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sábado, 18 de junio de 2011

EL RESPONSABLE DE LAS DESGRACIAS ACTUALES: CONCILIO VATICANO II. SEGUNDA PARTE

  • ¿Cúales fueron las peticiones de los protestantes y francmasones?
En septiembre de 1961,el Cardenal Bea se reunió secretamente en Mil´n con el pastor Willem A. Visser´t Hooft, secretario general del Consejo Ecuménico de las Iglesias, (organismo de origen protestante, masonizante). La libertad religiosa fue uno de los temas más importantes de la entrevista. Más tarde, el 22 de julio de 1965, en la víspera de de la última sesión conciliar, el mismo Consejo Ecuménico  de las Iglesias publicó la lista de sus siete exigencias fundamentales en materia de libertad religiosa. Todas fueron satisfechas por el concilio  en el documento Dignitatis Humanae.

  • ¿Que conclusiones se pueden sacar de esta política de apertura  dirigida por el concilio Vaticano II?
Resulta claramente que el Vaticano II no fue un concilio como los otros. Los textos que promulgó, frutos de un "dialogo" con el mundo, son más textos diplomáticos o "publicitarios" (destinados a dar una buena imagen de la Iglesia) que textos magisteriales (que enseñan con autoridad y precisión las verdades de la fe). Ninguno de estos textos es en sí, infalible.

El Concilio favoreció la crisis en la Iglesia

  • ¿Cúal fue la influencia de este concilio sobre la crisis en la Iglesia?
Las fuerzas liberales y modernistas que minaban ya la Iglesia lograron meter la mano en el concilio Vaticano II. Así pues, se puede decir que el Vaticano II fue la chispa que hizo estallar una crisis que se preparaba ya desde hacía mucho tiempo en la Iglesia.
  • ¿A cuándo se pueden remontar los orígenes de ésta crisis?
San Pío X constataba ya en la encíclica Pascendi que el modernismo ya no era un enemigo exterior de la Iglesia, sino que ya había penetrado al interior, aunque sus adeptos ocultaran todavía sus verdaderas intenciones.
  • ¿El Papa San Pío X no combatió vigorosamente a estos modernistas?
San Pío X combatió enérgicamente el modernismo; sus sucesores hasta Pío XII lo hicieron también, con más o menos vigor; pero no pudieron realmente vencerlo. La encíclica Humani Generis de Pío XII, que condena lo que se llamó la "nueva teología" (en 1950), fue exteriormente aceptada, pero en realidad despreciada por muchos. Se continuó interesándose en las tesis condenadas, y en las casas de formación, se animaba a los futuros sacerdotes a hacer lo mismo.
  • ¿Se puede decir que el concilio Vaticano II fue una revolución en la Iglesia?
Que el concilio fue una revolución en la Iglesia, algunos de sus defensores lo proclaman ellos mismos. Así el Cardenal Suenens hizo un paralelo entre el concilio y la revolución francesa, diciendo que el Vaticano II había sido el 1789 en la Iglesia; el padre Yves Congar, teólogo conciliar, comparó el concilio con la revolución bolchevique: "La Iglesia hizo pacíficamente su revolución de octubre.


LOS OBISPOS LIBERALES Y SUS TEÓLOGOS DOMINARON EL CONCILIO

  • ¿Cómo metieron la mano los liberales en el concilio?
Gracias al apoyo de Juan XXIII y de Pablo VI, las fuerzas liberales y neomodernistas introdujeron en los textos del concilio un gran número de sus ideas. Antes del concilio, la Comisión preparatoria había preparado con esmero esquemas que eran el eco de la fe de la Iglesia. Sobre estos esquemas la discusión y el voto se debieron haber apoyado, pero fueron rechazados durante la primera sesión del Concilio y reemplazados por nuevos esquemas preparados por los liberales.
  • ¿No hubo defensores de la doctrina tradicional en el concilio?
Hubo, en el Concilio, un grupo de alrededor de 250 a 270 obispos decididos a defender la Tradición de la Iglesia. Terminaron por formar el Coetus Internationalis Patrum. Pero por otro lado, ya estaba constituido y perfectamente organizado, un grupo de cardenales y de obispos liberales al que se le llamó la Alianza Renana. Éste nombre viene del hecho de que los dirigentes de éste grupo liberal eran casi todos obispos de diócesis que se encontraban a orillas del río Rin. Este grupo inundaba a diario al Concilio de hojas mecanografiadas, en las cuales se decía a los obispos en que sentido debían votar. Es por eso que un periodista, el padre Ralph Wiltgen, pudo titular su libro que relata el Concilio: El Rin desemboca en el Tíber.
  • ¿Los innovadores eran la mayoría?
Como toda revolución, el Vaticano II no fue dirigido por la mayoría, sino por una minoría activa y bien organizada. La mayoría de los obispos estaba indecisa e igualmente lista para seguir a los conservadores. Pero cuando vieron que los dirigentes de la Alianza renana eran los amigos personales del Papa y que algunos de ellos (los Cardenales Döpfner, Suenens y Lercaro) habían sido incluso nombrados moderadores del Concilio; los siguieron.

domingo, 15 de mayo de 2011

EL AMULETO DE PABLO VI Y SUS IMPLICACIONES EN RELACIÓN CON EL JUDAÍSMO Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga

En su "CONTRA-REFORMA", el Abbé Georges de Nantes publicó, en el número de noviembre de 1970, un artículo de gran impacto en toda Europa, titulado "EL AMULETO DEL PAPA". De este artículo me permito transcribir lo siguiente:

"En el PARIS MATCH del 29 de agosto 1970, en el artículo de Robert Serrou 'El próximo Papa será un francés', aparece una ilustración de una gran fotografía del Papa y del Cardenal Villot. Observé esos dos rostros herméticos, en los que se oculta el destino de la Iglesia... Pero, ¿qué es eso, que se descubre sobre el pecho de Paulo VI, encima de su Cruz pectoral? Una curiosa joya, que, me parece, no haber visto nunca a ningún Papa. El objeto debe ser de oro, cuadrado, adornado con doce piedras preciosas, dispuestas en cuatro hileras, tres por tres. Aparece suspendido, en forma muy peculiar, por un cordón, que se añade alrededor del cuello a aquel otro del que pende la Cruz de Cristo.


"Siento miedo de comprender. Sin embargo, no cabe duda alguna. Para describir el objeto, he empleado las mismas palabras, que en el capítulo XXVIII del Exodo, describen el EFOD DEL GRAN SACERDOTE JUDÍO. He aquí, pues, sobre el corazón del Papa, atado a su cuello, el 'Pectoral del Juicio', que el Sumo Sacerdote Aaraon y sus sucesores debieron llevar como ornamento ritual, y sobre las doce piedras del cual estaban inscritos los nombres de las doce tribus de Israel, "para evocar continuamente su recuerdo en presencia de Yahveh". (Ex. XXVIII, 29). Paulo VI lleva la Insignia de Caifás.


¿Quién sabe cuándo, por qué y de quién la ha recibido? ¿Quiere el Papa significar con ello que es el heredero directo del Sacerdote Levítico, como Pontífice de la Iglesia Católica convertido en el nuevo y único Israel de Dios? o ¿es caso que prepara una restauración del judaísmo, como religión del monoteísmo puro, del Libro más sagrado, de la Alianza universal?


"En el Katholikentang (las fiestas anuales de la Alemania Católica) se ha desarrollado este año un culto judío sabático, y en Bruselas, el Cardenal Suenens ha anunciado un próximo CONCILIO, que él llamó CONCILIO DE RECONCILIACIÓN, que tendrá lugar en Jerusalén. y recordemos que la B'nai B'rith y los francmasones sueñan igualmente en la construcción de un 'TEMPLO DE LA COMPRENSIÓN', en la Ciudad Santa, semejante al que ya existe en Nueva York. Una maqueta de ese futuro Templo fue ofrecido al Papa hace ya tiempo, como signo de amplio ECUMENISMO. ¡Todo converge!


Paulo VI y su "pectoral del juicio"


"¿Quién nos informará a nosotros, soldados de fila, sobre ese 'Pectoral' y sobre tantos otros puntos oscuros, que encierran designios tenebrosos? ¿Quién tiene, entre nosotros, derecho a saber si el Papa, al revestirse con el 'Efod' de Caifás, pretende asumir el antiguo rito judío, sin temor del Israel, según la carne, o si tiene el proyecto de conducir las iglesias cristianas al 'judaísmo universal' y de restaurar en Jerusalén el Sacerdocio Levítico? Ambigüedad de la mirada y del gesto, de los discursos y del 'amuleto'... Hasta este día, el Crucifijo no había compartido su puesto con ningún otro signo ritual. ¿Será que pronto, sin -ruido, sin palabras, va a desaparecer de sobre el corazón del Papa? Será entonces, cuando en el Vaticano cantará el gallo por última vez...


"¿Qué sabemos nosotros? Nosotros, rebaño católico, nada sabemos de los lejanos proyectos de nuestros Pastores...
Georges de Nantes.




