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jueves, 14 de abril de 2011

LA VOCACIÓN HISPANA Beato Anacleto González Flores

"España llegó, bajo el reinado de Felipe II, a la total robustez de su propia personalidad y a adquirir el sentido pleno de su vocación. Fue entonces cuando intentó fundir, con un matrimonio desgraciado e inútil, los destinos de su Patria con Inglaterra. Y tras el fracaso de su intento, que le dio a Hugo Benson trama para La Tragedia de la Reina se vio en la necesidad de armar sus barcos para combatir el país que en ese tiempo, con Isabel a la cabeza del protestantismo, logró comenzar a ser dominador del Océano.


La Invencible, que fue la escuadra en que concentró Felipe II todo el poder marítimo de España, se puso en marcha para chocar con la vocación de Inglaterra, vieja y permanente señora del mar: la armada no logró ni siquiera saludar las brumas que coronan la frente de ese gigante defendido por la cólera del mar. El Rey de España no recogió, del desastre, mas que unos cuantos leños rotos, y la Historia pareció cerrar con un punto final la página de uno y otro pueblo...


Y tras del viaje de las tres carabelas, allá hacia el Norte, llegaron venidos de Inglaterra los emigrados que echaron los cimientos del país más fuerte de América y acá hacia el Sur, toda la España forjada en ocho siglos de batallas, vino en escuadrón cerrado sobre el maderamen roto de La Invencible, coronado con el Leño de la Cruz. Sus capitanes hechos de hierro y sus misioneros amasados en el hervor místico de Teresa y Juan de la Cruz, se acercaron a la arcilla oscura de la Virgen América y en un rapto, que duró varios siglos, la alta, la imborrable figura de Don Quijote, seco, enjuto y contraído de ensueño excitante, pero real semejanza del Cristo, como lo ha hecho notar Unamuno, se unió, se fundó, no se superpuso, no se mezcló, se fundió para siempre en la carne, en la substancia viva de Cuauhtémoc y de Atahualpa.


Y la esterilidad del matrimonio de Felipe con la Princesa de Inglaterra se tornó en las nupcias con el alma genuinamente americana, en la portentosa fecundidad que hoy hace que España escoltada por las banderas que se empinan sobre los Andes, del Bravo hacia el Sur, vuelva a afirmar su vocación en presencia de la Inglaterra caída de las manos de Enrique VIII a las manos de su hija. Felipe II e Isabel han vuelto a encontrarse: apenas se advierte, en sus rasgos fundamentales, una ligera modificación. Podría decirse que la persistencia de vocaciones y de caracteres, único elemento permanente en la Historia y que la puede reducir a a fórmulas de rigidez casi algebraica, nos hacen experimentar un retorno de tres siglos y nos hacen pensar en la repetición.


Pero no hay ni la misma escena, ni los mismos personajes, ni los mismos factores en su forma concreta e individual; pero si hay la continuidad, que es y ha sido siempre el fondo sustancial del carácter y sobre todo, la señal distintiva de una vocación que muy lejos de ahogarse en el abismo de la inercia y de la deserción se ha puesto en marcha en un día próximo lejano y ha sabido poner y dejar huellas imborrables de su paso. Entre el desastre de La Invencible y nosotros hay no menos de tres siglos: entre la España de Felipe II, hecha de carne y espíritu en nosotros y la Inglaterra de Isabel trasplantada al Norte de América, no hay ni un minuto, ni un milímetro de distancia. Porque la vocación, que supone la continuidad, nos ha atado realmente a los de este lado del Bravo a la vocación de España y a los de aquel lado del Bravo a la vocación de Inglaterra, que hemos llegado a ser parte integrante de la personalidad histórica de España, como ellos han venido a formar parte de Inglaterra ....


Nuestra vocación, tradicionalmente, históricamente, espiritualmente, religiosamente, políticamente, es la vocación de España, porque de tal manera se anudaron nuestra sangre y nuestro espíritu con la carne, con la sangre, con el espíritu de España, que desde el día en que se fundaron los pueblos Hispanoamericanos, desde ese día quedaron para siempre anudados nuestros destinos, con los de España. Y en seguir la ruta abierta de la vocación de España, está el secreto de nuestra fuerza, de nuestras victorias y de nuestra prosperidad como pueblo y como raza".

viernes, 1 de abril de 2011

LA CRISTIADA



CUANDO EL GOBIERNO PROHÍBE LA FE
LOS CRISTEROS LUCHAN POR DIOS Y POR LA IGLESIA

¡VIVA CRISTO REY!


martes, 7 de diciembre de 2010

Sermón para Mártires Cristeros

12 de Mayo de 1921
Catedral de Morelia, Michoacán
Sr. Cgo. Lic. Don Luis María Martínez


"Solamente la Iglesia con su decisión infalible puede otorgar a un hombre el dictado glorioso de mártir. Pero sin prevenir ese juicio supremo, nosotros podemos afirmar que la muerte de nuestros hermanos sacrificados el 12 del mes de mayo que acaba de pasar, fue heroica, fue gloriosa, fue una gracia insigne de Dios para ellos y para nosotros. 

Mas la gracia de Dios no es algo aislado, sino algo que forma parte de una maravillosa cadena; no es una estrella perdida en el caos, sino un astro que entra en el concierto armonioso del universo; no es una flor que languidece en la soledad, sino que abre su cáliz para mezclar su aroma con todos los perfumes de una primavera; no es un relámpago que se pierde en la oscuridad de la noche, sino una espléndida mañana que brotó de una aurora y tendrá su mediodía. 

Dios eligió a sus víctimas; Dios preparó a sus mártires. Si nos fuera dado sorprender los misterios de las almas, si pudiéramos escrutar la íntima, la sacratísima acción de Dios en los corazones, hubiéramos descubierto en la frente delas víctimas la señal de predilección y hubiéramos seguido en el secreto de su vida interior el hilo celestial que preparaba su fin glorioso. A través del tiempo atrevámonos, hermanos míos, a sondear el misterio, que siempre será dulce para el corazón evocar el recuerdo de los hermanos muertos. Miradlos. 

Es el primero un anciano que consagró su vida a las nobles tareas del magisterio católico". Julián Vargas-. " Su virtud característica fue la firmeza inquebrantable de sus convicciones. Guardo incólume en su grande corazón la fe de Cristo sin flexibilidad ni timidez, y cuando pasó por nuestra Patria la racha revolucionaria doblegando los espíritus,como barre el huracán los flexibles tallos en los áureos trigales, él permaneció erguido, digno, sin que lo inclinaran hacia la tierra ni el peso de sus años ni la carga de su pobreza. Fue un hombre, fue un cristiano. Merecía ser mártir. En pos de él va un obrero, un representante de esa clase dignísima a la que en vano pretenden corromper los modernos agitadores porque tiene echadas hondas raíces en la tierra fecundada   en la Iglesia; -Joaquín Cornejo- "de alma de niño y corazón de fuego. Paréceme estarlo viendo, como tantas lo vi desde esta cátedra santa, reflejando en sus ojos las santas emociones de su corazón, vibrando al impulso de todos sus nobles sentimientos. Su pasión fue la Eucaristía: acercábase a menudo al banquete de los fuertes, y ¡Cuántas veces después del ímprobo trabajo, ya muy tarde, a la mitad del día, buscaba afanoso en este mismo lugar al sacerdote que pusiera en sus labios la Hostia Santa! Tuvo el anhelo, casi diría la obsesión del martirio, y pienso que con santa tenacidad arrancó al Señor esa gracia suprema. Vosotros obreros que me escucháis, compañeros suyos que recibisteis sus confidencias y fuisteis testigos de su virtud sencilla, decidme si exagero las nobles prendas de nuestro hermano muerto".

