miércoles, 3 de noviembre de 2010

Santiago de Compostela y su catedral



En España y mas concretamente en Galicia, está muy arraigada la tradición de que el apóstol Santiago, hijo del Zebedeo y hermano de Juan Evangelista predicó la palabra de Dios en la Península Ibérica antes de retornar a Judea, donde sufrió martirio en el año 44 DC.


Poco antes de morir, ordenó a sus discípulos trasladar sus restos mortales a Hispania y darle sepultura. Estos, tras un delirante viaje, llegaron a Iria Flavia ( Padrón, A Coruña ) y desde allí, el cuerpo de Santiago fue trasladado unos kilómetros tierra adentro a un lugar conocido como liberum donum, donde fue enterrado. El pasar de los años y las continuos conflictos e invasiones hicieron que la sepultura fuera olvidada y abandonada.

El nacimiento de Santiago de Compostela. Descubrimiento de la tumba del Apóstol

El mencionado liberum donum, ubicado sobre un promontorio, era cruce de caminos de varias calzadas romanas rodeadas por dos ríos: Sar y Sarela. Aquella pequeña e incipiente población dependía del obispado de Iria Flavia y tras varios decadas, allá por el siglo IX, Compostela comenzó a emerger con fuerza

La tradición evoca la aparición de luminarias justo encima de una cavidad próxima al Liberum Donum, lo que provocó el interés del obispo de Iria Flavia, Teodomiro, y de personajes de gran relevancia en la zona. Después de una larga búsqueda el sepulcro quedó al descubierto.

El fabuloso hallazgo corrió de boca en boca hasta la corte donde Alfonso II el Casto, ordenó la construcción en ese mismo lugar de una iglesia que, con el pasar de los siglos, sería un símbolo de toda la cristiandad.

Evolución de la iglesia de Santiago de Compostela

El crecimiento de Santiago de Compostela fue tal, que el antiguo obispado de Iria Flavia fue trasladado a esta incipiente localidad. Poco se sabe de estos primeros años aunque la Historia Compostelana proporciona detalles de la vida de los sucesores del obispo Teodomiro relacionados con las modificaciones de la primitiva iglesia.

Así, en época del obispo compostelano Sisnando (869-920) se produjo la primera remodelación del templo introduciendo elementos de más valía. La consagración de la remodelada iglesia fue en tiempos de Alfonso III, concretamente en mayo del año 899.

Es probablemente, a partir de la consagración del nuevo templo cuando la figura del apóstol comienza a ejercer una considerable importancia en el curso de la reconquista siendo Santiago el gran defensor de los cristianos de la península.
Almanzor y Compostela

Posteriormente, durante el Siglo X, Santiago de Compostela entró en decadencia, la cual culminó en el año 997 con la invasión de Almanzor. Diversos textos, señalan que el visir del califa Hisham, temeroso del poder que infundía la tumba del apóstol, ordenó el respeto de la misma, poniendo a un guardia de su confianza a la entrada del sepulcro mientras la ciudad y el templo eran expoliados y destruidos.
Por orden del propio Almanzor, varios cristianos cautivos fueron los encargados de llevar las campanas y los portalones principales de la iglesia compostelana hasta Córdoba donde serían ubicados en la mezquita. La iglesia quedó prácticamente en ruinas.

Inmediatamente, a principios del Siglo XI la iglesia fue restaurada y consagrada en un tiempo récord. Unos cincuenta años después el obispo Cresconio (1036 – 1066) añadió dos torres fortificadas en la parte occidental a causa de las continuas incursiones vikingas que asolaban la región.

A su muerte, le sucedió su sobrino Gudesteo, el cual murió en misteriosas circunstancias no sin ver terminadas las torres que comenzó a construir su tío.

La construcción del nuevo templo de Compostela
Aproximadamente en el año 1070, Diego Peláez fue nombrado obispo, el cual coleccionaría un amplio número de enemigos, incluida la corte del rey, por la firmeza con la que condenaba a los que se aprovechaban de los bienes de Santiago.

Su mayor gloria fue el comienzo de la edificación de la gran catedral románica que podemos contemplar hoy en día y que reemplaza a la anterior restaurada tras la invasión de Almanzor. Esta gran obra se inauguró probablemente en el año 1075 con las recaudaciones y colectas por todo el territorio.
La más significativa era la Arca Operis Beati Jacobi, un cofre colocado en la iglesia destinado a recoger limosnas de los ciudadanos compostelanos, visitantes o peregrinos. Esta, se destinaba a sufragar los salarios del maestro de obra y sus ayudantes. La construcción comenzó por el extremo oriental y el nuevo ábside se prolongó hasta juntarse con la iglesia primigenia que seguía prestando servicio.
Una catedral eterna. La plaza del Obradoiro

Años mas tarde, llego al obispado compostelano Diego Gélmirez y es cuando la iglesia compostelana llega a su máxima exaltación acudiendo miles de peregrinos en masa a orar ante los restos del apóstol, tradición que se mantendrá hasta nuestros días.

