juicio", descritos minuciosamente en el Exodo, como propios y exclusivos del "Gran Sacerdote Levítico".
Al usarlo públicamente Paulo VI, tenemos derecho y aún obligación grave en conciencia de investigar el por qué de esa decisión pontificia. Con razón el Abbé de Nantes sentía miedo al comprender o vislumbrar siquiera la única explicación satisfactoria, que, por otra parte, está en perfecta coherencia y armonía con otros hechos inexplicables del Papa Montini, con todo su paradójico pontificado y con toda esa subversión y autodemolición que vemos en la Iglesia. Juan Bautista Montini usa el "efod", porque en su corazón más que Papa, es un "Gran Sacerdote Levítico". Consciente o inconscientemente -Dios todo lo sabe- el parece asociado con el judaísmo internacional, con sus poderosos dirigentes, con sus instrumentos destructores, el comunismo y la masonería. Por otra parte, en su ascendencia genealógica encontramos raíces ciertas de su origen judío, así como en otros de los cardenales y monseñores y teólogos que han planeado esta espantosa revolución en la Iglesia de Dios. Sí, yo denuncio al judaísmo como la causa activa y eficacísima que, con sus inmensos recursos, ha preparado esta tragedia, que no solamente ha afectado a la Iglesia y a las almas, sino a los Estados y a los pueblos, sembrando la confusión, la inconformidad, la lucha de clases, las guerras intestinas y las guerras internacionales, que han cubierto de sangre y de dolor al mundo entero.
Duele en el alma tener que llegar a estas conclusiones; pero hay un dilema ineludible, en el que tenemos que escoger: o salvamos la Iglesia o nos obstinamos en seguir defendiendo obstinadamente a dos Papas y un Concilio, que han venido a romper la unidad de la Iglesia.
En el artículo de LOOK al que nos referimos antes, Roddy dice: "EL DESCUBRIR ESTAS CONFERENCIAS SECRETAS EN LA CIMA HIZO QUE LOS CONSERVADORES EMPEZASEN A SEÑALAR A LOS JUDÍOS NORTEAMERICANOS COMO EL NUEVO PODER DETRÁS DE LA IGLESIA". Y tenían razón los conservadores que desde entonces empezaron a sospechar una inmensa y universal infiltración en todos los organismos de la Iglesia, de judíos, de masones, de comunistas, de falsos hermanos, que entraron en los seminarios, noviciados y organismos católicos, con la consigna y los compromisos de procurar escalar discretamente los puestos de comando, para dirigir, desde esos puestos, la revolución interna, que había sido planeada en los antros tenebrosos de la conspiración judeo-masónica-comunista. ¿Hechos? ¿pruebas? Sobran para los que no se obstinan en negarlos.
Tenemos, en primer término, el muy conocido caso del P. Tondi, S. J., que, siendo miembro activo del Partido Comunista Italiano en su juventud, fue seleccionado por los dirigentes del Partido para hacer esta labor de infiltración activa en la Compañía de Jesús. El cripto-comunista pasó con tal éxito todas las pruebas de su formación jesuítica e hizo tan felizmente sus estudios, que, al terminar su tercera probación -el último reto que que la Compañía da a sus operarios-, fue elegido por los superiores al cargo de tanta responsabilidad de Prefecto de Estudios de la Pontificia Universidad Gregoriana, el centro filosófico y teológico más importante de los jesuitas y quizá también de la Iglesia. En ese puesto importantísimo, el oculto comunista, siguiendo ¡lealmente las directivas secretas de sus verdaderas jerarquías, inició y desarrolló felizmente la revolución ideológica, que, más adelante, habria de corromper el pensamiento teológico-filosófico de ese tan importante Centro del saber. Al fin, se descubrieron las conexiones ocultas del jesuita con los altos dirigentes del Comunismo Italiano e Internacional.
En otra parte de su comentado artículo, Joseph Roddy escribe estas palabras reveladoras: "Una agencia publicitaria, suficientemente cercana al Vaticano para obtener la dirección en Roma de los 2.200 Cardenales y Obispos que de afuera habían acudido al Concilio, entregó a cada uno de ellos un libro de 900 páginas 'Il Complotto contra la Chiesa' (Complot contra la Iglesia). Entre las infamatorias páginas del libro, HABÍA ALGUNOS VESTIGIOS DE VERDAD. La afirmación, que dicho libro hace, de que la Iglesia había sido infiltrada por los judíos, era una intriga eficaz para los antisemitas; PERO ES UN HECHO INNEGABLE QUE MUCHOS JUDÍOS, ORDENADOS DE SACERDOTES, ESTABAN TRABAJANDO EN ROMA ESA DECLARACIÓN EN FAVOR DE LOS JUDÍOS. Entre ellos estaba el P. Baum, como también Monseñor Juan Oesterreicher, miembros del Secretariado de Bea. Y el mismo Cardenal Bea, según el Diario del Cairo 'Al Gornhuria' era un judío llamado Bejar".
Ante la evidencia de los hechos, la judería internacional y su vocero Roddy no pueden negar el hecho palpable de la infiltración, aunque, como es natural, se guardan mucho de darnos todos los nombres de los infiltrados.
Bea, Baum, Oesterreicher son tan sólo unos nombres, a los que podriamos añadir otros de crípto-judíos, cripto-masones y cripto-comunistas, hábilmente infiltrados en la Iglesia, que, hace ya tiempo, fueron preparando la subversión presente, y lograron escalar los altos puestos, para hacer su acción más eficaz. Con su capacidad personal -los escogidos para esta trascendente labor debían estar dotados con aptitudes optimas-, con la influencia de las altas jerarquías, oportunamente trabajadas, por su aparente entrega, sus oportunas adulaciones y sus bien administrados obsequios, debían los escogidos ganarse la confianza y alcanzar así sus progresivos ascensos. En la intriga, la falsedad y la destreza para la infiltración, los judíos sólo son superados por el diablo. Y, en esta intriga, la mafia judia contó con valiosos instrumentos, no judíos, sino católicos, como el R.P. Thimothy Fitzharris O'Boyle, S. J., quien, instalado en el Instituto Bíblico, protegido por la sombra tutelar del valiosísimo Cardenal Bea, miembro, por otra parte, de la ínclita Compañía de Jesús, pudo servir de enlace de información entre todos los que estaban comprometidos en la infiltración masiva de la Iglesia.
Como se desprende del artículo de Roddy, el judaísmo puso en juego toda su táctica, todos sus más valiosos elementos, todos sus inmensos recursos económicos, para asegurar el golpe definitivo, que ellos querían descargar contra el cristianismo, para poder después dedicarse, sin enemigo de importancia al frente, a realizar los sueños de su "mesianismo materialista" en el gobierno del mundo y en el establecimiento del sincretismo religioso, que eliminase para siempre todo vestigio de Cristo y de su religión. La labor fue lenta, discreta y, a no dudarlo, de éxitos progresivos y sorprendentes. No creo posible, para los no judíos, el llegar nunca a investigar todos los secretos de esta secular conspiración. Por eso esta confesión de parte de Mr. Roddy, aunque incompleta, tiene un valor excepcional, que parece indicarnos el por qué Paulo VI usa el "efod" del Gran Sacerdote Levítico.
La famosa "apertura" hacia la izquierda del Pontífice de la Tolerancia no sólo había abierto el "diálogo salvífico" con los "hermanos separados", que jamás han pensado en convertirse a nuestra religión, con los "comunistas", con los que él soñaba establecer "una coexistencia pacífica y mutuamente comprensiva", sino también con los judíos, que ya no tan invisiblemente estaban dirigiendo la subversión, sin que el bondadoso Papa se diese cuenta de la tremenda conspiración, que amenazaba la vida misma de la Iglesia. Juan XXIII, el Papa de la Tolerancia, no sólo había recibido al yerno de Krushev, sino que había establecido, como nos dice Roddy, un gran diálogo con el Comité Judío-Americano, con la Liga Anti-Difamatoria de la B'nai B'rith y con otros organismos judaicos. La conspiración estaba en marcha y contaba con la ayuda de prominentes eclesiásticos, infiltrados oportunamente en la Iglesia Católica, entre los cuales destacaba la figura del Cardenal Agustín Bea, S. J., la figura gris del Vaticano en estos años de transición y de Concilio.
"Aunque Mateo, Marcos, Lucas y Juan hayan sido mejores evangelistas que historiadores -escribe Roddy- sus escritos, según el dogma católico, fueron divinamente inspirados, y alterarlos sería tan imposible, por lo tanto, como cambiar el centro del sol". Con verdadera insensatez el escritor judío pretende negar la historicidad de los Santos Evangelios, para eliminar así su testimonio sobre la responsabilidad colectiva del pueblo de Israel, en la pasión y muerte de Jesús; pero, no por eso deja de reconocer lo que los "expertos' del Cardenal Bea olvidaron, la inspiración divina del texto sagrado, que garantiza el testimonio histórico y de fe de los evangelistas. Sí; alterar los evangelios, aunque sea so pretexto de ecumenismo, es naufragar en la fe. Y en la inviolabilidad de la Sagrada Escritura está la inconsistencia y la equívoca posición de la célebre declaración del Vaticano II sobre los judíos.
