sábado, 7 de mayo de 2011
COMENTARIOS ELEISON 199 (7-V-2011) : ¿VERDADERO PAPA ? II
De ninguna manera todos están de acuerdo con la opinión que se presentó aquí hace una semana (EC 198) según la cual la buena fe subjetiva o la buena voluntad de parte de los Papas Conciliares previene que sus escalofriantes herejías objetivas los invalide como Papas (ver Profesor Doermann en referencia a las enseñanzas de Salvación Universal de Juan Pablo II, ver al Obispo Tissier en referencia al vaciamiento de la Cruz por Benedicto XVI). Según la opinión opuesta estas herejías son tan escalofriantes que #1, no pueden haber sido pronunciadas por verdaderos Vicarios de Cristo, o #2, ninguna cantidad de buena fe subjetiva puede neutralizar su veneno objetivo, o #3, la buena fe subjetiva se excluye en el caso de Papas Conciliares educados en la antigua teología. Revisemos con tranquilidad estos argumentos de uno en uno:
Primeramente, ¿hasta qué punto puede el Señor Dios permitir que sus Vicarios lo traicionen (objetivamente)?, solo Dios sabe exactamente. Sin embargo, sabemos de la Escritura (Lucas XVIII, 8) que cuando Cristo regrese, difícilmente encontrará la Fe en la tierra. Pero la Fe, en el 2011, ¿está ya reducida a ese punto? Uno puede pensar que no. En ese caso Dios puede permitir que sus Vicarios Conciliares hagan aún cosas peores, sin que estos dejen de ser sus Vicarios. ¿Acaso las Escrituras no declaran exactamente en el mismo momento en que Caifás estaba conspirando el crimen de crímenes en contra de Dios, concretamente la muerte judicial de Cristo, que era el Sumo Pontífice (Juan XI, 50-51)?
En segundo lugar, es verdad que la herejía objetiva de herejes bien intencionados es mucho más importante para la Iglesia Universal que sus buenas intenciones subjetivas, y también es cierto que muchos herejes objetivos están convencidos subjetivamente de su propia inocencia. Por ambas razones cuando la Madre Iglesia se encuentra sana, tiene un mecanismo para forzar a esos herejes materiales ya sea a renunciar a sus herejías o a convertirse en herejes formales en toda la extensión de la palabra. Este mecanismo es sus Inquisidores a quien dota de su autoridad otorgada por Dios para definir y condenar la herejía, para mantener la pureza de la doctrina. Pero, ¿qué pasa si es la autoridad más alta en la Iglesia la que está nadando en herejías objetivas? ¿Quién está por encima de los Papas que tenga la autoridad para corregirlos? ¡Nadie! Entonces, ¿acaso Dios ha abandonado a su Iglesia? De ninguna manera, pero la está sometiendo a un juicio severo, muy merecido por la gran cantidad de Católicos tibios de hoy en día - e incluso, ¿de Tradicionalistas?
En tercer lugar, es cierto que tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI recibieron una educación pre-Conciliar en filosofía y teología. Pero para su tiempo los gusanos del subjetivismo Kantiano y del evolucionismo Hegeliano ya se habían comido, por más de un siglo, la coraza del concepto de verdad objetiva e inmutable, sin la cual el concepto de dogma Católico inmutable no tiene ningún sentido. Ahora, uno puede ciertamente argumentar que ambos Papas son moralmente culpables -- digamos, por amor a la popularidad, por orgullo intelectual - de su caída en herejía material, pero las fallas morales no pueden reemplazar la condenación doctrinal autoritativa para convertirlos de herejes materiales en herejes formales.
Por lo tanto, ya que solamente los herejes formales son excluidos de la Iglesia, y ya que la única manera segura de probar que alguien es formalmente un hereje no está disponible en el caso de los Papas, una gama de opiniones acerca del problema de los Papas Conciliares debe permanecer abierta.
"Sedevacantista" no merece ser la palabra sucia que los "Tradicionalistas" liberales hacen de ella, pero por el otro lado los argumentos de los sedevacantistas no son tan concluyentes como desearían o pretenden. En conclusión, los sedevacantistas aún pueden ser Católicos, pero ningún católico está obligado aún a ser sedevacantista. Por mi parte pienso que los Papas Conciliares son Papas válidos.
Kyrie eleison.
viernes, 6 de mayo de 2011
SOBRE EL JUICIO FINAL San Juan Bautista María Vianney (Cura de Ars)
Tunc videbunt Filium hominis venientem cum potestate magna et maiestate. Entonces verán al Hijo del hombre viniendo con gran poder y majestad terrible, rodeado de los ángeles y de los santos. (S. L.uc. XXI, 27.)
No es ya, hermanos míos, un Dios revestido de nuestra flaqueza, oculto en la obscuridad de un pobre establo, reclinado en un pesebre, saciado de oprobios, oprimido bajo la pesada carga de su cruz; es un Dios revestido con todo el brillo de su poder y de su majestad, que hace anunciar su venida por medio de los más espantosos prodigios, es decir, por el eclipse del sol y de la luna, por la caída de las estrellas, y por un total transtorno de la naturaleza. No es ya un Salvador que viene como manso cordero a ser juzgado por los hombres y a redimirlos; es un Juez justamente indignado que juzga a los hombres con todo el rigor de su justicia. No es ya un Pastor caritativo que viene en busca de las ovejas extraviadas para perdonarlas; es un Dios vengador que viene a separar para siempre los pecado-res de los justos, a aplastar los malvados-con su más terrible venganza, a anegar los justos en un torrente de dulzuras. Momento terrible, momento espantoso, ¿ cuándo llegarás? Momento desdichado ¡ay! quizás en breve llegarán a nuestros oídos los anuncios precursores de este Juez tan temible para el pecador. ¡Oh pecadores! salid de la tumba de vuestros pecados, venid al tribunal de Dios, venid a aprender de qué manera será tratado el pecador. El impío, en este mundo, parece hacer gala de desconocer el poder de Dios, viendo a los pecadores sin castigo; llega hasta decir: No, no, no hay Dios ni infierno; o bien: No atiende Dios a lo que pasa en la tierra. Pero dejad que venga el juicio, y en aquel día grande Dios manifestará su poder y mostrará a todas las naciones que El lo ha visto todo y de todo ha llevado cuenta.
¡Qué diferencia, H. M., entre estas maravillas y las que Dios obró al crear el mundo! Que las aguas rieguen y fertilicen la tierra, dijo entonces el Señor; y en el mismo instante las aguas cubrieron la tierra y la dieron fecundidad. Pero, cuando venga a destruir el mundo, mandará al mar saltar sus barreras con ímpetu espantoso, para engullir el universo entero en su furor. Creó Dios el cielo, y ordenó a las estrellas que se fijasen en el firmamento. Al mandato de su voz, el sol alumbró el día y la luna presidió a la noche. Pero, en aquel día postrero, el sol se obscurecerá, y no darán ya más lumbre la luna y las estrellas. Todos estos astros caerán con estruendo formidable.
¡Qué diferencia, H. M.! Para crear el mundo empleó Dios seis días; para destruirle, un abrir y cerrar de ojos bastará. Para crearle, a nadie llamó que fuese testigo de tantas maravillas; para destruirle, todos los pueblos se hallarán presentes, todas las naciones confesarán que hay un Dios y reconocerán su poder. ¡Venid, burlones impíos, venid incrédulos refinados, venid a ver si existe o no Dios, si ha visto o no todas vuestras acciones, si es o no todopoderoso! ¡Oh Dios mío! cómo cambiará de lenguaje el pecador en aquella hora! ¡Qué de lamentos! ¡Ay! ¡Cómo se arrepentirá de haber perdido un tiempo tan precioso ! Mas no es tiempo ya, todo ha concluído para el pecador, no hay esperanza. ¡ Oh, qué terrible instante será aquél ! Dice San Lucas que los hombres quedarán yertos de pavor, pensando en los males que les esperan. ¡Ay ! H. M., bien puede uno quedarse yerto de temor y morir de espanto ante la amenaza de una desdicha infinitamente menor que la que al pecador le espera y que ciertísimamente le sobrevendrá si continúa viviendo en el pecado.
H. M., si en este momento en que me dispongo a hablaros del juicio, al cual compareceremos todos para dar cuenta de todo el bien y de todo el mal que hayamos hecho, y recibir la sentencia de nuestro definitivo destino al cielo o al infierno, viniese un, ángel a anunciaros ya de parte de Dios que dentro de veinticuatro horas todo el universo será abrasado el llamas por una lluvia de fuego y azufre ; si empezaseis ya a oír que el trueno retumba y a ver que la tempestad enfurecida asuela vuestras casas; que los relámpagos se multiplican hasta convertir el universo en globo de fuego ; que el infierno vomita ya todos sus réprobos, cuyos gritos y alaridos se dejan oír hasta los confines del mundo, anunciando que el único medio de evitar tanta desdicha es dejar el pecado y hacer penitencia ; ¿ podríais escuchar, H. M., a esos hombres sin derramar torrentes de lágrimas y clamar misericordia? ¿No se os vería arrojaros al pie de los altares pidiendo clemencia? ¡Oh ceguera, oh desdicha incomprensible, la del hombre pecador! los males que vuestro pastor os anuncia son aún infinitamente más espantosos y dignos de arrancar vuestras lágrimas, de desgarrar vuestros corazones.
¡Ah! estas terribles verdades van a ser otras tantas sentencias que pronunciarán vuestra condenación eterna. Pero la más grande de todas las desdichas es que seáis insensibles a ellas y continuéis viviendo en pecado sin reconocer vuestra locura hasta el momento en que no haya ya remedio para vosotros. Un momento más, y aquel pecador que vivía tranquilo en el pecado será juzgado y condenado; un instante más, y llevará consigo sus lamentos por toda la eternidad. Sí, H. M., seremos juzgados, nada más cierto; sí, seremos juzgados sin misericordia; sí, eternamente nos lamentaremos de haber pecado.