25 de julio: Fiesta del Apostol

La catedral que actualmente conocemos, ha bebido de los diferentes estilos arquitectónicos habidos hasta la actualidad, destacando la fachada barroca que preside la actual plaza del Obradoiro donde miles de personas celebran el 25 de julio el día del Apóstol.

martes, 2 de noviembre de 2010

MEDITACIÓN SOBRE LAS ALMAS DEL PURGATORIO



I. Las almas del purgatorio sufren la pena de daño, porque están privadas de la vista de Dios. ¡Qué cruel es esta separación! La naturaleza y la gracia los impulsan violentamente hacia Dios, pero no pueden llegar hasta Él. Lo que les causa más pena es ver que su dicha es aplazada porque, en la tierra, gozaron de algunos leves placeres que les estaban prohibidos. Ten piedad de estas almas y, con tus mortificaciones, trabaja por retirarlas de esta triste morada.

II. Estas almas son atormentadas por el mismo fuego que atormenta a los condenados, su pena es la misma; la única diferencia está en que los condenados sufrirán toda la eternidad y las almas del purgatorio solamente un tiempo. Puedes abreviar este tiempo con tus oraciones, ayunos y limosnas. ¿Negarás esta caridad a tus padres, a tus hermanos cristianos que te la piden? Oye su queja:¡Tened piedad de mí, tened piedad de mí, por lo menos vosotros que fuisteis mis amigos!

III. Estas santas almas, sin embargo, tienen consuelos en medio de sus suplicios, porque están resignadas a la voluntad de Dios que en ellas se cumple para purificarlas, y porque ven, por un lado, el infierno que evitaron, y por el otro, el cielo que las espera. Cristianos, aprended de ellas cómo hay que sufrir y pasad lo más que podáis vuestro purgatorio en esta vida; sufrid con la misma fortaleza y la misma esperanza que las almas del purgatorio. Señor, purificadme en esta vida, a fin de que después de esta vida escape de las llamas del purgatorio (San Agustín).

Los Fieles Difuntos





La muerte: A todos nos preocupa la muerte, sin embargo, para los cristianos no debe ser motivo de angustia y desesperación. A través de la muerte, el hombre consigue llegar a su fin último que es volver a Dios de quien procede. Sabemos que un día vamos a resucitar con Cristo, pero para esto es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2Co 5,8).


La muerte es el final de la vida terrena. Nuestras vidas están sometidas al tiempo, en el cual cambiamos, envejecemos y, como todo ser vivo, tenemos un término, que es la muerte. Ante esta realidad, debemos pensar que contamos con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida y vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.


La muerte es consecuencia del pecado. Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. La muerte fue contraria a los designios de Dios Creador y entró en el mundo como consecuencia del pecado (Cf. Gn 2,13; 3,3; 3, 19; Sb 1,13; Rm 5,12; 6,23). El hombre se hubiera librado de la muerte corporal si no hubiera pecado, es pues, el último enemigo que el hombre debe vencer. (Cf. 1Co 15,26).


La muerte fue transformada por Cristo. Jesús, Hijo de Dios, sufrió también la muerte, propia de la condición humana. Su obediencia, transformó la maldición de la muerte en bendición y promesa de resurrección. ( Cf. Rm 5, 19-21).


Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La novedad consiste en que por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente muerto con Cristo, para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este "morir con Cristo" y perfecciona nuestra incorporación a Él en su acto redentor.


En la muerte Dios llama al hombre hacia sí. Es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último descanso.


El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna. Esto no quiere decir que no se sienta tristeza y dolor ante la muerte propia o de un ser querido, pero, es diferente afrontar el dolor con la esperanza de que un día volveremos a reunirnos ante el Señor.






¿Cómo resucitan los muertos? Resucitar quiere decir, volver a la vida aún muerto. .La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia lógica de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. Esperar la resurrección, es otro misterio de la vida cristiana, que se fundamenta en las promesas hechas por Dios en su Palabra. Consulta las citas bíblicas que aquí aparecen.