"También cayó gloriosamente  bajo la guadaña de la muerte, en la flor de su edad, un miembro de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana" -Rómulo González Figueroa- "Haré cumplidamente su elogio si digo que poseía el espíritu, todo el espíritu  de la benemérita institución: pureza de alma, entusiasmo juvenil, actividad de Apóstol; era lo que debe de ser un joven cristiano: una primavera, con sus floras, con sus perfumes, con sus esperanzas. 

-Yo os felicito jóvenes, porque habéis tenido un mártir y plegue al cielo que, templados vuestros espíritus por su fuerte ejemplo, troquéis mañana el noble entusiasmo de la juventud por el esfuerzo varonil que salve a la Patria.-No olvidaré, mis hermanos, al sencillo, al oculto, al humildísimo cristiano" -Felipe López- "que tantas veces vimos por las calles de esta ciudad con la maroma al hombro. Era muy bueno. No os referiré rasgo alguno de su vida,porque recibió el precioso don de ocultarse siempre. Si pueden las cosas pequeñas compararse a las grandes, el humilde aguador me hace pensar en el prodigioso obrero de Nazaret cuya vida interior fue vulgar a los ojos de los hombres, cuya vida interior fue admirable a los ojos de Dios. -Y después ... vienen los héroes ocultos de quienes desconocemos hasta el nombre: la doncella, que a pesar de ruda persecución tenía el valor de ostentar sobre su pecho la cinta azul y la dulce imagen de María Inmaculada. Esta Madre tiernísima  le dio sin duda a la fragilidad de su sexo el valor del heroísmo. -Y tantos otros cristianos heroicos que nosotros desconocemos, pero que Dios conoce. 

Mañana, en el día de la eterna justicia, nosotros los conoceremos y estrecharemos su mano fortísima y escucharemos sus íntimas confidencias en el seno de Dios. Dios eligió sus víctimas; Dios preparó sus mártires y nosotros los preparamos también. Sí, nosotros, ¿por qué no decirlo? Cada muerte gloriosa fue sin duda el fruto de una vida cristiana; pero todas ellas son nuestra obra, son el fruto de nuestros esfuerzos de todos por la causa de Dios.

Cuando hace más de un lustro vimos horrorizados en nuestra Patria la abominación de la desolación, dejamos los católicos el ocioso lecho donde yacíamos, sacudimos el indigno sopor y con los ojos fijos en la Virgen de Guadalupe y estrechando fraternalmente nuestras manos nos decidimos a obrar, a obrar como lo demanda nuestra fe que no ha muerto, a obrar como lo exigen las vigorozas tradiciones de nuestra raza. Comenzamos a unirnos, comenzamos a obrar; si queréis sin orden, sin método, como se agita el ejército entregado al sueño de vivac a quien sorprende el enemigo; por todas partes surgen combatientes, requieren las armas abandonadas en el suelo y entre el confuso rumor de gritos y de órdenes se aprestan al combate. 

Así surgieron, como indicio ciertísimo de que aún quedaba fe y fortaleza en la Nación Mexicana, primero la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, y después la Asociación Nacional de Padres de Familia y los Centros de Obreros y las Damas Católicas, y hasta las jóvenes quisieron tomar parte en el glorioso combate bajo la égida celestial de Santa Juana de Arco. 

Muchos pensaron que aquello nada era: ¡torpes! No acertaron a adivinar la copiosa mies futura en aquellas débiles agujas que verdegueaban en los húmedos terrones. La vida es así; se elabora lentamente, en el silencio. La organización católica comienza a producir sus frutos: frutos de valor, de sangre de bendición. Nuestros mártires son obra de Dios, pero ¡son también obra nuestra!¡Bendito sean! Esa aurora celestial produjo una mañana radiosa; para describirla es preciso buscar una forma de bronce en aquel libro del Antiguo Testamento que es como la epopeya de la fortaleza y la libertad; es preciso repetir la frase heroica que uno de los esforzados Macabeos arrojó, como un latigazo, sobre el rostro del tirano: "Quid quaeris et quid vis dicere a nobis? parati sumus mori, magis quam patrias Dei leges praevaricari (II Mac. VII-2). ¿Qué buscas? ¿Qué nos pides?, estamos dispuestos a morir más bien que quebrantar las leyes de Dios que recibimos de nuestros padres". ¡Que actitud tan gallarda, tan digna la del mártir cristiano! Es el tipo del hombre fuerte, porque ha vencido la suprema fuerza, que es la muerte; es el tipo de hombre libre, porque ha roto la última cadena de la esclavitud, que es el temor de morir. Cuando Cristo dijo a los suyos: "No temáis a los que matan el cuerpo" pronunció la última palabra de la libertad. El postrer baluarte  del tirano en su lucha contra la libertad es la bayoneta homicida; cuando se acaba el miedo a las bayonetas el miedo a las bayonetas, el tirano se desconcierta  y la libertad canta su triunfo. 

Solamente el cristiano posee el secreto de la verdadera libertad, porque solamente él puede gloriarse  de vencer a la muerte. 

La actitud del mártir cristiano no es la fría y salvaje del estoico; es más humana; es más divina: el cristiano muere con el amor en el corazón, con las lágrimas en los ojos  y en sus labios un grito sublime : el grito del entusiasmo, del amor, de la esperanza. ¿No escuchasteis, hermanos míos, ese grito heroico en la tarde inmortal del 12 de mayo? En medio de los rugidos de rabia de los verdugos, de los ayes de dolor de las víctimas, del ruido de la fusilería, del sorbo rumor de la multitud azorada, ¿No oísteis brotar de los labios moribundos de un anciano ese grito vigoroso, libérrimo, triunfante. ¡VIVA CRISTO REY!, ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE!? Tu escuchaste Señora, el grito de fe y de amor de nuestro hermano heroico, Tú lo guardas en los íntimos repliegues de tu corazón tiernísimo. ¡Madre!, por ese grito, perdónanos. ¡Madre! por ese grito, sálvanos. 

Tú lo escuchaste también, Patria Mexicana, antaño gloriosa y hoy sacudida por terribles convulsiones, y ese grito llevó a tu corazón lacerado el regocijo y la esperanza; no todos tus hijos se han afeminado, no todos se han hundido en el cieno; todavía hay hombres, todavía hay héroes; que sea ese grito la aurora de tu libertad y el presagio de tu salvación. Porque nuestros hermanos murieron por Dios y por la Patria, como lo expresaron muy bien los organizadores de este funeral. 

Más hondamente que las balas homicidas penetró la imagen bendita de María de Guadalupe, y por ella, por su gloria, por defender su honor ultrajado, fueron al sacrificio. Esa imagen bendita prodigiosamente pintada por las rosas del Tepeyac, humedecida con las lágrimas de tantas generaciones, ungida con el amor de todos los mexicanos, encarna para nosotros la Religión y la Patria. ¿Me atreveré a decirlo? Mejor que nuestra gloriosa Bandera, la que conserva en sus pliegues nuestras glorias, la que simboliza nuestros anhelos, mejor que esa bendita Bandera, la Virgen de Guadalupe expresa las profundidades de nuestra alma nacional. ¿Lo dudáis? Cuando en el mes que acaba de pasar, obedeciendo tenebrosa consigna, los socialistas quisieron sustituir en nuestros templos la santa Bandera de la Patria por el exótico pabellón rojo y negro, emblema de odio y de sangre; en muchas ciudades de la República hubo sin duda viriles protestas y actitudes dignas; pero todo esto fue nada ante la inmensa conmoción que provocó en la Patria Mexicana el atentado contra la Virgen de Guadalupe; de todas partes se levantó un clamor de protesta, un grito de indignación resonó en la República entera; el socialismo se suicidó pretendiendo destruir la religión; y supo el mundo que para México hay algo que vale más que su Bandera, la Virgen de Guadalupe; que tocarla es tocar el alma nacional y que morir por ella es morir por Dios y por la Patria. ¡Dichosos nuestros hermanos que lograron enlazar y en un sólo heroísmo los dos más grandes amores de su alma! ¡Benditos ellos que en un solo holocausto ofrecieron su sangre al Dios del cielo y a la Patria de la tierra! ¡Pudiéramos nosotros imitar su ejemplo! 