Sorprende grandemente, al que con detención lee el artículo de Roddy, la multitud de judíos, que, durante el Concilio, estuvieron trabajando en favor de la famosa declaración conciliar de su exoneración de toda responsabilidad en la pasión y muerte del Señor. El Comité Judío Americano, la B'nai B'rith, el Congreso Mundial. Judío, la Anti-Dífamation Ligue, etc., etc. Aparentemente, las cosas no marchaban muy bien en Roma, donde Shuster llenaba las páginas del "New York Times", el diario judío de más circulación en el mundo, para preparar la opiníón pública. Fritz Becker, del Congreso Mundial Judío, escribió por esos días: "Nosotros no tenemos los mismos puntos de vista de los Nortemericanos, para pretender llevarlos a la imprenta". Como si dijera: "debemos obrar con más discreción". Sin embargo, el Vaticano empezó a ver con buenos ojos el que estos temas se llevasen a la prensa, ya que el viaje de Paulo VI a Tierra Santa acababa de ocurrir, y era necesario desviar la opinión pública de los verdaderos objetivos del Pontífice. Escribe Roddy: "Un experto en relaciones públicas hubiera dicho que la Santa Sede -no la Santa Sede, sino Paulo VI- se había mostrado poco experta en Tierra Santa. Cuando Paulo oró al lado del Patriarca barbado ortodoxo Atenágoras en el sector de Jordania, la visita pareció muy bien. Pero, cuando entró en Israel, tuvo palabras tajantes para el autor del "Vicario" (la obra difamatoria de un judío contra Pío XII) y un discurso encaminado a la conversión de los judíos. Su visita fue tan corta que ni siquiera llegó a mencionar públicamente al joven país que estaba visitando".
Era necesario disimular diplomáticamente, con el velo de una piadosa peregrinación, los pasos de Paulo VI, cuyos objetivos en ese viaje no debían ser entonces conocidos. Solamente el tiempo y los eventos sucesivos irían poco a poco descubriendo, ante los observadores diligentes, los secretos designios del Papa Montini en su viaje a la Tierra Santa. Por eso Paulo VI estuvo más tiempo en Jordania; por eso aparentó ignorar a Israel; pos eso habló de la conversión de los judíos, aunque de una manera superficial y delicada. Era lo menos que como Papa, sucesor de Pedro, podía hacer. Sin embargo, después de esa visita, empezó a ostentar sobre su pecho el "efod" y el "pectoral del juicio" del Gran Sacerdote Levítico. La frase de Roddy, en su artículo, no viene sino a completar la maniobra del sigilo: "Los observadores del Vaticano, que estudiaron todos los movimientos de Paulo en Tierra Santa, consideraron que había menos esperanza para una declaración en favor de los judíos"(1).
Pero, esa frase, que quiere darnos la impresión de cierto desacuerdo en los criterios y las acciones de los diversos elementos del judaísmo internacional, que estaban comprometidos en esa labor de convencimiento entre los Padres Conciliares, no es sino una típica maniobra de la astucia judaica, que con diversos frentes quiere darnos la impresión de que hay división entre sus filas. Por eso añade Roddy: "Las cosas se veían con más optimismo en el Waldorf Astoria de Nueva York. Allí, con motivo del aniversario del Beth Israel Hospital, los invitados se enteraron de que al Rabino ABBA HILLEL SILVER (el apellido Silver, en español Plata, es característicamente judío y propio de los elementos más iniciados y más aptos para la conspiración judeo-masónica), años atrás, había expresado el Cardenal Francis Spellman los intentos hechos por Israel para obtener un asiento en las Naciones Unidas. Spellman había dicho que, para ayudar a esta causa, él personalmente se dirigiría a los gobiernos de Sud-Améríca, para invitarlos a que compartiesen con él el profundo deseo de que Israel fuera admitido en esa mundial Organización. Más o menos, por ese tiempo. el 'Papa Americano' (Spellman) dijo, en una reunión del Comité Judío Americano, que era "absurdo mantener que exista o pueda existir cualquiera culpabilidad hereditaria". Desde luego esta afirmación del Cardenal neoyorkino es falsa e indica carencia de conocimientos teológicos e históricos. Todos los hombres, que por generación ordinaria descendemos de Adán, venimos a la vida con esta "culpabilidad hereditaria". "In quo omnes peccaverunt", dice San Pablo, en Adán, todos pecamos. La culpabilidad personal no se hereda, pero, aun entre los hombres, sí se hereda la culpabilidad colectiva. Los hijos de los supuestos criminales de guerra en Alemania siguen todavía pagando a Israel los daños que los judíos dicen haber sufrido durante el régimen de Hitler.
"En el PARIS MATCH del 29 de agosto 1970, en el artículo de Robert Serrou 'El próximo Papa será un francés', aparece una ilustración de una gran fotografía del Papa y del Cardenal Villot. Observé esos dos rostros herméticos, en los que se oculta el destino de la Iglesia... Pero, ¿qué es eso, que se descubre sobre el pecho de Paulo VI, encima de su Cruz pectoral? Una curiosa joya, que, me parece, no haber visto nunca a ningún Papa. El objeto debe ser de oro, cuadrado, adornado con doce piedras preciosas, dispuestas en cuatro hileras, tres por tres. Aparece suspendido, en forma muy peculiar, por un cordón, que se añade alrededor del cuello a aquel otro del que pende la Cruz de Cristo.
"Siento miedo de comprender. Sin embargo, no cabe duda alguna. Para describir el objeto, he empleado las mismas palabras, que en el capítulo XXVIII del Exodo, describen el EFOD DEL GRAN SACERDOTE JUDÍO. He aquí, pues, sobre el corazón del Papa, atado a su cuello, el 'Pectoral del Juicio', que el Sumo Sacerdote Aaraon y sus sucesores debieron llevar como ornamento ritual, y sobre las doce piedras del cual estaban inscritos los nombres de las doce tribus de Israel, "para evocar continuamente su recuerdo en presencia de Yahveh". (Ex. XXVIII, 29). Paulo VI lleva la Insignia de Caifás.
¿Quién sabe cuándo, por qué y de quién la ha recibido? ¿Quiere el Papa significar con ello que es el heredero directo del Sacerdote Levítico, como Pontífice de la Iglesia Católica convertido en el nuevo y único Israel de Dios? o ¿es caso que prepara una restauración del judaísmo, como religión del monoteísmo puro, del Libro más sagrado, de la Alianza universal?
"En el Katholikentang (las fiestas anuales de la Alemania Católica) se ha desarrollado este año un culto judío sabático, y en Bruselas, el Cardenal Suenens ha anunciado un próximo CONCILIO, que él llamó CONCILIO DE RECONCILIACIÓN, que tendrá lugar en Jerusalén. y recordemos que la B'nai B'rith y los francmasones sueñan igualmente en la construcción de un 'TEMPLO DE LA COMPRENSIÓN', en la Ciudad Santa, semejante al que ya existe en Nueva York. Una maqueta de ese futuro Templo fue ofrecido al Papa hace ya tiempo, como signo de amplio ECUMENISMO. ¡Todo converge!
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| Paulo VI y su "pectoral del juicio" |
"¿Quién nos informará a nosotros, soldados de fila, sobre ese 'Pectoral' y sobre tantos otros puntos oscuros, que encierran designios tenebrosos? ¿Quién tiene, entre nosotros, derecho a saber si el Papa, al revestirse con el 'Efod' de Caifás, pretende asumir el antiguo rito judío, sin temor del Israel, según la carne, o si tiene el proyecto de conducir las iglesias cristianas al 'judaísmo universal' y de restaurar en Jerusalén el Sacerdocio Levítico? Ambigüedad de la mirada y del gesto, de los discursos y del 'amuleto'... Hasta este día, el Crucifijo no había compartido su puesto con ningún otro signo ritual. ¿Será que pronto, sin -ruido, sin palabras, va a desaparecer de sobre el corazón del Papa? Será entonces, cuando en el Vaticano cantará el gallo por última vez...
"¿Qué sabemos nosotros? Nosotros, rebaño católico, nada sabemos de los lejanos proyectos de nuestros Pastores...
Georges de Nantes.
El servicio que el Abbé de Nantes ha prestado a la Iglesia en publicar lo que ya se murmuraba en los corrillos eclesiales, con gran escándalo y con extraordinaria sorpresa, acerca de esa insignia ritual, propia del Gran Sacerdote Levítico, que, desde su viaje a Tierra Santa, aparece en casi todas las fotografías de Paulo VI, es, a no dudarlo, un servicio extraordinario, cuya importancia, tal vez, todavía no podemos ni prever, ni mucho menos precisar. Quizá en esta señal encontremos la clave para explicarnos toda esa subversión en la Iglesia de Cristo, esa que el mismo Papa Montini llamó la "autodemolición" del cristianismo. En Roma, el BORGHESE, revista de gran circulación, en su número del 18 de noviembre de 1970, pág. 603, publicó un sensacional arículo, con estos títulos llamatívos: "El Portón de Bronce". "PAULO VI: ¿PAPA O 'GRAN SACERDOTE'?":
Vaticano, noviembre. - "La impresión en el Vaticano ha sido enorme, casi un choque. Los rumores circulaban hacía tiempo, en los corrillos vaticanos, sin que hubiera nadie que se atreviese a denunciar el hecho. Así las cosas, ha poco tiempo, el Abbé Georges de Nantes difundió la noticia de que el Pontífice Máximo de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana lleva en algunas ocasiones sobre la muceta y con la Cruz pectoral la insignia del "GRAN SACERDOTE HEBREO" Caifás. El eco de esta noticia ha sido enorme detrás del Portón de Bronce.
"Y, sin embargo, no cabe la menor duda: la forma, el color, el ornato de esa insignia corresponde a la descripción dada en el Libro de los Libros. Ningún Papa, en los dos mil años anteriores, había llevado una joya, como esa, minuciosamente descrita en el capítulo XXVIII del Exodo, uno de los libros de la Biblia. Juan Bautista Montini sí la lleva. Y ¿por qué? Nadie se atreve a decir los oscuros motivos, que han dado base a esta decisión, pero todos están de acuerdo en afirmar la posibilidad de un intencional equívoco de parte del Pontífice. El objeto, de oro puro, es cuadrado, adornado con doce piedras preciosas, dispuestas en cuatro hileras, de tres en tres, suspendido del cuello de modo muy particular, gracias a un cordón también aureo, hecho de anillos entrelazados que terminan en una borla. Las doce piedras preciosas son de diverso color.