No es lo mismo que reencarnación. La doctrina de la reencarnación es contraria a la fe cristiana. Los cristianos creemos que cada hombre tiene una sola vida y una sola oportunidad para realizarla según la voluntad de Dios. Si el hombre vive de acuerdo a lo que Dios quiere, va a resucitar un día, en cuerpo y alma, igual que Jesús.


La muerte es la separación del alma y del cuerpo; el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.


Cristo resucitó con su propio cuerpo. Del mismo modo, en Él todos resucitarán con su propio cuerpo que tienen ahora, pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria", en "cuerpo espiritual" (Cf. Lc 24,39; Flp 3,21; 1Co 15,44). Este "cómo" sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe.


Todos los hombres que han muerto "los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5,29; Cf. Dn 12,2). Esta resurrección será en el "último día", "al fin del mundo" (Cf. Jn 6,39-4.44.54; 11,24). La resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo, es decir a su segunda y definitiva venida. (Cf. 1 Ts, 4,16)


Tradiciones mexicanas: En México el día 2 de noviembre está rodeado de tradiciones muy antiguas que proceden del culto que se daba a la muerte en la época prehispánica. Sabemos que los pueblos antiguos de todas las culturas, ante la impotencia para conservar la juventud y la vida, daban un culto especial a la muerte. Los antiguos mexicanos veneraban no solo a la muerte, sino también a sus muertos. Dedicaban un día a su recuerdo, creían que sus parientes muertos regresaban a visitar el lugar donde habían vivido, por lo solían visitar sus tumbas y poner junto a ellas, flores y algo para que comieran en su visita.


Con la evangelización se trató de no atropellar las costumbres y tradiciones indígenas, sino más bien transformarlas y darles un sentido cristiano. Por esto se sigue la costumbre de visitar los panteones y llevar flores a las tumbas, ya no porque se crea que los muertos nos visitarán, sino porque se quiere expresar el afecto por la persona fallecida y sobre todo para dedicar oraciones a Dios por su alma.


Igual sucede con los "altares de muertos". Es una costumbre mexicana que consiste en dedicar un espacio en algún lugar visible para recordar a un ser querido muerto. Se adorna una mesa a manera de altar, con papeles picados de colores, flores, una fotografía de la persona a quien se recuerda, objetos representativos de su vida, calaveras de azúcar y algunos platillos y bebidas de lo que más le gustaba.


A estos elementos de la cultura mexicana se agrega el sentido cristiano colocando un crucifijo que nos recuerde que Jesús, el Hijo de Dios, también probó la muerte, pero que al resucitar salió victorioso y que nos participa de su resurrección si nos decidimos a seguirlo; se coloca también una imagen de la Virgen María, nuestra madre, quien también nos precedió y participa ya de la vida eterna con Jesús; se ponen veladoras encendidas para simbolizar la fe en Cristo, que es la Luz del mundo.


Se deben aprovechar estas tradiciones para iluminar con la fe cristiana la pena que nos deja la muerte de un ser querido, para orar en familia por su alma y para reflexionar y enseñar, sobre todo a los más pequeños, haciéndonos algunas preguntas: ¿dónde están ahora nuestros difuntos? ¿tenemos que estar siempre tristes por quienes queremos y ya murieron? ¿qué nos puede consolar? ¿qué nos espera después de esta vida? ¿qué nos dio Dios por medio de esta persona a quien estamos recordando? Los cristianos creemos en la resurrección, así es que: ¿cómo hemos de vivir?


Es sobre todo, muy importante dedicar oraciones y misas por las almas de nuestros seres queridos y de todos los fieles difuntos, para que pronto alcancen el perdón de sus culpas y puedan ya gozar de la presencia de Dios en el cielo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Benedicto XVI condena la absurda y feroz matanza




Domingo en Bagdad. Misa de doce en la iglesia de «Sayida an-Naya» (Nuestra Señora del Socorro), en el céntrico barrio de Karrada. Hace quince minutos que ha comenzado el oficio. Alrededor de dos centenares de fieles siguen la misa. La mayoría, mujeres y niños. Suenan dos fuertes explosiones y estalla un tiroteo fuera, cerca del templo, en la Bolsa de Bagdad. El sacerdote, el padre Athir, interrumpe su sermón. Los fieles se ponen en pie, alerta. De pronto, un comando de siete u ocho individuos irrumpe a la carrera en la nave de la iglesia dando voces. Van armados hasta los dientes. Fusiles kalashnikov, pistolas, granadas de mano, cinturones con explosivos... Son yihadistas.