Para el católico mis queridos hermanos, no es algo raro y extraordinario el heroísmo, porque la Iglesia Católica es la única que posee la Eucaristía, que es la semilla  del martirio. Ambiente de heroísmo respiramos al nacer bajo las bóvedas sagradas de las catacumbas; salpicada de sangre de mártires está nuestra Historia; y nunca faltará entre nosotros el martirio como nunca faltará la Eucaristía.

La Iglesia vive de dos principios, de dos sangres: de la sangre de Cristo que se vierte místicamente en el altar, y de la sangre de los mártires que se derrama de manera cruenta sobre la tierra. Ni la Misa ni el martirio faltarán jamás en la Iglesia. Estas dos sangres, hermanos míos, o más bien esa sangre, porque la sangre de los mártires forma con la de Cristo una sola sangre; esa sangre única es nuestra esperanza, es dulce, nuestra indestructible esperanza. Yo he tenido la audacia de haber esperado siempre la salvación de nuestra Patria; aún en aquellos momentos trágicos en que todo parecía hundirse en horrible catástrofe, yo esperé contra toda esperanza. Me parecía imposible que la Virgen de Guadalupe nos abandonara; no olvidé jamás que hay unos ojos dulcísimos que sin cesar nos miran, un corazón maternal que no cesa de amarnos, y cuando el espantoso cataclismo, vi hundirse el pasado, volví los ojos al Tepeyac para ver si se hundía también la sagrada colina; y al contemplar erguida, firme, serena la celestial imagen, miré tranquilo el porvenir, no vacilaría ahora; y si vacilara, buscaría en la inolvidable calzada de Guadalupe las huellas sagradas de la sangre cristiana, evocaría el recuerdo de la tarde gloriosa, escucharía en lo íntimo del alma aquel grito de vida en los labios del que iba a morir" -Julián Vargas-, "y estoy cierto de que la evocación me devolvería la fortaleza y la esperanza, y que yo gritaría también con todo el entusiasmo de mi alma: ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE! La sangre de la esperanza. 

Creyeron nuestros enemigos que iban a ahogar en sangre nuestros derechos y nuestro valor: ¡ciegos! No sabían que el tónico mejor para el espíritu es la sangre y que la que ellos hicieron derramar fructificaría en la República entera. ¿No veis mis amados hermanos, que en todas partes surgen compactos,organizados, valerosos, grupos de católicos resueltos a defender sus derechos y a morir si es preciso por su Religión? ¿Qué ha pasado? ¿Qué aura divina de fortaleza y libertad sopla sobre la Patria Mexicana? ¡Nada! Es que ha resonado por donde quiera el grito del moribundo, es que la sangre de nuestros hermanos muertos, por todas partes ha fructificado. La sangre es la esperanza. Su voz elocuentísima, que lleva el valor a los corazones humanos, sube a los cielos como una plegaria ardorosa y triunfante y arranca la misericordia al corazón de Dios. ¡Señor!, si nuestras oraciones no han sido suficientes para hacerte olvidar nuestros pecados; ¡Señor!, si nuestras lágrimas no han podido borrar nuestras culpas y nuestros gritos de arrepentimiento no han ofuscado las blasfemias de nuestros enemigos:  que la sangre de las víctimas unida a la sangre de tu Hijo traiga a México el perdón y la paz.

Hermanos: la mañana espléndida de la sangre nos hace esperar el ardiente mediodía de la salvación y de la felicidad. Por eso la muerte de nuestros hermanos nos parece amable y nimbada con la aureola de la gloria; por eso nos sentimos tentados a sustituir los negros crespones por los atavíos jubilosos y a trocar las notas tristísimas del Dies irae por los acentos regocijados del Te Deum glorioso. 

Más, mientras la Iglesia no pronuncie su fallo inapelable, nosotros tenemos el deber de rogar por las almas de nuestros hermanos, por si todavía necesitan ser purificadas por la oración y por el sacrificio".

martes, 30 de noviembre de 2010

CARTA A MI ESPOSA, DE JOSE MARÍA FERNANDEZ. CRISTERO

"Mi querida esposa:
El lápiz se me cae de la mano, no sé si escribirte o no hacerlo: digo esto porque si te escribo, quizá vaya a aumentar tus dolores; si no te escribo te formarás el concepto de que no te amo, de que no me acuerdo de ti ni de esos hijos tesoro de mi existencia por quienes he derramado abundantes lágrimas.
Voy a decirte: ¿Tendrás valor para escucharme? El 27 de abril de 1927 salí como te dije  en una carta que a México te escribí de Tepalcatepec, y creo que recibirías, salí de San Isidro a Coalcomán a verme con don Guadalupe Lucatero, con el objetivo de arreglar el asunto del ganado que tú supiste; pero a mi llegada a dicho lugar, encontré que el señor Lucatero andaba levantado en armas, y una multitud, por no decir que todos, lo secundaron, inclusive el señor que tu sabes. Llegar yo y ver aquel regocijo, que  el pueblo en masa aclamaba a Cristo que expuesto en la Custodia veía quizá con sonrisa placentera el entusiasmo de sus hijos deseosos de su Dios, al que hombres sin conciencia querían expulsar de las iglesias, de los hogares, etc. 
Ver yo aquel alboroto y sentirme entusiasmado, todo fue uno. La sangre hervía en mis venas,¿y? ¿quieres que te diga?, ¿no te enojas?, hubo unos instantes que me olvidé de mi esposa y de mis hijos, y enchido de febril entusiasmo también yo salí y grité con toda la fuerza de mis pulmones: "¡VIVA CRISTO REY!" -Desde ese instante soy soldado de Cristo, y ya ver{as que tu esposo no rayando a sus sirvientes, no tratando de ganados, no haciendo negocios, sino lo verás con el arma en la mano defendiendo la fe de mi esposa, de mis hijos y la mía. ¿No es esto una prueba del amor que te tengo?... Aquí estoy cumpliendo con un deber de cristiano, y abrazado con una cruz tan pesada que apenas puedo con ella. ¡Cuántas cosas! Hambres, fríos, persecuciones y calumnias, pero lo que más me duele y hace sufrir, es el recuerdo de ustedes... Sé que sufres mucho, querida mía, tú, no acostumbrada a ningún contratiempo de la vida, la única en tu casa y tratada siempre con el mayor esmero!
Y ahora ser yo el autor de tus sufrimientos. ¡Pero que digo, si sé que también eres cristiana y secundarás mi obra en forma distinta!
Yo con el arma y tú con la resignación, yo tostado del sol y hambriento y tú con tus plegarias, estamos fundidos en el mismo crisol trabajando por el mismo ideal y nuestra vista fija en el mismo punto... Dios... Imagínate que hay veces que tenemos combates que duran sin cesar 24 horas y que a diestro y siniestro caen sin vida nuestros valientes soldados. Muchos han muerto en mis brazos y al morir ¿sabes cuál es su última palabra?: "¡VIVA CRISTO REY!" Y enseguida van a recibir su palma a la Gloria... Yo tengo la esperanza de verlos a ustedes aquí en la tierra, pero si muero ten el valor de la señora Gutiérrez" -doña Carmen Alfaro Madrigal viuda de Navarro Origel- "No me llores, por el contrario ofrece a Dios el sacrificio de mi vida, y ¡vive Dios! que si me pierdes en la tierra me tendrás más solícito velando por ustedes en el Cielo. Desde aquella mansión de paz rogaré por ustedes y por todos aquellos que le hagan bien... Por acá se habla de arreglos; ojalá, ojalá y esto sea como lo hemos pedido. Nosotros no cejaremos ni un momento: vencer o morir, así lo hemos pretendido, ofrecido con juramento, y de no ser como lo hemos pretendido, que Dios mejor me quite la existencia.
Te abrazo desde estas regiones desoladoras, y aunque personalmente no estoy con ustedes, sí estoy con pensamiento y los ideales. No te he abandonado, estoy contigo; pero una fuerza superior e irresistible me obliga a dejarlos. Hay algo más grande que la esposa, los hijos y los bienes, y es Cristo por quien lucho, por quien sufro, por quien se debe dejar lo más querido de este mundo. Tocó mi corazón una vez, otra más, y entonces corrí como Saulo y le dije: "¿que quieres, Señor de mí?" "Anda" me dijo, "defiéndeme porque mis enemigos me acosan" . Sin esperar más y sin vacilación ninguna, dejé cuanto tenía: intereses, negocios, y lo más grande, lo más querido: mi esposa y mis hijos. Es muy dulce sufrir por CRISTO REY.
En nuestros sufrimientos tenemos mucho de consolador. Sabemos que nos dicen: bandidos, salteadores, en fin un cúmulo de calumnias. Pero ¿qué importa?, también a Cristo lo calumniaron, ¿y no El mismo ha dijo: "bienaventurados los que padecen persecución por la justicia?"... Por mi no te aflijas, al contrario, vive satisfecha de tu esposo. No te preocupes por el porvenir. Dios estará contigo. ¿Crees que dejará a la familia del que todo lo dejó por El? Imposible. Ya tengo hecho mi pacto con Dios: casi a diario, por no decir todos los días, lo recibo en mi pecho y todo se reduce a hablarles a ustedes... A mis hijos, hazles ver que si los dejé, fué por Dios, no vayan a creer que fueron abandonados por otra causa. Háblales siempre de Dios...
Adiós, mi querida compañera, único depósito de mis sinsabores y dichas; contigo abrazo a mis queridos hijos y sabes que si no nos vemos en la tierra, viviré para ustedes en el cielo.
Tu esposo, José María Fernández .
Dios y mi derecho.
¡VIVA CRISTO REY!  ¡VIVA NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE!  ¡VIVA EL PAPA!


