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lunes, 20 de junio de 2011

EL PROGRAMA DEL PONTIFICADO DE SAN PÍO X

La primera encíclica del Papa San Pío X es del 4 de octubre de 1903; en ella trataba las líneas fundamentales, sencillas y claras, de su Pontificado:Instaurare omnia in Christo (Restaurar todas las cosas en Cristo); el mismo programa de la “plenitud de los tiempos”, el mismo e idéntico programa que él, hombre de acción rígidamente rectilínea, había vivido y llevado a cabo en todos los días como una gran batalla de fe y meta suprema de una continua afirmación, de la cual no se había apartado ni un sólo momento. (…)
Siendo Patriarca de Venecia, el 9 de agosto de 1879, en el XIX Congreso Eucarístico, había proclamado fuerte con solemne elocuencia los soberanos derechos de Cristo: “Jesucristo es Rey y Rey supremo, y como Rey debe ser honrado. Su pensamiento debe estar en nuestras inteligencias; su moral en nuestras costumbres; su caridad en las instituciones; su justicia en las leyes; su acción en la historia; su culto en la religión; su vida en nuestra vida”.
Él sabía bien que la salvación de los individuos y de las naciones estaba únicamente en la práctica positiva de la doctrina del Maestro Divino: la doctrina que supera a todos los tiempos y domina a todas las edades.
Por consiguiente, la ciencia y la civilización, la cultura y la política, el derecho y la moral, el estado y la familia, la sociología y la escuela, la vida pública y la vida privada, en todas sus múltiples manifestaciones, debían inspirarse no en las hábiles artes de una diplomacia inteligente o en éxitos de la pequeñez humana, sino en las enseñanzas inmutables del Evangelio, en la vida cristiana entendida en toda su amplitud y en toda su profundidad: la vida que un día devolverá a Cristo su Reino, el reino que está en el Sermón de la Montaña, y no en las transacciones de aquí abajo.
Por eso, al anunciar Pío X su Pontificado al mundo, escribía así: “Ante la sociedad humana sólo queremos ser Ministro de Dios, de cuya autoridad somos depositarios. Los intereses de Dios serán nuestros intereses, por los cuales estamos decididos a desgastar todas nuestras fuerzas y hasta la vida misma, y si alguno nos pidiese una consigna, como expresión de nuestra decidida voluntad, siempre daremos ésta y no otra: “Restaurar todas las cosas en Cristo”, para que Cristo sea todo en todos. Arrancados el enorme crimen de la apostasía de todo orden sobrenatural, tan propia de nuestro tiempo, en la que la sociedad ha caído, hay que devolver el honor debido a las leyes santísimas y a los consejos del Evangelio; afirmar la verdad y la doctrina de la Iglesia acerca de la santidad del matrimonio cristiano, la educación de la juventud, la posesión y el uso de los bienes, los deberes hacia quienes llevan las riendas del gobierno, hay que restituir el equilibrio entre las diversas clases sociales según las normas de las prescripciones y de las costumbres cristianas.”
Y para que no pudiese surgir duda alguna acerca de la orientación de su Pontificado, y para que nadie pudiese hacerse ilusiones o pretender equívocos acerca de sus intenciones, no titubeó en aclarar y concretar todavía con mayor precisión su programa en el primer Consistorio del 9 de noviembre siguiente: “Misión sublime la nuestra, porque se trata de algo que, sobrepasando estos efímeros bienes de la tierra, se extiende hasta la eternidad, abraza a todas las naciones y estimula nuestra solicitud hacia todos los hombres, por los cuales Cristo murió. “Restaurar todas las cosas en Cristo”. Este es nuestro programa, como ya lo hemos anunciado. Y puesto que Cristo es la verdad, nuestro primer deber será, ante todo, enseñar, proclamar y defender la verdad y la ley de Cristo. De ahí el deber de ilustrar y de confirmar los principios de la verdad natural y sobrenatural, que con tanta frecuencia en nuestros días, vemos, por desgracia, oscurecidos y olvidados; consolidar los principios de dependencia, de autoridad, de justicia y de equidad, que hoy día son conculcados; orientar a todos según las normas de la moralidad, también en los asuntos sociales y políticos; a todos, decimos, tanto a los que obedecen como a los que mandan.
(…) “La victoria será siempre de Dios –había dicho poco antes de su primera Encíclica–, y la derrota del hombre que se atreve a oponerse a Dios nunca estará más cercana que cuando en medio del entusiasmo del triunfo se levante con mayor audacia.”
A los 68 años de edad, Pío X era todavía un hombre robusto, lleno de vigor y de vida, con una entera seguridad en la existencia de Dios y en la eterna juventud comunicada por Cristo a su Iglesia. No había frecuentado la escuela de diplomacia, pero tenía la diplomacia de la experiencia, poseía la ciencia de los hechos, porque había escrutado al mundo desde la cima de muchos observatorios y había dominado el horizonte que había ido ensanchándose cada vez más.
Conocía a fondo la diplomacia del Evangelio que trastoca todas las viejas y las nuevas diplomacias del mundo: tenía fuerza de carácter, un corazón firme y una voluntad que vibraba al rito profundo de una segura precisión de juicio, con la fuerza de una fe viva, ardiente, inconfundible.
Así, mirando serenamente hacia la frontera de la eternidad, dirigiendo el alto pensamiento y la acción fecunda a la restauración de todas las cosas en Cristo, con indomable firmeza empezó su pontificado, que si bien en la complejidad de las vicisitudes durante sus 11 años sintió más de una vez la amarga soledad de Getsemaní, también tuvo la luz refulgente que brotó de las tinieblas del Calvario cuando Cristo, muriendo destruía la muerte, y resucitando renovaba la vida.
Girolamo Dal-Gal
“Pío X, el Papa Santo”