Revuelo general. El padre Wassim trata de esconder a unas decenas de fieles en una pieza contigua a la nave central. Después, intenta parlamentar con los asaltantes. Le disparan una ráfaga. El padre Athir, que oficiaba la misa, es ametrallado también. Los yihadistas lanzan varias ráfagas y una granada sobre un pequeño grupo de fieles que trataban de huir por la puerta principal. Más disparos. Una docena de cadáveres yacen por el suelo y sobre los bancos. El tiroteo se apaga. Quedan casi un centenar de rehenes aterrorizados en poder de los asaltantes. Algunos han logrado escapar en los primeros instantes.

La policía y el ejército rodean el templo. Amenazan con asaltarlo. Los terroristas replican que lo harán volar por los aires con sus rehenes dentro. Formulan un par de exigencias para liberarlos: la excarcelación de yihadistas presos en Irak, y de dos cristianos coptos convertidos al islam y al parecer encarcelados en Egipto. Pasa el tiempo. Cinco horas de pánico dentro de la iglesia, y otras tantas de incertidumbre fuera. Las fuerzas especiales del ejército iraquí, y sus asesores estadounidenses deciden pasar a la acción, al parecer perdida toda esperanza.

Cinturones con explosivos

Tres decenas de expertos inician el asalto por la puerta principal y por dos ventanas simultáneamente. Los terroristas estaban preparados, y en Nuestra Señora del Socorro se desató el infierno. Mientras los comandos disparaban casi a ciegas, los yihadistas, distribuidos por el interior, lanzaban sus granadas y activaban sus cinturones con explosivos. El saldo de la operación de rescate, aterrador: 46 fieles muertos, muchos de ellos mujeres y niños; más de sesenta civiles heridos; siete agentes y militares abatidos, y diecisiete heridos; cinco terroristas muertos, y dos o tres, capturados malheridos.

«No pudimos esperar más y lanzamos la operación, los terroristas estaban dispuestos a matar a todos los rehenes», dijo el ministro de Defensa, Abdul-Qadr al-Obeidi. Calificó el asalto de «éxito» porque se logró «matar a todos los terroristas, entre los que había ciudadanos no iraquíes».

Ayer, la iglesia después de la batalla mostraba su frontón «Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra» acribillado de balas. Un bajorrelieve de la Virgen, desgarrado por las esquirlas. El suelo, los muros. los bancos... salpicados de sangre. Jirones de carne humana y de ropas. El Estado Islámico de Irak, brazo hermano de Al Qaida en este país, reivindicó la matanza a través de un comunicado en el que amenazaba: «Se ha encendido la mecha de la campaña contra los cristianos». Hay cerca de medio millón en Irak. Hace seis años eran un millón.

El Ejército estadounidense aclaró que sus soldados no intervinieron en el asalto, sólo asesoraron a los iraquíes. El Papa condenó la «absurda y feroz matanza contra personas indemnes acogidas en la casa de Dios». Más condenas desde EE.UU., la UE, Rusia, desde medio mundo. Hasta Hizbolá condenó la matanza.


Información:
abc.es

COMENTARIOS ELEISON 172 (30-X-2010) : ¿CONDENA DEMORADA?


Después de varios números recientes de "Comentarios Eleison" que enfatizaron la importancia de la doctrina (CE 162, 165-167, 169), un lector pregunta si no sería sin embargo más sabio el demorar la condena del Vaticano II, con base en que ni las autoridades en Roma ni los Católicos en su mayoría están listos para aceptar que el Concilio es doctrinalmente tan malo como la Fraternidad de San Pio X, siguiendo las enseñanzas del Arzobispo Lefebvre, dice que es. En realidad, es mucho peor.

El gran problema doctrinal con los documentos del Vaticano II no es que son abierta y claramente heréticos. De hecho su "letra", opuestamente a su "espíritu", puede parecer Católica, al punto que el Arzobispo Lefebvre, quien estuvó directamente involucrado en todas las cuatro Sesiones del Concilio, firmó todos a excepción de los dos últimos y peores de estos documentos, "Gaudium et Spes" y "Dignitatis Humanae". Sin embargo, esa "letra" está sutilmente contaminada con el "espíritu" de la nueva religión centrada en el hombre, hacia la cual los Padres del Concilio se inclinaban, y que está corrompiendo a la Iglesia desde entonces. Si el Arzobispo pudiera emitir su voto nuevamente hoy en día acerca de los 16 documentos, uno se pregunta si con la sabiduría de una visión retrospectiva votaría por siquiera uno de estos.