El servicio que el Abbé de Nantes ha prestado a la Iglesia en publicar lo que ya se murmuraba en los corrillos eclesiales, con gran escándalo y con extraordinaria sorpresa, acerca de esa insignia ritual, propia del Gran Sacerdote Levítico, que, desde su viaje a Tierra Santa, aparece en casi todas las fotografías de Paulo VI, es, a no dudarlo, un servicio extraordinario, cuya importancia, tal vez, todavía no podemos ni prever, ni mucho menos precisar. Quizá en esta señal encontremos la clave para explicarnos toda esa subversión en la Iglesia de Cristo, esa que el mismo Papa Montini llamó la "autodemolición" del cristianismo. En Roma, el BORGHESE, revista de gran circulación, en su número del 18 de noviembre de 1970, pág. 603, publicó un sensacional arículo, con estos títulos llamatívos: "El Portón de Bronce". "PAULO VI: ¿PAPA O 'GRAN SACERDOTE'?":


Vaticano, noviembre. - "La impresión en el Vaticano ha sido enorme, casi un choque. Los rumores circulaban hacía tiempo, en los corrillos vaticanos, sin que hubiera nadie que se atreviese a denunciar el hecho. Así las cosas, ha poco tiempo, el Abbé Georges de Nantes difundió la noticia de que el Pontífice Máximo de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana lleva en algunas ocasiones sobre la muceta y con la Cruz pectoral la insignia del "GRAN SACERDOTE HEBREO" Caifás. El eco de esta noticia ha sido enorme detrás del Portón de Bronce.
"Y, sin embargo, no cabe la menor duda: la forma, el color, el ornato de esa insignia corresponde a la descripción dada en el Libro de los Libros. Ningún Papa, en los dos mil años anteriores, había llevado una joya, como esa, minuciosamente descrita en el capítulo XXVIII del Exodo, uno de los libros de la Biblia. Juan Bautista Montini sí la lleva. Y ¿por qué? Nadie se atreve a decir los oscuros motivos, que han dado base a esta decisión, pero todos están de acuerdo en afirmar la posibilidad de un intencional equívoco de parte del Pontífice. El objeto, de oro puro, es cuadrado, adornado con doce piedras preciosas, dispuestas en cuatro hileras, de tres en tres, suspendido del cuello de modo muy particular, gracias a un cordón también aureo, hecho de anillos entrelazados que terminan en una borla. Las doce piedras preciosas son de diverso color.
"En suma, se trata, hablando con toda propiedad, del 'EFOD DEL GRAN SACERDOTE HEBREO, conocido como el "PECTORAL DEL JUICIO", que Aaraón y sus sucesores debían llevar como ornamento ritual, y cuyas piedras preciosas corresponden a las doce tribus de Israel. La descripción de este objeto singular está contenida en el Exodo... Exactamente, como se puede ver hoy, en muchas fotografías de Paulo VI...
"Mas, ¿desde cuándo aparece esta increíble unión de la Cruz pectoral con la 'insignia' del Gran Sacerdote Hebreo? Para responder a esta pregunta, hemos examinado centenares de fotografías; así hemos podido precisar que la primera aparición de este extraño 'amuleto' sobre el pecho del Papa romano data, por lo menos, de 1964, es decir, unos meses después de su visita a Palestina. Parece lógico deducir que el ornamento ritual, de que tratamos, le fue dado en esas circunstancias, ya que Paulo VI estuvo también en territorio de Israel.
"No se trata de un caso aislado, de una alucinación. El emblema del 'GRAN SACERDOTE LEVITICO' es visible, claramente visible, sobre todo cuando Paulo VI usa la 'muceta', es decir, esa especie de manteleta roja bordada de armiño blanco; en esas ocasiones, en las fotografías, no se ve muchas veces la Cruz pectoral, por las manos juntas con que el Papa parece encubrirla; pero siempre aparece la insignia de Aaraón, porque está unida a un amplio cordón de oro. Sólo en una ocasión el extraño emblema cuelga sobre el hábito blanco de Paulo VI, sin la 'muceta'. Fue cuando el Pontífice romano estuvo en la India y los fotógrafos le sorprendieron seguido y rodeado de niños hindúes.
"En las diversas fotografías, tomadas durante las visitas de Paulo VI a los lugares santos de la cristiandad, en los varios Santuarios, el "Efod" es siempre visible: así, por ejemplo, con ocasión de su viaje a Fumone, cuando quiso visitar la tumba del Papa Celestino V, la tumba del 'gran refugiado'; en Santa Sabina, en el Aventino el miércoles de ceniza, cuando se cantaron las letanías de los Santos, innovadas por la liturgia bugniniana, que ahora comienzan con un 'Sancte Abraham'...; en la Plaza de España, en el homenaje a la Inmaculada; en Santa Inés; en Santa María del Transtévere, y así en otros casos, en los que el Papa lleva esta insignia ritual, es algo raro, por lo menos, si no sospechoso, y que origina dudas que están exigiendo una respuesta distinta de la que estamos acostumbrados a recibir, del silencio equívoco.
¿Estamos, pues, delante de un hecho masónico o delante de un oscuro designio? Es necesario que alguien esclarezca qué significa todo esto. Porque, en verdad, es desconcertante el hecho de que al lado o en lugar de la Cruz pectoral del Sucesor de Pedro (que todavía y no obstante la contestación de los nuevos teólogos es el Vicario de Cristo) aparezca sobre el pecho del Romano Pontífice un emblema que no es cristiano y que por ser tan rico está en contradicción con los postulados de la "Iglesia de los Pobres".


No sabemos qué explicación pueda darse a ese objeto ritual del gran sacerdote levítico, usado ahora por Paulo VI, el Pontífice Máximo de la Iglesia Católica. La primera explicación, que benignamente insinúa el Abbé de Nantes, no parece ser muy convincente, porque no puede ser admitida. Entre el judaísmo, religión de la promesa y catolicismo, religión. del cumplimiento de esa promesa, no hay propiamente una continuidad, porque el judaísmo actual niega contumazmente el cumplimiento de las divinas promesas en el advenimiento del Cristo prometido; Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo de María. El judaísmo, religión actual, niega los dos dogmas fundamentales de nuestra religión, el misterio de la Santísima Trinidad y el misterio de la Encarnación. ¿Cómo es posible que se quiera unir la religión judaica con el verdadero cristianismo basado en esos dos dogmas fundamentales? La promesa, la preparación perdieron su razón de ser, al venir Cristo y todo el judaísmo religión perdió su legitimidad, al fundar Jesucristo su Iglesia, el nuevo Israel, no el Israel según la carne, sino el Israel según el espíritu.


Ahora bien, el "efod" era una insignia eminentemente judaica, que simbólicamente representaba en las funciones rituales del judaísmo religión a las doce tribus de Israel, el Israel según la carne. No hay, pues, nada que justifique el uso de ese objeto ritual en un Papa, que es cabeza visible del nuevo pueblo de Dios, de los hijos de la nueva Alianza. Ya el hecho cierto de que ningún Papa, en los 2000 años de historia de la Iglesia haya usado ese objeto ritual del judaísmo religión, parece demostramos que hay una absoluta incompatibilidad entre la profesión de nuestra fe católica y el uso del "efod" y del "pectoral del juicio", descritos minuciosamente en el Exodo, como propios y exclusivos del "Gran Sacerdote Levítico".


Al usarlo públicamente Paulo VI, tenemos derecho y aún obligación grave en conciencia de investigar el por qué de esa decisión pontificia. Con razón el Abbé de Nantes sentía miedo al comprender o vislumbrar siquiera la única explicación satisfactoria, que, por otra parte, está en perfecta coherencia y armonía con otros hechos inexplicables del Papa Montini, con todo su paradójico pontificado y con toda esa subversión y autodemolición que vemos en la Iglesia. Juan Bautista Montini usa el "efod", porque en su corazón más que Papa, es un "Gran Sacerdote Levítico". Consciente o inconscientemente -Dios todo lo sabe- el parece asociado con el judaísmo internacional, con sus poderosos dirigentes, con sus instrumentos destructores, el comunismo y la masonería. Por otra parte, en su ascendencia genealógica encontramos raíces ciertas de su origen judío, así como en otros de los cardenales y monseñores y teólogos que han planeado esta espantosa revolución en la Iglesia de Dios. Sí, yo denuncio al judaísmo como la causa activa y eficacísima que, con sus inmensos recursos, ha preparado esta tragedia, que no solamente ha afectado a la Iglesia y a las almas, sino a los Estados y a los pueblos, sembrando la confusión, la inconformidad, la lucha de clases, las guerras intestinas y las guerras internacionales, que han cubierto de sangre y de dolor al mundo entero.


Duele en el alma tener que llegar a estas conclusiones; pero hay un dilema ineludible, en el que tenemos que escoger: o salvamos la Iglesia o nos obstinamos en seguir defendiendo obstinadamente a dos Papas y un Concilio, que han venido a romper la unidad de la Iglesia.


En el artículo de LOOK al que nos referimos antes, Roddy dice: "EL DESCUBRIR ESTAS CONFERENCIAS SECRETAS EN LA CIMA HIZO QUE LOS CONSERVADORES EMPEZASEN A SEÑALAR A LOS JUDÍOS NORTEAMERICANOS COMO EL NUEVO PODER DETRÁS DE LA IGLESIA". Y tenían razón los conservadores que desde entonces empezaron a sospechar una inmensa y universal infiltración en todos los organismos de la Iglesia, de judíos, de masones, de comunistas, de falsos hermanos, que entraron en los seminarios, noviciados y organismos católicos, con la consigna y los compromisos de procurar escalar discretamente los puestos de comando, para dirigir, desde esos puestos, la revolución interna, que había sido planeada en los antros tenebrosos de la conspiración judeo-masónica-comunista. ¿Hechos? ¿pruebas? Sobran para los que no se obstinan en negarlos.