sábado, 18 de junio de 2011

EL RESPONSABLE DE LAS DESGRACIAS ACTUALES: CONCILIO VATICANO II. SEGUNDA PARTE

  • ¿Cúales fueron las peticiones de los protestantes y francmasones?
En septiembre de 1961,el Cardenal Bea se reunió secretamente en Mil´n con el pastor Willem A. Visser´t Hooft, secretario general del Consejo Ecuménico de las Iglesias, (organismo de origen protestante, masonizante). La libertad religiosa fue uno de los temas más importantes de la entrevista. Más tarde, el 22 de julio de 1965, en la víspera de de la última sesión conciliar, el mismo Consejo Ecuménico  de las Iglesias publicó la lista de sus siete exigencias fundamentales en materia de libertad religiosa. Todas fueron satisfechas por el concilio  en el documento Dignitatis Humanae.

  • ¿Que conclusiones se pueden sacar de esta política de apertura  dirigida por el concilio Vaticano II?
Resulta claramente que el Vaticano II no fue un concilio como los otros. Los textos que promulgó, frutos de un "dialogo" con el mundo, son más textos diplomáticos o "publicitarios" (destinados a dar una buena imagen de la Iglesia) que textos magisteriales (que enseñan con autoridad y precisión las verdades de la fe). Ninguno de estos textos es en sí, infalible.