— Leemos en la Sagrada Escritura, H. M., que cada vez que Dios quiere enviar algún azote al mundo o a su Iglesia, lo hace siempre preceder de algún signo que comience a infundir el terror en los corazones y los lleve a aplacar la divina justicia. Queriendo anegar el universo en un diluvio, el arca de Noé, cuya construcción duró cien años, fué una señal para inducir a los hombres a penitencia, sin la cual todos debían perecer. El historiador Josefo refiere que, antes de la destrucción de Jerusalén, se dejó ver, durante largo tiempo, un cometa en figura de alfanje, que ponía a los hombres en consternación. Todos se preguntaban: ¡Ay de nosotros! ¿qué querrá anunciar esta señal? tal vez alguna gran desgracia que Dios va a enviarnos. La luna estuvo sin alumbrar ocho noches seguidas; la gente parecía no poder ya vivir más. De repente, aparece un desconocido que, durante tres años, no hace sino gritar, día y noche, por las calles de Jerusalén: ¡Ay de Jerusalén! ¡Ay de Jerusalén!... Le prenden; le azotan con varas para impedirle que grite; nada le detiene. Al cabo de tres años exclama: ¡ Ay! ¡ay de Jerusalén ! y ¡ ay de mí ! Una piedra lanzada por una máquina le cae encima y le aplasta en el mismo instante.. Entonces todos los males que aquel desconocido había presagiado a Jerusalén vinieron sobre ella. El hambre fue tan dura que las madres llegaron a degollar a sus propios hijos para alimentarse con su carne. Los habitantes, sin saber por qué, se degollaban unos a otros; la ciudad fue tomada y como aniquilada; las calles y las plazas estaban todas cubiertas de cadáveres; corrían arroyos de sangre; los pocos que lograron salvar sus vidas fueron vendidos como esclavos.
Mas, como el día del juicio será el más terrible y espantoso de cuantos haya habido, le precederán señales tan horrendas, que llevarán el espanto hasta el fondo de los abismos. Dícenos el Señor que, en aquel momento infausto para el pecador, el sol no dará ya más luz, la luna será semejante a una mancha de sangre, y las estrellas caerán del firmamento. El aire estará tan lleno de relámpagos que será un incendio todo él, y el fragor de los truenos será tan grande qué los hombres quedarán yertos de espanto. Los vientos soplarán con tanto ímpetu, que nada podrá resistirles. Árboles y casas serán arrastradas al caos de la mar; el mismo mar de tal manera será agitado por las tempestades, que sus olas se elevarán cuatro codos por encima de las más altas montañas y bajarán tanto que podrán verse los horrores del abismo; todas las criaturas, aun las insensibles, parecerán quererse aniquilar, para evitar la presencia de su Criador, al ver cómo los crímenes de los hombres han manchado y desfigurado la tierra. Las aguas de los mares y de los ríos hervirán como aceite sobre brasas; los árboles y plantas vomitarán torrentes de sangre; los terremotos serán tan grandes que se verá la tierra hundirse por todas partes; la mayor parte de los árboles y de las bestias serán tragados por el abismo, y los hombres, que sobrevivan aún, quedarán como insensatos; los montes y peñascos se desplomarán con horrorosa furia. Después de todos estos horrores se encenderá fuego en los cuatro ángulos del mundo: fuego tan violento que consumirá las piedras, los peñascos y la tierra, como briznas de paja echadas en un horno. El universo entero será reducido a cenizas; es preciso que esta tierra manchada con tantos crímenes sea purificada por el fuego que encenderá la cólera del Señor, de un Dios justamente irritado.
Una vez que esta tierra cubierta de crímenes sea purificada, enviará Dios, H. M., a sus ángeles, que harán sonar la trompeta por los cuatro ángulos del mundo y dirán a todos los muertos: Levantaos, muertos, salid de vuestras tumbas, venid y compareced a juicio... Entonces, todos los muertos, buenos y malos, justos y pecadores, volverán a tomar la misma forma que tenían antes; el mar vomitará todos los cadáveres que guarda encerrados en su caos, la tierra devolverá todos los cuerpos sepultados, desde tantos siglos, en su seno. Cumplida esta revolución, todas las almas de los santos descenderán del cielo resplandecientes de gloria y cada alma se acercará a su cuerpo, dándole mil y mil parabienes. Ven, le dirá, ven, compañero de mis sufrimientos; si trabajaste por agradar a Dios, si hiciste consistir tu felicidad en los sufrimientos y combates, ¡oh, qué de bienes nos están reservados! Hace ya más de mil años que yo gozo de esta dicha; ¡oh, qué alegría para mí venir a anunciarte tantos bienes como nos están preparados para la eternidad. Venid, benditos ojos, que tantas veces os cerrasteis en presencia de los objetos impuros, por temor de perder la gracia de vuestro Dios, venid al cielo, donde no veréis sino bellezas jamás vistas en el mundo. Venid, oídos míos, que tuvisteis horror a las palabras y a los discursos impuros y calumniosos; venid y escucharéis en el cielo aquella música celeste que os arrobará en éxtasis continuo. Venid, pies míos y manos mías, que tantas veces os empleasteis en aliviar a los desgraciados; vamos a pasar nuestra eternidad en el cielo, donde veremos a nuestro amable y caritativo Salvador que tanto nos amó. ¡Ah! allí verás a Aquel que tantas veces vino a descansar en tu corazón. ¡Ah! allí veremos esa mano teñida aún en la sangre de nuestro divino Salvador, por la cual El nos mereció tanto gozo. En fin, el cuerpo y el alma de los santos se darán mil y mil parabienes; y esto por toda la eternidad.
Luego que todos los santos hayan vuelto a tomar sus cuerpos, radiantes todos allí de gloria según las buenas obras y las penitencias que hayan hecho, esperarán gozosos el momento en que Dios, a la faz del universo entero, revele, una por una, todas las lágrimas, todas las penitencias, todo el bien que ellos Hayan realizado durante su vida; felices ya con la felicidad del mismo Dios. Esperad, les dirá el mismo Jesucristo, esperad, quiero que todo el universo se goce en ver cuánto habéis trabajado. Los pecadores endurecidos, los incrédulos decían que yo era indiferente a cuanto vosotros hicieseis por mí; pero yo voy a mostrarles, en este día, que he visto y contado todas las lágrimas que derramasteis en el fondo de los desiertos; voy a mostrarles en este día que a vuestro lado me hallaba yo sobre los cadalsos... Venid todos y compareced delante de esos pecadores que me despreciaron y ultrajaron, que osaron negar que yo existiese y que los viese. Venid, hijos míos, venid, mis amados, y veréis cuán bueno he sido y cuán grande fue mi amor para con vosotros.
Contemplemos por un instante, H. M., a ese infinito número de almas justas que entran de nuevo en sus cuerpos, haciéndolos semejantes a hermosos soles. Mirad a todos esos mártires, con las palmas en la mano. Mirad a todas esas vírgenes, con la corona de la virginidad en sus sienes. Mirad a todos esos apóstoles, a todos esos sacerdotes; tantas cuantas almas salvaron, otros tantos rayos de gloria los embellecen. Todos ellos, H. M., dirán a María, la Virgen-Madre: Vamos a reunirnos con Aquel que está en el cielo, para dar nuevo esplendor de gloria a vuestra hermosura.
Pero no, un momento de paciencia; vosotros fuisteis despreciados, calumniados y perseguidos por los malvados; justo es que, antes de entrar en el reino eterno, vengan los pecadores a daros satisfacción honrosa.
Mas ¡terrible y espantosa mudanza! oigo la misma trompeta llamando a los réprobos para que salgan de los infiernos. ¡Venid, pecadores, verdugos y tiranos, dirá Dios que a todos quería salvar, venid, compareced ante el tribunal del Hijo del Hombre, ante Aquel de quien tantas veces atrevidamente pensasteis que no os veía ni os oía! Venid y compareced, porque cuantos pecados cometisteis en toda vuestra vida serán manifestados a la faz del universo. Entonces clamará el ángel: ¡Abismos del infierno, abrid vuestras puertas!
¡Vomitad a todos esos réprobos! su juez los llama. ¡Ah, terrible momento! todas aquellas desdichadas almas réprobas, horribles como demonios, saldrán de los abismos e irán, como desesperadas, en busca de sus cuerpos. ¡Ah, momento cruel! en el instante en que el alma entrará en su cuerpo, este cuerpo experimentará todos los rigores del infierno. ¡Ah! este maldito cuerpo, estas malditas almas se echarán mil y mil maldiciones. ¡Ah! maldito cuerpo, dirá el alma a su cuerpo que se arrastró y revolcó por el fango de sus impurezas; hace ya más de mil años que yo sufro y me abraso en los infiernos. Venid, malditos ojos, que tantas veces os recreasteis en miradas deshonestas a vosotros mismos o a los demás, venid al infierno a contemplar los monstruos más horribles. Venid, malditos oídos, que tanto gusto hallasteis en las palabras y discursos impuros, venid a escuchar eternamente los gritos, alaridos y rugidos de los demonios. Venid, lengua y boca malditas, que disteis tantos besos impuros y que nada omitisteis para satisfacer vuestra sensualidad y vuestra gula, venid al infierno, donde la hiel de los dragones será vuestro alimento único. ¡Ven, cuerpo maldito, a quien tanto procuré contentar; ven a ser arrojado por una eternidad en un estanque de fuego y de azufre encendido por el poder y la cólera de Dios! ¡Ah! ¿quién es capaz de comprender, ni menos de expresar las maldiciones que el cuerpo y el alma mutuamente se echarán por toda la eternidad?