*José María Fernández muerto en combate el día 9 de Mayo de 1929

sábado, 13 de noviembre de 2010

¡NON OMNIS MORIAR! ANTONIO ACUÑA RODRIGUEZ

Rancho “El Cedrito” en el estado de Coahuila, un frío amanecer del 13 de enero de 1927. Antonio Acuña y su asistente, un joven de nombre Teodoro Segovia, van a ser fusilados por manos de soldados federales. ¿El motivo? Se trata de dos jóvenes cristeros, defensores de la causa de Cristo Rey en México, caídos prisioneros.

Antonio cuenta sólo con 20 años de edad y es uno de aquellos generosos muchachos como José Sánchez del Río, Tomás de la Mora, Zenaida Llerenas, Salvador Vargas, José Valencia Gallardo o Manuel Bonilla, entre otros muchos, que son auténticos héroes y orgullo de la Patria, porque les tocó vivir una etapa histórica especialmente difícil y ellos respondieron con una altura de ánimo admirable, ya que no dudaron en sacrificar sus vidas en aras de los más nobles ideales que puede proteger un ser humano, la defensa de la libertad religiosa y el honor debido sólo a Dios.

Antonio Acuña Rodríguez era un joven coahuilense que vivía en la capital, Saltillo. Para todos sus conocidos se trataba de un muchacho ejemplar, afable y lleno de vitalidad. Era muy querido por sus amigos y por los adultos, pues todos admiraban su noble comportamiento en el que destacaban varias virtudes, como la nobleza de carácter, la valentía y la fidelidad a la palabra dada.

El secreto de Antonio consistía en que desde muy joven se había afiliado a la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), de la cual había abrazado sus altos ideales, ya que dicha organización buscaba la formación varonil y cristiana de los jóvenes mexicanos al servicio de la Patria.

Desde los tiempos de la revolución de Carranza, 1914 y en adelante, la tempestad de la persecución religiosa se había abatido sobre México. Los sacerdotes y los católicos se veían penalizados en el sagrado derecho de su libertad religiosa por ciertas leyes gubernamentales. La constitución de 1917, promulgada en Querétaro, se mostraba abiertamente hostil contra la Iglesia católica y la libertad religiosa de los ciudadanos, que es un derecho humano primario.

Para colmo, desde que entrara a la presidencia, en 1924, el gobierno persecutor de Plutarco Elías Calles se había hecho oídos sordos al diálogo y con su intransigencia logró exasperar los ánimos de la buena gente, provocando con su irresponsable actuación el levantamiento popular de los católicos en defensa de la Patria y de sus valores más sagrados.

Los alzamientos populares comenzaron a mediados de 1926 en diversas zonas rurales de los estados centrales de Jalisco, Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas, Michoacán, y rápidamente los ecos llegaron también a las regiones del norte del país. Como muchos otros jóvenes coahuilenses, Antonio se estremeció de indignación al saber que el ejército federal se lanzaba contra los defensores de la causa de Cristo Rey. ¡No, él no podía quedarse con los brazos cruzados cuando en torno a él aumentaban las profanaciones de los templos, los sacrilegios y se dilataba la violenta persecución que amenazaba segar la fuente del valor cristiano en los pechos de los buenos creyentes de todas las edades!

El patrimonio histórico de una nación

La memoria histórica de una nación es un componente esencial de su identidad y un elemento que ayuda a explicar mejor el presente. Quien se olvida de la memoria histórica, o peor aún, quien desea cancelarla se ve en el difícil dilema de vivir en el presente sin saber interpretarlo.

Pretender borrar la historia –ciertamente algo peor es deformarla o manipularla alevosamente– significa el rechazo a juzgar la actualidad con la experiencia de los hechos pasados para olvidar los errores cometidos, o no preocuparse de conocer los ejemplos de personajes históricos dignos de reconocimiento.

Por el contrario, recuperar y valorar la memoria histórica de la nación es un modo de imbuirse en el pasado, mas no con la vana ilusión de reproducirlo anacrónicamente, sino para aportar enseñanzas valiosas que sirvan para iluminar el presente y el porvenir que se debe construir. Es la verdad de los hechos históricos junto con las enseñanzas obtenidas, la luz que ilumina los pasos de una nación y de su porvenir.

En este sentido, los hechos históricos de la Cristiada son todavía poco conocidos en el México moderno, pero hay que advertir que con frecuencia han sido silenciados deliberadamente, y otro tanto manipulados para ocultar la verdad. Pero los nombres de los héroes y de los mártires están ahí y no pueden ser silenciados o ignorados. Por eso es muy oportuno rescatar su memoria del olvido para conocer lo que hicieron y para sacar lecciones civilizadoras que puedan motivar a las jóvenes generaciones.


Dios es primero

Ante la vista de los atropellos que se cometían, Antonio comprendió que había llegado el momento de actuar. ¿Por qué, si no para esa ocasión, se había estado alimentando to-dos los días desde chico, cuando hizo su primera comunión con el Pan eucarístico? ¿Qué era lo que había aprendido como entusiasta miembro de la ACJM, sino que es preciso defender el honor de Dios antes que claudicar delante de los hombres?

El año 1926 tocaba a su fin cuando Acuña, al igual que otros jóvenes de corazón generoso, se alistó en la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, dispuesto a afrontar los sacrificios que esto le supusiera. Desde el inicio su entusiasmo, su deseo de servir a los compañeros de ideal, su valor sereno y su ejemplo bastante conocido en la sociedad saltillense, le designaban para un puesto de mando en el estado mayor de la Liga. Así fue; pronto resultó nombrado delegado por Saltillo, a pesar de su juventud, y se entregó con todas sus energías a desarrollar las actividades pacíficas, que primero ensayó la Liga, pero que no quedaban exentas de peligros para su misma persona, en caso de ser descubierto como miembro de la LDLR.