El Concilio favoreció la crisis en la Iglesia

  • ¿Cúal fue la influencia de este concilio sobre la crisis en la Iglesia?
Las fuerzas liberales y modernistas que minaban ya la Iglesia lograron meter la mano en el concilio Vaticano II. Así pues, se puede decir que el Vaticano II fue la chispa que hizo estallar una crisis que se preparaba ya desde hacía mucho tiempo en la Iglesia.
  • ¿A cuándo se pueden remontar los orígenes de ésta crisis?
San Pío X constataba ya en la encíclica Pascendi que el modernismo ya no era un enemigo exterior de la Iglesia, sino que ya había penetrado al interior, aunque sus adeptos ocultaran todavía sus verdaderas intenciones.
  • ¿El Papa San Pío X no combatió vigorosamente a estos modernistas?
San Pío X combatió enérgicamente el modernismo; sus sucesores hasta Pío XII lo hicieron también, con más o menos vigor; pero no pudieron realmente vencerlo. La encíclica Humani Generis de Pío XII, que condena lo que se llamó la "nueva teología" (en 1950), fue exteriormente aceptada, pero en realidad despreciada por muchos. Se continuó interesándose en las tesis condenadas, y en las casas de formación, se animaba a los futuros sacerdotes a hacer lo mismo.
  • ¿Se puede decir que el concilio Vaticano II fue una revolución en la Iglesia?
Que el concilio fue una revolución en la Iglesia, algunos de sus defensores lo proclaman ellos mismos. Así el Cardenal Suenens hizo un paralelo entre el concilio y la revolución francesa, diciendo que el Vaticano II había sido el 1789 en la Iglesia; el padre Yves Congar, teólogo conciliar, comparó el concilio con la revolución bolchevique: "La Iglesia hizo pacíficamente su revolución de octubre.


LOS OBISPOS LIBERALES Y SUS TEÓLOGOS DOMINARON EL CONCILIO

  • ¿Cómo metieron la mano los liberales en el concilio?
Gracias al apoyo de Juan XXIII y de Pablo VI, las fuerzas liberales y neomodernistas introdujeron en los textos del concilio un gran número de sus ideas. Antes del concilio, la Comisión preparatoria había preparado con esmero esquemas que eran el eco de la fe de la Iglesia. Sobre estos esquemas la discusión y el voto se debieron haber apoyado, pero fueron rechazados durante la primera sesión del Concilio y reemplazados por nuevos esquemas preparados por los liberales.
  • ¿No hubo defensores de la doctrina tradicional en el concilio?
Hubo, en el Concilio, un grupo de alrededor de 250 a 270 obispos decididos a defender la Tradición de la Iglesia. Terminaron por formar el Coetus Internationalis Patrum. Pero por otro lado, ya estaba constituido y perfectamente organizado, un grupo de cardenales y de obispos liberales al que se le llamó la Alianza Renana. Éste nombre viene del hecho de que los dirigentes de éste grupo liberal eran casi todos obispos de diócesis que se encontraban a orillas del río Rin. Este grupo inundaba a diario al Concilio de hojas mecanografiadas, en las cuales se decía a los obispos en que sentido debían votar. Es por eso que un periodista, el padre Ralph Wiltgen, pudo titular su libro que relata el Concilio: El Rin desemboca en el Tíber.
  • ¿Los innovadores eran la mayoría?
Como toda revolución, el Vaticano II no fue dirigido por la mayoría, sino por una minoría activa y bien organizada. La mayoría de los obispos estaba indecisa e igualmente lista para seguir a los conservadores. Pero cuando vieron que los dirigentes de la Alianza renana eran los amigos personales del Papa y que algunos de ellos (los Cardenales Döpfner, Suenens y Lercaro) habían sido incluso nombrados moderadores del Concilio; los siguieron.

sábado, 30 de abril de 2011

JURAMENTO ANTI-MODERNISTA Motu Propio: “SACRORUM ANTISTITUM” Impuesto al clero en septiembre de 1910 por S.S. Pío X

“ Yo...abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las verdades que la Iglesia por su magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos.”
“En primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la creación, como la causa por su efecto.”


“En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.”


“En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante su vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, jefe de la jerarquía y sobre sus sucesores hasta el fin de los tiempos.”
“En cuarto lugar, recibo sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERETICA DE LA EVOLUCION DE LOS DOGMAS, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio. Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el deposito divino confiado a la esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.”


“Consecuentemente: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades tenebrosas del "subconsciente", moralmente informado bajo la presión del corazón y el impulso de la voluntad, sino que un verdadero asentamiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida EX CATEDRA, asentamiento por el cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro creador y nuestro Maestro".