Los documentos son entonces ambiguos, interpretables según la letra como Católicos en su mayor parte, pero envenenados según el espíritu con modernismo, la más perniciosa de todas las herejías de la Iglesia, dijo San Pio X en la encíclica "Pascendi". Así es que, por ejemplo, si los Católicos "conservadores", por "lealtad" a la Iglesia, defienden los documentos, ¿qué es exactamente lo que están conservando? El veneno y su habilidad para seguir corrompiendo la Fe Católica de millones de almas, así colocándolos en el camino hacia la eterna condenación.

Todo esto me recuerda de un convoy Aliado cruzando el Atlántico con suministros vitales para los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Un submarino enemigo logró salir a la superficie justamente en medio del perímetro de defensa de los barcos, por lo que tenía la libertad de torpedearlos uno tras del otro, mientras que los destructores de los Aliados continuaban a la caza del submarino a fuera del perímetro externo, ¡sin tan siquiera imaginar que podría estar adentro! El Demonio se encuentra asi entre los documentos del Vaticano II, y está torpedeando la salvación eterna de millones de almas, gracias a que está tan bien encubierto en esos documentos.


Ahora imaginemos un navegante con mirada penetrante a bordo de uno de los barcos de comerciantes en el convoy que ha notado la discreta pero delatora estela del esnórkel del submarino. El grita, "¡El submarino está adentro!", pero nadie lo toma en serio. ¿Debería entonces esperar y mantenerse callado, o debería de gritar "¡Peligro!" y seguir gritando hasta que por fin el capitán se dé cuenta del daño mortal?

La FSSPX debe de gritar acerca del Vaticano II, y seguir gritando sin cesar, porque miles de almas están en un mortal e incesante peligro. Para entender ese peligro, ciertamente difícil de entender en teoría, lea el libro del Padre Álvaro Calderón acerca de los documentos del Vaticano II titulado: "Prometeo: la Religión del Hombre".

Kyrie eleison.

La torpeza de legisladores poblanos


En el creciente afán de desligar la identidad católica de los mexicanos, los legisladores optan por incluir la palabra laico en el estado de Puebla. 

El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, calificó como innecesario incluir la palabra laico a la Constitución del Estado de Puebla, como lo aprobaron los diputados locales el pasado 28 de octubre.

En la pasada Sesión Pública Ordinaria, el Pleno de la LVII Legislatura aprobó la reforma al artículo Segundo de la Constitución del Estado de Puebla, para anexar la palabra laico.

El argumento de los legisladores locales, por lo que se aprobó la reforma, es garantizar la igualdad de derechos y libertades de todos los ciudadanos, además de la libre enseñanza y la libre manifestación de las ideas como reconocimiento a la pluralidad que se expresa en una sociedad democrática.

El arzobispo de Puebla, en conferencia de prensa, declaró que más allá de renombrar a Puebla como un Estado laico, pidió que los legisladores locales entiendan en primer lugar lo que es la laicidad positiva.

“El Estado laico significa tener la libertad de creer y no creer, libertad de practicar una religión o de cambiar, libertad de culto, no ser herido en su conciencia, libertad para los padres de dar a sus hijos una educación conforme a sus creencias, esa es la laicidad positiva”, describió.

Sánchez Espinosa abundó que en un Estado laico debe prevalecer el respeto a la identidad de un pueblo y sus valores, en ninguna circunstancia la religión debe ser vista como un peligro, sino como una ventaja.

“No hay necesidad de cambiar esto (el texto de Constitución del Estado de Puebla), creo que hay temas más delicados en los cuales nuestros legisladores se deberían de abocar”, insistió.

El líder de la grey católica en Puebla también destacó que aún con la reforma, existen las leyes divinas que nadie las puede cambiar, mismas que están en el corazón de cada uno de los seres humanos, sean creyentes o no creyentes.

Dijo, finalmente, que las leyes humanas las cambian con mucha facilidad, “mañana viene otro grupo de legisladores y las vuelven a cambiar porque tienen otros intereses. No hay necesidad de eso, vivimos en un Estado laico”.

Benedicto XVI se encontrará con la España menos católica de la historia

No es exactamente un viaje a tierra infiel, pero la España que visitará a partir del sábado el papa Benedicto XVI ya no tiene nada que ver con el bastión católico que fue durante siglos. Todas las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) realizadas desde su visita de 2006 muestran que se ha acelerado la desafección de los ciudadanos hacia el catolicismo y muy particularmente entre los jóvenes. 
La España que pisará Benedicto XVI es la menos católica de la historia.

