martes, 2 de noviembre de 2010

Los Fieles Difuntos





La muerte: A todos nos preocupa la muerte, sin embargo, para los cristianos no debe ser motivo de angustia y desesperación. A través de la muerte, el hombre consigue llegar a su fin último que es volver a Dios de quien procede. Sabemos que un día vamos a resucitar con Cristo, pero para esto es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2Co 5,8).


La muerte es el final de la vida terrena. Nuestras vidas están sometidas al tiempo, en el cual cambiamos, envejecemos y, como todo ser vivo, tenemos un término, que es la muerte. Ante esta realidad, debemos pensar que contamos con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida y vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.


La muerte es consecuencia del pecado. Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. La muerte fue contraria a los designios de Dios Creador y entró en el mundo como consecuencia del pecado (Cf. Gn 2,13; 3,3; 3, 19; Sb 1,13; Rm 5,12; 6,23). El hombre se hubiera librado de la muerte corporal si no hubiera pecado, es pues, el último enemigo que el hombre debe vencer. (Cf. 1Co 15,26).


La muerte fue transformada por Cristo. Jesús, Hijo de Dios, sufrió también la muerte, propia de la condición humana. Su obediencia, transformó la maldición de la muerte en bendición y promesa de resurrección. ( Cf. Rm 5, 19-21).


Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La novedad consiste en que por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente muerto con Cristo, para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este "morir con Cristo" y perfecciona nuestra incorporación a Él en su acto redentor.


En la muerte Dios llama al hombre hacia sí. Es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último descanso.


El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna. Esto no quiere decir que no se sienta tristeza y dolor ante la muerte propia o de un ser querido, pero, es diferente afrontar el dolor con la esperanza de que un día volveremos a reunirnos ante el Señor.






¿Cómo resucitan los muertos? Resucitar quiere decir, volver a la vida aún muerto. .La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia lógica de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. Esperar la resurrección, es otro misterio de la vida cristiana, que se fundamenta en las promesas hechas por Dios en su Palabra. Consulta las citas bíblicas que aquí aparecen.


No es lo mismo que reencarnación. La doctrina de la reencarnación es contraria a la fe cristiana. Los cristianos creemos que cada hombre tiene una sola vida y una sola oportunidad para realizarla según la voluntad de Dios. Si el hombre vive de acuerdo a lo que Dios quiere, va a resucitar un día, en cuerpo y alma, igual que Jesús.


La muerte es la separación del alma y del cuerpo; el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.


Cristo resucitó con su propio cuerpo. Del mismo modo, en Él todos resucitarán con su propio cuerpo que tienen ahora, pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria", en "cuerpo espiritual" (Cf. Lc 24,39; Flp 3,21; 1Co 15,44). Este "cómo" sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe.


Todos los hombres que han muerto "los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5,29; Cf. Dn 12,2). Esta resurrección será en el "último día", "al fin del mundo" (Cf. Jn 6,39-4.44.54; 11,24). La resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo, es decir a su segunda y definitiva venida. (Cf. 1 Ts, 4,16)


Tradiciones mexicanas: En México el día 2 de noviembre está rodeado de tradiciones muy antiguas que proceden del culto que se daba a la muerte en la época prehispánica. Sabemos que los pueblos antiguos de todas las culturas, ante la impotencia para conservar la juventud y la vida, daban un culto especial a la muerte. Los antiguos mexicanos veneraban no solo a la muerte, sino también a sus muertos. Dedicaban un día a su recuerdo, creían que sus parientes muertos regresaban a visitar el lugar donde habían vivido, por lo solían visitar sus tumbas y poner junto a ellas, flores y algo para que comieran en su visita.


Con la evangelización se trató de no atropellar las costumbres y tradiciones indígenas, sino más bien transformarlas y darles un sentido cristiano. Por esto se sigue la costumbre de visitar los panteones y llevar flores a las tumbas, ya no porque se crea que los muertos nos visitarán, sino porque se quiere expresar el afecto por la persona fallecida y sobre todo para dedicar oraciones a Dios por su alma.


Igual sucede con los "altares de muertos". Es una costumbre mexicana que consiste en dedicar un espacio en algún lugar visible para recordar a un ser querido muerto. Se adorna una mesa a manera de altar, con papeles picados de colores, flores, una fotografía de la persona a quien se recuerda, objetos representativos de su vida, calaveras de azúcar y algunos platillos y bebidas de lo que más le gustaba.


A estos elementos de la cultura mexicana se agrega el sentido cristiano colocando un crucifijo que nos recuerde que Jesús, el Hijo de Dios, también probó la muerte, pero que al resucitar salió victorioso y que nos participa de su resurrección si nos decidimos a seguirlo; se coloca también una imagen de la Virgen María, nuestra madre, quien también nos precedió y participa ya de la vida eterna con Jesús; se ponen veladoras encendidas para simbolizar la fe en Cristo, que es la Luz del mundo.


Se deben aprovechar estas tradiciones para iluminar con la fe cristiana la pena que nos deja la muerte de un ser querido, para orar en familia por su alma y para reflexionar y enseñar, sobre todo a los más pequeños, haciéndonos algunas preguntas: ¿dónde están ahora nuestros difuntos? ¿tenemos que estar siempre tristes por quienes queremos y ya murieron? ¿qué nos puede consolar? ¿qué nos espera después de esta vida? ¿qué nos dio Dios por medio de esta persona a quien estamos recordando? Los cristianos creemos en la resurrección, así es que: ¿cómo hemos de vivir?


Es sobre todo, muy importante dedicar oraciones y misas por las almas de nuestros seres queridos y de todos los fieles difuntos, para que pronto alcancen el perdón de sus culpas y puedan ya gozar de la presencia de Dios en el cielo.

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