Sí, H. M., ved a todos los justos y los réprobos que han recobrado su antigua figura, es decir, sus cuerpos tal como nosotros los vemos ahora, y esperan a su juez, pero un juez justo y sin compasión, para castigar o recompensar, según el mal o el bien que hayamos hecho. Vedle que llega ya, sentado en un trono, radiante de gloria, rodeado de todos los ángeles, precedido del estandarte de la cruz. Los malvados viendo a su juez, ¿qué digo? viendo a Aquel a quien antes vieron ocupado solamente en procurarles la felicidad del paraíso, y que, a pesar de El, se han condenado, exclamarán: Montañas, aplastadnos, arrebatadnos de la presencia de nuestro juez; peñascos, caed sobre nosotros; ¡ah, por favor, precipitadnos en los infiernos! No, no, pecador, acércate y ven a rendir cuenta de toda tu vida. Acércate, desdichado, que tanto despreciaste a un Dios tan bueno. ¡Ah! juez mío, padre mío, criador mío, ¿dónde están mi padre y mi madre que me condenaron? !Ah! quiero verlos; quiero reclamarles el cielo que me dejaron perder. ¡Ay, padre! ¡Ay, madre! fuisteis vosotros los que me condenasteis; fuisteis vosotros la causa de mi desdicha. No, no, al tribunal de tu Dios; no hay remedio para ti. ¡Ah juez mío! exclamará aquella joven..., ¿dónde está aquel libertino que me robó el cielo? No, no, adelántate, no esperes socorro de nadie... ¡estás condenada! no hay esperanza para ti; sí, estás perdida; sí, todo está perdido, puesto que perdiste a tu alma y a tu Dios. ¡Ah! ¿quién podrá comprender la desdicha de un condenado que verá enfrente de sí, al lado de los santos, a su padre o a su madre, radiantes de gloria y destinados al cielo, y a sí propio reservado para el infierno? Montañas, dirán estos réprobos, sepultadnos; ¡ah, por favor, caed sobre nosotros! ¡Ah, puertas del abismo, abríos para sepultarnos en él! No, pecador; tú siempre despreciaste mis mandamientos; pero hoy es el día en que yo quiero mostrarte que soy tu dueño. Comparece delante de mí con todos tus crímenes, de los cuales no es más que un tejido tu vida entera. ¡Ah, entonces será, dice el profeta Ezequiel, cuando el Señor tomará aquel gran pliego milagroso donde están escritos y consignados todos los crímenes de los hombres. ¡Cuántos pecados que jamás aparecieron a los ojos del mundo van ahora a manifestarse! ¡Ah! temblad los que, hace quizás quince o veinte años, venís acumulando pecado sobre pecado. ¡Ay, desgraciados de vosotros!
Entonces Jesucristo, con el libro de las conciencias en la mano, con voz de trueno formidable, llamará a todos los pecadores para convencerlos de todos los pecados que hayan cometido durante su vida. Venid, impúdicos, les dirá, acercaos y leed, día por día; mirad todos los pensamientos que mancharon vuestra imaginación, todos los deseos vergonzosos que corrompieron vuestro corazón; leed y contad vuestros adulterios; ved el lugar, el momento en que los cometisteis; ved la persona con la cual pecasteis. Leed todas vuestras voluptuosidades y lascivias, leed y contad bien cuántas almas habéis perdido, que tan caras me habían costado. Más de mil años llevaba ya vuestro cuerpo podrido en el sepulcro y vuestra alma en el infierno, y aún vuestro libertinaje seguía arrastrando almas a la condenación. ¿Veis a esa mujer a quien perdisteis, a ese marido, a esos hijos, a esos vecinos? Todos claman venganza, todos os acusan de su perdición, de que, a no ser por vosotros, habrían ganado el cielo. Venid, mujeres mundanas, instrumentos de Satanás, venid y leed todo el cuidado y el tiempo que empleasteis en componeros; contad la multitud de malos pensamientos y de malos deseos que suscitasteis en las personas que os vieron. Mirad todas las almas que os acusan de su perdición. Venid, maldicientes, sembradores de falsas nuevas, venid y leed, aquí están escritas todas vuestras maledicencias, vuestras burlas, y vuestras maldades; aquí tenéis todas las disensiones que causasteis, aquí tenéis todas las pérdidas y todos los, daños de que vuestra maldita lengua fue causa principal. Id, desdichados, a escuchar en el infierno los gritos y los aullidos espantosos de los demonios. Venid, malditos avaros, leed y contad ese dinero y esos bienes perecederos a los cuales apegasteis vuestro corazón, con menosprecio de vuestro Dios, y por los cuales sacrificasteis vuestra alma. ¿Habéis olvidado vuestra dureza para con los pobres? Aquí la tenéis, leed y contad. Ved aquí vuestro oro y vuestra plata, pedidles ahora que os socorran, decidles que os libren de mis manos. Id, malditos, a lamentar vuestra miseria en los infiernos. Venid, vengativos, leed y ved todo cuanto hicisteis en daño de vuestro prójimo, contad todas las injusticias, todos los pensamientos de odio y de venganza que alimentasteis en vuestro corazón; id, desdichados, al infierno. ¡Ah, rebeldes! mil veces os lo avisaron mis ministros, que, si no amabais a vuestro prójimo como a vosotros mismos, no habría perdón para vosotros. Apartaos de mí, malditos, idos al infierno, donde seréis víctimas de mi cólera eterna, donde aprenderéis que la venganza está reservada sólo a Dios. Ven, ven, bebedor, acércate,-mira hasta el último vaso de vino, hasta el último bocado de pan que quitaste de la boca de tu esposa y de tus hijos; he aquí todos tus excesos, ¿los reconoces? ¿son los tuyos realmente, o los de tu vecino? He aquí el número de noches y de días que pasaste en las tabernas, los domingos y fiestas; he aquí, una por una, las palabras deshonestas que dijiste en tu embriaguez; he aquí todos los juramentos, todas las imprecaciones que vomitaste; he aquí todos los escándalos que diste a tu esposa, a tus hijos y a tus vecinos. Sí, todo lo he escrito, todo lo he contado. Vete, desdichado, a embriagarte de la hiel de mi cólera en los infiernos. Venid, mercaderes, obreros, todos, cualquiera que fuese vuestro estado; venid, dadme cuenta, hasta el último maravedí, de todo lo que comprasteis y vendisteis; venid, examinemos juntos si vuestras medidas y vuestras cuentas concuerdan con las mías. Ved, mercaderes, el día en que engañasteis a ese niño. Ved aquel otro día en que exigisteis doblado precio por vuestra mercancía. Venid, profanadores de los Sacramentos, ved todos vuestros sacrilegios, todas vuestras hipocresías. Venid, padres y madres, dadme cuenta de esas almas que yo os confié; dadme cuenta de todo lo que hicieron vuestros hijos y vuestros criados; ved todas las veces que les disteis permiso para ir a lugares y juntarse con compañías que les fueron ocasión de pecado. Ved todos los malos pensamientos y deseos que vuestra hija inspiró; ved todos sus abrazos y otras acciones infames; ved todas las palabras impuras que pronunció vuestro hijo.
Pero, Señor, dirán los padres y madres, yo no le mandaba tales cosas. No importa, les dirá el juez, los pecados de tus hijos son pecados tuyos. ¿Dónde están las virtudes que les hicisteis practicar? ¿dónde los buenos ejemplos que les disteis y las buenas obras que les mandasteis hacer ? ¡Ay! ¿qué va a ser de esos padres y madres que ven cómo van sus hijos, unos al baile, otros al juego o a la taberna, y viven tranquilos? ¡Oh, Dios mío, qué ceguera ! ¡Oh, qué cúmulo de crímenes, por los cuales van a verse abrumados en aquellos terribles momentos ! ¡Oh! ¡cuántos pecados ocultos, que van a ser publicados a la faz del universo! ¡Oh, abismos de los infiernos! abríos para engullir a esas muchedumbres de réprobos que no han vivido sino para ultrajar a su Dios y condenarse.
Pero entonces, me diréis, ¿todas las buenas obras que hemos hecho de nada servirán? Nuestros ayunos, nuestras penitencias, nuestras limosnas, nuestras comuniones, nuestras confesiones, ¿quedarán sin recompensa? No, os dirá Jesucristo, todas vuestras oraciones no eran otra cosa que rutinas; vuestros ayunos, hipocresías; vuestras limosnas, vanagloria; vuestro trabajo no tenía otro fin que la avaricia y la codicia; vuestros sufrimientos no iban acompañados sino de quejas y murmuraciones; en todo cuanto hacíais, yo no entraba para nada. Por otra parte, os recompensé con bienes temporales: bendije vuestro trabajo; di fertilidad a vuestros campos y enriquecí a vuestros hijos; del poco bien que hicisteis, os di toda la recompensa que podíais esperar. En cambio os dirá Jesús, vuestros pecados viven todavía, vivirán eternamente delante de Mí; id, malditos, al fuego eterno, preparado para todos los que me despreciaron durante su vida.