"En suma, se trata, hablando con toda propiedad, del 'EFOD DEL GRAN SACERDOTE HEBREO, conocido como el "PECTORAL DEL JUICIO", que Aaraón y sus sucesores debían llevar como ornamento ritual, y cuyas piedras preciosas corresponden a las doce tribus de Israel. La descripción de este objeto singular está contenida en el Exodo... Exactamente, como se puede ver hoy, en muchas fotografías de Paulo VI...
"Mas, ¿desde cuándo aparece esta increíble unión de la Cruz pectoral con la 'insignia' del Gran Sacerdote Hebreo? Para responder a esta pregunta, hemos examinado centenares de fotografías; así hemos podido precisar que la primera aparición de este extraño 'amuleto' sobre el pecho del Papa romano data, por lo menos, de 1964, es decir, unos meses después de su visita a Palestina. Parece lógico deducir que el ornamento ritual, de que tratamos, le fue dado en esas circunstancias, ya que Paulo VI estuvo también en territorio de Israel.
"No se trata de un caso aislado, de una alucinación. El emblema del 'GRAN SACERDOTE LEVITICO' es visible, claramente visible, sobre todo cuando Paulo VI usa la 'muceta', es decir, esa especie de manteleta roja bordada de armiño blanco; en esas ocasiones, en las fotografías, no se ve muchas veces la Cruz pectoral, por las manos juntas con que el Papa parece encubrirla; pero siempre aparece la insignia de Aaraón, porque está unida a un amplio cordón de oro. Sólo en una ocasión el extraño emblema cuelga sobre el hábito blanco de Paulo VI, sin la 'muceta'. Fue cuando el Pontífice romano estuvo en la India y los fotógrafos le sorprendieron seguido y rodeado de niños hindúes.
"En las diversas fotografías, tomadas durante las visitas de Paulo VI a los lugares santos de la cristiandad, en los varios Santuarios, el "Efod" es siempre visible: así, por ejemplo, con ocasión de su viaje a Fumone, cuando quiso visitar la tumba del Papa Celestino V, la tumba del 'gran refugiado'; en Santa Sabina, en el Aventino el miércoles de ceniza, cuando se cantaron las letanías de los Santos, innovadas por la liturgia bugniniana, que ahora comienzan con un 'Sancte Abraham'...; en la Plaza de España, en el homenaje a la Inmaculada; en Santa Inés; en Santa María del Transtévere, y así en otros casos, en los que el Papa lleva esta insignia ritual, es algo raro, por lo menos, si no sospechoso, y que origina dudas que están exigiendo una respuesta distinta de la que estamos acostumbrados a recibir, del silencio equívoco.
¿Estamos, pues, delante de un hecho masónico o delante de un oscuro designio? Es necesario que alguien esclarezca qué significa todo esto. Porque, en verdad, es desconcertante el hecho de que al lado o en lugar de la Cruz pectoral del Sucesor de Pedro (que todavía y no obstante la contestación de los nuevos teólogos es el Vicario de Cristo) aparezca sobre el pecho del Romano Pontífice un emblema que no es cristiano y que por ser tan rico está en contradicción con los postulados de la "Iglesia de los Pobres".
No sabemos qué explicación pueda darse a ese objeto ritual del gran sacerdote levítico, usado ahora por Paulo VI, el Pontífice Máximo de la Iglesia Católica. La primera explicación, que benignamente insinúa el Abbé de Nantes, no parece ser muy convincente, porque no puede ser admitida. Entre el judaísmo, religión de la promesa y catolicismo, religión. del cumplimiento de esa promesa, no hay propiamente una continuidad, porque el judaísmo actual niega contumazmente el cumplimiento de las divinas promesas en el advenimiento del Cristo prometido; Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo de María. El judaísmo, religión actual, niega los dos dogmas fundamentales de nuestra religión, el misterio de la Santísima Trinidad y el misterio de la Encarnación. ¿Cómo es posible que se quiera unir la religión judaica con el verdadero cristianismo basado en esos dos dogmas fundamentales? La promesa, la preparación perdieron su razón de ser, al venir Cristo y todo el judaísmo religión perdió su legitimidad, al fundar Jesucristo su Iglesia, el nuevo Israel, no el Israel según la carne, sino el Israel según el espíritu.
Ahora bien, el "efod" era una insignia eminentemente judaica, que simbólicamente representaba en las funciones rituales del judaísmo religión a las doce tribus de Israel, el Israel según la carne. No hay, pues, nada que justifique el uso de ese objeto ritual en un Papa, que es cabeza visible del nuevo pueblo de Dios, de los hijos de la nueva Alianza. Ya el hecho cierto de que ningún Papa, en los 2000 años de historia de la Iglesia haya usado ese objeto ritual del judaísmo religión, parece demostramos que hay una absoluta incompatibilidad entre la profesión de nuestra fe católica y el uso del "efod" y del "pectoral del juicio", descritos minuciosamente en el Exodo, como propios y exclusivos del "Gran Sacerdote Levítico".
Al usarlo públicamente Paulo VI, tenemos derecho y aún obligación grave en conciencia de investigar el por qué de esa decisión pontificia. Con razón el Abbé de Nantes sentía miedo al comprender o vislumbrar siquiera la única explicación satisfactoria, que, por otra parte, está en perfecta coherencia y armonía con otros hechos inexplicables del Papa Montini, con todo su paradójico pontificado y con toda esa subversión y autodemolición que vemos en la Iglesia. Juan Bautista Montini usa el "efod", porque en su corazón más que Papa, es un "Gran Sacerdote Levítico". Consciente o inconscientemente -Dios todo lo sabe- el parece asociado con el judaísmo internacional, con sus poderosos dirigentes, con sus instrumentos destructores, el comunismo y la masonería. Por otra parte, en su ascendencia genealógica encontramos raíces ciertas de su origen judío, así como en otros de los cardenales y monseñores y teólogos que han planeado esta espantosa revolución en la Iglesia de Dios. Sí, yo denuncio al judaísmo como la causa activa y eficacísima que, con sus inmensos recursos, ha preparado esta tragedia, que no solamente ha afectado a la Iglesia y a las almas, sino a los Estados y a los pueblos, sembrando la confusión, la inconformidad, la lucha de clases, las guerras intestinas y las guerras internacionales, que han cubierto de sangre y de dolor al mundo entero.
Duele en el alma tener que llegar a estas conclusiones; pero hay un dilema ineludible, en el que tenemos que escoger: o salvamos la Iglesia o nos obstinamos en seguir defendiendo obstinadamente a dos Papas y un Concilio, que han venido a romper la unidad de la Iglesia.
En el artículo de LOOK al que nos referimos antes, Roddy dice: "EL DESCUBRIR ESTAS CONFERENCIAS SECRETAS EN LA CIMA HIZO QUE LOS CONSERVADORES EMPEZASEN A SEÑALAR A LOS JUDÍOS NORTEAMERICANOS COMO EL NUEVO PODER DETRÁS DE LA IGLESIA". Y tenían razón los conservadores que desde entonces empezaron a sospechar una inmensa y universal infiltración en todos los organismos de la Iglesia, de judíos, de masones, de comunistas, de falsos hermanos, que entraron en los seminarios, noviciados y organismos católicos, con la consigna y los compromisos de procurar escalar discretamente los puestos de comando, para dirigir, desde esos puestos, la revolución interna, que había sido planeada en los antros tenebrosos de la conspiración judeo-masónica-comunista. ¿Hechos? ¿pruebas? Sobran para los que no se obstinan en negarlos.
Tenemos, en primer término, el muy conocido caso del P. Tondi, S. J., que, siendo miembro activo del Partido Comunista Italiano en su juventud, fue seleccionado por los dirigentes del Partido para hacer esta labor de infiltración activa en la Compañía de Jesús. El cripto-comunista pasó con tal éxito todas las pruebas de su formación jesuítica e hizo tan felizmente sus estudios, que, al terminar su tercera probación -el último reto que que la Compañía da a sus operarios-, fue elegido por los superiores al cargo de tanta responsabilidad de Prefecto de Estudios de la Pontificia Universidad Gregoriana, el centro filosófico y teológico más importante de los jesuitas y quizá también de la Iglesia. En ese puesto importantísimo, el oculto comunista, siguiendo ¡lealmente las directivas secretas de sus verdaderas jerarquías, inició y desarrolló felizmente la revolución ideológica, que, más adelante, habria de corromper el pensamiento teológico-filosófico de ese tan importante Centro del saber. Al fin, se descubrieron las conexiones ocultas del jesuita con los altos dirigentes del Comunismo Italiano e Internacional.
En otra parte de su comentado artículo, Joseph Roddy escribe estas palabras reveladoras: "Una agencia publicitaria, suficientemente cercana al Vaticano para obtener la dirección en Roma de los 2.200 Cardenales y Obispos que de afuera habían acudido al Concilio, entregó a cada uno de ellos un libro de 900 páginas 'Il Complotto contra la Chiesa' (Complot contra la Iglesia). Entre las infamatorias páginas del libro, HABÍA ALGUNOS VESTIGIOS DE VERDAD. La afirmación, que dicho libro hace, de que la Iglesia había sido infiltrada por los judíos, era una intriga eficaz para los antisemitas; PERO ES UN HECHO INNEGABLE QUE MUCHOS JUDÍOS, ORDENADOS DE SACERDOTES, ESTABAN TRABAJANDO EN ROMA ESA DECLARACIÓN EN FAVOR DE LOS JUDÍOS. Entre ellos estaba el P. Baum, como también Monseñor Juan Oesterreicher, miembros del Secretariado de Bea. Y el mismo Cardenal Bea, según el Diario del Cairo 'Al Gornhuria' era un judío llamado Bejar".