Antonio soñaba con estudiar en la universidad para capacitarse entre los mejores y poder adquirir un título profesional, que el día de mañana le permitiera ser un hombre de provecho en la sociedad. Pero las circunstancias difíciles que le tocaban vivir y los deberes sagrados con Dios y con la Patria estaban en primer lugar que sus intereses personales, así que no dudó cuando tuvo que elegir. Sabía muy bien todo lo que arriesgaba, pues su activa filiación católica en aquella Liga sería más tarde quizá un obstáculo para terminar su carrera y alcanzar las metas que se había propuesto. Claro, todo esto suponiendo que saliera con vida de la empresa en que se había metido.

Mas ahora no importaba eso delante del deber imperioso de salir en defensa de Cristo Rey y de la Iglesia que veía sus derechos ultrajados en aquel pobre México sometido a la prueba por sus perseguidores. Ese era el presente y ese era el reto y noble ideal por el que apostaría generoso sus veinte años cargados de vitalidad. Pero, ¿y si moría? Pues él estaba dispuesto a dejar la vida sirviendo a la Patria, quien tiene el derecho de esperar que sus mejores hijos la sirvan, poniendo en el empeño los dones de inteligencia y de corazón que Dios les da.

Los jóvenes mexicanos de aquella generación no dudaron en dar su vida para hacerla progresar en la verdad y darle a México un nombre entre las demás naciones libres de la tierra. En cambio, ¡cuántos jóvenes y adultos vagan hoy sin esperanza, sin ideales altos, sin ley ni amor a Dios, cuyo santo temor es el principio de una vida recta y feliz! Hoy parece que los mercenarios del alma, gentes sin escrúpulos ni valores morales, se los arrebatan y les hablan de falsas libertades, les aturden los oídos con derechos inexistentes y contrarios a la naturaleza humana.

Antonio no deseaba morir para servir de ejemplo a las futuras generaciones de jóvenes, ni para que se hablara de él con admiración o tal vez con recelo. Nada de esto le importaba. Él quería sencillamente ofrendar su juventud por Cristo, acudiendo a la llamada de la Patria que estaba siendo vejada y deshonrada en su misma alma católica, en la que radica la esencia de su misma identidad mexicana. Si moría por defender los derechos sagrados de la libertad religiosa de las personas, entonces lo hacía basándose en el ideal puro en su mente y por un fuego de amor que ardía en su corazón. Para ello se había enlistado en la LDRL.

El Ejército liberador de Cristo Rey
Las actividades de resistencia pacífica de la Liga, como el boicot que organizaron contra la compra de los artículos de consumo producidos por el Estado no prosperaron, pues salvo en Jalisco y en algunas regiones del centro, en el resto del país no encontraron la misma resonancia civil. Mientras 1926 llegaba a su fin, la persecución religiosa en México aumentaba de tono. Los asaltos a los templos y parroquias por parte de grupos comunistas denominados “camisas rojas”, las vejaciones y también los asesinatos de católicos, se multiplicaban en diversos puntos de la geografía nacional.

Estaba al orden del día la expulsión fuera del territorio nacional de sacerdotes y de obispos, por el mínimo pretexto. El gobierno de Calles creía que gozaba de total impunidad y libertad para imponer por la fuerza sus leyes inicuas en una nación que veía cómo le pisoteaban sus derechos más sagrados.

También el episcopado mexicano había actuado, pero para ordenar el 31 de julio de 1926 el cese temporal del culto religioso y el consecuente cierre de los templos, iglesias y oratorios de todo el país; lo hacían con el fin de proteger a los sacerdotes que vivían perseguidos y para evitar los actos sacrílegos en los lugares sagrados. Los sagrarios de los templos e iglesias quedaron entonces vacíos y en muchos de ellos la gente había puesto carteles con la leyenda “NO ESTÁ AQUÍ”.

Fue entonces que los buenos católicos no pudieron permanecer más tiempo impasibles ante la vista de tantos desastres e injusticias, y, comenzando por el centro, se levantaron los primeros núcleos de defensores que tomaron las armas para hacer valer sus derechos sagrados. Eran hombres y jóvenes, campesinos en su mayoría, tal vez mal vestidos y pobres de caballos, de armamento y de otros bienes materiales indispensables, pero riquísimos en los más nobles sentimientos de amor a Jesucristo, a la Virgen de Guadalupe, a la Iglesia y al Papa, y llegarían a formar el Ejército Libertador de Cristo Rey.

Antonio Acuña no tardó en alistarse dentro de sus filas, en su tierra natal. Siempre había sido un valiente muchacho y ahora ya era un soldado de Cristo Rey. Por su resolución y su valor, desde el primer momento se colocó al frente de uno de aquellos núcleos, y también se esforzó por reclutar a más defensores. Los jefes de la Liga admiraban el valor y la decisión del joven Acuña, de manera que le dieron el grado de mayor, en el incipiente ejército libertador.

Soldado de Cristo Rey

Como soldado de Cristo Rey su trayectoria resultó muy breve. En Coahuila eran pocos los núcleos alzados en armas y por este motivo, la resistencia fue menor que en otros lugares de México. En realidad hay muy pocos datos acerca de las actividades de estos jóvenes cristeros saltillenses. El caso es que Antonio cayó prisionero, junto con su asistente, Teodoro Segovia, a inicios de 1927. Se les condujo ante las autoridades militares y se decretó la pena máxima contra ellos, y esta disposición debería llevarse a cabo en la mayor brevedad posible, sin previo juicio y sin la posibilidad de la intervención de algún abogado a su favor. Los soldados federales que recibieron la orden sintieron una profunda pena por tener que fusilar a un joven tan amable, tan atractivo por su gentileza y su bondad de corazón, además de tan valiente y conocido en la sociedad.

Alguno le rogó que tuviera consideración de su propia juventud y de su futuro, que se truncaba de modo tan triste; que pensara en los miembros de su familia, en sus amigos. Le prometieron que si renunciaba a la defensa cristera y se unía a los federales, le perdonarían la vida y que hasta podría conservar su mismo grado militar en el ejército. Pero a los ojos y oídos de Antonio todo aquello equivalía únicamente a traicionar a Cristo y la santa causa que defendía, por la que estaba dispuesto a sacrificar su misma vida.

—¡Morir! No crean que eso me apena. Moriré en la tierra, pero viviré eternamente en el cielo con Cristo Rey, a quien he querido servir siempre. ¡Soldados, cumplid con este encargo! También ustedes son católicos y dan muerte a un hermano en la fe. No los culpo, porque sirven al ejército nacional y obedecen las órdenes de sus jefes. Adelante pues, que los perdono de corazón.

Así fue como Antonio y su asistente Teodoro Segovia, dos jóvenes valientes, cayeron fusilados en el rancho llamado “El Cedrito”, en un triste amanecer del 13 de enero de 1927.



¡NON OMNIS MORIAR!

Aquel gallardo joven de veinte abriles,
encanto y esperanza de un noble hogar,
al sentirse hecho blanco de los fusiles,
afirmó sus hermosos rasgos viriles
y miró a sus verdugos sin pestañear.

"Soldados" -Dijo luego con voz entera-:
"Es mi última palabra... voy a morir...
pero no muero todo, Cristo me espera...
ya, teñida en mi sangre, ved su bandera
flotar sobre la Patria y el Porvenir...
En México sus iras vuelca el Infierno,
el tirano se encumbra, gime la ley.
Y yo muero... no importa...Cristo es eterno...
Ustedes son soldados de un mal gobierno,
pero yo soy soldado de Cristo Rey".

Una pausa suprema... brilla la hoja
de una espada desnuda... signo fatal...
Un cadáver encharca la tierra roja, 
y estremece las ramas una congoja:
es el viento que bate su funeral.