Todos los estudios coinciden en el fenómeno de fondo: primero se vaciaron las iglesias, luego empezó a caer lentamente la adhesión sentimental al catolicismo. Y desde hace un lustro la caída entre los jóvenes es tan pronunciada el 50% ya ni se considera católico que algunos expertos auguran que en un plazo de 20 años España puede dejar de tener mayoría católica sin que ocupe su lugar ninguna otra religión. "Entre los jóvenes, el descenso en el autoposicionamiento religioso católico es constante y prácticamente lineal. De todas formas, hay una aceleración en los últimos años realmente llamativa", opina Javier Elzo, catedrático emérito de Sociología de Deusto, experto en jóvenes y en sociología de la religión.


Práctica más relajada

Al catolicismo obligatorio del franquismo le sucedió una práctica más relajada, en la que los fieles redujeron mucho su compromiso y se vaciaron las iglesias. Pero el porcentaje de la población que se consideraba católica siguió rozando el 90% hasta principios de la década de 1990.

A partir de ahí, el descenso fue constante, pero suave. Hasta que a mediados de la década de 2000 se aceleró la desafección, mucho más pronunciada entre los jóvenes.


Por vez primera en la historia de España, la mitad de los jóvenes de 15 a 29 años ya no se considera católico. Lo certifican los barómetros del CIS: el último, del pasado mes de septiembre, registra la adhesión más baja entre la juventud: del 52%. Pero también los estudios específicos que realiza el organismo público para el Instituto de la Juventud (Injuve), con muestras de hasta 1.500 personas. Y los resultados coinciden con los macrosondeos periódicos que hace la católica Fundación Santa María, especializada en jóvenes y valores.
El descreimiento de la juventud española ha sido muy acelerado: entre 1992 y 2010, el porcentaje que se define como católico en este sector de edad ha pasado del 82% al 52%. Una caída de 30 puntos en sólo 18 años.

En el mismo periodo, el conjunto de los ciudadanos que se consideran católicos ha pasado del 87% al 73%. Tradicionalmente, la adhesión de los jóvenes al catolicismo ha sido siempre menor a la del conjunto de la población, pero las diferencias nunca han sido tan abismales. En 1992, les separaban cinco puntos. En el último barómetro del CIS, 21.


"Pese a que mucha gente dejó de seguir los preceptos de la iglesia hace tiempo, parecía que el catolicismo seguía blindado en España por razones culturales, como si ser católico fuera un elemento más de ser español", apunta Kerman Calvo, politólogo del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales e investigador de un programa paneuropeo de religión y política. Y añade: "Pero todo esto está cambiando porque las nuevas generaciones ya no sienten este vínculo".
Importancia de los valores

Para los sociólogos, los valores tienen una gran importancia a la hora de imaginar las sociedades futuras porque, una vez consolidados, son muy difíciles de modificar. Y ya son varias generaciones las que van madurando con menos adhesión al catolicismo, con un ritmo cada vez más trepidante.

Calvo subraya que el gran acelerón secularizador que se inicia a mediados de la década de 2000 coincide con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la Moncloa. Y el proceso, coinciden la mayoría de sociólogos, se reforzará: "Los jóvenes españoles ya no son culturalmente católicos. Y si sigue el proceso a este ritmo, en 20 años ya no podrá afirmarse que España sea un país culturalmente católico", augura.

Lorenzo Navarrete, decano del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid, coincide: "El proceso es inexorable y aún se ampliará en el futuro porque las identidades son cada vez más abiertas y flexibles, lo que encaja poco con las religiones", afirma.

"Para estos nuevos tiempos, que el 50% de jóvenes se considere católico es mucho. Aún queda un poso cultural, familiar o de asistencia a ritos que hace que, sin identificarse plenamente con el credo, se definan como afines a la iglesia. Pero la cifra se irá reduciendo", dice.

Incluso entre los creyentes, el rechazo a muchos postulados terrenales de la iglesia ya es mayoritario en España, según el último macrosondeo del CIS sobre religión, de 2008. Entre los jóvenes, la oposición es altísima y ronda el 80% en el uso del preservativo, en las relaciones sexuales prematrimoniales o en el divorcio. Pero la oposición es ya mayoritaria en el conjunto de la población en todos los temas planteados: además de los tres citados, bodas gays, relaciones entre homosexuales, aborto, adopción de niños por parejas homosexuales y matrimonio entre sacerdotes. Ello no significa que la sociedad o los jóvenes avalen estas prácticas. Pero incluso si no lo hacen, consideran que la postura de la iglesia es demasiado radical.