Ante la evidencia de los hechos, la judería internacional y su vocero Roddy no pueden negar el hecho palpable de la infiltración, aunque, como es natural, se guardan mucho de darnos todos los nombres de los infiltrados.
Bea, Baum, Oesterreicher son tan sólo unos nombres, a los que podriamos añadir otros de crípto-judíos, cripto-masones y cripto-comunistas, hábilmente infiltrados en la Iglesia, que, hace ya tiempo, fueron preparando la subversión presente, y lograron escalar los altos puestos, para hacer su acción más eficaz. Con su capacidad personal -los escogidos para esta trascendente labor debían estar dotados con aptitudes optimas-, con la influencia de las altas jerarquías, oportunamente trabajadas, por su aparente entrega, sus oportunas adulaciones y sus bien administrados obsequios, debían los escogidos ganarse la confianza y alcanzar así sus progresivos ascensos. En la intriga, la falsedad y la destreza para la infiltración, los judíos sólo son superados por el diablo. Y, en esta intriga, la mafia judia contó con valiosos instrumentos, no judíos, sino católicos, como el R.P. Thimothy Fitzharris O'Boyle, S. J., quien, instalado en el Instituto Bíblico, protegido por la sombra tutelar del valiosísimo Cardenal Bea, miembro, por otra parte, de la ínclita Compañía de Jesús, pudo servir de enlace de información entre todos los que estaban comprometidos en la infiltración masiva de la Iglesia.
Como se desprende del artículo de Roddy, el judaísmo puso en juego toda su táctica, todos sus más valiosos elementos, todos sus inmensos recursos económicos, para asegurar el golpe definitivo, que ellos querían descargar contra el cristianismo, para poder después dedicarse, sin enemigo de importancia al frente, a realizar los sueños de su "mesianismo materialista" en el gobierno del mundo y en el establecimiento del sincretismo religioso, que eliminase para siempre todo vestigio de Cristo y de su religión. La labor fue lenta, discreta y, a no dudarlo, de éxitos progresivos y sorprendentes. No creo posible, para los no judíos, el llegar nunca a investigar todos los secretos de esta secular conspiración. Por eso esta confesión de parte de Mr. Roddy, aunque incompleta, tiene un valor excepcional, que parece indicarnos el por qué Paulo VI usa el "efod" del Gran Sacerdote Levítico.
La famosa "apertura" hacia la izquierda del Pontífice de la Tolerancia no sólo había abierto el "diálogo salvífico" con los "hermanos separados", que jamás han pensado en convertirse a nuestra religión, con los "comunistas", con los que él soñaba establecer "una coexistencia pacífica y mutuamente comprensiva", sino también con los judíos, que ya no tan invisiblemente estaban dirigiendo la subversión, sin que el bondadoso Papa se diese cuenta de la tremenda conspiración, que amenazaba la vida misma de la Iglesia. Juan XXIII, el Papa de la Tolerancia, no sólo había recibido al yerno de Krushev, sino que había establecido, como nos dice Roddy, un gran diálogo con el Comité Judío-Americano, con la Liga Anti-Difamatoria de la B'nai B'rith y con otros organismos judaicos. La conspiración estaba en marcha y contaba con la ayuda de prominentes eclesiásticos, infiltrados oportunamente en la Iglesia Católica, entre los cuales destacaba la figura del Cardenal Agustín Bea, S. J., la figura gris del Vaticano en estos años de transición y de Concilio.
"Aunque Mateo, Marcos, Lucas y Juan hayan sido mejores evangelistas que historiadores -escribe Roddy- sus escritos, según el dogma católico, fueron divinamente inspirados, y alterarlos sería tan imposible, por lo tanto, como cambiar el centro del sol". Con verdadera insensatez el escritor judío pretende negar la historicidad de los Santos Evangelios, para eliminar así su testimonio sobre la responsabilidad colectiva del pueblo de Israel, en la pasión y muerte de Jesús; pero, no por eso deja de reconocer lo que los "expertos' del Cardenal Bea olvidaron, la inspiración divina del texto sagrado, que garantiza el testimonio histórico y de fe de los evangelistas. Sí; alterar los evangelios, aunque sea so pretexto de ecumenismo, es naufragar en la fe. Y en la inviolabilidad de la Sagrada Escritura está la inconsistencia y la equívoca posición de la célebre declaración del Vaticano II sobre los judíos.
Sorprende grandemente, al que con detención lee el artículo de Roddy, la multitud de judíos, que, durante el Concilio, estuvieron trabajando en favor de la famosa declaración conciliar de su exoneración de toda responsabilidad en la pasión y muerte del Señor. El Comité Judío Americano, la B'nai B'rith, el Congreso Mundial. Judío, la Anti-Dífamation Ligue, etc., etc. Aparentemente, las cosas no marchaban muy bien en Roma, donde Shuster llenaba las páginas del "New York Times", el diario judío de más circulación en el mundo, para preparar la opiníón pública. Fritz Becker, del Congreso Mundial Judío, escribió por esos días: "Nosotros no tenemos los mismos puntos de vista de los Nortemericanos, para pretender llevarlos a la imprenta". Como si dijera: "debemos obrar con más discreción". Sin embargo, el Vaticano empezó a ver con buenos ojos el que estos temas se llevasen a la prensa, ya que el viaje de Paulo VI a Tierra Santa acababa de ocurrir, y era necesario desviar la opinión pública de los verdaderos objetivos del Pontífice. Escribe Roddy: "Un experto en relaciones públicas hubiera dicho que la Santa Sede -no la Santa Sede, sino Paulo VI- se había mostrado poco experta en Tierra Santa. Cuando Paulo oró al lado del Patriarca barbado ortodoxo Atenágoras en el sector de Jordania, la visita pareció muy bien. Pero, cuando entró en Israel, tuvo palabras tajantes para el autor del "Vicario" (la obra difamatoria de un judío contra Pío XII) y un discurso encaminado a la conversión de los judíos. Su visita fue tan corta que ni siquiera llegó a mencionar públicamente al joven país que estaba visitando".
Era necesario disimular diplomáticamente, con el velo de una piadosa peregrinación, los pasos de Paulo VI, cuyos objetivos en ese viaje no debían ser entonces conocidos. Solamente el tiempo y los eventos sucesivos irían poco a poco descubriendo, ante los observadores diligentes, los secretos designios del Papa Montini en su viaje a la Tierra Santa. Por eso Paulo VI estuvo más tiempo en Jordania; por eso aparentó ignorar a Israel; pos eso habló de la conversión de los judíos, aunque de una manera superficial y delicada. Era lo menos que como Papa, sucesor de Pedro, podía hacer. Sin embargo, después de esa visita, empezó a ostentar sobre su pecho el "efod" y el "pectoral del juicio" del Gran Sacerdote Levítico. La frase de Roddy, en su artículo, no viene sino a completar la maniobra del sigilo: "Los observadores del Vaticano, que estudiaron todos los movimientos de Paulo en Tierra Santa, consideraron que había menos esperanza para una declaración en favor de los judíos"(1).
Pero, esa frase, que quiere darnos la impresión de cierto desacuerdo en los criterios y las acciones de los diversos elementos del judaísmo internacional, que estaban comprometidos en esa labor de convencimiento entre los Padres Conciliares, no es sino una típica maniobra de la astucia judaica, que con diversos frentes quiere darnos la impresión de que hay división entre sus filas. Por eso añade Roddy: "Las cosas se veían con más optimismo en el Waldorf Astoria de Nueva York. Allí, con motivo del aniversario del Beth Israel Hospital, los invitados se enteraron de que al Rabino ABBA HILLEL SILVER (el apellido Silver, en español Plata, es característicamente judío y propio de los elementos más iniciados y más aptos para la conspiración judeo-masónica), años atrás, había expresado el Cardenal Francis Spellman los intentos hechos por Israel para obtener un asiento en las Naciones Unidas. Spellman había dicho que, para ayudar a esta causa, él personalmente se dirigiría a los gobiernos de Sud-Améríca, para invitarlos a que compartiesen con él el profundo deseo de que Israel fuera admitido en esa mundial Organización. Más o menos, por ese tiempo. el 'Papa Americano' (Spellman) dijo, en una reunión del Comité Judío Americano, que era "absurdo mantener que exista o pueda existir cualquiera culpabilidad hereditaria". Desde luego esta afirmación del Cardenal neoyorkino es falsa e indica carencia de conocimientos teológicos e históricos. Todos los hombres, que por generación ordinaria descendemos de Adán, venimos a la vida con esta "culpabilidad hereditaria". "In quo omnes peccaverunt", dice San Pablo, en Adán, todos pecamos. La culpabilidad personal no se hereda, pero, aun entre los hombres, sí se hereda la culpabilidad colectiva. Los hijos de los supuestos criminales de guerra en Alemania siguen todavía pagando a Israel los daños que los judíos dicen haber sufrido durante el régimen de Hitler.
sábado, 14 de mayo de 2011
La última batalla del diablo
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| El Cardenal Alfredo Ottaviani que dirigió el Santo Oficio del Vaticano durante los pontificados de Pío XII, de Juan XXIII y de Pablo VI, leyó el Tercer Secreto y confirmó que está escrito en una única hoja de papel. También él entrevistó a la Hermana Lucía como representante del Papa Pio XII y confirmó que el Tercer Secreto es una verdadera profecía. Confirmó, además, que el reportaje de Neues Europa incluía una parte del Tercer Secreto. En dicho reportaje se puede leer: «Un Cardenal se opondrá a otro Cardenal, y un Obispo se opondrá a otro Obispo», aludiendo naturalmente a una crisis doctrinal en el seno de la Iglesia. |
Hacia 1948 el Papa Pío XII, por sugerencia del Cardenal Ruffini, plenamente fiel a la Tradición, pensó en convocar un Concilio General, y hasta llegó a dedicar algunos años a los preparativos necesarios. Hay pruebas de que, posteriormente, los progresistas en Roma disuadieron a Pío XII de llevar a cabo su proyecto, puesto que dicho Concilio mostraría una tendencia muy nítida de que seguiría la orientación de laHumani Generis en su condenación de los errores modernistas.Tal como esta gran encíclica de 1950, el futuro Concilio combatiría «las falsas opiniones que insidiosamente amenazan socavar los fundamentos de la Doctrina católica.»1
Simultáneamente, los “errores de Rusia”, a los que la Santísima Virgen se había referido, estaban invadiendo la propia Iglesia, y se habían infiltrado en varias órdenes religiosas católicas. Por ejemplo, el llamado movimiento de los “Curas Obreros” se hallaba tan claramente infiltrado por los comunistas, que Pío XII decidió extinguirlo en la década de los años cincuenta.