Duerme en paz en tu fosa, joven soldado,
con la tierra sangrienta por ataúd...
No dormirá tu nombre, será el sagrado
grito de las batallas, pues ha jurado
salvar a nuestra Patria, la juventud.

Cuando por fin, vencido, ceda el Infierno,
el tirano sucumba, triunfe la Ley,
sonará, son de bronce, tu grito eterno:

"Ustedes son soldados de un mal gobierno, 
pero yo soy soldado de Cristo Rey"

viernes, 1 de octubre de 2010

La tiranía sectaria y socialista nunca ha tolerado ni tolera que se crea en Dios y se piense libremente.

 Los católicos de Alsacia Lorena (en Francia) aprendieron durante el medio siglo que vivieron al lado de Alemania, que el catolicismo, para que sea un sistema, una doctrina como lo concibió su Fundador, de combate contra el mal y el error no sólo  en sus formas abstractas y metafísicas sino hechas leyes, potros (instrumentos de tortura), persecución abierta e implacable contra la verdad, es preciso que los católicos no se entreguen a los éxtasis de los antiguos ermitaños, ni oculten su santidad en lo íntimo, en lo recóndito de su conciencia y en su mundo interior, sino que es necesario que toda la sed de sacrificarse, sobre todo en estos momentos en que la vida pública y social se descuartiza y se derrumba, se convierta, para valernos de una frase del papa reinante (Pío XI), en osadías santa, que resuciten las escenas del circo, en los comienzos de la difusión del Cristianismo y sobre todo, escriban las páginas que escribieron los católicos irlandeses. 

El Catolicismo no es ni doctrinal ni de éxtasis: es una una gloriosa vanguardia de hechos y de ideas que luchan incansablemente contra el mal sean cuales fueren sus formas y sin amedrentarse, aún cuando sea necesario encontrarse cara a cara con los reyes y los demagogos hechos gobierno. Reducir pues, el Catolicismo a plegaria secreta, a queja medrosa, a temblor y espanto ante los poderes públicos, cuando estos matan el alma nacional y destruyen en plena vía la Patria, no solamente es cobardía y desorientación disculpable: es un crimen histórico religioso, público y social que merece todas las execraciones.


Los Católicos de Alsacia Lorena a base de organización, de cohesión, de movilización y de disciplina de las energías católicas y de una afirmación rotunda y aplastante de la libertad de conciencia en plena vía pública, ante el Gobierno francés convertido en perseguidor y sin derramar una gota de sangre ni apelar a la violencia de la espada, ha rendido la máquina de guerra del despotismo socialista y han vencido.


Los Católicos mexicanos debemos aprender la lección; apoyarnos en las mismas bases y así romperemos el puño armado de los perseguidores.