Más militancia
El aumento del radicalismo en el mundo católico es precisamente una de las consecuencias del avance de la secularización que auguran los expertos: "El declive del catolicismo en una sociedad lleva siempre aparejado el aumento del activismo militante de estos sectores, que se sienten asediados", recalca Jordi Figuerola, historiador de la Universitat Autònoma de Barcelona especializado en la iglesia.

"La mecánica suele repetirse: el avance en la secularización radicaliza a los católicos, lo que a su vez provoca que sean menos", añade Figuerola. "En España, el integrismo y su influencia son cada vez más fuertes, tanto en la cúpula eclesial como entre los grupos activistas que aspiran a influir en las políticas y que están en movilización permanente".

El cambio de Juan Pablo II por Benedicto XVI en el trono romano puede haber contribuido a reforzar la tendencia a la baja. Así se desprende de las encuestas, que muestran que en España la popularidad del doctrinario Benedicto XVI es muy inferior a la que tuvo el mediático Juan Pablo II.


En el macroestudio de 2008, Benedicto XVI aprobaba por los pelos entre los españoles: obtenía sólo un 5,18, lejos del 6,96 de Juan Pablo II, fallecido en 2005. Y Ratzinger suspendía en las tres franjas de menores de 44 años.

"De este papa hemos escuchado escasos pronunciamientos sobre la crisis económica y la puntilla ha sido el estallido del escándalo de pederastia: la pérdida de credibilidad es total", lamenta el teólogo progresista Juan José Tamayo.

Tamayo considera que "la iglesia católica, jerárquica y dominada por los movimientos neoconservadores, se ha convertido en un obstáculo para la religión". Y añade: "Una de las causas de la caída tan significativa en España es la actitud integrista de la jerarquía, que ha alejado de la iglesia a los jóvenes, a los trabajadores y al mundo intelectual".


Una minoría más sólida

La crisis es reconocida también por los grupos más afines a la jerarquía: "Ciertamente, se ha producido en los últimos años un descenso de la práctica religiosa en España, que es aún más acusado entre los jóvenes", admite el periodista Daniel Arasa, presidente del Grup d'Entitats Catalanes de la Família.

Arasa esboza como explicaciones "el consumismo a todos los niveles" y el "objetivo del éxito a toda costa", entre otras. Pero no todo es negativo, subraya: "Hoy, los católicos van reduciéndose a una minoría, pero viven su fe a fondo. Son más sólidos y están forjados en la contradicción del ambiente".

Su hijo Daniel, experto en Comunicación de la Universidad Pontificia, en Roma, es aún más optimista: "Si tenemos en cuenta que los apóstoles eran 12 y cambiaron el mundo, el futuro es bastante alentador".

Facebook retira grupo gay por convocar a beso ante el Papa



Ya tenían congregadas a mil personas para evento a realizarse el 07 de noviembre en Barcelona.

El grupo "Queer Kissing Flashmob" fue retirado del Facebook por convocar a organizaciones de gays, lesbianas y demás a besarse delante del papa Benedicto XVI durante su visita a Barcelona.

Ya había congregado a mil personas. El pasado jueves 21 de octubre fue censurado por los administradores de Facebook porque violaba los términos de uso.

Marylène Carole, una de las administradoras de "Queer Kissing Flashmob" asegura que "cada vez que nos eliminen la página, lo volveremos a crear. Esto no nos desanima, nos da más impulso".

El acto se realizará en la Catedral a las 09:00 horas del próximo 07 de noviembre. Twitter y blogs ya conocen del caso

Fiesta de todos los Santos


La fiesta de hoy se dedica a lo que san Juan describe como «una gran muchedumbre que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus y lenguas»; los que gozan de Dios, canonizados o no, desconocidos las más de las veces por nosotros, pero individualmente amados y redimidos por Dios, que conoce a cada uno de sus hijos por su nombre y su afán de perfección. 


Hay quien pone reparos a éste o aquél, reduce el número de las legiones de mártires, supone un origen fabuloso para tal o cual figura venerada. La Iglesia puede permitirse esos lujos, un solo santo en la tierra bastaría para llenar de gozo al universo entero, y hay carretadas.

¡Aquellos veinticuatro carros repletos de huesos de mártires que Bonifacio IV hace trasladar al Panteón del paganismo para fundarlo de nuevo sobre cimientos de santidad! Montones, carretadas de santos, sobreabundancia de cristianos de quienes ni siquiera por aproximación conocemos el número, para los que faltan días en el calendario.

