miércoles, 26 de mayo de 2010

Angustia musulmana Dinoscopus Mons. Williamson


Un pequeño ejemplo de un gran problema se cruzó por mi camino el mes pasado, cuando conocí en Londres a un joven musulmán que nació y vive en Francia, desgarrado entre sus ancestros musulmanes y su entorno europeo. El choque interno entre la lealtad a sus tradiciones familiares y la lealtad a su patria de nacimiento era claramente desgarrador. Mientras algunos musulmanes parecen ser capaces de adoptar los valores franceses, muchos otros los rechazan completamente; sin embargo él no era capaz de asumir ninguna de esas dos actitudes.

Evidentemente, su problema es algo más que cultural, político o incluso histórico. Es religioso. El Islam nació hace casi 1400 años como una ruptura radical frente al cristianismo en Oriente Medio. Enraizado en la herejía monofisista que sostiene que sólo hay una Persona en Dios, se extendió como un incendio por la reseca cristiandad de Oriente Medio y el norte de África, ocupando España durante muchos siglos[2] e irrumpiendo brevemente en Francia. Es una religión sencilla y violenta que busca la conquista del mundo entero por medio de la espada. Es un azote de Dios que la cristiandad ha podido contener durante mil años sólo por medio de la espada.


Sin embargo, al perder prácticamente toda creencia en Cristo o en la Cristiandad, los cristianos europeos están permitiendo -y sus gobiernos anticristianos están activamente fomentando- que los musulmanes regresen a Europa, no por medio de la espada sino a través de la inmigración, gracias a la cual llegó aFrancia hace dos o tres generaciones la familia de este jóven. ¿Qué intereses hay detrás de esa inmigración? Los Mundialistas la quieren para que les ayude a disolver las una vez gloriosas naciones cristianas y así poder fundirlas en el Nuevo Orden Mundial[3]. Los progresistas la quieren para justificar su locura de que las diferencias étnicas o religiosas entre los seres humanos son hechos insignificantes. Los musulmanes la quieren para conquistar Europa.

A pesar de que Europa está cada día más podrida, aún quedan rastros de su antigua gloria, una gloria debida a la Iglesia Católica. Esos rastros son suficientes, por un lado, como para inspirar en alguien como este joven una lealtad patriótica capaz de rivalizar con la lealtad a las tradiciones de sus antepasados y, por otro lado, como para despertar aún en muchos europeos un amor tal a su propia forma de vivir que la defenderían con un baño de sangre si realmente pareciera o fuera amenazada desde el exterior. Sin dudaSatanás está planeando ese baño de sangre. Dios puede permitirlo como castigo. Cada vez parece más y más probable.


Mientras tanto ¿qué debería hacer este joven? Lo ideal sería que fuera a la raíz del problema, averiguando siJesucristo es el la Segunda de las Tres Personas de Dios o un simple profeta, por más sublime que pudiera ser. Entonces, si fuera inteligente [con la ayuda de la Gracia de Dios], relacionaría los dones de Francia que tanto admira con Aquel que se los dio, el mismísimo Dios Encarnado. Y si entonces se convirtiera en un católico de verdad descubriría, no sólo por sí mismo sino también con la ayuda de otros, cómo combinar todo lo verdaderamente bueno de sus raíces con todo lo verdaderamente bueno de su tierra natal y así contribuir, aunque de forma limitada, a evitar el inminente baño de sangre.

¿Y qué deberían hacer los europeos oriundos para evitar ese baño de sangre? Volver a su antigua Fe, y a su práctica, que por sí misma tiene la capacidad de unir a todas las personas y etnias en la Verdad, en la justicia y en la paz. Ésa es su antigua responsabilidad y la vocación recibida de Dios: dar un ejemplo tal que lleve a todo el mundo hacia Nuestro Señor Jesucristo. Si continúan siendo infieles, es seguro que la sangre se derramará.



Kyrie eleison.






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