“En fin, de manera general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas, que pretenden no hay nada divino en la tradición sagrada, o lo que es mucho peor, que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no queda nada más que el hecho puro y simple de la historia, a saber: El hecho de que los hombres, por su trabajo, su habilidad, su talento continúa a través de las edades posteriores, la escuela inaugurada por Cristo y sus Apóstoles. Para concluir, sostengo con la mayor firmeza y sostendré hasta mi ultimo suspiro, la fe de los Padres sobre el criterio cierto de la verdad que está, ha estado y estará siempre en el episcopado transmitido por la sucesión de los Apóstoles; no de tal manera que esto sea sostenido para que pueda parecer mejor adaptado al grado de cultura que conlleva la edad de cada uno, sino de tal manera que LA VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO SEA JAMAS NI CREIDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO.


“Todas estas cosas me comprometo a observarlas fiel, sincera e INTEGRAMENTE, a guardarlas inviolablemente y a no apartarme jamás de ellas sea enseñando, sea de cualquier manera, por mis palabras y mis escritos...".


Acta Apostolicæ Sedis, 1910, pp. 669-672

sábado, 21 de agosto de 2010

JURAMENTO CONTRA LOS ERRORES DEL MODERNISMO: S.S. SAN PÍO X


 Yo..., abrazo y acepto firmemente todas y cada una de las cosas que han sido definidas, afirmadas y declaradas por el Magisterio inerrante de la Iglesia, principalmente aquellos puntos de doctrina que directamente se oponen a los errores de la época presente.

Y en primer lugar: profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser ciertamente conocido y, por tanto, también demostrado, como la causa por sus efectos, por la luz natural de la razón mediante las cosas que han sido hechas, es decir, por las obras visibles de la creación.


En segundo lugar: admito y reconozco como signos certísimos del origen divino de la religión cristiana los argumentos externos de la revelación, esto es, hechos divinos, y en primer término, los milagros y las profecías, y sostengo que son sobremanera acomodados a la inteligencia de todas las épocas y de los hombres, aun los de este tiempo.


En tercer lugar: creo igualmente con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, fue próxima y directamente instituida por el mismo verdadero e histórico Cristo, mientras vivía entre nosotros, y que fue edificada sobre Pedro, príncipe de la jerarquía apostólica, y sus sucesores para siempre.


Cuarto: acepto sinceramente la doctrina de la fe transmitida hasta nosotros desde los Apóstoles por medio de los Padres ortodoxos siempre en el mismo sentido y en la misma sentencia; y por tanto, de todo punto rechazo la invención herética de la evolución de los dogmas, que pasarían de un sentido a otro diverso del que primero mantuvo la Iglesia; igualmente condeno todo error, por el que al depósito divino, entregado a la Esposa de Cristo y que por ella ha de ser fielmente custodiado, sustituye un invento filosófico o una creación de la conciencia humana, lentamente formada por el esfuerzo de los hombres y que en adelante ha de perfeccionarse por progreso indefinido.


Quinto: Sostengo con toda certeza y sinceramente profeso que la fe no es un sentimiento ciego de la religión que brota de los escondrijos de la subconsciencia, bajo presión del corazón y la inclinación de la voluntad formada moralmente, sino un verdadero asentimiento del entendimiento a la verdad recibida por fuera por oído, por el que creemos ser verdaderas las cosas que han sido dichas, atestiguadas y reveladas por el Dios personal, creador y Señor nuestro, y lo creemos por la autoridad de Dios, sumamente veraz » También me someto con la debida reverencia y de todo corazón me adhiero alas condenaciones, declaraciones y prescripciones todas que se contienen en la Carta Encíclica Pascendi y en el Decreto Lamentabili, particularmente en lo relativo a la que llaman historia de los dogmas. »Asimismo repruebo el error de los que afirman que la fe propuesta por la Iglesia puede repugnar a la historia, y que los dogmas católicos en el sentido en que ahora son entendidos, no pueden conciliarse con los auténticos orígenes de la religión cristiana. Condeno y rechazo también la sentencia de aquellos que dicen que el cristiano erudito se reviste de doble personalidad, una de creyente y otra de historiador, como si fuera lícito al historiador sostenerlo que contradice a la fe del creyente, o sentar premisas de las que se siga que los dogmas son falsos y dudosos, con tal de que éstos no se nieguen directamente.