II. — Sentencia terrible, pero infinitamente justa. ¿Qué cosa más justa, en verdad, para aquellos que aseguraban que todo concluía con la muerte? ¿Veis ahora su desesperación? ¿oís cómo confiesan su impiedad? ¿cómo claman misericordia? Mas ahora todo está acabado; el infierno es vuestra sola herencia. ¿Veis a ese orgulloso que escarnecía y despreciaba a todo el mundo? ¿le veis abismado en su corazón, condenado por una eternidad bajo los pies de los demonios? ¿Veis a ese incrédulo que decía que no hay Dios ni infierno? ¿le veis confesar a la faz de todo el universo que hay un Dios que le juzga y un infierno donde va a ser precipitado para jamás salir de él? Verdad es que Dios dará a todos los pecadores libertad de presentar sus razones y excusas para justificarse, si es que pueden. Mas, ¡ay! ¿qué podrá decir un criminal que no ve en sí mismo sino crimen e ingratitud? ¡Ay! todo lo que el pecador pueda decir en aquel momento infausto sólo servirá para mostrar más y más su impiedad y su ingratitud.
He aquí, sin duda, H. M., lo que habrá de más espantoso en aquel terrible momento: será el ver nosotros que Dios nada perdonó para salvarnos; que nos hizo participantes de los méritos infinitos de su muerte en la cruz; que nos hizo nacer en el seno de su Iglesia; que nos dió pastores para mostrarnos y enseñarnos todo lo que debíamos hacer para ser felices. Nos dió los Sacramentos para hacernos recobrar su amistad cuantas veces la habíamos perdido; no puso límite al número de pecados que quería perdonarnos; si nuestra conversión hubiese sido sincera, estábamos seguros de nuestro perdón. Nos esperó años enteros, por más que nosotros no vivíamos sino para ultrajarle; no quería perdernos, mejor dicho, quería en absoluto salvarnos; ¡y nosotros no quisimos! Nosotros mismos le forzamos por nuestros pecados a lanzar contra nosotros sentencia de eterna condenación: Id, hijos malditos, id a reuniros con aquel a quien imitasteis; por mi parte, no os reconozco sino para aplastaros con todos los furores de mí cólera eterna.
Venid, nos dice el Señor por uno de sus profetas, venid, hombres, mujeres, ricos y pobres, pecadores, quienesquiera que seáis, sea el que fuere vuestro estado y condición, decid todos, decid vuestras razones, y yo diré las mías. Entremos en juicio, pesémoslo todo con el peso del santuario. ¡Ah! terrible momento para un pecador, que, por cualquier lado que considere su vida, no ve más que pecado, sin cosa buena. ¡Dios mío! ¡qué va a ser de él ! En este mundo, el pecador siempre encuentra excusas que alegar por todos los pecados que ha cometido; lleva su orgullo hasta el mismo tribunal de la penitencia, donde no debiera comparecer sino para acusarse y condenarse a sí mismo. Unas veces, la ignorancia; otras, las tentaciones demasiado violentas; otras, en fin, las ocasiones y los malos ejemplos: tales son las razones que, todos los días, están dando los pecadores para encubrir la enormidad de sus crímenes. Venid, pecadores orgullosos, veamos si vuestras excusas serán bien recibidas el día del juicio; explicaos delante de Aquel que tiene la antorcha en la mano, y que todo lo vió, todo lo contó y todo lo pesó. ¡No sabías —dices— que aquello fuese pecado! ¡Ah, desdichado! te dirá Jesucristo: si hubieses nacido en medio de las naciones idólatras, que jamás oyeron hablar del verdadero Dios, pudiera tener alguna excusa tu ignorancia; pero ¿tú, cristiano, que tuviste la dicha de nacer en el seno de mi Iglesia, de crecer en el centro de la luz, tú que a cada instante oías hablar de la eterna felicidad? Desde tu infancia te enseñaron lo que debías hacer para procurártela; y tú, a quien jamás cesaron de instruir, de exhortar y de reprender, ¿ te atreves aún a excusarte con tu ignorancia? ¡Ah, desdichado! si viviste en la ignorancia, fué sencillamente porque no quisiste instruirte, porque no quisiste aprovecharte de las instrucciones, o huiste de ellas. ¡Vete, desgraciado, vete! ¡tus excusas sólo sirven para hacerte más digno aún de maldición! Vete, hijo maldito, al infierno, a arder en él con tu ignorancia.
Pero —dirá otro— es que mis pasiones eran muy violentas y mi debilidad muy grande. Mas —le dirá el Señor— ya que Dios era tan bueno que te hacía conocer tus debilidades, ya que tus pastores te advertían que debías velar continuamente sobre ti mismo y mortificarte, para dominarlas, ¿por qué hacías tú precisamente todo lo contrario? ¿Por qué tanto cuidado en contentar tu cuerpo y tus gustos? Dios te hacía conocer tu flaqueza, ¿y tú caías a cada instante? ¿Por qué, pues, no recurrir a Dios en demanda de su gracia? ¿por qué no escuchar a tus pastores que no cesaban de exhortarte a pedir las gracias y las fuerzas necesarias para vencer al demonio? ¿Por qué tanta indiferencia y desprecio por los Sacramentos, donde hubieras hallado abundancia de gracia y de fuerza para hacer el bien y evitar el mal? ¿Por qué tan frecuente desprecio de la palabra de Dios, que te hubiera guiado por el camino que debías seguir para llegar a El? ¡Ah, pecadores ingratos y ciegos! todos estos bienes estaban a vuestra disposición; de ellos podíais serviros como tantos otros se sirvieron ¿Qué hiciste para impedir tu caída en el pecado? No oraste sino por rutina o por costumbre.
¡Vete, desdichado! Cuanto más conocías tu flaqueza, tanto más debías haber recurrido a Dios, que te hubiera sostenido y ayudado en la obra de tu salvación. Vete, maldito, por ella te haces aún más criminal.
Pero, ¡las ocasiones de pecar son tantas! — dirá todavía otro. — Amigo mío, tres clases conozco de ocasiones que pueden conducirnos al pecado. Todos los estados tienen sus peligros. Tres clases hay, digo, de ocasiones: aquellas a las cuales estamos necesariamente expuestos por los deberes de nuestro estado, aquellas con las cuales tropezamos sin buscarlas, y aquellas en las cuales nos enredamos sin necesidad. Si las ocasiones a las cuales nos exponemos sin necesidad no han de servirnos de excusa, no tratemos de excusar un pecado con otro pecado. Oíste cantar — dices — una mala canción; oíste una maledicencia o una calumnia; pero ¿por qué frecuentabas aquella casa o aquella compañía? ¿por qué tratabas con aquellas personas sin religión ? ¿No sabías que quien se expone al peligro es culpable y en él perecerá? El que cae sin haberse expuesto, en seguida se levanta, y su caída le hace aún más vigilante y precavido. Pero ¿no ves que Dios, que nos ha prometido su socorro en nuestras tentaciones, no nos lo ha prometido para el caso en que nosotros mismos tengamos la temeridad de exponernos a ellas? Vete, desgraciado, has buscado la manera de perderte a ti mismo; mereces el infierno que está reservado a los pecadores como tú.
Pero —diréis— es que continuamente tenemos malos ejemplos delante de los ojos. ¿Malos ejemplos? Frívola excusa. Si hay malos ejemplos, ¿no los hay acaso también buenos? ¿Por qué, pues, no seguir los buenos mejor que los malos? Veías a una joven ir al templo, acercarse a la Sagrada Mesa; ¿por qué no seguías a ésta, mejor que a la otra que iba al baile? Veías a aquel joven piadoso entrar en la iglesia para adorar a Jesús en el Sagrario; ¿por qué no seguías sus pasos, mejor que los del otro que iba a la taberna? Di más bien, pecador, que preferiste seguir el camino ancho, que te condujo a la infelicidad en que ahora te encuentras, que el camino que te había trazado el mismo Hijo de Dios. La verdadera causa de tus caídas y de tu reprobación no está, pues, ni en los malos ejemplos, ni en las ocasiones, ni en tu propia flaqueza, ni en la falta de gracias y auxilios; está solamente en las malas disposiciones de tu corazón que tú no quisiste reprimir.
Si obraste el mal, fué porque quisiste. Tu ruina viene únicamente de ti.
Pero —replicaréis todavía— ¡se nos había dicho siempre que Dios era tan bueno !Dios es bueno, no hay duda; pero es también justo. Su bondad y su misericordia han pasado ya para ti; no te queda más que su justicia y su venganza. ¡Ay, H. M.! con tanta repugnancia como ahora sentirnos en confesarnos, si, cinco minutos antes de aquel gran día, Dios nos concediese sacerdotes para confesar nuestros pecados, para que se nos borrasen, ¡ah! ¡con qué diligencia nos aprovecharíamos de esta gracia! Mas ¡ay! que esto no nos será concedido en aquel momento de desesperación. Mucho más prudente que nosotros fué el Rey Bogoris. Instruido por un misionero en la religión católica, pero cautivo aún de los falsos placeres del mundo, habiendo llamado a un pintor cristiano para que le pintara, en su palacio, la caza más horrible de bestias feroces, éste, al revés, por disposición de la divina providencia, le pintó el juicio final, el mundo ardiendo en llamas, Jesucristo en medio de rayos y relámpagos, el infierno abierto ya para engullir a los condenados, con tan espantosas figuras que el rey quedó inmóvil. Vuelto en sí, acordóse de lo que el misionero le había enseñado para que aprendiese a evitar los horrores de aquel momento en el cual no cabrá al pecador otra suerte que la desesperación; y renunciando, al instante, a todos sus placeres, pasó lo restante de su vida en el arrepentimiento y las lágrimas.
¡ Ah, H. M. ! si este príncipe no se hubiese convertido, hubiera llegado igualmente para él la muerte; hubiera tardado algo más, es verdad, en dejar todos sus bienes y sus placeres; pero, al morir, aun cuando hubiese vivido siglos, habrían pasado a otros, y él estaría en el infierno ardiendo por siempre jamás; mientras que ahora se halla en el cielo, por una eternidad, esperando aquel gran día, contento de ver que todos sus pecados le han sido perdonados y que jamás volverán a aparecer, ni a los ojos de Dios, ni a los ojos de los hombres.