El Papa se convenció de que, lamentablemente, tenía una edad muy avanzada para asumir la responsabilidad de la grandiosa realización de un Concilio destinado a combatir las filas cada vez más compactas de los enemigos de la Iglesia, y tuvo que resignarse a aceptar que «esto quedará para mi Sucesor.»2 Pío XII murió el 9 de octubre de 1958.
Nos encontramos aquí muy cerca del año crítico para nuestro caso. Hemos llegado al 1958, dos años antes del 1960 – el año en que, según el deseo de Nuestra Señora de Fátima, se habría de revelar el Tercer Secreto, como atestiguó la Hermana Lucía. Durante el pontificado de Pío XII, el Santo Oficio, bajo la firme dirección del Cardenal Ottaviani, preservó el Catolicismo en terreno seguro, manteniendo firmemente acorralados los caballos salvajes del Modernismo. Muchos de los teólogos modernistas en la actualidad cuentan, con desdén, cómo ellos y sus amigos estuvieron “amordazados” durante ese período.
Sin embargo, ni siquiera el Cardenal Ottaviani podía impedir lo que iba a ocurrir en 1958. Un nuevo Papa, con otra mentalidad, ascendería al Solio Pontificio y, «según se imaginaban los progresistas, sería favorable a su causa»3, y le obligaría a un renitente Ottaviani a retirar la tranca, abrir el corral y protegerse de la embestida. Esta situación, sin embargo, no era imprevista. Al recibir la noticia de la muerte de Pío XII, el anciano Don Lambert Beauduin, amigo de Roncalli (el futuro Papa Juan XXIII) le confesó al P. Bouyer: «Si eligiesen a Roncalli, sería la salvación; sería capaz de convocar un Concilio, y de consagrar el Ecumenismo.»4
En este punto de nuestra exposición es preciso resaltar, especialmente para el lector no católico, que los cambios, que vamos a examinar, en la orientación básica de la Iglesia no tienen, en absoluto, ningún precedente, y quizás constituyan la peor crisis de la Iglesia Católica. Un cuidadoso estudio de lo que viene a continuación pondrá en evidencia el motivo por el cual los eclesiásticos liberales y “políticamente correctos” del período posconciliar no pueden aceptar el Mensaje de Fátima, con su llamada a la consagración yconversión de Rusia como requisitos para la Paz en el Mundo. Esas transformaciones sin precedentes en la Iglesia Católica no constituyeron un favor, sino un grave perjuicio para los no católicos, puesto que el resultado de la “modernización” de la Iglesia incorporaba no solamente los escándalos clericales que hoy estamos viendo, sino también el fracaso de las personas en el seno de la Iglesia para realizar un acto — la solemne Consagración de Rusia — que habría beneficiado a toda la Humanidad.
| Fue el Cardenal Ottaviani quien, antes del Vaticano II, tuvo la sensatez de mantener a distancia a los teólogos modernistas, como el P. Karl Rahner. Sin embargo, ese mismo P. Rahner — a quien vemos en la foto con el joven P. Joseph Ratzinger, durante el Concilio — se hallaba entre los teólogos progresistas que dieron la orientación decisiva al Concilio Vaticano II, sin que hubiesen modificado sus puntos de vista progresistas. |
Se convoca un Concilio y
el Mensaje de Fátima pasa a ser atacado
Y sucedió exactamente lo que había previsto el Don Lambert. Roncalli fue elegido y como Papa Juan XXIII convocó un Concilio y consagró el Ecumenismo. Estaba en marcha la “revolución en la tiara y en la capa pluvial”, prevista por la Alta Vendita.Uno de los primeros actos de la revolución fue dejar de lado el Tercer Secreto de Fátima. Contrariando las expectativas del Mundo entero, el 8 de febrero de 1960 (transcurrido poco más de un a o desde la convocación del Concilio), el Vaticano divulgó a través de la agencia noticiosa A.N.I. la siguiente noticia anónima:
Ciudad del Vaticano, 8 de febrero de 1960 — «En círculos altamente fidedignos del Vaticano se acaba de declarar al representante de la United Press International que es muy posible que nunca venga a ser abierta la carta en que la Hermana Lucía escribió las palabras que Nuestra Señora confirió a los tres pastorcitos, como secreto en la Cova da Iría.»En el mismo comunicado vemos el primer ataque frontal de las fuentes de información del Vaticano a la credibilidad del Mensaje de Fátima en su totalidad:
Aunque la Iglesia reconozca las apariciones de Fátima, no desea tomar el compromiso de garantizar la veracidad de las palabras que los tres pastorcitos dijeron que Nuestra Señora les había dirigido.¿Dijeron que Nuestra Señora les había dirigido? Después del Milagro del Sol, ¿podría subsistir alguna duda sobre la veracidad de su testimonio? ¿Podría alguien cuestionar que hubiesen recibido del Cielo una auténtica profecía, considerando el cabal cumplimiento hasta ahora de todas y cada una de las previsiones del Mensaje — desde el inminente fin de la Primera Guerra Mundial hasta la diseminación de los errores de Rusia, pasando por la Segunda Guerra Mundial y la elección del Papa Pío XI?
Este primer ataque público contra el Mensaje de Fátima, proveniente de un organismo del Vaticano, surge en 1960, cuando se comienza a buscar una nueva orientación para la Iglesia, que (como veremos dentro de poco) nacerá con el Concilio Vaticano II. Consideremos estos acontecimientos, relacionados con el comunicado de 8 de febrero de 1960:
- El comunicado pone en duda públicamente, de modo patente, la credibilidad de Lucía, Jacinta y Francisco.
- Por orden de las altas Autoridades estatales del Vaticano5, a partir de 1960 Lucía se vio obligada a mantenerse en silencio, y por eso no pudo defenderse de la acusación implícita de que su testimonio no merecía confianza.
- Los documentos del archivo oficial de Fátima, compilados por el P. Alonso entre 1965 y 1976 (más de 5.000 documentos en 24 volúmenes) se impedirán publicar — a pesar de que tales documentos confirmaron que las profecías de Fátima en las dos primeras partes del Secreto (la elección del Papa Pío XI, la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, la expansión del Comunismo en todo el Mundo, etc.), habían sido reveladas en privado por la Hermana Lucía mucho antes de haberse cumplido, y a pesar de que su testimonio fue totalmente preciso y fidedigno.
En síntesis, el acuerdo trataba de lo siguiente: Según su ardiente deseo, el Papa Juan XXIII sería “favorecido” por la presencia de dos observadores ortodoxos rusos en el Concilio; en compensación, la Iglesia Católica concordaba en que el Concilio Vaticano II se abstendría de condenar el Comunismo soviético ni la Rusia soviética. Esto significaba esencialmente que el Concilio iría a comprometer la libertad moral de la Iglesia Católica, al fingir que, el Comunismo, la forma más sistemática de la maldad humana en la Historia de la Humanidad, no existía — aun cuando los soviéticos estuvieran persiguiendo, encarcelando y asesinando a millones de católicos, precisamente en el momento en que se realizaba la apertura del Concilio.
Restringida de esa forma la libertad de la Iglesia por medio de un acuerdo con los comunistas, el Concilio dejó de hacer, en absoluto, cualquier alusión al Comunismo. Con tal procedimiento, se alejó de las enseñanzas de los Papas León XIII, el Beato Pío IX, San Pío X y también Pío XI, los cuales advirtieron a la Iglesia que no debía abstenerse de condenar ese Mal incomparable. Como dijo el último de estos Papas en la Divini Redemptoris:
Este peligro tan amenazador, ya lo habéis comprendido, Venerables Hermanos, es el comunismo bolchevique y ateo, que tiende a derrumbar el orden social y a socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana. Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar y no calló. No calló, sobre todo, esta Sede Apostólica, que sabe cómo su misión especialísima es la defensa de la verdad y de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo ateo desconoce y combate.7Y a pesar de todo, el Concilio no dijo ni una sola palabra sobre el Comunismo soviético; al contrario, daría inicio a un “diálogo” precisamente con aquellas mismas fuerzas a las que la Iglesia anteriormente se había opuesto.
¿Por qué ocurrió eso? No se trató, evidentemente, de una “mera coincidencia” que el silencio del Concilio sobre el Comunismo estuviera perfectamente sincronizado con la infiltración comunista en la Iglesia Católica: infiltración que (como hemos visto en un capítulo anterior) había sido denunciada poco antes de la apertura del Concilio Vaticano II por testigos clave que no tenían ningún motivo para mentir (Dodd, Hyde, Golitsyn, Mitrokhin y otros). Aun sin contar con la colaboración de esos testigos, nuestro sentido común nos convencería de que era inevitable la tentativa de las fuerzas comunistas (actuando conjuntamente con la Masonería) para destruir la Iglesia Católica desde Su interior. Satanás es suficientemente inteligente para saber que la Iglesia Católica es, por excelencia, la Ciudadela que él debe tomar al asalto, en su esfuerzo para someter el Mundo al reino de las tinieblas.