Repruebo igualmente el método de juzgar e interpretar la Sagrada Escritura que, sin tener en cuenta la tradición de la Iglesia, la analogía de la fe y las normas de la Sede Apostólica, sigue los delirios de los racionalistas y abraza no menos libre que temerariamente la crítica del texto como regla única y suprema. Rechazo además la sentencia de aquellos que sostienen que quien enseña la historia de la teología o escribe sobre esas materias, tiene que dejar antes a un lado la opinión preconcebida, ora sobre el origen sobrenatural de la tradición católica, ora sobre la promesa divina de una ayuda para la conservación perenne de cada una de las verdades reveladas, y que además los escritos de cada uno de los Padres han de interpretarse por los solos principios de la ciencia, excluida toda autoridad sagrada, y con aquella libertad de juicio con que suelen investigarse cualesquiera monumentos profanos.


De manera general, finalmente, me profeso totalmente ajeno al error por el que los modernistas sostienen que en la sagrada tradición no hay nada divino, o lo que es mucho peor, lo admiten en sentido panteístico, de suerte que ya no quede sino el hecho escueto y sencillo, que ha de ponerse al nivel de los hechos comunes de la historia, a saber: unos hombres que por su industria, ingenio y diligencia, continúan en las edades siguientes la escuela comenzada por Cristo y sus Apóstoles.


Por tanto, mantengo firmísimamente la fe de los Padres y la mantendré hasta el postrer aliento de mi vida sobre el carisma cierto de la verdad, que está, estuvo y estará siempre en la sucesión del episcopado desde los Apóstoles; no para que se mantenga lo que mejor y más apto pueda parecer conforme a la cultura de cada época, sino para que nunca se crea de otro modo, nunca de otro modo se entienda la verdad absoluta e inmutable predicada desde el principio por los Apóstoles.


Todo esto prometo que lo he de guardar íntegra y sinceramente y custodiar inviolablemente sin apartarme nunca de ello, ni enseñando ni de otro modo cualquiera de palabra o por escrito.


Así lo prometo, así lo juro, así me ayude Dios.



 

sábado, 1 de mayo de 2010

San José Obrero

 
 
 
 
ORACIÓN DE SAN PÍO X AL
GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ,
MODELO DE LOS TRABAJADORES.
*
Glorioso San José, modelo de todos aquellos que se
dedican al trabajo, obtenedme la gracia de trabajar con
espíritu de penitencia para la expiación de mis numerosos
pecados; de trabajar en conciencia, poniendo el culto del
deber por encima de mis inclinaciones; de trabajar con
reconocimiento y alegría, considerando un honor el
emplear y desarrollar por el trabajo los dones recibidos de
Dios; de trabajar con orden, paz, moderación y paciencia,
sin retroceder jamás ante la pereza y las dificultades; de
trabajar sobre todo con pureza de intención y
desprendimiento de mí mismo, teniendo sin cesar ante
mis ojos la muerte y la cuenta que deberé rendir del
tiempo perdido, de los talentos inutilizados, del bien
omitido y de las vanas complacencias en el éxito, tan
funestas para la obra de Dios. Todo por
Jesús, todo por María, todo a imitación vuestra, ¡Oh Patriarca San José!
Tal será mi divisa en la vida y en la muerte.
 
 

martes, 6 de abril de 2010

Judíos molestos por oraciones católicas

BBI calls on Catholics to display sensitivity to Jews


Pope Benedict XVI’s personal preacher the Rev. Raniero Cantalamessa’s recent comparison between scrutiny over clerical abuse and collective violence suffered by Jews was “highly inappropriate” and “not responsible,” and its nature and timing were a reminder of “both the unique significance of the Catholic-Jewish relationship and its fragility,” B’nai B’rith International’s director of United Nations and Intercommunal Affairs, David J. Michaels, told The Jerusalem Post on Sunday.