Fué este pensamiento bien meditado el que llevó a San Jerónimo a tratar su cuerpo con tanto rigor y a derramar tantas lágrimas. ¡Ah! —exclamaba él en aquella vasta soledad— paréceme que oigo, a cada instante, aquella trompeta, que ha de despertar a todos los muertos, llamándome al tribunal de mi Juez. Este mismo pensamiento hacía temblar a David en su trono, y a San Agustín en medio de sus placeres, a pesar de todos sus esfuerzos por ahogar esta idea de que un día sería juzgado. Decíale, de cuando en cuando, a su amigo Alipio: ¡Ah, amigo querido ! día vendrá en que comparezcamos todos ante el tribunal de Dios para recibir la recompensa del bien o el castigo del mal que hayamos hecho durante nuestra vida; dejemos, amigo mío — le decía — el camino del crimen por aquel que han seguido todos los santos. Preparémonos, desde la hora presente, para ese gran día.
Refiere San Juan Clímaco que un solitario dejó su monasterio para pasar a otro con el fin de hacer mayor penitencia. La primera noche fué citado al tribunal de Dios, quien le manifestó que era deudor, ante su justicia, de cien libras de oro. ¡Ah, Señor! —exclamó él— ¿qué puedo hacer para satisfacerlas? Permaneció tres años en aquel monasterio, permitiendo Dios que fuese despreciado y maltratado de todos los demás, hasta el extremo de que nadie parecía poderle sufrir. Apareciósele Nuestro Señor por segunda vez, diciéndole que aún no había satisfecho más que la cuarta parte de su deuda. ¡Ah, Señor! —exclamó él— ¿ qué debo, pues, hacer para justificarme? Fingióse loco durante trece años, y hacían de él todo lo que querían; tratábanle duramente, cual si fuera una acémila. Apareciósele por tercera vez el Señor, diciéndole que tenía pagada la mitad. ¡Ah, Señor! —repuso él— puesto que yo lo quise, es preciso que sufra para satisfacer a vuestra justicia. ¡Oh, Dios mío! no esperéis a castigar mis pecados después del juicio. Cuenta el mismo San Juan Clímaco otro hecho que hace estremecer. Había -dice- solitario que llevaba ya cuarenta años llorando sus pecados en el fondo de una selva. La víspera de su muerte, abriendo de golpe los ojos, fuera de sí, mirando a uno y otro lacio de su cama, como si viese a alguien que le pedía cuenta de su vida, respondía con voz trémula: Sí, cometí este pecado, pero lo confesé e hice penitencia de él años y años, hasta que Dios me lo perdonó. También cometiste tal otro pecado, le decía la voz. No —respondió el solitario— ese nunca lo he cometido.. Antes de morir, se le oyó exclamar ¡Dios mío, Dios mío! quitad, quitad, os pido, mis pecados de delante de mis ojos, porque no puedo soportar su vista. ¡Ay! ¿qué va a ser de nosotros, si el demonio echa en cara aun los pecados que no se han cometido, cubiertos como estarnos de culpas reales y de las cuales no hemos hecho penitencia? ¡Ah! ¿por qué diferirla para aquel terrible momento? Si apenas los santos están seguros, ¿qué va a ser de nosotros?
¿Qué debemos concluir de todo esto, H. M.? Hemos de concluir que es necesario no perder jamás de vista que un día seremos juzgados sin misericordia, y que nuestros pecados se manifestarán a la vista del universo entero; y que, después de este juicio, si nos hallamos culpables de estos pecados, iremos a llorarlos en los infiernos, sin poder ni borrarlos, ni olvidarlos. ¡Oh! ¡qué ciegos somos, H. M.., si no nos aprovechamos del poco tiempo que nos queda de vida para asegurarnos el cielo! Si somos pecadores, tenemos ahora esperanza de perdón; al paso que, si aguardamos a entonces, no nos quedará ya recurso alguno. ¡Dios mío !hacedme la gracia de que nunca me olvide de tan terrible momento, en especial cuando me vea tentado, para no sucumbir; a fin de que en aquel día podamos oír, salidas de la boca del Salvador, estas dulces palabras: «Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino que os está preparado desde el comienzo del mundo.»
San Juan Bautista María Vianney (Cura de Ars)
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Karl Joseph Aloysius Ratzinger “De gloria olivae”
Karl Joseph Aloysius Ratzinger, nació en la ciudad masónica de Baviera, Alemania, cuna del protestantismo y de la logia de los Illuminati. Según afirmaciones de alemanes que conocen la descendencia de su familia, dicen que es descendiente de judíos "conversos" lo cual podría ser cierto, derivado que sus facciones son de judío (y fue precisamente el judío Nostradamus, quien profetizó un Papa judío antes de la consumación del Apocalipsis).
Siendo sacerdote, confesó su gran admiración al Padre Romano Guardini, quien desde antes del Concilio Vaticano II, daba la espalda al tabernáculo. En 1968 Ratzinger en “Introducción a la Cristiandad” libro que el mentor de Juan Pablo II (el Cardenal Stefan Wyszynski); prohibió en su diócesis, por su contenido engañoso.
El primer acto de Ratzinger, al ser elegido Papa, fue invitar al excomulgado de Hans Hüng a visitarlo en Castel Gandolfo ¿Por qué, qué mensaje o señal quizo enviar y a quienes? Ratzinger ha dicho sobre Küng “Me gustan bastante sus planteamientos, el abuso de la fe debe ser resistido si se quiere mantener el querer del Concilio” lo cual se opone a quien se supone representa, Jesucristo “Quien no creyere, será condenado” (San Marcos 16-16; es muy importante resaltar que San Marcos, fue el secretario de San Pedro, por ello se puede decir que es el Evangelio de San Pedro)
El lema episcopal afirma que es cooperador de la verdad ¿pero verdad de quién? ¿Por qué entonces silenció el mensaje de la Virgen a Santa Lucía dos Santos (a través del Cardenal Bertrone), para que no dijera el Tercer Mensaje de la Virgen de Fátima al mundo? el cual la Santísima Virgen pidió enfáticamente, que se revelara precisamente hasta ese tiempo (en que se llevó a cabo el Concilio Vaticano II) afirmando que sólo hasta entonces, se entendería su contenido.
En 1988 Ratzinger declaró: “El Concilio Vaticano II, ha sido un fin a la tradición y un nuevo comienzo para la Iglesia” en otras palabras, las enseñanzas de Jesucristo y los Santos doctores, pasaron de moda (aunque ni Moisés, ni Mahoma, ni Buda, ni Krishna, etc., hayan sido incorruptos, a diferencia de los santos católicos, y mucho menos resucitaron como Jesucristo sí lo hizo) "Si yo no hubiera hecho las obras que nadie ha hecho, no tendrían pecado" (San Juan 15-24) Hubo 20 siglos de unidad católica, sin embargo gracias al Concilio Vaticano II y su “nuevo comienzo”, desde entonces la unidad de la Iglesia se rompió; ahora existen tridentinos, liberales, teologos de la liberación, modernistas, carismáticos; ya no hay una misma misa en todos lados, sino que ahora cada misa es distinta una de otra, etc. "El Cielo y La Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (San Mateo 24-35)
Ratzinger: “La Iglesia que surgirá en el mañana, habrá perdido mucho, será pequeña y no volverá a llenar las construcciones que creó, en su época de esplendor; la crisis real, aún no ha comenzado, aún tenemos que pasar por otras grandes tormentas" ¿? Con certeza jamás volverá a ser la fuerza dominante de la sociedad” ¿Acaso el Director de una empresa, el Presidente de un país; dirían esas palabras? En la Iglesia, como en el sector público, o privado, el responsable de su éxito, o fracaso es su Titular ¿Cómo es posible que Ratzinger hable así; o está con la Iglesia o está en contra de ella? ¿cómo es posible que nadie se de cuenta, que los escándalos de hoy, de sacerdotes pederastas, son el resultado del trabajo que no hizo ayer Ratzinger, asi como son los frutos del Concilio Vaticano II?; ahora cosechamos el mal que él ayudo a forjar, por eso los sacerdotes de hoy, no se ocupan verdaderamente en salvar las almas, en convertirlas a la doctrina del único Hombre-Dios, sino en salvar a la naturaleza; en las homilías, hablan de tvnovelas, hacen chistes, piden que la gente aplauda como lo hacen los protestantes, todo menos salvar las almas, de los errores modernos como la falsa evolución, por eso se entiende hoy la existencia de "católicos" narcos, de políticos "católicos" ladrones, de rateros "católicos" que asesinan a sus victimas, pues si ya no hay una verdad absoluta y todo es relativo, si provengo del chango; qué importa que sea un pervertidor de menores, que mate, que viole, que robe, etc. Ahora el sacerdote católico ya no es maestro ni guía, sino escándalo y corrupción, por eso respecto al Concilio y Ratzinger “Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, más por dentro son lobos rapaces... Por sus frutos los conoceréis... No todo el que me dice Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la Voluntad de mi Padre” (San Mateo 7:15-21); por algo el Arcángel San Miguel afirmó a Verónica Lueken: "Satanás se sentó en el Concilio Vaticano II".
En 1999 Ratzinger funda con Neil Bush (masón de la logia Bohemian Grove) “The Foundation for Interreligious and Intercultural Research and Dialogue” ¿Acaso no es extraño, que un Cardenal se asocie con un masón, cuya secta jura destruir al catolicismo? y nuevamente ahora como Benedicto XVI nombra al abortista Illuminati, Bilderberger, satanista (según palabras de Doc Marquis) y Gran Maestro del Concilio de los Nueve, Henry Kissinger ("Sí, mucha gente va a morir cuando sea establecido el Nuevo Orden Mundial, pero será un mundo mucho mejor, para aquellos que sobrevivan... Controlando la energía, podemos controlar las naciones; controlando la comida, controlaremos a los individuos") a quien ahora nombra ilustre consultor.