Era ésta, por tanto, la situación de la Iglesia, en el preciso momento en que, erróneamente, se le obligó al Concilio Vaticano II a que observara un vergonzoso silencio acerca del Mal del Comunismo. De más está a advertir que, con el “Acuerdo Vaticano-Moscú” era totalmente imposible la Consagración, por los Padres conciliares, de la Rusia soviética al Inmaculado Corazón de María, para conseguir la conversión de aquel País. Ese giro inicial hacia una nueva orientación de la Iglesia — que el Concilio iría a acelerar de forma muy dramática — ya estaba en oposición al Mensaje de Fátima.
Y desde entonces, éste ha sido el resultado de la reunión de Metz, que intensificó la asimilación a laÖstpolitik — la política puesta en práctica por el Secretario de Estado del Vaticano — bajo la cual la Iglesia dejó de condenar y de oponerse frontalmente a los regímenes comunistas, sustituyéndola por el “diálogo” y por la “diplomacia silenciosa” — una política que hasta hoy ha mantenido al Vaticano sin voz ante la violenta persecución de la Iglesia en la China comunista.
Así, el 12 de octubre de 1962, dos sacerdotes que eran representantes de la Iglesia Ortodoxa llegaron en avión al Aeropuerto de Fiumicino para participar del Concilio Vaticano II. Y éste dio comienzo, al tiempo que los observadores ortodoxos ponían su atención en los procedimientos, con el fin de convencerse de la estricta observancia del “Acuerdo Vaticano-Moscú”. La declaración por escrito de 450 Padres conciliares contra el Comunismo “se perdió” misteriosamente, después de haber sido entregada al Secretariado del Concilio; y a los Padres conciliares que se atrevieron a denunciar el Comunismo se les aconsejó delicadamente que permanecieran sentados y en silencio8.
Las propias autoridades eclesiásticas habían “bajado el puente levadizo” para que entrasen los comunistas, al mismo tiempo que comunistas y masones se esforzaban en destruir la Iglesia desde Su interior (confirmando así las predicciones de Bella Dodd):
- estimulando «la promoción de una seudo-religión : cualquier cosa con apariencia de Catolicismo, pero sin serlo»;
- acusando a «“la Iglesia del pasado” de ser opresiva, autoritaria, impregnada de prejuicios, arrogante al atribuirse la condición de única poseedora de la verdad, y responsable de las divisiones entre las comunidades religiosas a través de los siglos»;
- avergonzando a los dirigentes de la Iglesia, y forzándolos a adoptar «una “apertura al Mundo”, y a mostrar una actitud más flexible para con todas las religiones y filosofías.
Finalmente — como predijo Dodd —, «los comunistas se valdrían de esa apertura para destruir la Iglesia.»
Este inmenso esfuerzo de subversión implicaría, en primerísimo lugar, que la “teología” modernista abriese una brecha en el Concilio Ecuménico — tal como el Canónigo Roca y los demás visionarios de la Masonería se jactaban de que sucedería.
Es bien conocido e impecablemente documentado9 el hecho de que un grupo formado por periti(expertos) y por Obispos liberales pasó a controlar el Vaticano II, con una agenda de trabajo que, mediante la implantación de una “nueva teología”, remodelaba la Iglesia a imagen y semejanza de dicho grupo. Tanto los críticos como los defensores del Vaticano II están de acuerdo en este punto. En su libroVatican II Revisited [El Vaticano II, reexaminado], el Obispo Aloysius J. Wycislo (un ditirámbico defensor de la revolución conciliar) declara con un desbordado entusiasmo que «teólogos y eruditos bíblicos, desacreditados durante varios años, resurgieron entonces como periti (expertos en Teología, asesorando a los Obispos en el Concilio); y sus libros y comentarios pos Vaticano II se hicieron populares.»10
Aloysius Wycislo observó, además, que «la encíclica Humani Generis del Papa Pío XII había tenido (...) un efecto devastador en los trabajos de considerable número de teólogos preconciliares»11; y explica que, «durante los trabajos preliminares del Concilio, continuaban desacreditados aquellos teólogos (franceses en su mayoría, pero también algunos alemanes) cuyas actividades habían sido cohibidas por Pío XII. El Papa Juan discretamente retiró la interdicción que afectaba a algunos de los más influyentes. Sin embargo, muchos de ellos continuaron siendo vistos con desconfianza por los responsables del Santo Oficio.»12
En este punto, es de fundamental para nuestro caso la declaración del testigo ocular Mons. Rudolf Bandas, un peritus conciliar:
No hay duda que el buen Papa Juan se imaginaba que estos teólogos sospechosos rectificarían sus ideas y que prestarían un servicio sincero a la Iglesia. Pero sucedió exactamente lo contrario. Apoyados por ciertos Padres conciliares “del Rin”, y actuando con frecuencia de modo francamente grosero, se volvían a los participantes y exclamaban: «Fijaos, nos han nombrado expertos: nuestras ideas fueron aprobadas.» (...) En el primer día de la cuarta Sesión, cuando nada más llegó a mi tribuna en el Concilio, fue ésta la primera declaración emitida por la Secretaría de Estado: «No se nombrarán más periti.» Pero ya era demasiado tarde. La gran confusión estaba en marcha. Ya se veía claramente que ni a Trento, ni al Vaticano I, ni a ninguna Encíclica se les permitiría que la impidiese avanzar.»13Efectivamente, el propio Papa Juan XXIII tuvo la satisfacción de anunciar que, a partir de este Concilio, la Iglesia, de forma totalmente inexplicable, dejaría de condenar el error, y acabarían así Sus preocupaciones por la calamitosa situación del mundo:
Hoy en día (...) la Esposa de Cristo prefiere usar el remedio de la misericordia en vez de las armas de la intolerancia. Ella considera que va al encuentro de las hodiernas necesidades, demostrando la validez de Su doctrina, en vez de emitir condenaciones. (...) Sentimos que debemos discordar de aquellos profetas de la desgracia, que viven prediciendo desastres, como si estuviera próximo el fin del Mundo.14Pero el optimismo del Papa Juan XXIII contrastaba nítidamente con la angustiosa preocupación acerca de la situación del mundo, que se podía percibir en muchas declaraciones de sus más recientes Predecesores (para no hablar del Mensaje de Fátima). Veamos algunos ejemplos:
El Papa San Pio X:
Sentimos una especie de terror al observar las desastrosas condiciones en que se encuentra la Humanidad en la hora presente. ¿Podemos ignorar ese mal tan profundo y grave que, hoy más que ayer, continúa actuando en su propio ser y llevando a la Humanidad a la ruina? (...) En realidad, quien reflexione sobre estas cosas debe necesaria y firmemente temer que tal perversión de las mentalidades sea una señal de alerta, y el principio del fin de los tiempos (...) [E Supremi]. (Cursiva, nuestra)
El Papa Pío XI:
Desterrados Dios y Jesucristo–lamentábamos–de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que ... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad, privada de todo apoyo y fundamento sólido. [Quas Primas]
El Papa Pío XII (después de la Segunda Guerra Mundial):
Nos sentimos invadidos por la tristeza y por la angustia cuando percibimos que la iniquidad de los malos ha llegado a un grado de impiedad increíble y enteramente desconocido en otros tiempos. [Carta de 11 de febrero de 1949]. (Cursiva, nuestra)15
Venerables hermanos: Sabéis perfectamente que la casi totalidad de la raza humana se deja arrastrar hacia dos campos antagónicos: o a favor de Cristo, o contra Cristo. La raza humana está inmersa en una crisis suprema, que provocará o su salvación por intermedio de Cristo, o su destrucción [Evangelii Præcones, 1951]. (Cursiva, nuestra)Obviamente, en el Concilio Vaticano II se librarían batallas sin cuenta entre el grupo internacional de Padres que combatieron a favor de la preservación de los dogmas de la Fe y de la Tradición Católica, y el grupo progresista renano. Fue, sin embargo, el elemento liberal y modernista el que, por desgracia, acabó prevaleciendo, en un proceso desencadenado por el optimismo del Papa Juan XXIII, al pensar que la verdad habría de triunfar por su propio vigor, sin necesidad de cualquier condenación terapéutica por parte del Magisterio. Wycislo entona loas a los progresistas victoriosos, tales como Hans Küng, Karl Rahner, John Courtney Murray, Yves Congar, Henri de Lubac, Edward Schillebeeckx y Gregory Baum, que anteriormente habían sido considerados (y con buenos motivos) sospechosos, y eran ahora los faros de luz que guiarían la Teología pos Vaticano II.16
En efecto, aquellos mismos que el Papa Pío XII consideraba inadecuados para transitar por las avenidas del Catolicismo, detentaban ahora el control de la ciudad. Y como si fuera el coronamiento de sus realizaciones, tanto el Juramento Antimodernista como el Índice de los Libros Prohibidos fueron discretamente suprimidos poco después de la clausura del Concilio: una decisión que el Obispo Graber consideró “incomprensible”.17 El Papa San Pío X lo predijo con toda exactitud: la desidia de las autoridades había provocado el retorno del Modernismo con extrema virulencia.