Anacleto González Flores
El Plebiscito de los Mártires, págs. 246 - 24

martes, 7 de septiembre de 2010

Santo Toribio Romo. Cristero

(1900-1928). Nació en Santa Ana de Guadalupe, ranchería (actualmente, con 390 habitantes) que pertenece al municipio de Jalostotitlán, en la zona de Los Altos de Jalisco, el 16 de abril de 1900. Fue hijo de Patricio Romo Pérez y de Juana González Romo, quienes lo llevaron a bautizar al día siguiente de su nacimiento a la parroquia de la Virgen de la Asunción.
Como todos los niños, acudió a la escuela parroquial de su pueblo y a la edad de doce años, por consejo de su hermana y con el apoyo de sus padres, ingresó al Seminario auxiliar de San Juan de los Lagos. María, además de hermana, fue una celosa promotora de la educación de Toribio. Sus padres oponían resistencia a que estudiara, pues era un apoyo en las faenas propias del campo. "Quica", como era llamada familiarmente María por sus parientes más cercanos, incluso contribuyó a infundir en él su vocación y fue quien lo acompañó en todos sus destinos para auxiliarlo.
SACERDOCIO
Después de ocho años pasó al Seminario de Guadalajara. a los 21 años de edad debió solicitar dispensa de edad a la Santa Sede antes de proceder a la recepción del orden presbiteral. El señor arzobispo Francisco Orozco y Jiménez le confirió el diaconado el 22 de septiembre de 1922, y el 23 de diciembre del mismo año administró la ordenación sacerdotal. Prestó su servicios ministeriales en Sayula, Tuxpan, Yahualica y Cuquío. En la parroquia de este último destino se encontró con el señor cura Justino Orona, padre bondadoso que le brindó su amistad.
La persecución callista contra la Iglesia Católica enardeció los ánimos de los habitantes de Cuquío y el 9 de noviembre de 1926 se levantaron en armas más de trescientos hombres para repeler la opresión del Gobierno, que perseguía a muerte al párroco y a los sacerdotes, quienes anduvieron a salto de mata huyendo de un lugar a otro, esperando de un momento a otro la muerte. El padre Toribio escribió en su diario: ..."Pido a Dios verdadero mande que cambie este tiempo de persecución. Mira que ni la Misa podemos celebrar tus Cristos; sácanos de esta dura prueba, vivir los sacerdotes sin celebrar la Santa Misa... Sin embargo, qué dulce es ser perseguido por la justicia. Tormenta de duras persecuciones ha dejado Dios venir sobre mi alma pecadora. Bendito sea El. A la fecha, 24 de junio, diez veces he tenido que huir escondiéndome de los perseguidores, unas salidas han durado quince días otras ocho... unas me han tenido sepultado hasta cuatro largos días en estrecha y hedionda cueva; otras me han hecho pasar ocho días en la cumbre de los montes a toda la voluntad de la intemperie; a sol, agua y sereno. La tormenta que nos ha mojado, ha tenido el gusto de ver otra que viene a no dejarnos secar, y así hasta pasar mojados los diez días..."
Su gran amor a la Eucaristía le hacía repetir con frecuencia esta oración:
"Señor, perdóname si soy atrevido, pero te ruego me concedas este favor: no me dejes ni un día de mi vida sin decir la Misa, sin abrazarte en la Comunión... dame mucha hambre de Ti, una sed de recibirte que me atormente todo el día hasta que no haya bebido de esa agua que brota hasta la Vida Eterna, de la roca bendita de tu costado herido. ¡Mi Buen Jesús!, yo te ruego me concedas morir sin dejar de decir Misa ni un solo día."
En septiembre de 1927, el padre Toribio tuvo que retirarse y desde el cerro de Cristo Rey lloró afligido porque tenía que dejar el pueblo, decir adiós a su querido párroco; porque los superiores le ordenaban que se hiciera cargo de la parroquia de Tequila, Jalisco, lo cual no era una misión apetecible ya que el municipio era entonces uno de los lugares donde las autoridades civiles y militares más perseguían a los sacerdotes.
No se intimidó por ello y localizó una antigua fábrica de tequila que se encontraba abandonada cerca del rancho Agua Caliente, la utilizó como refugio y lugar para seguir celebrando misas.; presintió que allí sería su muerte inevitable, y lo dijo: "Tequila, tú me brindas una tumba, yo te doy mi corazón".
Por los graves peligros el padre Toribio no podía vivir en el curato de Tequila, y se hospedó en la barranca de Agua Caliente en la casa del señor León Aguirre. En diciembre de 1927, el hermano menor de Toribio fue ordenado sacerdote y enviado también a Tequila como vicario cooperador; a los pocos días llegó también su hermana María para atenderlos y ayudarlos.
MARTIRIO
El padre Toribio había ofrecido su sangre por la paz de la Iglesia y pronto el Señor aceptó el ofrecimiento. El Miércoles de Ceniza, 22 de febrero, el padre Toribio pidió al padre Román (su hermano) que le oyera en confesión sacramental y le diera una larga bendición; antes de irse le entregó una carta con el encargo de que no la abriera sin orden expresa. También pasó jueves y viernes arreglando los asuntos parroquiales para dejar todo al corriente. A las 4 de la mañana del sábado 25 acabó de escribir, se recostó en su pobre cama de otates y se quedó dormido.
De pronto una tropa compuesta por soldados federales y agraristas, avisados por un delator, sitió el lugar, brincaron las bardas y tomaron las habitaciones del señor León Aguirre, encargado de la finca y unagrarista grita: "¡Este es el cura, mátenlo!" Al grito despertaron el padre y su hermana y él contestó asustado: "Sí soy... pero no me maten"... No le dejaron decir más y dispararon contra él; con pasos vacilantes y chorreando sangre se dirigió hacia la puerta de la habitación, pero una nueva descarga lo derribó. Su hermana María lo tomó en sus brazos y le gritó al oído: "Valor, padre Toribio... ¡Jesús misericordioso, recíbelo! y ¡Viva Cristo Rey!" El padre Toribio le dirigió una mirada con sus ojos claros y murió.
Estando muerto ya su hermano, la amarraron espalda con espalda con el cadáver, en tanto armaban una camilla de ramajes para transportar el cuerpo del Padre Toribio.
Los verdugos lo despojaron de sus vestiduras y saquearon la casa para después llevarse presa a su hermana María a pie hasta el poblado de “La Quemada”, sin permitirle que sepultara a su hermano, pero antes habían pasado frente a la presidencia municipal con el cadáver del Mártir Toribio sobre la camilla improvisada con palos que transportaban unos vecinos, pero ahí, los soldados que, además, iban silbando y cantando obscenidades al tiempo que los demás rezaban.
María, ya liberada de su breve aprisionamiento, descalza, así como estaba, viajó a pie hasta Guadalajara, a casa de sus padres, para aislarse del odio, cobijarse en el amor paterno y llorar con los suyos la pérdida de su «querido niño».
La familia Plascencia consiguió permiso de velarlo en su casa y al día siguiente, domingo 26 de febrero, con mucha gente que rezaba y lloraba, lo sepultaron en el panteón municipal.
Pasados algunos días su hermano el Padre Román, obediente, abrió la carta en Guadalajara, encontrándose con que era el testamento del Padre Toribio y leyó su contenido: "Padre Román, te encargo mucho a nuestros ancianitos padres, haz cuanto puedas por evitarles sufrimientos. También te encargo a nuestra hermana Quica que ha sido para nosotros una verdadera madre... a todos, a todos te los encargo. Aplica dos misas que debo por las Almas del Purgatorio, y pagas tres pesos cincuenta centavos que le quedé debiendo al señor cura de Yahualica..."
RELIQUIAS
El padre Toribio murió como mártir de la fe cristiana el 25 de febrero de 1928. Veinte años después de su sacrificio, los restos del mártir Toribio Romo regresaron a su lugar de origen, y fueron depositados en la capilla construida por él, en Jalostotitlán.. El 22 de noviembre de 1992 fue beatificado, y el 21 de mayo de 2000 fue canonizado junto con 24 compañeros.
RELATO DE MARGARITA ROMO sobrina de Santo Toribio
Aún es posible rescatar la memoria histórica de nuestros Santos Mártires, pues sobreviven testigos, familiares y personas que tuvieron contacto personal con ellos o con algún familiar directo. Tal es el caso de Margarita Romo Enríquez, sobrina carnal de Santo Toribio. Hija de Francisco Romo, hermano del santo y vecina del tradicional barrio de Santa Teresita, -lugar entrañablemente relacionado con la vida de los Romo-, ella tiene mucho qué decir de Santo Toribio. A sus 73 años su figura es erguida; de tez blanca y ojos azules, como los de mucha gente bella de Los Altos, su rostro amable, sereno y la gran lucidez en el discurso de su charla, descubren en ella la envidiable madurez y la satisfacción que deja el deber cumplido.
De su padre, Francisco, y de su tía María, «Quica» para la gente más cercana a ella, conserva frescas en su memoria las palabras, expresiones y anécdotas que les oyó decir.
Relata Margarita que desde pequeño, Toribio empezó a evidenciar rasgos de su vocación:
«En una ocasión, allá en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, lugar donde nació el santo, `Quica' y su hermana Hipólita, a quien cariñosamente decían `Pola', se encontraban haciendo una alba debajo de un mezquite, para el Cantamisa del Padre Juan Pérez, quien iba a celebrar ahí.
El pequeño Toribio, de cuatro o cinco años de edad, rondaba el lugar; llegándose a ellas tocó el alba y preguntó a Quica: -¿Qué están haciendo?... -Una alba para el padre. -`¿Algún día me pondré una de éstas?... Pola se volteó y le dijo: `No se hizo la miel para el hocico de los burros'. Quica, como reprendiendo a su hermana, respondió a Toribio: `Sí, no se hizo la miel para el hocico de los burros pero tú te pondrás una de éstas', ante la admiración del pequeño y la misma `Pola'»... Estas palabras resultaron proféticas.
Doña Margarita sonríe al recordar las travesuras de su tío, hoy santo: «Tanto Toribio como su hermano Román eran muy traviesos cuando pequeños. En una ocasión, Toribio pidió a su cuñado Luis prestarse a una travesura; este último se haría pasar por muerto y Toribio sería quien diera el anuncio. Por supuesto que la broma era pesada; causó alboroto, duelo y conmoción en los que ahí estaban. La farsa duró hasta que le pegaron un cigarro encendido en la boca al «difunto». Se comprende que ahí terminó todo, no sin graves reclamos para los dos bromistas.
«Era un niño particularmente devoto y trabajador -abunda-. Además de asistir a la escuela en Jalostotitlán, empleaba su tiempo en hacer mandados: repartía tortillas en las casas, entregaba la ropa que hilaban, pero también iba temprano a la parroquia a cumplir sus deberes de acólito. Se le veía con frecuencia hacer la visita al Santísimo y sorprendía verlo desde pequeño muy dedicado a la oración. Él mismo invitaba a otros jovencitos, chiquillos, al rezo del Rosario a la orilla del río». Muchos recuerdos se agolpan de pronto en la mente y corazón de Margarita, y sus ojos se rasan de emoción.
Su preparación al sacerdocio la completó en Guadalajara, en el Seminario de San José, a donde pasó el mes de octubre de 1920. Ahí se distinguió no sólo por ser buen estudiante, sino por otros méritos así como por ser muy juguetón y alegre. Por ello sus compañeros le pusieron el alias de “El Chirlo”. Hay una anécdota muy especial en la vida del Padre Toribio:
Desde que era seminarista, se había empeñado en la construcción de una capillita en su rancho natal, siendo cosa notable que, el día 5 de enero de 1923, prácticamente unas horas antes de su Cantamisa, se cerró la última bóveda que faltaba en dicha edificación, lo cual le permitió decir su primera misa con gran devoción, en compañía de sus familiares y amigos.
Su inicial destino fue Sayula, Jal., pero ahí la gente, en general, no lo comprendió, ocasionándole ello muchas dificultades, al punto de que la jerarquía eclesiástica tuvo que mudarlo a la parroquia de Tuxpan, Jal., pueblo que está situado prácticamente al pie del Volcán de Colima y cuyos habitantes lo trataron con verdadero cariño.
A poco lo volvieron a cambiar, pero ahora a Yahualica, Jal., región totalmente distinta a la anterior, pero de “aires alteños” y muy cercana a su lugar de nacimiento. Quizá eso le infundió muchos bríos para trabajar en su apostolado pero, como paradoja, ahí lo frenaron prohibiéndole hasta que rezara el rosario en público y celebrara misa, lo cual lo llevó rumbo al arzobispado para poner las cosas en claro.
El resultado fue un nuevo cambio, ahora a Cuquío, Jal., que tenía como párroco al señor cura Justino Orona Madrigal (ahora Santo Mártir). En el encontró a un padre bondadoso que supo comprenderlo y apoyarlo en su entusiasmo para llevar a cabo los trabajos pastorales. La persecución callista llegó a Cuquío enardeciendo los ánimos de los habitantes, de quienes se dice que "anochecían cristianos y amanecían cristeros".
En diciembre de 1927 fue ordenado sacerdote el diácono Román Romo González, hermano menor del Padre Toribio, siendo destinado también a Tequila, Jal., como vicario cooperador y entre los dos hermanos se repartieron el trabajo ministerial, a los pocos días también llegó su hermana María, para atenderlos en los trabajos de casa y ayudar en el catecismo.
Francisco y Toribio fueron siempre muy hermanables, -explica Margarita-; prácticamente estuvieron cercanos durante toda la vida.
«En las proximidades de Tequila, andaban mi tío Toribio y mi padre escondiéndose, a `salto de mata'. Los iban siguiendo los `guachos', como les decían a los federales, y no hallaban dónde meterse, pues ahí el terreno era más o menos parejo. Entonces descubrieron una noria y se metieron al agua. Ahí, entre la maleza y carrizos que crecían con abundancia en los bordes interiores, lograron burlar la revisión; permanecieron escondidos ahí toda la noche y el día siguiente. Se cuidaban uno al otro, pues cabeceaban de sueño y debilidad por la fatiga excesiva».