Ratzinger niega en su libro "Dios está cerca de nosotros: La Eucaristía, el corazón de la Vida" la Transubstanciación y revive la apostasía herética de Lutero (la cosubstanciación) "El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día" (San Juan 6-54) Ratzinger afirma que las escrituras son la autoridad primera y última (sutilmente niega la Tradición ¿acaso Jesucristo predicaba escribiendo?) En su libro "Muchas Religiones, Una Alianza, Israel, la Iglesia y el Mundo" afirma que el nuevo concepto filosófico, debe ser el concepto de la persona; rechaza la filosofía de Jesucristo, que es Teocentrica y no antropocentrica, como Ratzinger afirma "Quien me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre Celestial" (San Mateo 10-33) Ratzinger: “El protestantismo ha hecho una contribución importante, a la realización de la fe Cristiana... El protestantismo en sí mismo, no es herejía". "En posteriores tiempos, habrá quienes apostatarán de la fe, prestando oídos a espíritus de engaño y a doctrinas de demonios" (1 Tim. 4,1)."El profeta de Dios, se distingue del falso, por la fidelidad con que transmite la palabra del Señor" (Miqueas 3-8)
En su su libro "En el principio... Una Comprensión Católica de la Historia de la Creación y la Caída" niega la enseñanza de los Santos Doctores de la Iglesia (la Tradición) respecto al Pecado Original, afirma que la interpretación correcta, es que la humanidad por su egoísmo, ha dañado desde su creación, las relaciones entre los individuos, por lo tanto se infiere que para él, no es trascendente bautizarse “El que crea y sea bautizado se salvará” (San Mateo 16-16) "En Verdad, en Verdad os digo, si uno no nace del agua y el espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos" (San Juan 3-5) Publicó en la Revista 30 Giorni del mes de Abril de 1994 “La aventura que comenzó en el Concilio... Fue un acto necesario para estar a la altura de los tiempos modernos” lo cual es contrario a la Teología, a la Teodicea y a la Filosofía, pues la verdad no cambia, no muta; la verdad no tolera el error o la mentira, como la justicia no acepta la injusticia.
En "Fe y Futuro" afirmó: "La espera de la llegada del Mesías por parte de los judíos no es en vano... La Iglesia Católica, jamás volverá a concentrarse en la misión de convertirlos, porque ellos ya están salvados por el Padre desde que lo aceptaron en el Sinai", sin embargo Jesucristo dijo lo contrario: “Id pues y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (San Mateo 28:19-20) "Quien me rechaza a Mí, rechaza a Aquel que me envió... Quien no está conmigo, está contra Mí" (San Lucas 10-16 y 11-23) "Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais... Vosotros sois hijos del diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre, que fue homicida desde el principio y no permaneció en la Verdad" (San Juan 8:42-47)
Quieren vendernos la idea que Benedicto XVI es un conservador, sin embargo hay que decir que se puede ser conservador siendo liberal, porque el liberalismo puede ser radical o conservador; se puede conservar la esencia ideológica revolucionaria, sin ser para nada tradicionalista, es decir, un liberal modernista y dialéctico que conserva el error o el engaño.
Si de alguien Monseñor Lefebvre dijo ser una serpiente y en público un hereje, fue del Cardenal Ratzinger, en el Seminario de Ecône en febrero de 1991:
"Lo que es grave en el Cardenal Ratzinger, es que él pone en duda la realidad y enseñanza del magisterio de la Iglesia, pone en duda que haya un magisterio, que sea permanente y definitivo, lo cual no es posible; él acomete contra la raíz misma de la enseñanza de la Iglesia, ya no hay una verdad permanente; verdades de Fe. En consecuencia para él, se acabaron los dogmas, ésto es evidentemente herético, es tan claro y horroroso, pero así es”.
Ratzinger en su discurso ante los cardenales el día de su elección declaró: “También yo por tanto, al disponerme al servicio que es propio del sucesor de Pedro (por qué la irrespetuosidad protestante, hacia el título de Santo); quiero afirmar con fuerza, la decidida voluntad de proseguir en el empeño de la ejecución del Concilio Vaticano II”.
"Quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre Celestial" (San Mateo 10-33)
El P.. Wiltgen su libro “El Rin desemboca en el Tiber” explica: “Cien años antes del nacimiento de Cristo, Juvenal en una de sus sátiras, afirmó que el principal río de Siria (el Orontes) había desembocado en el romano Tiber. El poeta quería significar con esto, que la cultura Siria que él despreciaba, había conseguido penetrar en la cultura de su amada Roma; bueno pues, lo que sucedió desde un punto de vista cultural en tiempos de Juvenal, sucedió en el Concilio Vaticano II desde un punto de vista teológico, pero esta vez la influencia llegó de los países bañados por el Rin (Alemania, Austria... todos países protestantes, por eso se entiende, que la nueva misa como la nueva biblia, hayan sido rediseñadas en forma conjunta por católicos y 6 doctores protestantes que representaban al Consejo Ecuménico de las Iglesias Anglicana y Luterana).
La Santísima Virgen en la Salette, dijo en consonancia con el Apocalipsis: “Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo y la Iglesia será eclipsada”.
Monseñor Lefebvre no titubeó al decir después de hablar con el Cardenal Ratzinger: “Creo que podemos hablar de descristianización y que estas personas que ocupan Roma hoy, son Anticristos. No he dicho antecristos, he dicho anticristos como lo describe San Juan; nos condenan porque nosotros no queremos seguirlos ¿Seré excomulgado por quién, o por qué? por aquellos que son Anticristos, que no tiene más el espíritu Católico; porque queremos permanecer Católicos, porque queremos la Misa Católica y el Sacerdocio Católico, por eso somos perseguidos? ¿Hay que renunciar a la continuidad de la Iglesia, para complacer a aquél que no quiere la Tradición, que no quiere que Nuestro Señor Jesucristo Reine Públicamente (después del Vaticano II, fue la Iglesia la que revocó los Concordatos con los Estados) que nos conduce a la apostasía? ¿a una pastoral desordenada y falsa?; jamás se ha dicho, que el Papa podría hacer cosas contrarias al bien de la Iglesia, como está pasando ahora. El Papa practica una pastoral que lleva a los pueblos hacia la apostasía, eso es claro y absolutamente cierto; en otros tiempos cuando iba a Roma, en mi calidad de Delegado Apostólico, teníamos discusiones de personas honestas que querían el Reino de Nuestro Señor, personas que trabajaban para la salvación de las almas, ahora no trabajan para la salvación de las almas, si no para la gloria humana de la Iglesia en el mundo; puramente humana, como esta reunión de todas las religiones, de todas las ideologías: comunismo, francmasones, judíos… esto es abominable, porque mezcla la verdad con el error, la virtud con el vicio.... Quienes están ahora en Roma, no piensan más que en esto. Estoy íntimamente persuadido, que nosotros no sabemos la mitad de lo que sucede en Roma y si estamos escandalizados con lo que conocemos... ”
No hay peor ciego, ni sordo, que el que no quiere ver ni oír. El pecado contra el Espíritu Santo, precisamente consiste en rechazar la verdad manifiesta. Benedicto XVI quiere consolidar la revolución dentro de la Iglesia, es un modernista dialéctico, diabolicamente eficaz.
Monseñor Bernard Tissier de Mallerais, en una serie de conferencias dadas en octubre de 2006, sobre la Teología de Ratzinger, afirmó que negaba el valor satisfactorio de la Misa, una herejía “La Foi chrétienne hier et aujourd'hui - Editions du Cerf” (París 2005), traducción del alemán escrito en 1968, Ratzinger niega la satisfacción de la cruz (pp. 197-198) es una ficción para él, afirma Mons. Tissier de Mallerais; la Redención operada por la Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz, queda vaciada de su contenido por Ratzinger "El que niega al Hijo, no proviene de Dios” San Juan (2:22-23).
La satisfacción de la cruz, dice Santo Tomas y la tradición católica, opera por un acto de amor y misericordia de Cristo, que tiene tres elementos: el amor (elemento formal y más importante), la justicia (la razón directiva) y el dolor (elemento material); la Redención operada por la Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz, comporta una reparación o expiación objetiva, un rescate, porque sin reparación, no se podía liberar al hombre del pecado (Summa Theol. III-46-2-3). La Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz, es la máxima prueba del amor y rescate de la Justicia Divina hacia los hombres.
Ratzinger caricaturiza la Justicia Divina, vacia el contenido satisfactorio de la Redención por la Cruz y de la Santa Misa, como sacrificio propiciatorio; ni Lutero llegó con tanta facilidad a vaciar el culto divino, como Ratzinger lo hace refinadamente; sin la efusión de la sangre de Cristo, no hubiera habido tal Redención (Summa Theol. III 69-1-2) en oposición a la mentalidad protestante-judaica del teólogo Ratzinger, que reduce la gravedad del pecado original que ofende a Dios y en consecuencia, la necesidad de satisfacción exigida por la misma condición de los hechos del pecado (de todos los pecados contra Dios) que más esperar de un teólogo modernista, gnóstico-dialéctico, que busca la síntesis (amalgama o conciliación) de la Cábala (gnosis judaica) en el mundo cristiano, como el Padre Julio Meinvielle lo demuestra en su libro “De la Cábala al Progresismo” dialéctica difícil de detectar, porque a veces afirma y otras niega. Otros textos que revelan la mentalidad gnóstica de Ratzinger, el folleto “Qui est le Pape Benoit XVI?” de mayo de 2005 editado por el Convento Dominico de Avrille pág. 14: “Que se puede decir cuando somos constreñidos a verificar que el Prefecto actual de la Congregación para la Doctrina de la Fe, profesa lo contrario en sus libros de Teología; que Jesús no es Dios que se hace hombre, sino que es un hombre que se volvió Dios (La Foi chrétienne, hier et aujourd’hui. p.126)”
La cristología de Ratzinger es gnóstica, al igual que la de Teilhard de Chardin y de Rahner, para quienes no es Dios quien se hace hombre, sino el hombre quien se hace Dios. En otro folleto “Que penser du pape Benoit XVI?” (Junio de 2005) editado por el Convento Dominico de Avrillé, en las páginas 55 y 56 refiriéndose a Ratzinger “L’Esprit de la liturgie”: El Cardenal nos dice que el Logos (es decir el Verbo, el Hijo de Dios) no tiene un ‘Yo’ humano, lo cual es una expresión herética.