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miércoles, 11 de mayo de 2011
«Dabru Emet» Declaración judía sobre los cristianos y el cristianismo
ROMA, 19 abril 2002
Por el National Jewish Scholars Project de Baltimore
En los últimos años, se produjo un cambio espectacular y sin precedentes en las relaciones entre judíos y cristianos. Durante los casi dos milenios de exilio judío, los cristianos tendieron a caracterizar al judaísmo como una religión fracasada o, en el mejor de los casos, como una religión que preparó el camino para el cristianismo y encuentra en él su cumplimiento. Sin embargo, en las décadas que siguieron al Holocausto, el cristianismo cambió de una manera espectacular. Un número cada vez mayor de organismos eclesiales oficiales, tanto católicos romanos como protestantes, efectuaron declaraciones públicas para expresar su arrepentimiento por el maltrato de los cristianos hacia los judíos y el judaísmo. Esas declaraciones sostienen, además, que la enseñanza y la prédica cristianas pueden y deben ser reformadas en el sentido de reconocer la Alianza permanente de Dios con el pueblo judío y celebrar la contribución del judaísmo a la civilización mundial y a la misma fe cristiana.
Creemos que esos cambios merecen una respuesta meditada por parte de los judíos. Hablando sólo en nuestro propio nombre -somos un grupo de estudiosos judíos de tendencias diferentes-, creemos que ha llegado el momento de que los judíos reconozcan los esfuerzos que hacen los cristianos por valorar al judaísmo. Creemos que ha llegado el momento de que los judíos reflexionen sobre qué tiene que decir hoy el judaísmo acerca del cristianismo. Como primer paso, presentamos ocho breves enunciados sobre la forma en que los judíos y los cristianos pueden relacionarse entre sí.
Los judíos y los cristianos adoran al mismo Dios.
Antes del surgimiento del cristianismo, los judíos eran los únicos que adoraban al Dios de Israel. Pero los cristianos también adoran al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el creador del Cielo y de la Tierra. Aunque el culto cristiano no es una opción religiosa viable para los judíos, como teólogos judíos nos alegramos de que, por medio del cristianismo, cientos de millones de personas hayan entrado en relación con el Dios de Israel.
Los judíos y los cristianos se remiten a la autoridad del mismo libro: la Biblia (que los judíos llaman "Tanakh" y los cristianos, "Antiguo Testamento").
Al buscar en él orientación religiosa, enriquecimiento espiritual y educación comunitaria, judíos y cristianos extraemos enseñanzas similares: Dios creó y sostiene el universo; Dios estableció una Alianza con el pueblo de Israel; la palabra revelada de Dios guía a Israel por una vida de rectitud; y Dios redimirá finalmente a Israel y a todo el mundo. Pero en muchos puntos, los judíos y los cristianos interpretan la Biblia de modo diferente. Esas diferencias siempre deben ser respetadas.
Los cristianos pueden respetar la reivindicación del pueblo judío sobre la tierra de Israel.
El acontecimiento más importante para los judíos después del Holocausto fue el restablecimiento de un estado judío en la Tierra Prometida. Como miembros de una religión bíblica, los cristianos aprecian que Israel fue prometida -y otorgada- a los judíos como centro físico de la Alianza entre ellos y Dios. Muchos cristianos apoyan al Estado de Israel por razones mucho más profundas que las meramente políticas. Como judíos, aplaudimos ese apoyo. También reconocemos que la tradición judía prescribe la justicia para todos los no-judíos que residan en un Estado judío.
Los judíos y los cristianos aceptan los principios morales de la Torah.
En el centro de los principios morales de la Torah está la inalienable santidad y dignidad de todos los seres humanos. Todos nosotros fuimos creados a imagen de Dios. Esta énfasis moral compartido puede ser la base de un mejoramiento de la relación entre nuestras dos comunidades. También puede ser la base de un vigoroso testimonio para toda la humanidad con el fin de mejorar la vida de nuestros semejantes y resistir frente a las inmoralidades y las idolatrías que nos dañan y nos degradan. Este testimonio es especialmente necesario después de los horrores sin precedentes del siglo pasado.
El nazismo no fue un fenómeno cristiano.
Sin la larga historia de antijudaísmo cristiano y la violencia cristiana contra los judíos, la ideología nazi no habría podido imponerse ni llevarse a cabo. Demasiados cristianos participaron en las atrocidades nazis contra los judíos, o las consintieron. Otros cristianos no protestaron suficientemente contra esas atrocidades. Pero el nazismo en sí mismo no fue una consecuencia inevitable del cristianismo. Si el exterminio nazi de los judíos se hubiera terminado de consumar, su furia asesina se habría vuelto más directamente contra los cristianos. Reconocemos con gratitud a esos cristianos que arriesgaron o sacrificaron sus vidas para salvar judíos durante el régimen nazi. Teniendo esto presente, alentamos la continuación de los actuales esfuerzos de la teología cristiana para repudiar inequívocamente el desprecio hacia el judaísmo y el pueblo judío. Aplaudimos a los cristianos que rechazan esa enseñanza del desprecio, y no los culpamos por los pecados que cometieron sus antecesores.
La diferencia humanamente inconciliable entre judíos y cristianos no será resuelta hasta que Dios redima a todo el mundo, según las promesas de la Escritura.
Los cristianos conocen y sirven a Dios a través de Jesucristo y la tradición cristiana. Los judíos conocen y sirven a Dios a través de la Torah y la tradición judía. Esa diferencia no será resuelta porque una comunidad insista en que interpreta la Escritura más correctamente que la otra, ni ejerciendo poder político sobre la otra. Los judíos pueden respetar la fidelidad de los cristianos a su revelación, del mismo modo en que esperamos que los cristianos respeten nuestra fidelidad a nuestra revelación. Ni el judío ni el cristiano deben ser presionados para aceptar las enseñanzas de la otra comunidad.
Una nueva relación entre judíos y cristianos no debilitará la práctica judía.
Una mejor relación no acelerará la asimilación cultural y religiosa que, con razón, temen los judíos. No cambiará las formas tradicionales del culto judío, ni incrementará los matrimonios mixtos entre judíos y no-judíos, ni inducirá a más judíos a convertirse al cristianismo, ni creará una falsa combinación entre judaísmo y cristianismo. Respetamos al cristianismo como una fe que se originó dentro del judaísmo, y que sigue teniendo contactos significativos con él. No lo consideramos una extensión del judaísmo. Sólo si apreciamos nuestras propias tradiciones, podemos proseguir esta relación con integridad.
Judíos y cristianos deben trabajar juntos por la justicia y la paz.
Los judíos y los cristianos reconocen, cada uno a su manera, que la situación de no-redención del mundo se refleja en la persistencia de la persecución, la pobreza, la degradación humana y la miseria. Aun cuando la justicia y la paz pertenecen en última instancia a Dios, nuestros esfuerzos conjuntos, unidos a los de otras comunidades de fe, contribuirán a instaurar el Reino de Dios que esperamos y anhelamos. Por separado y en conjunto, debemos trabajar para instaurar la justicia y la paz en nuestro mundo. En esta empresa, somos guiados por la visión de los profetas de Israel:
Sucederá en días futuros que el monte de la Casa del Señor será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán: "Venid, subamos al monte del Señor, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros sigamos sus senderos. (Isaías 2, 2-3)
Por el National Jewish Scholars Project de Baltimore
Por su interés e importancia, publicamos a continuación el documento «Dabru Emet (Decid la verdad) - Declaración judía sobre los cristianos y el cristianismo», redactado por cuatro catedráticos judíos, y firmado por más de doscientos rabinos y profesores de esa religión en todo el mundo.
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Creemos que esos cambios merecen una respuesta meditada por parte de los judíos. Hablando sólo en nuestro propio nombre -somos un grupo de estudiosos judíos de tendencias diferentes-, creemos que ha llegado el momento de que los judíos reconozcan los esfuerzos que hacen los cristianos por valorar al judaísmo. Creemos que ha llegado el momento de que los judíos reflexionen sobre qué tiene que decir hoy el judaísmo acerca del cristianismo. Como primer paso, presentamos ocho breves enunciados sobre la forma en que los judíos y los cristianos pueden relacionarse entre sí.
Los judíos y los cristianos adoran al mismo Dios.
Antes del surgimiento del cristianismo, los judíos eran los únicos que adoraban al Dios de Israel. Pero los cristianos también adoran al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el creador del Cielo y de la Tierra. Aunque el culto cristiano no es una opción religiosa viable para los judíos, como teólogos judíos nos alegramos de que, por medio del cristianismo, cientos de millones de personas hayan entrado en relación con el Dios de Israel.
Los judíos y los cristianos se remiten a la autoridad del mismo libro: la Biblia (que los judíos llaman "Tanakh" y los cristianos, "Antiguo Testamento").
Al buscar en él orientación religiosa, enriquecimiento espiritual y educación comunitaria, judíos y cristianos extraemos enseñanzas similares: Dios creó y sostiene el universo; Dios estableció una Alianza con el pueblo de Israel; la palabra revelada de Dios guía a Israel por una vida de rectitud; y Dios redimirá finalmente a Israel y a todo el mundo. Pero en muchos puntos, los judíos y los cristianos interpretan la Biblia de modo diferente. Esas diferencias siempre deben ser respetadas.
Los cristianos pueden respetar la reivindicación del pueblo judío sobre la tierra de Israel.
El acontecimiento más importante para los judíos después del Holocausto fue el restablecimiento de un estado judío en la Tierra Prometida. Como miembros de una religión bíblica, los cristianos aprecian que Israel fue prometida -y otorgada- a los judíos como centro físico de la Alianza entre ellos y Dios. Muchos cristianos apoyan al Estado de Israel por razones mucho más profundas que las meramente políticas. Como judíos, aplaudimos ese apoyo. También reconocemos que la tradición judía prescribe la justicia para todos los no-judíos que residan en un Estado judío.
Los judíos y los cristianos aceptan los principios morales de la Torah.