Michael also called on Church leaders and Catholics worldwide to display more sensitivity to Jews, following the recital of a Good Friday prayer in some Catholic congregations titled, “Let us Pray for the Conversion of the Jews.”

Cantalamessa had in his Good Friday sermon likened mounting sex abuse cover-up accusations against the pontiff and the Catholic Church in the sex abuse scandals to “collective violence” suffered by the Jews.

Jewish groups as well as victims of clerical sex abuse slammed the comparison, and in a Sunday interview with the Corriere della Sera newspaper, Cantalamessa apologized for the remarks, which he had based on a letter from an unnamed Jewish friend, saying he had no intention “of hurting the sensibilities of the Jews and of the victims of pedophilia.”

“Even if this was the view of another unnamed individual, the papal preacher’s comparison of scrutiny over clerical abuse to anti-Semitism was highly inappropriate,” Michaels told the Post. “There is no connection or similarity between anti-Jewish persecution and the very difficult issues with which Catholics are now grappling; the public suggestion of a parallel – in the pope’s presence, on Good Friday – was not a responsible one.

“At the same time, we acknowledge Rev. Cantalamessa’s personal apology and Vatican officials’ clear indication that his sentiments were not those of the Church,” Michaels added.

He also addressed the “Let us Pray for the Conversion of the Jews” prayer, which was recited on Good Friday in Latin by traditionalist Catholic congregations in Italy, plus 16 sections of the Society of Saint Pius, the ultra-conservative society whose excommunication was lifted by Benedict last year and has yet to be fully reintegrated into the Church, because of its refusal to accept the reforms of the Second Vatican Council. In 2007, Benedict allowed wider use of the 1962, pre-Vatican II Roman Missal containing thisprayer. The word “conversion” was not supposed to be part of the prayer’s title in the new edition, and a Vatican spokesman called the printing of it “an error which will be rectified."

“It is particularly important that Church leaders proceed with steps to revise the title of the Good Friday prayer, in the Tridentine liturgy, ‘for the conversion of the Jews,’” Michaels stressed, citing the pope’s recent visit to Rome’s Great Synagogue, in which the pontiff noted the importance of opposing not only anti-Semitism but also “anti-Judaism.”

“Similarly, it is truly important that Catholics worldwide, not least those encountering the Latin rite, be sensitized to Jews’ desire to practice their faith and engage in friendship with Catholics without fear of efforts for conversion,” Michaels added.

Jerusalem Post

sábado, 27 de marzo de 2010

A propósito...

Firmeza en la verdad

Si existe un tiempo en el cual debemos estar vigilantes de una forma especial es el de nuestros días, pues el mundo, con espiritú diabólico, favorece y ayuda a los perversos planes, sobre todo los dirigidos contra la Iglesia, con el fin de provocar los sentimientos antirreligiosos, y así disminuir el prestigio y la reputación respecto a los hombres que la gobiernan, haciendo resaltar todos los defectos, en todos los grados de la Jerarquía, por lo cual concluimos con el Apóstol: Resistite fortes in FIDE.

Permaneced firmes en la verdad que se encuentra substancialmente en Jesucristo, a quien Dios Padre ha constituido piedra angular en la edificación de la nueva Jerusalén, la Iglesia Católica, y todo aquel que tenga bien cimentada su Fe no será confundido. Fuente de gracias para los que son fieles, esta piedra misteriosa se convierte sin embargo en piedra de escándalo y de ruina para todos los que pretenden edificar sin ponerla como base de sus sistemas.