Con esta visión queda claro como procede Ratzinger con su juego dialéctico, de contradicción y síntesis; logra desplazar la Tradición de la Iglesia, por el misterio de iniquidad en el Apocalipsis; crisis apocalíptica para el que reconoce los signos de los tiempos, el triunfo de la sinagoga de Satanás o Iglesia del Anticristo, lo cual concuerda con la divisa del pontificado de Benedicto XVI “De gloria olivae” (triunfo del judaísmo en la Iglesia) por eso se entiende que en la Iglesia ya no haya más santos sacerdotes.
Los postulados de Ratzinger-Benedicto XVI, van en contra de todos sus antecesores, del Canon que duró casi dos milenios, de la Tradición enseñada por Jesucristo, de los Santos Doctores de la Iglesia como Santo Tomás de Aquino, o San Roberto Belarmino, quienes afirmaron que un Papa que se ha expresado heréticamente, debe ser quitado del Papado, aunque haya sido elegido por todos los Cardenales, por eso el mismo San Pablo increpó a San Pedro, porque no caminaba según la Verdad del Evangelio (Gal.2-14) a lo cual San Agustin recuerda con regocijo, la corrección que se hizo el Primer Papa de la Historia, dándo ejemplo y no desdeñando al verse corregido por su inferior; por algo San Atanasio, como el Papa Pío IX afirmaron "La Iglesia que rompe con su pasado, ya no es la Iglesia Católica. El Papa ha recibido la Tradición, no para predicar verdades nuevas, sino para mantener la fe de siempre".
"Oh Timoteo guarda el depósito, permanece en lo que aprendiste..." (San Pablo sabía que la infancia de Timoteo, se remontaba casi a la época del asesinato de Jesucristo, pues se refería a lo que su abuelita le enseñó y que ella recibió de Jesucristo).
“Vi gran cantidad de gente ocupada en demoler la Iglesia... Había miembros de sectas que la demolían siguiendo todos un mismo plan... Son todos fariseos... En Alemania vi eclesiásticos y protestantes que formaban un plan para la fusión de las confesiones religiosas.... Había algo de judío en los rasgos de su cara... Ellos quieren imponer a uno que entregue todo a los enemigos de la Iglesia ¡Tunantes alemanes!...” Santa Ana Catalina Emmerich.
“Os doy una advertencia a todos mis hijos de la tierra, tened cuidado pues vendrá uno a engañar a la humanidad, su reino traerá gran destrucción... El falso profeta vendrá después del reinado de Juan Pablo II” Nuestra Señora de Nowra-Australia.
“La Casa de Mi Hijo está infiltrada por agentes del infierno... El hombre de muchos rostros ya camina en la Casa de Dios... Recibiréis al hombre de secretos oscuros, sobre la sede de Pedro... El signo del que busca destruir, tendrá en su escudo de armas la Hoz de la Media Luna” Santísima Virgen Maria Auxiliadora.
¿Qué significa el supuesto palio pontificio invertido en forma de media luna? Para los satanistas representa el emblema de Lucifer, descrito en Isaías 14:12 (Caíste del Cielo Lucero... Tú que debilitabas a las naciones...) Apocalipsis 12 (Fue arrojado a la Tierra el dragón, la serpiente antigua que engaña al mundo entero) la luna creciente indica el avance espiritu-material, hacia el portador de la luz, Luzbel.
¿Por qué un rey negro? ¿Acaso representa al Papa negro?
¿Por qué un oso negro? ¿olvidó Ratzinger las advertencias marianas, sobre el oso negro de la masonería, que se sentaría en el trono de San Pedro?
Lamentablemente la mayoría de la gente, cree ciegamente lo que se afirma en los medios, pues es incorrecto afirmar que Benedicto XVI traerá paz, cuando en realidad desde hace mucho tiempo, ha contribuído a la destrucción de la Igeslia Católica, al ser uno de los principales autores de introducir en la Iglesia Católica su Caballo de Troya: El Concilio Vaticano II.
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CONSIDERACIONES SOBRE LOS JUDÍOS
EL PUEBLO JUDÍO ES DEICIDA. Todos los judíos que participaron en la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, los que Lo rechazaron y los que callaron obedeciendo a sus a sus jefes son culpables de DEICIDIO, así como todos sus descendientes, hasta el fin de los tiempos, que no hayan aceptado Su doctrina.
NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO ES EL VERBO DE DIOS ENCARNADO, ES POR TANTO, VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE.
HECHOS, 14: “Mas vosotros ……disteis la muerte al autor de la vida, pero Dios lo ha resucitado de entre los muertos, y nosotros hemos sido testigos de su resurrección”.
San Pablo, I Tesalonisences, 15: “Que han dado muerte al Señor Jesús”. San Pablo, I Corintios, 2,15 “si lo hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la Gloria”
Es necesario interrogar a la Sagrada Escritura según la mentalidad bíblica y a la luz de la Tradición y no según la mentalidad moderna. Toda la historia de Israel corre sobre el principio de la polaridad: de un lado Dios con sus favores y sus castigos colectivos; y de otro, el “pueblo elegido” con su aceptación o rechazo a los mandatos de Dios por medio de Sus profetas. El pueblo judío entero, siempre ha sido considerado como responsable de las faltas cometidas por sus dirigentes, incluso cuando una gran parte de ese pueblo haya sido ajeno. HAY POR LO TANTO, UNA RESPONSABILIDAD COLECTIVA.
La razón de las parábolas.
San Mateo, 13, 10 a 17. “En ellos se cumple la profecía de Isaías, que dice: Oiréis, pero no entenderéis, miraréis pero no veréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, y han cerrado sus ojos para no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni entender en su corazón, ni convertirse, ni que yo los sane”.
San Esteban acusa en bloque a los judíos de su época, aunque no todos lo hubiesen merecido personalmente: “Cabezas duras, incircuncisos de corazón y de oídos. Os resistís perpetuamente al Espíritu Santo. Vuestros padres lo hacían, y también vosotros ahora”
HECHOS 7, 52.
San Juan I, II escribe: “Ha venido a los suyos y los suyos no le han recibido”
San Juan, 11, 49 a 52. Caifás dijo a los sacerdotes en el Sanedrín: / “Vosotros no entendéis nada, ni comprendéis que os conviene que muera un solo hombre por el pueblo, y no toda la nación perezca….”
Por tanto, el propio sumo sacerdote de los judíos interpreta la acción del Sanedrín en nombre e interés de toda la nación.
Versículo 25: ¡Caiga!
Y San Mateo escribe en el capítulo 27, vs. 24 a 26.
“SU SANGRE SOBRE NOSOTROS Y SOBRE NUESTROS HIJOS”
RESPONSABILIDAD COLECTIVA:
San Mateo 23, 29-36: Soberbia de los escribas y fariseos, Daños que hacen los fariseos, Su hipocresía: “ y decís: Si nosotros hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos participado con ellos en la muerte de los profetas”. “Así, pues, dais testimonio contra vosotros que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. Colmad, pues, la medida de vuestros padres”
El castigo de los fariseos: “¡Serpientes, raza de víboras!, ¿Cómo podéis escapar de la condenación del infierno? , por esto, mirad: os voy a enviar profetas, sabios y escribas. A unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada en la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. En verdad os digo: todo esto vendrá sobre la presente generación”
Quejas contra Jerusalén: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados”
En las siguientes parábolas, Nuestro Señor Jesucristo anuncia a los jefes de los judíos que por la dureza de su corazón, les será quitado el Reino del Espíritu y dado a otros pueblos, (los gentiles que acepten Su doctrina), para que éstos sean Su nuevo pueblo elegido. No elegido por la carne, sino por la Fe.
Por lo cual, todos los judíos que siguieron a sus jefes y se echaron sobre sus cabezas y las de sus hijos, la sangre del Justo, cayeron en desgracia. Y habiendo sido los primeros en la predilección divina; serán los últimos, un puñado, en entrar al Reino hasta que reconozcan a Jesucristo como Dios en unión del Padre y del Espíritu Santo.
En el capítulo 7º. Del Apocalipsis, San Juan, con su lenguaje enigmático, nos da el número, simbólico si se quiere, de los elegidos. Indicando con esto, que no se convertirà la totalidad de los judìos, sino, solamente una pequeña parte.
“Apocalipsis, 7 vs. 3 a 8: “Diciendo: No hagàis daño ni a la tierra, ni al mar, ni a los àrboles hasta tanto que pongamos la señal en la frente a los siervos de nuestro Dios. 4, Oì tambièn el nùmero de los señalados, que eran ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de los hijos de Israel. 5 De la tribu de Judà habìa doce mil señalados: de la tribu de Ruben doce mil señalados, de la tribu de Gad otros doce mil: etc, etc... de la tribu de Josè o Efraìm doce mil señalados: de la tribu de Benjamín otros doce mil señalados”.