En el centro de los principios morales de la Torah está la inalienable santidad y dignidad de todos los seres humanos. Todos nosotros fuimos creados a imagen de Dios. Esta énfasis moral compartido puede ser la base de un mejoramiento de la relación entre nuestras dos comunidades. También puede ser la base de un vigoroso testimonio para toda la humanidad con el fin de mejorar la vida de nuestros semejantes y resistir frente a las inmoralidades y las idolatrías que nos dañan y nos degradan. Este testimonio es especialmente necesario después de los horrores sin precedentes del siglo pasado.
El nazismo no fue un fenómeno cristiano.
Sin la larga historia de antijudaísmo cristiano y la violencia cristiana contra los judíos, la ideología nazi no habría podido imponerse ni llevarse a cabo. Demasiados cristianos participaron en las atrocidades nazis contra los judíos, o las consintieron. Otros cristianos no protestaron suficientemente contra esas atrocidades. Pero el nazismo en sí mismo no fue una consecuencia inevitable del cristianismo. Si el exterminio nazi de los judíos se hubiera terminado de consumar, su furia asesina se habría vuelto más directamente contra los cristianos. Reconocemos con gratitud a esos cristianos que arriesgaron o sacrificaron sus vidas para salvar judíos durante el régimen nazi. Teniendo esto presente, alentamos la continuación de los actuales esfuerzos de la teología cristiana para repudiar inequívocamente el desprecio hacia el judaísmo y el pueblo judío. Aplaudimos a los cristianos que rechazan esa enseñanza del desprecio, y no los culpamos por los pecados que cometieron sus antecesores.
La diferencia humanamente inconciliable entre judíos y cristianos no será resuelta hasta que Dios redima a todo el mundo, según las promesas de la Escritura.
Los cristianos conocen y sirven a Dios a través de Jesucristo y la tradición cristiana. Los judíos conocen y sirven a Dios a través de la Torah y la tradición judía. Esa diferencia no será resuelta porque una comunidad insista en que interpreta la Escritura más correctamente que la otra, ni ejerciendo poder político sobre la otra. Los judíos pueden respetar la fidelidad de los cristianos a su revelación, del mismo modo en que esperamos que los cristianos respeten nuestra fidelidad a nuestra revelación. Ni el judío ni el cristiano deben ser presionados para aceptar las enseñanzas de la otra comunidad.
Una nueva relación entre judíos y cristianos no debilitará la práctica judía.
Una mejor relación no acelerará la asimilación cultural y religiosa que, con razón, temen los judíos. No cambiará las formas tradicionales del culto judío, ni incrementará los matrimonios mixtos entre judíos y no-judíos, ni inducirá a más judíos a convertirse al cristianismo, ni creará una falsa combinación entre judaísmo y cristianismo. Respetamos al cristianismo como una fe que se originó dentro del judaísmo, y que sigue teniendo contactos significativos con él. No lo consideramos una extensión del judaísmo. Sólo si apreciamos nuestras propias tradiciones, podemos proseguir esta relación con integridad.
Judíos y cristianos deben trabajar juntos por la justicia y la paz.
Los judíos y los cristianos reconocen, cada uno a su manera, que la situación de no-redención del mundo se refleja en la persistencia de la persecución, la pobreza, la degradación humana y la miseria. Aun cuando la justicia y la paz pertenecen en última instancia a Dios, nuestros esfuerzos conjuntos, unidos a los de otras comunidades de fe, contribuirán a instaurar el Reino de Dios que esperamos y anhelamos. Por separado y en conjunto, debemos trabajar para instaurar la justicia y la paz en nuestro mundo. En esta empresa, somos guiados por la visión de los profetas de Israel:
Sucederá en días futuros que el monte de la Casa del Señor será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán: "Venid, subamos al monte del Señor, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros sigamos sus senderos. (Isaías 2, 2-3)
Tikva Frymer-Kensky, University of Chicago
David Novak, University of Toronto
Peter Ochs, University of Virginia
Michael Signer, University of Notre Dame
sábado, 30 de abril de 2011
EL ELOGIO DE JUAN PABLO II A LA SECTA SATANISTA DEL VUDÚ
El discurso además contiene una herejía, la que obviamente debe de ser aceptada por muchos, ya que no se han dado a la labor de borrarla del discurso, si no mas bien se exhibe sin reserva alguna en el sitio oficial del Vaticano.
“La Iglesia considera la libertad religiosa como un derecho inalienable, un derecho que va junto con el deber de buscar la verdad. Es en un clima de respeto a la libertad de todos que el diálogo interreligioso puede desarrollarse y dar frutos.”
Esto es una herejía ya que la “Libertad Religiosa” fue condenada por Pio IX en la Encíclica Quanta Cura del 8 de diciembre de 1864.
jp2 Saluda a un jerarca de la secta vudù
Traducción del italiano al español (Por traductor de Google)
VIAJE PASTORAL EN Benin, Uganda y Jartum
REUNIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON REPRESENTANTES DE LOS SEGUIDORES DE VODU.
CON REPRESENTANTES DE LOS SEGUIDORES DE VODU.
Ver la puor "Comité de la Organización et le Développement
des Investissements en Afrique et à Madagascar "(CODIAM) a Cotonú (Benin)
des Investissements en Afrique et à Madagascar "(CODIAM) a Cotonú (Benin)
Jueves, 04 de febrero 1993
Queridos amigos,
1. Me complace tener esta oportunidad de conocer y saludar cordialmente. Como ustedes saben, he llegado a Benin, para hacer la primera visita a las comunidades católicas, para animarlos y confirmar en la fe. Además, siempre he pensado que el contacto con personas pertenecientes a diferentes tradiciones religiosas fueron una parte importante de mi ministerio. De hecho, la Iglesia Católica está a favor del diálogo: el diálogo con cristianos de otras Iglesias y Comunidades eclesiales, el diálogo con los creyentes de otras familias espirituales, y el diálogo con aquellos que no profesan ninguna religión. Se quiere establecer relaciones positivas y constructivas con las personas y grupos humanos de diferentes creencias, con miras a un enriquecimiento mutuo.
2. El Concilio Vaticano II, que trazó el camino de la Iglesia a finales de este milenio, ha reconocido que las diferentes tradiciones religiosas es el verdadero y la buena semilla de la Palabra. Instó a los discípulos de Cristo para descubrir "lo que las riquezas que Dios ha dado en su magnificencia a la gente" (Ad Gentes, 11). Estas son las bases de un diálogo fructífero, en las palabras del apóstol san Pablo a los primeros cristianos: "Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, gracioso, ¿qué es la virtud y la alabanza, este es el tema de su pensamientos "(Flp 4, 8). Por lo tanto nuestra actitud de respeto: respeto por los verdaderos valores, estén donde estén, sobre todo en comparación con el hombre que trata de vivir por estos valores, los valores que ayudan a eliminar el miedo. Usted está muy apegado a las tradiciones que han entregado sus antepasados. Es legítimo que se agradece a las personas de edad que han proporcionado un sentido de la fe sagrada, en un solo Dios y el bien, el sabor de la celebración, la contrapartida de la vida moral y la armonía en la sociedad.
3. Agradezco sus hermanos y hermanas cristianos, como tú, todo lo que es bello en estas tradiciones, como son, como usted, los niños de Benin. Pero son igualmente agradecidos a sus "antepasados en la fe," de los apóstoles a los misioneros para llevar el Evangelio a los mismos. Estos misioneros les enseñaron la Buena Nueva de que Dios es Padre y que cayó en manos de la gente a través de su Hijo, Jesucristo, que trae un mensaje alegre de la liberación. Si vamos más atrás en la historia, vemos que los antepasados de estos misioneros vinieron de Europa se habían recibido el Evangelio, cuando ya tenían una religión y una secta. Aceptar el mensaje de Dios, no han perdido nada. En cambio, tuvieron la oportunidad de conocer a Jesucristo y llegar a ser, en él, a través del bautismo, los hijos e hijas del Dios de Amor y Misericordia.
4. Todo esto se hizo en la libertad. De hecho, el estado Evangelios que Jesús no obligó a nadie. Para los Apóstoles, Cristo dijo: "Si quieres, sígueme" enfermo ", si lo desea, puede ser curado." Todo el mundo debe responder a Dios, libre y plena responsabilidad. La Iglesia considera la libertad religiosa como un derecho inalienable, un derecho que va junto con el deber de buscar la verdad. Es en un clima de respeto a la libertad de todos que el diálogo interreligioso puede desarrollarse y dar frutos.
5. Este diálogo no sólo se refiere a los valores del pasado y del presente. También mira hacia el futuro. Se trata de la colaboración con el fin de "defender y promover juntos, para todos los hombres, la justicia social, valores morales, la paz y la libertad" (Nostra aetate, 3). Estas palabras del Concilio Vaticano II, a pesar de estar situado en un contexto diferente, esbozar una agenda para los creyentes en un país como el suyo, en el que cristianos y musulmanes viven juntos con los miembros de la religión tradicional africana. Benin, el desarrollo, que necesita la participación de todos sus hijos y nadie debe girar sobre sí mismo. Cristianos, miembros de la religión tradicional y musulmanes están llamados a arremangarse para trabajar juntos por el bien del país. Esta medida de la solidaridad de los creyentes es importante para el desarrollo integral, la justicia y la liberación humana. Este trabajo se llevará a cabo mejor si se acompaña de una ferviente oración a Dios, Creador y Padre, fuente de todo bien. Que las voces de todos se unan para pedir a Dios que conceda la paz y la prosperidad a todos los habitantes de este querido país! Por mi parte, puedes estar seguro, Señor, encomiendo a sus preocupaciones y sus esperanzas. Que Dios los bendiga a ustedes ya todas sus familias!
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