Tenemos, en primer término, el muy conocido caso del P. Tondi, S. J., que, siendo miembro activo del Partido Comunista Italiano en su juventud, fue seleccionado por los dirigentes del Partido para hacer esta labor de infiltración activa en la Compañía de Jesús. El cripto-comunista pasó con tal éxito todas las pruebas de su formación jesuítica e hizo tan felizmente sus estudios, que, al terminar su tercera probación -el último reto que que la Compañía da a sus operarios-, fue elegido por los superiores al cargo de tanta responsabilidad de Prefecto de Estudios de la Pontificia Universidad Gregoriana, el centro filosófico y teológico más importante de los jesuitas y quizá también de la Iglesia. En ese puesto importantísimo, el oculto comunista, siguiendo ¡lealmente las directivas secretas de sus verdaderas jerarquías, inició y desarrolló felizmente la revolución ideológica, que, más adelante, habria de corromper el pensamiento teológico-filosófico de ese tan importante Centro del saber. Al fin, se descubrieron las conexiones ocultas del jesuita con los altos dirigentes del Comunismo Italiano e Internacional.


En otra parte de su comentado artículo, Joseph Roddy escribe estas palabras reveladoras: "Una agencia publicitaria, suficientemente cercana al Vaticano para obtener la dirección en Roma de los 2.200 Cardenales y Obispos que de afuera habían acudido al Concilio, entregó a cada uno de ellos un libro de 900 páginas 'Il Complotto contra la Chiesa' (Complot contra la Iglesia). Entre las infamatorias páginas del libro, HABÍA ALGUNOS VESTIGIOS DE VERDAD. La afirmación, que dicho libro hace, de que la Iglesia había sido infiltrada por los judíos, era una intriga eficaz para los antisemitas; PERO ES UN HECHO INNEGABLE QUE MUCHOS JUDÍOS, ORDENADOS DE SACERDOTES, ESTABAN TRABAJANDO EN ROMA ESA DECLARACIÓN EN FAVOR DE LOS JUDÍOS. Entre ellos estaba el P. Baum, como también Monseñor Juan Oesterreicher, miembros del Secretariado de Bea. Y el mismo Cardenal Bea, según el Diario del Cairo 'Al Gornhuria' era un judío llamado Bejar".


Ante la evidencia de los hechos, la judería internacional y su vocero Roddy no pueden negar el hecho palpable de la infiltración, aunque, como es natural, se guardan mucho de darnos todos los nombres de los infiltrados.


Bea, Baum, Oesterreicher son tan sólo unos nombres, a los que podriamos añadir otros de crípto-judíos, cripto-masones y cripto-comunistas, hábilmente infiltrados en la Iglesia, que, hace ya tiempo, fueron preparando la subversión presente, y lograron escalar los altos puestos, para hacer su acción más eficaz. Con su capacidad personal -los escogidos para esta trascendente labor debían estar dotados con aptitudes optimas-, con la influencia de las altas jerarquías, oportunamente trabajadas, por su aparente entrega, sus oportunas adulaciones y sus bien administrados obsequios, debían los escogidos ganarse la confianza y alcanzar así sus progresivos ascensos. En la intriga, la falsedad y la destreza para la infiltración, los judíos sólo son superados por el diablo. Y, en esta intriga, la mafia judia contó con valiosos instrumentos, no judíos, sino católicos, como el R.P. Thimothy Fitzharris O'Boyle, S. J., quien, instalado en el Instituto Bíblico, protegido por la sombra tutelar del valiosísimo Cardenal Bea, miembro, por otra parte, de la ínclita Compañía de Jesús, pudo servir de enlace de información entre todos los que estaban comprometidos en la infiltración masiva de la Iglesia.


Como se desprende del artículo de Roddy, el judaísmo puso en juego toda su táctica, todos sus más valiosos elementos, todos sus inmensos recursos económicos, para asegurar el golpe definitivo, que ellos querían descargar contra el cristianismo, para poder después dedicarse, sin enemigo de importancia al frente, a realizar los sueños de su "mesianismo materialista" en el gobierno del mundo y en el establecimiento del sincretismo religioso, que eliminase para siempre todo vestigio de Cristo y de su religión. La labor fue lenta, discreta y, a no dudarlo, de éxitos progresivos y sorprendentes. No creo posible, para los no judíos, el llegar nunca a investigar todos los secretos de esta secular conspiración. Por eso esta confesión de parte de Mr. Roddy, aunque incompleta, tiene un valor excepcional, que parece indicarnos el por qué Paulo VI usa el "efod" del Gran Sacerdote Levítico.


La famosa "apertura" hacia la izquierda del Pontífice de la Tolerancia no sólo había abierto el "diálogo salvífico" con los "hermanos separados", que jamás han pensado en convertirse a nuestra religión, con los "comunistas", con los que él soñaba establecer "una coexistencia pacífica y mutuamente comprensiva", sino también con los judíos, que ya no tan invisiblemente estaban dirigiendo la subversión, sin que el bondadoso Papa se diese cuenta de la tremenda conspiración, que amenazaba la vida misma de la Iglesia. Juan XXIII, el Papa de la Tolerancia, no sólo había recibido al yerno de Krushev, sino que había establecido, como nos dice Roddy, un gran diálogo con el Comité Judío-Americano, con la Liga Anti-Difamatoria de la B'nai B'rith y con otros organismos judaicos. La conspiración estaba en marcha y contaba con la ayuda de prominentes eclesiásticos, infiltrados oportunamente en la Iglesia Católica, entre los cuales destacaba la figura del Cardenal Agustín Bea, S. J., la figura gris del Vaticano en estos años de transición y de Concilio.


"Aunque Mateo, Marcos, Lucas y Juan hayan sido mejores evangelistas que historiadores -escribe Roddy- sus escritos, según el dogma católico, fueron divinamente inspirados, y alterarlos sería tan imposible, por lo tanto, como cambiar el centro del sol". Con verdadera insensatez el escritor judío pretende negar la historicidad de los Santos Evangelios, para eliminar así su testimonio sobre la responsabilidad colectiva del pueblo de Israel, en la pasión y muerte de Jesús; pero, no por eso deja de reconocer lo que los "expertos' del Cardenal Bea olvidaron, la inspiración divina del texto sagrado, que garantiza el testimonio histórico y de fe de los evangelistas. Sí; alterar los evangelios, aunque sea so pretexto de ecumenismo, es naufragar en la fe. Y en la inviolabilidad de la Sagrada Escritura está la inconsistencia y la equívoca posición de la célebre declaración del Vaticano II sobre los judíos.


Sorprende grandemente, al que con detención lee el artículo de Roddy, la multitud de judíos, que, durante el Concilio, estuvieron trabajando en favor de la famosa declaración conciliar de su exoneración de toda responsabilidad en la pasión y muerte del Señor. El Comité Judío Americano, la B'nai B'rith, el Congreso Mundial. Judío, la Anti-Dífamation Ligue, etc., etc. Aparentemente, las cosas no marchaban muy bien en Roma, donde Shuster llenaba las páginas del "New York Times", el diario judío de más circulación en el mundo, para preparar la opiníón pública. Fritz Becker, del Congreso Mundial Judío, escribió por esos días: "Nosotros no tenemos los mismos puntos de vista de los Nortemericanos, para pretender llevarlos a la imprenta". Como si dijera: "debemos obrar con más discreción". Sin embargo, el Vaticano empezó a ver con buenos ojos el que estos temas se llevasen a la prensa, ya que el viaje de Paulo VI a Tierra Santa acababa de ocurrir, y era necesario desviar la opinión pública de los verdaderos objetivos del Pontífice. Escribe Roddy: "Un experto en relaciones públicas hubiera dicho que la Santa Sede -no la Santa Sede, sino Paulo VI- se había mostrado poco experta en Tierra Santa. Cuando Paulo oró al lado del Patriarca barbado ortodoxo Atenágoras en el sector de Jordania, la visita pareció muy bien. Pero, cuando entró en Israel, tuvo palabras tajantes para el autor del "Vicario" (la obra difamatoria de un judío contra Pío XII) y un discurso encaminado a la conversión de los judíos. Su visita fue tan corta que ni siquiera llegó a mencionar públicamente al joven país que estaba visitando".


Era necesario disimular diplomáticamente, con el velo de una piadosa peregrinación, los pasos de Paulo VI, cuyos objetivos en ese viaje no debían ser entonces conocidos. Solamente el tiempo y los eventos sucesivos irían poco a poco descubriendo, ante los observadores diligentes, los secretos designios del Papa Montini en su viaje a la Tierra Santa. Por eso Paulo VI estuvo más tiempo en Jordania; por eso aparentó ignorar a Israel; pos eso habló de la conversión de los judíos, aunque de una manera superficial y delicada. Era lo menos que como Papa, sucesor de Pedro, podía hacer. Sin embargo, después de esa visita, empezó a ostentar sobre su pecho el "efod" y el "pectoral del juicio" del Gran Sacerdote Levítico. La frase de Roddy, en su artículo, no viene sino a completar la maniobra del sigilo: "Los observadores del Vaticano, que estudiaron todos los movimientos de Paulo en Tierra Santa, consideraron que había menos esperanza para una declaración en favor de los judíos"(1).