Este pequeño grupo de elegidos al fin de los tiempos, basta para que la promesa que Dios les hizo como pueblo de Su elecciòn quede a salvo, y no se pueda argumentar que Dios ha rechazado para siempre a Su pueblo. Este residuo de los judìos convertidos a Cristo constituye, de hecho, el verdadero Israel de Dios.
Sin templo ni sacrificio y con su ciudad Santa destruida, sin rey ni sacerdotes, en suma sin patria, vagaron por el mundo durante 18 siglos hasta en fin de los tiempos (el año de 1948), perdiendo el Reino espiritual, por su inconmensurable crimen. Solamente les ha quedado el reino material, que el Príncipe de este mundo les ha dado. Desde la Pasión y Muerte de Cristo, los judíos talmúdicos y post cristianos han sido los enemigos màs encarnizados de la Cristiandad hasta hoy en día.
El judaísmo de los tiempos posteriores a Nuestro Señor Jesucristo participa objetivamente de la responsabilidad colectiva de deicidio y de reprobaciòn, ya que este judaísmo es la contiuaciòn libre y voluntaria del judaísmo que habìa rechazado a Cristo.
Por último, es importante constatar firmemente, que para nosotros los católicos, EL ÙNICO HOLOCAUSTO VÀLIDO, ES EL SACRIFICIO Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN LA CRUZ, no habiendo otro.
CURACIÓN DEL SIERVO DEL CENTURIÓN.
SAN MATEO, 8, 11-13
“Al entrar en Cafamaúm se acercó a Él, un centurión que le suplicaba y decía: Señor, mi siervo yace en la casa, paralítico sufriendo terriblemente, y le dice: yo iré a curarlo, y le contestó el centurión: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; pero di sólo una palabra y mi siervo curará.
Porque yo, que soy un subordinado tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a uno: ve, y va: y al otro: ven, y viene: ya mi siervo: haz esto, y lo, hace.
Al oír esto Jesús se admiró y dijo a los que le acompañaban: En verdad os digo, en ninguno de Israel he encontrado tan grande fe. Yo os aseguro que muchos vendrán de Oriente y de Occidente y comerán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
MIENTRAS QUE LOS HIJOS DEL REINO SERÁN ARROJADOS A LAS TINIEBLAS, AFUERA: ALLÍ SERÁ EL LLANTO Y EL CRUJIR DE DIENTES.
Y dijo Jesús al centurión: Vete y que se cumpla conforme a lo, que has creído. Y en aquel momento se curó el siervo”.
PARÁBOLA DE LOS RENTEROS HOMICIDAS. SAN MATEO 21, 38-46
Los labradores, cuando vieron al hijo se dijeron: Este es el heredero; vamos a matarlo y a quedarnos con su herencia.
Lo cogieron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el amo de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?
Dícenle: Los matará cruelmente, como a malos, y ARRENDARÁ LA VIÑA A OTROS LABRADORES, QUE LE DEN LOS FRUTOS A SU TIEMPO.
Jesús les responde: ¿No habéis leído nunca en la Escritura:
La piedra que rechazaron los que edificaban, vino a ser la piedra angular: Esto ha sido obra del Señor, admirable a nuestros ojos?" .
POR ESTO OS DIGO QUE EL REINO DE DIOS OS SERÁ QUITADO A VOSOTROS PARA DARSE A UN PUEBLO QUE ENTREGUE SUS FRUTOS.
Todo el que caiga sobre esta piedra se estrellará, y sobre quien ella caiga lo aplastará.
Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, que oyeron sus parábolas, conocieron que se refería a ellos y, aunque deseaban prenderlo, temían al pueblo, que lo tenía por un profeta.
jueves, 5 de mayo de 2011
Un beso reservado para confirmar el Nuevo Pacto
Mateo 24:28 – Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.
La situación descrita en Mateo 24, no es la primera vez que ocurre. Al igual que en otros eventos repetidos en la historia, conviene considerarla según aquellas cosas que pertenecen al reino de los cielos, en su desarrollo temporal y terrenal, y que si de alguna manera se repiten, lo hacen en grado más alto, hasta alcanzar la plenitud definida en la palabra profética.
El cuerpo muerto de Juan Pablo II ha conseguido juntar sobre sí mismo y sobre un nuevo elemento añadido con magistral astucia: “su sangre”, a miles de personas de todo el imperio, ya no sólo Romano, sino de todas las partes del mundo.
Han exhibido el cuerpo y la sangre de Juan Pablo II como piedra y fundamento de la dignidad y el valor del hombre, CONTRA el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que rescata al hombre de su condición de pecado y de muerte.
Con ello, los evangelios han sido cerrados para hacer una nueva lectura, ya no sobre las Sagradas Escrituras que nos muestran la naturaleza caída del hombre, sino sobre la vida del pontífice beatificado como sinónimo de divinizado,(por cuanto ejerce la autoridad de Dios para interpretar con su vida la Palabra Profética, a favor de la naturaleza humana y dignificando toda expresión de creencias, culturas y costumbres), contra toda la tradición de la Iglesia, con su magisterio y la vida de todos los Santos verdaderos.
La situación descrita en Mateo 24, no es la primera vez que ocurre. Al igual que en otros eventos repetidos en la historia, conviene considerarla según aquellas cosas que pertenecen al reino de los cielos, en su desarrollo temporal y terrenal, y que si de alguna manera se repiten, lo hacen en grado más alto, hasta alcanzar la plenitud definida en la palabra profética.
El cuerpo muerto de Juan Pablo II ha conseguido juntar sobre sí mismo y sobre un nuevo elemento añadido con magistral astucia: “su sangre”, a miles de personas de todo el imperio, ya no sólo Romano, sino de todas las partes del mundo.
Han exhibido el cuerpo y la sangre de Juan Pablo II como piedra y fundamento de la dignidad y el valor del hombre, CONTRA el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que rescata al hombre de su condición de pecado y de muerte.
Con ello, los evangelios han sido cerrados para hacer una nueva lectura, ya no sobre las Sagradas Escrituras que nos muestran la naturaleza caída del hombre, sino sobre la vida del pontífice beatificado como sinónimo de divinizado,(por cuanto ejerce la autoridad de Dios para interpretar con su vida la Palabra Profética, a favor de la naturaleza humana y dignificando toda expresión de creencias, culturas y costumbres), contra toda la tradición de la Iglesia, con su magisterio y la vida de todos los Santos verdaderos.
Al presentar esta causa sobre la tumba de San Pedro y ante el altar de la Basílica dedicado al Espíritu Santo, se ha blasfemado impunemente contra el Altísimo y se ha cometido un pecado imperdonable oficialmente formalizado. Para ellos el Espíritu del Anticristo es Santo, siempre lo han creído así, por ello han consagrado definitivamente a esta iglesia adultera y a sus fieles a la bestia, ofreciendo todos estos actos en su nombre, y marcando a todos sus seguidores de manera prácticamente definitiva en la frente y en la mano derecha.
Después de todo esto, el nuevo beato Juan Pablo II dará a luz una oleada de nuevos Santos, de nuevos sacerdotes y fieles que piensen y obren a su imagen y semejanza, pues como dijo la mano derecha de Benedicto XVI el cardenal Bertone, Juan Pablo es molde de Santidad y se abre con su obra y su vida un nuevo libro para aprender la verdad y la sabiduría. Con esto lo que quieren decir es que se presenta ante el mundo, el nuevo evangelio del hombre divinizado y su civilización del amor.
Han presentado su cuerpo y su sangre como testimonio para negar la condición pecadora del ser humano, y han reivindicando ante todas las naciones el reconocimiento de la grandeza y divinidad del hombre. Por lo que han pecado voluntariamente después de tener el conocimiento de la verdad, tanto ellos como un mundo que ha conocido la verdad, y la ha sustituido por el culto así mismos.
Ya no queda para la humanidad más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. (Hebreos 10:26-27).
El beso de Benedicto XVI a la reliquia con la sangre del hereje Juan Pablo II, es el beso de la traición definitiva, entregando la iglesia a Satanás y al mundo, ofreciendo la iglesia como una novia adultera y ramera, para sus bodas con el Nuevo orden Mundial.
Esta iglesia apóstata ha demostrado al mundo sobre todas las cosas su amor y reconocimiento del valor y de la dignidad de los hombres y de sí mismos. Son todo lo que el mundo espera para olvidarse definitivamente de Dios.
Como poderosa bestia, a quien nadie puede enfrentarse, Juan Pablo II ha sido levantado de la tierra espiritual y puesto como referencia divina, es decir: “como Dios” en el templo de Dios.
La noche oscura de los tiempos ha comenzado, el octavo rey, que es de entre los siete, tiene su cetro preparado ¿Quién podrá resistirse?
Juicio y hervor de fuego, son el futuro hasta la Venida de Nuestro Señor, mientras tanto, por un breve tiempo, pretenderán poder escuchar los tamboriles y flautas dispuestos para el gran querubín, efímeros aplausos ante insostenibles logros de una falsa paz y pretendida seguridad que se derrumbará sobre su propia maldad en la que ha sido construida.
Todo aquel que no se haga fuerte aferrándose a la esperanza de la Gloriosa Venida de Nuestro Señor Jesucristo, está en vías de sucumbir ante los albores del nuevo imperio mundial y su nueva religión.
Que nuestra esperanza en el Señor nos lleve a refugiarnos en María.
Salgamos al campo y lugares desiertos, vestidos de cilicio, y no toquemos lo inmundo.
¿Quién como Dios? ¡Maranatha!
Salgamos al campo y lugares desiertos, vestidos de cilicio, y no toquemos lo inmundo.
¿Quién como Dios? ¡Maranatha!
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