Estad alertas, queridísimos hijos, y mantener viva la Fe, guardaos de sus enemigos declarados, que han dejado arrinconado en el pasado el carácter secreto de sus conciliábulus, y ahora, con banderas desplegadas, se esfuerzan a destruir su joya más valiosa: la Fe, y esto,con sutíles artimañas intentan socavar la autoridad de la Iglesia y de sus ministros denunciándolos como perturbadores, blanco de todas las sospechas y extremistas, hasta tal punto que no pocos católicos, ingenuos e hipócritas,acaban por admitir todas estas cosas, y se creen cuando les dicen que no se combate a la religión, sino que únicamente se quiere liberarla de los abusos que se han introducido, separar la religión y la política, no se quiere perseguir a la Iglesia, pero hay que saber dicen ellos que no se puede actuar rectamente si se desconoce el espíritu de los tiempos. Deseamos el bien de los pueblos, afirman, para los cual nos empeñamos en la paz de todas las naciones.

Resistite fortes in FIDE, decimos a aquellos cristianos que conociendo sólo superficialmente la ciencia de la religión, y practicándola menos, pretende eregirse maestros de la Iglesia afirmando que debe adaptarse a las exigencias de los tiempos,sacrificando para ellos algún punto de la integridad de sus Santas leyes, que el derecho público de la Cristiandad debe mostrarse sumiso entre los grandes principios de la era moderna, y manifestará
esta sumisión ante el nuevo vencedor, incluso la moral evangélica, demasiado severa, debe adaptarse a estas nuevas normas más complacientes y acomodaticias. Finalmente, dicen: la disciplina eclesiástica, debe prescindir de sus prescripciones que resultan molestas a la naturaleza humana, para abrir paso al progreso de la ley en la libertad y amor.

Resistite fortes in FIDE, contra todos aquellos que pretenden dirigir y guiar a la Iglesia en provecho de sus propios intereses y decisiones, juzgando sus enseñanzas e impidiendo sus censuras y condenas, todo esto constituye un pecado enorme de soberbia, y para no ser víctimas de su gran castigo, tengamos el valor de luchar en nuestra sociedad contra todos estos enemigos, descubriendo la malicia de sus ideas perniciosas y haciendo frente al terror de sus maquinaciones o desafiando sus ironías o insultos.

Resistite fortis in FIDE, especialmente los que se glorian en verdad del nombre de católicos, sobre todo para no dejarse seducir por los falsos apóstoles que como Satanás, se disfrazan de ángeles de luz, y fingen lamentos, temores e inquietudes por los males de la Iglesia y por los peligros que atraviesa, y en virtud de una caridad fingida y con un corazón hipócrita aceptan las máximas que poco a poco llevan a la Iglesia a una situación de enfermedad y males mortales.

Aunque triunfos de la moderna iniquidad pueden escandalizarnos y poner a prueba nuestra Fe en la Providencia, sin embargo la fuerza misma de los acontecimientos va serenando la inquietud de la Fe.
Las Sagradas Letras nos advierten así:

Ay de los que mal llaman bien, que de la luz hacen tinieblas y de las tinieblas luz, y dan lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! Ay de los que son sabios a sus ojos, y son prudentes a sí mismos! Ay de los que son valientes por beber vino, y fuertes para mezclar licores, de los que por cohecho dan justo al ímpio y quitan al justo su justicia!(Isaías V, 20-23).

Y en otro pasaje se dice: Ay de ti, Asur, vara de mi cólera, bastón de mi furor! Yo le mandé con una gente ímpia, le envié contra el pueblo objeto de mi furor, para que saquease e hiciera de él su botín, y le pisase como se pisa el polvo de las calles, pero él no tuvo los mismos designios, no eran éstos los pensamientos de su corazón, su deseo era desarraigar, exterminar pueblos en gran número. (Isaías X, 5-7)

Como los acontecimientos que contemplamos en la Iglesia se ven iluminados con estos pasajes!
Meditémoslos queridísimos hijos y aceptemos todo lo que sucede como una prueba y una expiación, convirtámonos al Señor y respondamos con prontitud a la paternal llamada de la misericordia.

Que éstos dias de la Santa Cuaresma sean para nosotros dias de la propiciación y así nos encontremos algo más dignos para celebrar con Nuestro Señor Jesucristo la gloriosa Pascua de Resurrección!

Papa Pio X
1904