Pero, esa frase, que quiere darnos la impresión de cierto desacuerdo en los criterios y las acciones de los diversos elementos del judaísmo internacional, que estaban comprometidos en esa labor de convencimiento entre los Padres Conciliares, no es sino una típica maniobra de la astucia judaica, que con diversos frentes quiere darnos la impresión de que hay división entre sus filas. Por eso añade Roddy: "Las cosas se veían con más optimismo en el Waldorf Astoria de Nueva York. Allí, con motivo del aniversario del Beth Israel Hospital, los invitados se enteraron de que al Rabino ABBA HILLEL SILVER (el apellido Silver, en español Plata, es característicamente judío y propio de los elementos más iniciados y más aptos para la conspiración judeo-masónica), años atrás, había expresado el Cardenal Francis Spellman los intentos hechos por Israel para obtener un asiento en las Naciones Unidas. Spellman había dicho que, para ayudar a esta causa, él personalmente se dirigiría a los gobiernos de Sud-Améríca, para invitarlos a que compartiesen con él el profundo deseo de que Israel fuera admitido en esa mundial Organización. Más o menos, por ese tiempo. el 'Papa Americano' (Spellman) dijo, en una reunión del Comité Judío Americano, que era "absurdo mantener que exista o pueda existir cualquiera culpabilidad hereditaria". Desde luego esta afirmación del Cardenal neoyorkino es falsa e indica carencia de conocimientos teológicos e históricos. Todos los hombres, que por generación ordinaria descendemos de Adán, venimos a la vida con esta "culpabilidad hereditaria". "In quo omnes peccaverunt", dice San Pablo, en Adán, todos pecamos. La culpabilidad personal no se hereda, pero, aun entre los hombres, sí se hereda la culpabilidad colectiva. Los hijos de los supuestos criminales de guerra en Alemania siguen todavía pagando a Israel los daños que los judíos dicen haber sufrido durante el régimen de Hitler.

sábado, 14 de mayo de 2011

La última batalla del diablo


Capítulo 6

El motivo se mantiene firme 

El Cardenal Alfredo Ottaviani que dirigió el Santo Oficio del Vaticano durante los pontificados de Pío XII, de Juan XXIII y de Pablo VI, leyó el Tercer Secreto y confirmó que está escrito en una única hoja de papel. También él entrevistó a la Hermana Lucía como representante del Papa Pio XII y confirmó que el Tercer Secreto es una verdadera profecía. Confirmó, además, que el reportaje de Neues Europa incluía una parte del Tercer Secreto. En dicho reportaje se puede leer: «Un Cardenal se opondrá a otro Cardenal, y un Obispo se opondrá a otro Obispo», aludiendo naturalmente a una crisis doctrinal en el seno de la Iglesia.

       Hacia 1948 el Papa Pío XII, por sugerencia del Cardenal Ruffini, plenamente fiel a la Tradición, pensó en convocar un Concilio General, y hasta llegó a dedicar algunos años a los preparativos necesarios. Hay pruebas de que, posteriormente, los progresistas en Roma disuadieron a Pío XII de llevar a cabo su proyecto, puesto que dicho Concilio mostraría una tendencia muy nítida de que seguiría la orientación de laHumani Generis en su condenación de los errores modernistas.Tal como esta gran encíclica de 1950, el futuro Concilio combatiría «las falsas opiniones que insidiosamente amenazan socavar los fundamentos de la Doctrina católica.»1
       Simultáneamente, los “errores de Rusia”, a los que la Santísima Virgen se había referido, estaban invadiendo la propia Iglesia, y se habían infiltrado en varias órdenes religiosas católicas. Por ejemplo, el llamado movimiento de los “Curas Obreros” se hallaba tan claramente infiltrado por los comunistas, que Pío XII decidió extinguirlo en la década de los años cincuenta.
       El Papa se convenció de que, lamentablemente, tenía una edad muy avanzada para asumir la responsabilidad de la grandiosa realización de un Concilio destinado a combatir las filas cada vez más compactas de los enemigos de la Iglesia, y tuvo que resignarse a aceptar que «esto quedará para mi Sucesor.»2 Pío XII murió el 9 de octubre de 1958.
       Nos encontramos aquí muy cerca del año crítico para nuestro caso. Hemos llegado al 1958, dos años antes del 1960 – el año en que, según el deseo de Nuestra Señora de Fátima, se habría de revelar el Tercer Secreto, como atestiguó la Hermana Lucía. Durante el pontificado de Pío XII, el Santo Oficio, bajo la firme dirección del Cardenal Ottaviani, preservó el Catolicismo en terreno seguro, manteniendo firmemente acorralados los caballos salvajes del Modernismo. Muchos de los teólogos modernistas en la actualidad cuentan, con desdén, cómo ellos y sus amigos estuvieron “amordazados” durante ese período.
       Sin embargo, ni siquiera el Cardenal Ottaviani podía impedir lo que iba a ocurrir en 1958. Un nuevo Papa, con otra mentalidad, ascendería al Solio Pontificio y, «según se imaginaban los progresistas, sería favorable a su causa»3, y le obligaría a un renitente Ottaviani a retirar la tranca, abrir el corral y protegerse de la embestida. Esta situación, sin embargo, no era imprevista. Al recibir la noticia de la muerte de Pío XII, el anciano Don Lambert Beauduin, amigo de Roncalli (el futuro Papa Juan XXIII) le confesó al P. Bouyer: «Si eligiesen a Roncalli, sería la salvación; sería capaz de convocar un Concilio, y de consagrar el Ecumenismo.»4
       En este punto de nuestra exposición es preciso resaltar, especialmente para el lector no católico, que los cambios, que vamos a examinar, en la orientación básica de la Iglesia no tienen, en absoluto, ningún precedente, y quizás constituyan la peor crisis de la Iglesia Católica. Un cuidadoso estudio de lo que viene a continuación pondrá en evidencia el motivo por el cual los eclesiásticos liberales y “políticamente correctos” del período posconciliar no pueden aceptar el Mensaje de Fátima, con su llamada a la consagración yconversión de Rusia como requisitos para la Paz en el Mundo. Esas transformaciones sin precedentes en la Iglesia Católica no constituyeron un favor, sino un grave perjuicio para los no católicos, puesto que el resultado de la “modernización” de la Iglesia incorporaba no solamente los escándalos clericales que hoy estamos viendo, sino también el fracaso de las personas en el seno de la Iglesia para realizar un acto — la solemne Consagración de Rusia — que habría beneficiado a toda la Humanidad.
Fue el Cardenal Ottaviani quien, antes del Vaticano II, tuvo la sensatez de mantener a distancia a los teólogos modernistas, como el P. Karl Rahner. Sin embargo, ese mismo P. Rahner — a quien vemos en la foto con el joven P. Joseph Ratzinger, durante el Concilio — se hallaba entre los teólogos progresistas que dieron la orientación decisiva al Concilio Vaticano II, sin que hubiesen modificado sus puntos de vista progresistas.