miércoles, 2 de junio de 2010

''Cristiada'' Inicia rodaje como la más cara del cine mexicano

Será el filme más caro del cine mexicano: Elósegui Cross, además que en el participarán Andy García, Eva Longoria, Eduardo Verástegui y otros actores
La secretaria de Turismo del estado, Susana Elósegui Cross, dio a conocer que 'Cristiada', filme en el que participa Andy García, Eva Longoria, Eduardo Verástegui y otros actores, será la película más cara en la industria del cine mexicano con un costo aproximado de 110 millones de pesos.
La funcionaria dejó entrever que la producción cinematográfica que aborda hechos de la Revolución, basada en una historia de Jean Meyer, sobre el episodio de la Guerra Cristera en México, superará los seis millones de dólares que se dice costó 'Arráncame la vida'.  En declaraciones a la prensa hoy, durante una visita al Bebeleche, un centro de diversión infantil similar al Papalote de la Ciudad de México, Elósegui Cross señaló que entre los propósitos de este gobierno a cargo de Ismael Hernández Deras, es devolverle a Durango el prestigio internacional que la llevó en algún momento a considerarla como la 'Ciudad del Cine'.
Agregó que la actual administración ha establecido como propósito central desde su inicio que el estado brinde todas las facilidades posibles a productores nacionales y extranjeros.
Así durante este mandato se han logrado atraer diversas producciones extranjeras que han comprobado que cuentan con todas las facilidades para llevar a cabo sus filmaciones.
Es así como se ha logrado realizar películas como 'Bandida' con Salma Hayek y Penélope Cruz; 'Dragon Bol: Evolución', 'Chico Grande', de Felipe Cazals; 'Amor extremo'; 'El ángel caído', y recientemente 'Suave Patria' con Omar Chaparro, así como la telenovela 'Sin senos no hay paraíso'.
Informó que es tal la disposición del gobierno estatal de atraer la inversión cinematográfica que si requieren de helicópteros o avionetas para tomas aéreas, aquí se les brinda.
Asimismo, ya no sólo el apoyo logístico como tarifas especiales para servicios de hospedaje, transportación y alimentación, sino que ahora se ha creado un centro de capacitación para la agencia de la localidad y que pueda ser incorporado a las filmaciones que se efectúen en Durango, lo que lleva a tener fuentes de empleo y ahorros para la producción misma.
Dijo que en el caso de 'Cristiada', tanto el gobierno como el municipio han dado toda clase de facilidades, gracias también al apoyo de los sectores empresarial y la sociedad, con la única finalidad de que se lleven una buena imagen de Durango, y la consideren en futuros proyectos.
Señaló que además el estado por sí mismo ha sido considerado desde siempre como un escenario ideal por su iluminación y parajes naturales, así como construcciones y edificios que permiten a los productores contar con todo lo necesario para trasladar sus historias a la pantalla.
Subrayó que se ha transformado parte del Centro Histórico para poder lograr ambientar la época que requiere un filme épico como 'Cristiada', dirigido por Dean Wright.
Destacó que la derrama económica será cuantiosa ya que el filme ha recibido cinco semanas de preproducción y tres de rodaje, que se llevarán a cabo en la capital duranguense, así como los municipios de Vicente Guerrero, Gómez Palacio, Nombre de Dios y Mapimí.
Dijo que el 40 por ciento del rodaje de 'Cristiada' se llevará a cabo en Durango, así como en San Luis Potosí, y el Distrito Federal.
La película, agregó, ha requerido de 500 extras, decenas de técnicos y creativos que han logrado que el Centro Histórico de Durango parezca una imagen moderna como algunas bancas, botes de basura, y camufleando las fachadas de algunos negocios para darle sentido al relato.
La funcionaria concluyó que todo esto se ha logrado gracias a las facilidades que ha otorgado Durango, para que se vuelva a convertir en el principal centro de realización cinematográfica del país, y también gracias a la presencia de encuentros de producción cinematográfica fílmica de Santa Mónica y San Diego, California. 


Filmar en México es un orgullo y placer, aseguró Andy García 


 El actor estadunidense de origen cubano Andy García afirmó que México le ha dado muchas satisfacciones y gratos recuerdos, por lo que manifestó su orgullo de filmar en Durango “Cristiada”.
"Es un placer estar aquí con ustedes, México me trae buenos recuerdos, pues desde joven acompañé a mi padre como su asistente, cuando él era un promotor de ventas y continuamente visitaba Quinta Roo", dijo.
El protagonista de filmes como "Los intocables" y "El padrino III" expresó además su agradecimiento al mandatario estatal Ismael Hernández, así como a todos los presentes en la catedral de Durango en el claquetazo del filme “Cristiada", dirigido por Dean Wright.
García, interpretará a "Gorostieta", uno de los principales miembros del movimiento cristero en el relato escrito por Michael Love.
El actor reiteró que la cultura mexicana tiene un sitio muy importante pues le trae muchos recuerdos.
“Tengo muchos amigos en la Ciudad de México, actores y técnicos con los que he trabajado en producciones estadunidenses, y con los que he tenido una gran amistad", agregó.
Dijo estar muy complacido de participar en una película que aborda un tema como la libertad absoluta que buscan los seres humanos.
"´Cristiada´ expone un tema por el que todo el mundo ha luchado y que, incluso, en algunos momentos se ha pagado con la muerte", comentó.
Luego de dar el claquetazo junto a los actores Eva Longoria y Raúl Méndez, así como la secretaria de Turismo, Susana Elósegui Cross, y otros funcionarios, Andy García expresó su gratitud para todas aquellas jóvenes que coreaban su nombre frente al atrio de la catedral y que le pedían una foto, a lo cual el actor respondió alzando la mano y con una sonrisa.

sábado, 8 de mayo de 2010

Oración Cristera


¡Jesús Misericordioso! Mis pecados son más que las gotas de sangre que derramaste por mí. No merezco pertenecer al ejército que defiende los derechos de tu Iglesia y que lucha por ti. Quisiera nunca haber pecado para que mi vida fuera una ofrenda agradable a tus ojos. Lávame de mis iniquidades y límpiame de mis pecados. Por tu santa Cruz, por mi Madre Santísima de Guadalupe, perdóname, no he sabido hacer penitencia de mis pecados; por eso quiero recibir la muerte como un castigo merecido por ellos. No quiero pelear, ni vivir, ni morir, sino por ti y por tu Iglesia. ¡Madre Santa de Guadalupe!, acompaña en su agonía a este pobre pecador. Concédeme que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el cielo sea ¡Viva Cristo Rey! Amén.