Por eso hoy se aglomeran en la gran fiesta común. Los humanamente ilustres, Pedro, Pablo, Agustín, Jerónimo, Francisco, Domingo, Tomás, Ignacio, y los oscuros: el enfermo, el niño, la madre de familia, un oficinista, un albañil, la monjita que nadie recuerda, gente que en vida parecía tan gris, tan irreconocible, tan poco llamativa, la gente vulgar y buena de todos los tiempos y todos los lugares.

Cualquiera que en cualquier momento y situación supo ser fiel sin que a su alrededor se enterara casi nadie, cualquiera sobre quien, al morir, alguien quizá comentó en una frase convencional: Era un santo. Y no sabíamos que se había dicho con tanta propiedad. Cristianos anónimos que a su manera, a escala humana, se parecían a Cristo.
La solemnidad de Todos los Santos nació en el siglo Vlll entre los celtas la Iglesia nos propone esta Visión de gloria al comienzo del invierno, para invitarnos a vivir en la esperanza de una primavera, más allá de la muerte. Quiere también que caigamos en la cuenta de nuestra solidaridad con cuantos han pasado al mundo invisible.

Festejamos con alegría a los Santos, pues creemos «que gozan de la gloria de la inmortalidad», en donde interceden por nosotros. Cada Santo vive intensamente la visión de Dios y su amor, mas su conjunto forma una ciudad, «la Jerusalén celeste», un Reino abierto a cuantos vivan de acuerdo con las Bienaventuranzas. Son la Iglesia del cielo.

La Gloria de los «Santos, nuestros hermanos», procede de Dios, cuya imagen reproduce cada uno de ellos de una manera única. Por consiguiente, al venerarlos, proclamamos a Dios «admirable y solo Santo entre todos los Santos». Todos fueron salvados por Cristo, todos nacieron de su costado abierto. Este es el motivo por el que el lugar por excelencia de comunión con los Santos es la Eucaristía.
En ella les santificó el Señor Jesús con la plenitud de su amor»; en ella podemos también nosotros suplicarle con humildad a Dios que nos haga pasar «de esta mesa de la Iglesia peregrina al banquete del Reino de los cielos».

Una pistola y dos hombres frente a Dios

Sucedió hace bastantes años en un campo de concentración en Francia.

Había en él muchos refugiados españoles.
Un sacerdote solía subir al estrado y explicaba a su auditorio temas de religión.Un día les habló de Dios y de su existencia.

Cuando terminó el sacerdote de explicar sus ideas, preguntó al auditorio si alguno quería exponer algo. Se oyó la voz de un refugiado gritando su disconformidad. El ateo subió al estrado y dijo al auditorio: "No estoy conforme con lo que ha dicho el sacerdote. Yo digo que Dios no existe. Y lo voy a probar.

Aquí está mí reloj. Si Dios existe, le doy un plazo de cinco minutos para que me mate. Faltan cuatro minutos. Faltan tres minutos. Faltan dos minutos. Falta un minuto. No falta nada. El Dios de este sacerdote no existe".

Al acabar de hablar el incrédulo, sus partidarios le vitorearon. Le pasearon en hombros por el campo de concentración. El sacerdote quedó sin saber qué hacer. De repente tuvo una idea luminosa.

Y dirigiéndose a la multitud de incrédulos y de creyentes les dijo. "Señores, no he terminado aún. Invitó al incrédulo a subir al estrado. El sacerdote pidió una pistola cargada. Un hombre le entregó el arma. Se hizo un silencio profundo. Todos estaban intrigados. Él sacerdote le dijo al incrédulo: "Ahí tiene esta pistola. No le hace falta más que darle al gatillo. Le concedo cinco minutos para que me mate. Faltan cuatro minutos. Faltan tres minutos. Faltan dos minutos. Falta un minuto. No falta nada. Luego usted no existe. ¿Qué les parece a ustedes?"

El rostro del sacerdote y el de su contrincante estaban pálidos. El incrédulo le dijo: "¿Cómo voy a matar yo a usted que tanto bien me ha hecho? El sacerdote le contestó: "Dios le ha hecho a usted muchos más favores que yo y es mucho más misericordioso con los hombres que usted ha sido conmigo.
Usted me ha respetado la vida cuando yo le pedía que me matara, como Dios se la ha respetado a usted cuando le retaba a que se la quitara". La escena fue de gran emoción. Dios recompensó el heroísmo del sacerdote que expuso su vida por El, haciendo que se convirtiera a la fe católica aquel incrédulo que unos momentos antes negaba a Dios.