Se convoca un Concilio y
el Mensaje de Fátima pasa a ser atacado
       Y sucedió exactamente lo que había previsto el Don Lambert. Roncalli fue elegido y como Papa Juan XXIII convocó un Concilio y consagró el Ecumenismo. Estaba en marcha la “revolución en la tiara y en la capa pluvial”, prevista por la Alta Vendita.
       Uno de los primeros actos de la revolución fue dejar de lado el Tercer Secreto de Fátima. Contrariando las expectativas del Mundo entero, el 8 de febrero de 1960 (transcurrido poco más de un a o desde la convocación del Concilio), el Vaticano divulgó a través de la agencia noticiosa A.N.I. la siguiente noticia anónima:
       Ciudad del Vaticano, 8 de febrero de 1960 — «En círculos altamente fidedignos del Vaticano se acaba de declarar al representante de la United Press International que es muy posible que nunca venga a ser abierta la carta en que la Hermana Lucía escribió las palabras que Nuestra Señora confirió a los tres pastorcitos, como secreto en la Cova da Iría.»
       En el mismo comunicado vemos el primer ataque frontal de las fuentes de información del Vaticano a la credibilidad del Mensaje de Fátima en su totalidad:
       Aunque la Iglesia reconozca las apariciones de Fátima, no desea tomar el compromiso de garantizar la veracidad de las palabras que los tres pastorcitos dijeron que Nuestra Señora les había dirigido.
       ¿Dijeron que Nuestra Señora les había dirigido? Después del Milagro del Sol, ¿podría subsistir alguna duda sobre la veracidad de su testimonio? ¿Podría alguien cuestionar que hubiesen recibido del Cielo una auténtica profecía, considerando el cabal cumplimiento hasta ahora de todas y cada una de las previsiones del Mensaje — desde el inminente fin de la Primera Guerra Mundial hasta la diseminación de los errores de Rusia, pasando por la Segunda Guerra Mundial y la elección del Papa Pío XI?
       Este primer ataque público contra el Mensaje de Fátima, proveniente de un organismo del Vaticano, surge en 1960, cuando se comienza a buscar una nueva orientación para la Iglesia, que (como veremos dentro de poco) nacerá con el Concilio Vaticano II. Consideremos estos acontecimientos, relacionados con el comunicado de 8 de febrero de 1960:
  • El comunicado pone en duda públicamente, de modo patente, la credibilidad de Lucía, Jacinta y Francisco.
  • Por orden de las altas Autoridades estatales del Vaticano5, a partir de 1960 Lucía se vio obligada a mantenerse en silencio, y por eso no pudo defenderse de la acusación implícita de que su testimonio no merecía confianza.
  • Los documentos del archivo oficial de Fátima, compilados por el P. Alonso entre 1965 y 1976 (más de 5.000 documentos en 24 volúmenes) se impedirán publicar — a pesar de que tales documentos confirmaron que las profecías de Fátima en las dos primeras partes del Secreto (la elección del Papa Pío XI, la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, la expansión del Comunismo en todo el Mundo, etc.), habían sido reveladas en privado por la Hermana Lucía mucho antes de haberse cumplido, y a pesar de que su testimonio fue totalmente preciso y fidedigno.
        Había comenzado el crimen. Y ahora el motivo para el crimen — el deseo de cambiar la orientación de la Iglesia, muy distante de las certezas católicas del Mensaje de Fátima, promoviendo una conciliación “ilustrada” de la Iglesia con el Mundo — tendría inicio decididamente con la apertura del Concilio Vaticano II el 11 de octubre de 1962. Una vez más, recordemos las palabras de la Hermana Lucía: que Nuestra Señora deseaba que se divulgase el Tercer Secreto en 1960, porque en ese año se haría “más claro”. Efectivamente, ahora se iba a hacer más claro.
Los “errores de Rusia” se infiltran en la Iglesia
       En primer lugar, poco antes de la apertura del Concilio ocurriría otra traición al Mensaje de Fátima – una señal de muchas otras cosas sin precedentes que estaban por venir. En la primavera de 1962, en Metz (Francia), el Cardenal Eugène Tisserant se reunió ni más ni menos que con el Metropolitano Nikodim, de la Iglesia Ortodoxa Rusa — un agente de la KGB, tal como lo eran los demás Prelados ortodoxos. En ese encuentro, Tisserant y Nikodim negociaron lo que vendría a ser conocido como el “Pacto de Metz”, o más popularmente, el “Acuerdo Vaticano-Moscú”6. La existencia de dicho Acuerdo es un hecho histórico irrefutable, testificado en todos sus pormenores por Mons. Roche, secretario particular del Cardenal Tisserant.
       En síntesis, el acuerdo trataba de lo siguiente: Según su ardiente deseo, el Papa Juan XXIII sería “favorecido” por la presencia de dos observadores ortodoxos rusos en el Concilio; en compensación, la Iglesia Católica concordaba en que el Concilio Vaticano II se abstendría de condenar el Comunismo soviético ni la Rusia soviética. Esto significaba esencialmente que el Concilio iría a comprometer la libertad moral de la Iglesia Católica, al fingir que, el Comunismo,  la forma más sistemática de la maldad humana en la Historia de la Humanidad, no existía — aun cuando los soviéticos estuvieran persiguiendo, encarcelando y asesinando a millones de católicos, precisamente en el momento en que se realizaba la apertura del Concilio.
       Restringida de esa forma la libertad de la Iglesia por medio de un acuerdo con los comunistas, el Concilio dejó de hacer, en absoluto, cualquier alusión al Comunismo. Con tal procedimiento, se alejó de las enseñanzas de los Papas León XIII, el Beato Pío IX, San Pío X y también Pío XI, los cuales advirtieron a la Iglesia que no debía abstenerse de condenar ese Mal incomparable. Como dijo el último de estos Papas en la Divini Redemptoris:
        Este peligro tan amenazador, ya lo habéis comprendido, Venerables Hermanos, es el comunismo bolchevique y ateo, que tiende a derrumbar el orden social y a socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana. Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar y no calló. No calló, sobre todo, esta Sede Apostólica, que sabe cómo su misión especialísima es la defensa de la verdad y de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo ateo desconoce y combate.7
       Y a pesar de todo, el Concilio no dijo ni una sola palabra sobre el Comunismo soviético; al contrario, daría inicio a un “diálogo” precisamente con aquellas mismas fuerzas a las que la Iglesia anteriormente se había opuesto.
       ¿Por qué ocurrió eso? No se trató, evidentemente, de una “mera coincidencia” que el silencio del Concilio sobre el Comunismo estuviera perfectamente sincronizado con la infiltración comunista en la Iglesia Católica: infiltración que (como hemos visto en un capítulo anterior) había sido denunciada poco antes de la apertura del Concilio Vaticano II por testigos clave que no tenían ningún motivo para mentir (Dodd, Hyde, Golitsyn, Mitrokhin y otros). Aun sin contar con la colaboración de esos testigos, nuestro sentido común nos convencería de que era inevitable la tentativa de las fuerzas comunistas (actuando conjuntamente con la Masonería) para destruir la Iglesia Católica desde Su interior. Satanás es suficientemente inteligente para saber que la Iglesia Católica es, por excelencia, la Ciudadela que él debe tomar al asalto, en su esfuerzo para someter el Mundo al reino de las tinieblas.
       Era ésta, por tanto, la situación de la Iglesia, en el preciso momento en que, erróneamente, se le obligó al Concilio Vaticano II a que observara un vergonzoso silencio acerca del Mal del Comunismo. De más está a advertir que, con el “Acuerdo Vaticano-Moscú” era totalmente imposible la Consagración, por los Padres conciliares, de la Rusia soviética al Inmaculado Corazón de María, para conseguir la conversión de aquel País. Ese giro inicial hacia una nueva orientación de la Iglesia — que el Concilio iría a acelerar de forma muy dramática — ya estaba en oposición al Mensaje de Fátima.
       Y desde entonces, éste ha sido el resultado de la reunión de Metz, que intensificó la asimilación a laÖstpolitik — la política puesta en práctica por el Secretario de Estado del Vaticano — bajo la cual la Iglesia dejó de condenar y de oponerse frontalmente a los regímenes comunistas, sustituyéndola por el “diálogo” y por la “diplomacia silenciosa” — una política que hasta hoy ha mantenido al Vaticano sin voz ante la violenta persecución de la Iglesia en la China comunista.
       Así, el 12 de octubre de 1962, dos sacerdotes que eran representantes de la Iglesia Ortodoxa llegaron en avión al Aeropuerto de Fiumicino para participar del Concilio Vaticano II. Y éste dio comienzo, al tiempo que los observadores ortodoxos ponían su atención en los procedimientos, con el fin de convencerse de la estricta observancia del “Acuerdo Vaticano-Moscú”. La declaración por escrito de 450 Padres conciliares contra el Comunismo “se perdió” misteriosamente, después de haber sido entregada al Secretariado del Concilio; y a los Padres conciliares que se atrevieron a denunciar el Comunismo se les aconsejó delicadamente que permanecieran sentados y en silencio8.
       Las propias autoridades eclesiásticas habían “bajado el puente levadizo” para que entrasen los comunistas, al mismo tiempo que comunistas y masones se esforzaban en destruir la Iglesia desde Su interior (confirmando así las predicciones de Bella Dodd):
  • estimulando «la promoción de una seudo-religión : cualquier cosa con apariencia de Catolicismo, pero sin serlo»;
  • acusando a «“la Iglesia del pasado” de ser opresiva, autoritaria, impregnada de prejuicios, arrogante al atribuirse la condición de única poseedora de la verdad, y responsable de las divisiones entre las comunidades religiosas a través de los siglos»;
  • avergonzando a los dirigentes de la Iglesia, y forzándolos a adoptar «una “apertura al Mundo”, y a mostrar una actitud más flexible para con todas las religiones y filosofías.

       Finalmente — como predijo Dodd —, «los comunistas se valdrían de esa apertura para destruir la Iglesia.»
       Este inmenso esfuerzo de subversión implicaría, en primerísimo lugar, que la “teología” modernista abriese una brecha en el Concilio Ecuménico — tal como el Canónigo Roca y los demás visionarios de la Masonería se jactaban de que sucedería.


Los neo-modernistas triunfan en el Vaticano II
       El 13 de octubre de 1962, día siguiente al de la llegada de los dos observadores comunistas al Concilio — y también aniversario del Milagro del Sol, en Fátima — la Historia de la Iglesia y del Mundo fueron profundamente alteradas por un acontecimiento sin la menor importancia. En un incidente que se hizo famoso, el Cardenal Liénart, de Francia, asió del micrófono para exigir que se recusasen los candidatos propuestos por la Curia Romana para el cargo de Secretarios de las Comisiones preparatorias del Concilio, y que se hiciera una nueva lista de candidatos. Se aceptó tal exigencia y la elección fue postergada. Cuando,  por fin, ésta se realizó, los elegidos por mayoría o cuasi mayoría para las Comisiones conciliares fueron los liberales — muchos de los cuales formaban parte de aquellos “innovadores” desacreditados por el Papa Pío XII. Se rechazaron los esquemas preparatorios formulados según la Tradición para el Concilio y éste comenzó, rigurosamente hablando, sin ninguna agenda escrita, dejando así el camino despejado para que los liberales redactasen documentos totalmente originales.
       Es bien conocido e impecablemente documentado9 el hecho de que un grupo formado por periti(expertos) y por Obispos liberales pasó a controlar el Vaticano II, con una agenda de trabajo que, mediante la implantación de una “nueva teología”, remodelaba la Iglesia a imagen y semejanza de dicho grupo. Tanto los críticos como los defensores del Vaticano II están de acuerdo en este punto. En su libroVatican II Revisited [El Vaticano II, reexaminado], el Obispo Aloysius J. Wycislo (un ditirámbico defensor de la revolución conciliar) declara con un desbordado entusiasmo que «teólogos y eruditos bíblicos, desacreditados durante varios años, resurgieron entonces como periti (expertos en Teología, asesorando a los Obispos en el Concilio); y sus libros y comentarios pos Vaticano II se hicieron populares.»10
       Aloysius Wycislo observó, además, que «la encíclica Humani Generis del Papa Pío XII había tenido (...) un efecto devastador en los trabajos de considerable número de teólogos preconciliares»11; y explica que, «durante los trabajos preliminares del Concilio, continuaban desacreditados aquellos teólogos (franceses en su mayoría, pero también algunos alemanes) cuyas actividades habían sido cohibidas por Pío XII. El Papa Juan discretamente retiró la interdicción que afectaba a algunos de los más influyentes. Sin embargo, muchos de ellos continuaron siendo vistos con desconfianza por los responsables del Santo Oficio.»12
       En este punto, es de fundamental para nuestro caso la declaración del testigo ocular Mons. Rudolf Bandas, un peritus conciliar:
       No hay duda que el buen Papa Juan se imaginaba que estos teólogos sospechosos rectificarían sus ideas y que prestarían un servicio sincero a la Iglesia. Pero sucedió exactamente lo contrario. Apoyados por ciertos Padres conciliares “del Rin”, y actuando con frecuencia de modo francamente grosero, se volvían a los participantes y exclamaban: «Fijaos, nos han nombrado expertos: nuestras ideas fueron aprobadas.» (...) En el primer día de la cuarta Sesión, cuando nada más llegó a mi tribuna en el Concilio, fue ésta la primera declaración emitida por la Secretaría de Estado: «No se nombrarán más periti.» Pero ya era demasiado tarde. La gran confusión estaba en marcha. Ya se veía claramente que  ni a Trento, ni al Vaticano I, ni a ninguna Encíclica se les permitiría que la impidiese avanzar.»13
       Efectivamente, el propio Papa Juan XXIII tuvo la satisfacción de anunciar que, a partir de este Concilio, la Iglesia, de forma totalmente inexplicable, dejaría de condenar el error, y acabarían así Sus preocupaciones por la calamitosa situación del mundo:
        Hoy en día (...) la Esposa de Cristo prefiere usar el remedio de la misericordia en vez de las armas de la intolerancia. Ella considera que va al encuentro de las hodiernas necesidades, demostrando la validez de Su doctrina, en vez de emitir condenaciones. (...) Sentimos que debemos discordar de aquellos profetas de la desgracia, que viven prediciendo desastres, como si estuviera próximo el fin del Mundo.14
       Pero el optimismo del Papa Juan XXIII contrastaba nítidamente con la angustiosa preocupación acerca de la situación del mundo, que se podía percibir en muchas declaraciones de sus más recientes Predecesores (para no hablar del Mensaje de Fátima). Veamos algunos ejemplos:
          El Papa San Pio X:
      Sentimos una especie de terror al observar las desastrosas condiciones en que se encuentra la Humanidad en la hora presente. ¿Podemos ignorar ese mal tan profundo y grave que, hoy más que ayer, continúa actuando en su propio ser y llevando a la Humanidad a la ruina? (...) En realidad, quien reflexione sobre estas cosas debe necesaria y firmemente temer que tal perversión de las mentalidades sea una señal de alerta, y el principio del fin de los tiempos (...) [E Supremi]. (Cursiva, nuestra)
El Papa Pío XI:
        Desterrados Dios y Jesucristo–lamentábamos–de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que ... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad, privada de todo apoyo y fundamento sólido. [Quas Primas]
El Papa Pío XII (después de la Segunda Guerra Mundial):
        Nos sentimos invadidos por la tristeza y por la angustia cuando percibimos que la iniquidad de los malos ha llegado a un grado de impiedad increíble y enteramente desconocido en otros tiempos. [Carta de 11 de febrero de 1949]. (Cursiva, nuestra)15
        Venerables hermanos: Sabéis perfectamente que la casi totalidad de la raza humana se deja arrastrar hacia dos campos antagónicos: o a favor de Cristo, o contra Cristo. La raza humana está inmersa en una crisis suprema, que provocará o su salvación por intermedio de Cristo, o su destrucción [Evangelii Præcones, 1951]. (Cursiva, nuestra) 
       Obviamente, en el Concilio Vaticano II se librarían batallas sin cuenta entre el grupo internacional de Padres que combatieron a favor de la preservación de los dogmas de la Fe y de la Tradición Católica, y el grupo progresista renano. Fue, sin embargo, el elemento liberal y modernista el que, por desgracia, acabó prevaleciendo, en un proceso desencadenado por el optimismo del Papa Juan XXIII, al pensar que la verdad habría de triunfar por su propio vigor, sin necesidad de cualquier condenación terapéutica por parte del Magisterio. Wycislo entona loas a los progresistas victoriosos, tales como Hans Küng, Karl Rahner, John Courtney Murray, Yves Congar, Henri de Lubac, Edward Schillebeeckx y Gregory Baum, que anteriormente habían sido considerados (y con buenos motivos) sospechosos, y eran ahora los faros de luz que guiarían la Teología pos Vaticano II.16
       En efecto, aquellos mismos que el Papa Pío XII consideraba inadecuados para transitar por las avenidas del Catolicismo, detentaban ahora el control de la ciudad. Y como si fuera el coronamiento de sus realizaciones, tanto el Juramento Antimodernista como el Índice de los Libros Prohibidos fueron discretamente suprimidos poco después de la clausura del Concilio: una decisión que el Obispo Graber consideró “incomprensible”.17 El Papa San Pío X lo predijo con toda exactitud: la desidia de las autoridades había provocado el retorno del Modernismo con extrema virulencia.

viernes, 6 de mayo de 2011

Karl Joseph Aloysius Ratzinger “De gloria olivae”



Karl Joseph Aloysius Ratzinger, nació en la ciudad masónica de Baviera, Alemania, cuna del protestantismo y de la logia de los Illuminati. Según afirmaciones de alemanes que conocen la descendencia de su familia, dicen que es descendiente de judíos "conversos" lo cual podría ser cierto, derivado que sus facciones son de judío (y fue precisamente el judío Nostradamus, quien profetizó un Papa judío antes de la consumación del Apocalipsis).


Siendo sacerdote, confesó su gran admiración al Padre Romano Guardini, quien desde antes del Concilio Vaticano II, daba la espalda al tabernáculo. En 1968 Ratzinger en “Introducción a la Cristiandad” libro que el mentor de Juan Pablo II (el Cardenal Stefan Wyszynski); prohibió en su diócesis, por su contenido engañoso.


El primer acto de Ratzinger, al ser elegido Papa, fue invitar al excomulgado de Hans Hüng a visitarlo en Castel Gandolfo ¿Por qué, qué mensaje o señal quizo enviar y a quienes? Ratzinger ha dicho sobre Küng “Me gustan bastante sus planteamientos, el abuso de la fe debe ser resistido si se quiere mantener el querer del Concilio” lo cual se opone a quien se supone representa, Jesucristo “Quien no creyere, será condenado” (San Marcos 16-16; es muy importante resaltar que San Marcos, fue el secretario de San Pedro, por ello se puede decir que es el Evangelio de San Pedro)


El lema episcopal afirma que es cooperador de la verdad ¿pero verdad de quién? ¿Por qué entonces silenció el mensaje de la Virgen a Santa Lucía dos Santos (a través del Cardenal Bertrone), para que no dijera el Tercer Mensaje de la Virgen de Fátima al mundo? el cual la Santísima Virgen pidió enfáticamente, que se revelara precisamente hasta ese tiempo (en que se llevó a cabo el Concilio Vaticano II) afirmando que sólo hasta entonces, se entendería su contenido.


En 1988 Ratzinger declaró: “El Concilio Vaticano II, ha sido un fin a la tradición y un nuevo comienzo para la Iglesia” en otras palabras, las enseñanzas de Jesucristo y los Santos doctores, pasaron de moda (aunque ni Moisés, ni Mahoma, ni Buda, ni Krishna, etc., hayan sido incorruptos, a diferencia de los santos católicos, y mucho menos resucitaron como Jesucristo sí lo hizo) "Si yo no hubiera hecho las obras que nadie ha hecho, no tendrían pecado" (San Juan 15-24) Hubo 20 siglos de unidad católica, sin embargo gracias al Concilio Vaticano II y su “nuevo comienzo”, desde entonces la unidad de la Iglesia se rompió; ahora existen tridentinos, liberales, teologos de la liberación, modernistas, carismáticos; ya no hay una misma misa en todos lados, sino que ahora cada misa es distinta una de otra, etc. "El Cielo y La Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (San Mateo 24-35)


Ratzinger: “La Iglesia que surgirá en el mañana, habrá perdido mucho, será pequeña y no volverá a llenar las construcciones que creó, en su época de esplendor; la crisis real, aún no ha comenzado, aún tenemos que pasar por otras grandes tormentas" ¿? Con certeza jamás volverá a ser la fuerza dominante de la sociedad” ¿Acaso el Director de una empresa, el Presidente de un país; dirían esas palabras? En la Iglesia, como en el sector público, o privado, el responsable de su éxito, o fracaso es su Titular ¿Cómo es posible que Ratzinger hable así; o está con la Iglesia o está en contra de ella? ¿cómo es posible que nadie se de cuenta, que los escándalos de hoy, de sacerdotes pederastas, son el resultado del trabajo que no hizo ayer Ratzinger, asi como son los frutos del Concilio Vaticano II?; ahora cosechamos el mal que él ayudo a forjar, por eso los sacerdotes de hoy, no se ocupan verdaderamente en salvar las almas, en convertirlas a la doctrina del único Hombre-Dios, sino en salvar a la naturaleza; en las homilías, hablan de tvnovelas, hacen chistes, piden que la gente aplauda como lo hacen los protestantes, todo menos salvar las almas, de los errores modernos como la falsa evolución, por eso se entiende hoy la existencia de "católicos" narcos, de políticos "católicos" ladrones, de rateros "católicos" que asesinan a sus victimas, pues si ya no hay una verdad absoluta y todo es relativo, si provengo del chango; qué importa que sea un pervertidor de menores, que mate, que viole, que robe, etc. Ahora el sacerdote católico ya no es maestro ni guía, sino escándalo y corrupción, por eso respecto al Concilio y Ratzinger “Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, más por dentro son lobos rapaces... Por sus frutos los conoceréis... No todo el que me dice Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la Voluntad de mi Padre” (San Mateo 7:15-21); por algo el Arcángel San Miguel afirmó a Verónica Lueken: "Satanás se sentó en el Concilio Vaticano II".


En 1999 Ratzinger funda con Neil Bush (masón de la logia Bohemian Grove) “The Foundation for Interreligious and Intercultural Research and Dialogue” ¿Acaso no es extraño, que un Cardenal se asocie con un masón, cuya secta jura destruir al catolicismo? y nuevamente ahora como Benedicto XVI nombra al abortista Illuminati, Bilderberger, satanista (según palabras de Doc Marquis) y Gran Maestro del Concilio de los Nueve, Henry Kissinger ("Sí, mucha gente va a morir cuando sea establecido el Nuevo Orden Mundial, pero será un mundo mucho mejor, para aquellos que sobrevivan... Controlando la energía, podemos controlar las naciones; controlando la comida, controlaremos a los individuos") a quien ahora nombra ilustre consultor.


Ratzinger niega en su libro "Dios está cerca de nosotros: La Eucaristía, el corazón de la Vida" la Transubstanciación y revive la apostasía herética de Lutero (la cosubstanciación) "El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día" (San Juan 6-54) Ratzinger afirma que las escrituras son la autoridad primera y última (sutilmente niega la Tradición ¿acaso Jesucristo predicaba escribiendo?) En su libro "Muchas Religiones, Una Alianza, Israel, la Iglesia y el Mundo" afirma que el nuevo concepto filosófico, debe ser el concepto de la persona; rechaza la filosofía de Jesucristo, que es Teocentrica y no antropocentrica, como Ratzinger afirma "Quien me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre Celestial" (San Mateo 10-33) Ratzinger: “El protestantismo ha hecho una contribución importante, a la realización de la fe Cristiana... El protestantismo en sí mismo, no es herejía". "En posteriores tiempos, habrá quienes apostatarán de la fe, prestando oídos a espíritus de engaño y a doctrinas de demonios" (1 Tim. 4,1)."El profeta de Dios, se distingue del falso, por la fidelidad con que transmite la palabra del Señor" (Miqueas 3-8)


En su su libro "En el principio... Una Comprensión Católica de la Historia de la Creación y la Caída" niega la enseñanza de los Santos Doctores de la Iglesia (la Tradición) respecto al Pecado Original, afirma que la interpretación correcta, es que la humanidad por su egoísmo, ha dañado desde su creación, las relaciones entre los individuos, por lo tanto se infiere que para él, no es trascendente bautizarse “El que crea y sea bautizado se salvará” (San Mateo 16-16) "En Verdad, en Verdad os digo, si uno no nace del agua y el espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos" (San Juan 3-5) Publicó en la Revista 30 Giorni del mes de Abril de 1994 “La aventura que comenzó en el Concilio... Fue un acto necesario para estar a la altura de los tiempos modernos” lo cual es contrario a la Teología, a la Teodicea y a la Filosofía, pues la verdad no cambia, no muta; la verdad no tolera el error o la mentira, como la justicia no acepta la injusticia.


En "Fe y Futuro" afirmó: "La espera de la llegada del Mesías por parte de los judíos no es en vano... La Iglesia Católica, jamás volverá a concentrarse en la misión de convertirlos, porque ellos ya están salvados por el Padre desde que lo aceptaron en el Sinai", sin embargo Jesucristo dijo lo contrario: “Id pues y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (San Mateo 28:19-20) "Quien me rechaza a Mí, rechaza a Aquel que me envió... Quien no está conmigo, está contra Mí" (San Lucas 10-16 y 11-23) "Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais... Vosotros sois hijos del diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre, que fue homicida desde el principio y no permaneció en la Verdad" (San Juan 8:42-47)


Quieren vendernos la idea que Benedicto XVI es un conservador, sin embargo hay que decir que se puede ser conservador siendo liberal, porque el liberalismo puede ser radical o conservador; se puede conservar la esencia ideológica revolucionaria, sin ser para nada tradicionalista, es decir, un liberal modernista y dialéctico que conserva el error o el engaño.


Si de alguien Monseñor Lefebvre dijo ser una serpiente y en público un hereje, fue del Cardenal Ratzinger, en el Seminario de Ecône en febrero de 1991: 


"Lo que es grave en el Cardenal Ratzinger, es que él pone en duda la realidad y enseñanza del magisterio de la Iglesia, pone en duda que haya un magisterio, que sea permanente y definitivo, lo cual no es posible; él acomete contra la raíz misma de la enseñanza de la Iglesia, ya no hay una verdad permanente; verdades de Fe. En consecuencia para él, se acabaron los dogmas, ésto es evidentemente herético, es tan claro y horroroso, pero así es”.


Ratzinger en su discurso ante los cardenales el día de su elección declaró: “También yo por tanto, al disponerme al servicio que es propio del sucesor de Pedro (por qué la irrespetuosidad protestante, hacia el título de Santo); quiero afirmar con fuerza, la decidida voluntad de proseguir en el empeño de la ejecución del Concilio Vaticano II”. 
"Quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre Celestial" (San Mateo 10-33)


El P.. Wiltgen su libro “El Rin desemboca en el Tiber” explica: “Cien años antes del nacimiento de Cristo, Juvenal en una de sus sátiras, afirmó que el principal río de Siria (el Orontes) había desembocado en el romano Tiber. El poeta quería significar con esto, que la cultura Siria que él despreciaba, había conseguido penetrar en la cultura de su amada Roma; bueno pues, lo que sucedió desde un punto de vista cultural en tiempos de Juvenal, sucedió en el Concilio Vaticano II desde un punto de vista teológico, pero esta vez la influencia llegó de los países bañados por el Rin (Alemania, Austria... todos países protestantes, por eso se entiende, que la nueva misa como la nueva biblia, hayan sido rediseñadas en forma conjunta por católicos y 6 doctores protestantes que representaban al Consejo Ecuménico de las Iglesias Anglicana y Luterana).


La Santísima Virgen en la Salette, dijo en consonancia con el Apocalipsis: “Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo y la Iglesia será eclipsada”.


Monseñor Lefebvre no titubeó al decir después de hablar con el Cardenal Ratzinger: “Creo que podemos hablar de descristianización y que estas personas que ocupan Roma hoy, son Anticristos. No he dicho antecristos, he dicho anticristos como lo describe San Juan; nos condenan porque nosotros no queremos seguirlos ¿Seré excomulgado por quién, o por qué? por aquellos que son Anticristos, que no tiene más el espíritu Católico; porque queremos permanecer Católicos, porque queremos la Misa Católica y el Sacerdocio Católico, por eso somos perseguidos? ¿Hay que renunciar a la continuidad de la Iglesia, para complacer a aquél que no quiere la Tradición, que no quiere que Nuestro Señor Jesucristo Reine Públicamente (después del Vaticano II, fue la Iglesia la que revocó los Concordatos con los Estados) que nos conduce a la apostasía? ¿a una pastoral desordenada y falsa?; jamás se ha dicho, que el Papa podría hacer cosas contrarias al bien de la Iglesia, como está pasando ahora. El Papa practica una pastoral que lleva a los pueblos hacia la apostasía, eso es claro y absolutamente cierto; en otros tiempos cuando iba a Roma, en mi calidad de Delegado Apostólico, teníamos discusiones de personas honestas que querían el Reino de Nuestro Señor, personas que trabajaban para la salvación de las almas, ahora no trabajan para la salvación de las almas, si no para la gloria humana de la Iglesia en el mundo; puramente humana, como esta reunión de todas las religiones, de todas las ideologías: comunismo, francmasones, judíos… esto es abominable, porque mezcla la verdad con el error, la virtud con el vicio.... Quienes están ahora en Roma, no piensan más que en esto. Estoy íntimamente persuadido, que nosotros no sabemos la mitad de lo que sucede en Roma y si estamos escandalizados con lo que conocemos... ”


No hay peor ciego, ni sordo, que el que no quiere ver ni oír. El pecado contra el Espíritu Santo, precisamente consiste en rechazar la verdad manifiesta. Benedicto XVI quiere consolidar la revolución dentro de la Iglesia, es un modernista dialéctico, diabolicamente eficaz.


Monseñor Bernard Tissier de Mallerais, en una serie de conferencias dadas en octubre de 2006, sobre la Teología de Ratzinger, afirmó que negaba el valor satisfactorio de la Misa, una herejía “La Foi chrétienne hier et aujourd'hui - Editions du Cerf” (París 2005), traducción del alemán escrito en 1968, Ratzinger niega la satisfacción de la cruz (pp. 197-198) es una ficción para él, afirma Mons. Tissier de Mallerais; la Redención operada por la Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz, queda vaciada de su contenido por Ratzinger "El que niega al Hijo, no proviene de Dios” San Juan (2:22-23).


La satisfacción de la cruz, dice Santo Tomas y la tradición católica, opera por un acto de amor y misericordia de Cristo, que tiene tres elementos: el amor (elemento formal y más importante), la justicia (la razón directiva) y el dolor (elemento material); la Redención operada por la Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz, comporta una reparación o expiación objetiva, un rescate, porque sin reparación, no se podía liberar al hombre del pecado (Summa Theol. III-46-2-3). La Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz, es la máxima prueba del amor y rescate de la Justicia Divina hacia los hombres.


Ratzinger caricaturiza la Justicia Divina, vacia el contenido satisfactorio de la Redención por la Cruz y de la Santa Misa, como sacrificio propiciatorio; ni Lutero llegó con tanta facilidad a vaciar el culto divino, como Ratzinger lo hace refinadamente; sin la efusión de la sangre de Cristo, no hubiera habido tal Redención (Summa Theol. III 69-1-2) en oposición a la mentalidad protestante-judaica del teólogo Ratzinger, que reduce la gravedad del pecado original que ofende a Dios y en consecuencia, la necesidad de satisfacción exigida por la misma condición de los hechos del pecado (de todos los pecados contra Dios) que más esperar de un teólogo modernista, gnóstico-dialéctico, que busca la síntesis (amalgama o conciliación) de la Cábala (gnosis judaica) en el mundo cristiano, como el Padre Julio Meinvielle lo demuestra en su libro “De la Cábala al Progresismo” dialéctica difícil de detectar, porque a veces afirma y otras niega. Otros textos que revelan la mentalidad gnóstica de Ratzinger, el folleto “Qui est le Pape Benoit XVI?” de mayo de 2005 editado por el Convento Dominico de Avrille pág. 14: “Que se puede decir cuando somos constreñidos a verificar que el Prefecto actual de la Congregación para la Doctrina de la Fe, profesa lo contrario en sus libros de Teología; que Jesús no es Dios que se hace hombre, sino que es un hombre que se volvió Dios (La Foi chrétienne, hier et aujourd’hui. p.126)” 


La cristología de Ratzinger es gnóstica, al igual que la de Teilhard de Chardin y de Rahner, para quienes no es Dios quien se hace hombre, sino el hombre quien se hace Dios. En otro folleto “Que penser du pape Benoit XVI?” (Junio de 2005) editado por el Convento Dominico de Avrillé, en las páginas 55 y 56 refiriéndose a Ratzinger “L’Esprit de la liturgie”: El Cardenal nos dice que el Logos (es decir el Verbo, el Hijo de Dios) no tiene un ‘Yo’ humano, lo cual es una expresión herética.


Con esta visión queda claro como procede Ratzinger con su juego dialéctico, de contradicción y síntesis; logra desplazar la Tradición de la Iglesia, por el misterio de iniquidad en el Apocalipsis; crisis apocalíptica para el que reconoce los signos de los tiempos, el triunfo de la sinagoga de Satanás o Iglesia del Anticristo, lo cual concuerda con la divisa del pontificado de Benedicto XVI “De gloria olivae” (triunfo del judaísmo en la Iglesia) por eso se entiende que en la Iglesia ya no haya más santos sacerdotes.


Los postulados de Ratzinger-Benedicto XVI, van en contra de todos sus antecesores, del Canon que duró casi dos milenios, de la Tradición enseñada por Jesucristo, de los Santos Doctores de la Iglesia como Santo Tomás de Aquino, o San Roberto Belarmino, quienes afirmaron que un Papa que se ha expresado heréticamente, debe ser quitado del Papado, aunque haya sido elegido por todos los Cardenales, por eso el mismo San Pablo increpó a San Pedro, porque no caminaba según la Verdad del Evangelio (Gal.2-14) a lo cual San Agustin recuerda con regocijo, la corrección que se hizo el Primer Papa de la Historia, dándo ejemplo y no desdeñando al verse corregido por su inferior; por algo San Atanasio, como el Papa Pío IX afirmaron "La Iglesia que rompe con su pasado, ya no es la Iglesia Católica. El Papa ha recibido la Tradición, no para predicar verdades nuevas, sino para mantener la fe de siempre".


"Oh Timoteo guarda el depósito, permanece en lo que aprendiste..." (San Pablo sabía que la infancia de Timoteo, se remontaba casi a la época del asesinato de Jesucristo, pues se refería a lo que su abuelita le enseñó y que ella recibió de Jesucristo).


“Vi gran cantidad de gente ocupada en demoler la Iglesia... Había miembros de sectas que la demolían siguiendo todos un mismo plan... Son todos fariseos... En Alemania vi eclesiásticos y protestantes que formaban un plan para la fusión de las confesiones religiosas.... Había algo de judío en los rasgos de su cara... Ellos quieren imponer a uno que entregue todo a los enemigos de la Iglesia ¡Tunantes alemanes!...” Santa Ana Catalina Emmerich.


“Os doy una advertencia a todos mis hijos de la tierra, tened cuidado pues vendrá uno a engañar a la humanidad, su reino traerá gran destrucción... El falso profeta vendrá después del reinado de Juan Pablo II” Nuestra Señora de Nowra-Australia.


La Casa de Mi Hijo está infiltrada por agentes del infierno... El hombre de muchos rostros ya camina en la Casa de Dios... Recibiréis al hombre de secretos oscuros, sobre la sede de Pedro... El signo del que busca destruir, tendrá en su escudo de armas la Hoz de la Media Luna” Santísima Virgen Maria Auxiliadora.


¿Qué significa el supuesto palio pontificio invertido en forma de media luna? Para los satanistas representa el emblema de Lucifer, descrito en Isaías 14:12 (Caíste del Cielo Lucero... Tú que debilitabas a las naciones...) Apocalipsis 12 (Fue arrojado a la Tierra el dragón, la serpiente antigua que engaña al mundo entero) la luna creciente indica el avance espiritu-material, hacia el portador de la luz, Luzbel.


¿Por qué un rey negro? ¿Acaso representa al Papa negro?


¿Por qué un oso negro? ¿olvidó Ratzinger las advertencias marianas, sobre el oso negro de la masonería, que se sentaría en el trono de San Pedro?


Lamentablemente la mayoría de la gente, cree ciegamente lo que se afirma en los medios, pues es incorrecto afirmar que Benedicto XVI traerá paz, cuando en realidad desde hace mucho tiempo, ha contribuído a la destrucción de la Igeslia Católica, al ser uno de los principales autores de introducir en la Iglesia Católica su Caballo de Troya: El Concilio Vaticano II.

jueves, 5 de mayo de 2011

Un beso reservado para confirmar el Nuevo Pacto




Mateo 24:28 – Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.
La situación descrita en Mateo 24, no es la primera vez que ocurre. Al igual que en otros eventos repetidos en la historia, conviene considerarla según aquellas cosas que pertenecen al reino de los cielos, en su desarrollo temporal y terrenal, y que si de alguna manera se repiten, lo hacen en grado más alto, hasta alcanzar la plenitud definida en la palabra profética.
El cuerpo muerto de Juan Pablo II ha conseguido juntar sobre sí mismo y sobre un nuevo elemento añadido con magistral astucia: “su sangre”, a miles de personas de todo el imperio, ya no sólo Romano, sino de todas las partes del mundo.
Han exhibido el cuerpo y la sangre de Juan Pablo II como piedra y fundamento de la dignidad y el valor del hombre, CONTRA el Cuerpo y la Sangre de Nuestro  Señor Jesucristo, que rescata al hombre de su condición de pecado y de muerte.
Con ello, los evangelios han sido cerrados para hacer una nueva lectura, ya no sobre las Sagradas Escrituras que nos muestran la naturaleza caída del hombre, sino sobre la vida del pontífice beatificado como sinónimo de divinizado,(por cuanto ejerce la autoridad de Dios para interpretar con su vida la Palabra Profética, a favor de la naturaleza humana y dignificando toda expresión de creencias, culturas y costumbres), contra toda la tradición de la Iglesia, con su magisterio y la vida de todos los Santos verdaderos.

Al presentar esta causa sobre la tumba de San Pedro y ante el altar de la Basílica dedicado al Espíritu Santo, se ha blasfemado impunemente contra el Altísimo y se ha cometido un pecado imperdonable oficialmente formalizado. Para ellos el Espíritu del Anticristo es Santo, siempre lo han creído así, por ello han consagrado definitivamente a esta iglesia adultera y a sus fieles a la bestia, ofreciendo todos estos actos en su nombre, y marcando a todos sus seguidores de manera prácticamente definitiva en la frente y en la mano derecha. 

Después de todo esto, el nuevo beato Juan Pablo II dará a luz una oleada de nuevos Santos, de nuevos sacerdotes y fieles que piensen y obren a su imagen y semejanza, pues como dijo la mano derecha de Benedicto XVI el cardenal Bertone, Juan Pablo es molde de Santidad y se abre con su obra y su vida un nuevo libro para aprender la verdad y la sabiduría. Con esto lo que quieren decir es que se presenta ante el mundo, el nuevo evangelio del hombre divinizado y su civilización del amor.

Han presentado su cuerpo y su sangre como testimonio para negar la condición pecadora del ser humano, y han reivindicando ante todas las naciones el reconocimiento de la grandeza y divinidad del hombre. Por lo que han pecado voluntariamente después de tener el conocimiento de la verdad, tanto ellos como un mundo que ha conocido la verdad, y la ha sustituido por el culto así mismos.

Ya no queda para la humanidad más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. (Hebreos 10:26-27).
El beso de Benedicto XVI a la reliquia con la sangre del hereje Juan Pablo II, es el beso de la traición definitiva, entregando la iglesia a Satanás y al mundo, ofreciendo la iglesia como una novia adultera y ramera, para sus bodas con el Nuevo orden Mundial.

Esta iglesia apóstata ha demostrado al mundo sobre todas las cosas su amor y reconocimiento del valor y de la dignidad de los hombres y de sí mismos. Son todo lo que el mundo espera para olvidarse definitivamente de Dios.

Como poderosa bestia, a quien nadie puede enfrentarse, Juan Pablo II ha sido levantado de la tierra espiritual  y puesto como referencia divina, es decir: “como Dios” en el templo de Dios.
La noche oscura de los tiempos ha comenzado, el octavo rey, que es de entre los siete, tiene su cetro preparado ¿Quién podrá resistirse?

Juicio y hervor de fuego, son el futuro hasta la Venida de Nuestro Señor, mientras tanto, por un breve tiempo, pretenderán poder escuchar los tamboriles y flautas dispuestos para el gran querubín, efímeros aplausos ante insostenibles logros de una falsa paz y pretendida seguridad que se derrumbará sobre su propia maldad en la que ha sido construida.
Todo aquel que no se haga fuerte aferrándose a la esperanza de la Gloriosa Venida de Nuestro Señor Jesucristo, está en vías de sucumbir  ante los albores del nuevo imperio mundial y su nueva religión.
Que nuestra esperanza en el Señor nos lleve a refugiarnos en María.
Salgamos al campo y lugares desiertos, vestidos de cilicio, y no toquemos lo inmundo.
¿Quién como Dios? ¡Maranatha!